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Cuestión de herencias

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de septiembre de 2015 a las 11:47

Hay personas que sueñan con heredar. Yo no me encuentro entre ellas. La verdad es que pensarlo me da cosa por lo que tiene de familiar y, por qué no decirlo, porque heredar en Andalucía sale bastante caro. Sin embargo, como he dicho, hay personas a las que les gusta heredar y se pasan los años esperando el “feliz” acontecimiento con los mismos nervios que tiene un novio a la puerta de una Iglesia.

En política, la herencia es un elemento altamente valorado, pues sirve por igual para atribuirse éxitos de gobierno o para justificar decisiones complicadas desde el mismo. La alusión a la herencia recibida ha dado mucho de sí en todos los gobiernos, sea cual sea su color o su lugar de acción. González, Aznar y Rajoy siempre han hablado del pésimo legado que recibieron al llegar al poder y de la magnífica herencia que dejaban a sus sucesores. (Zapatero no cuenta, que es mejor no citarlo después de la púa que nos legó con su cara sonriente). En Andalucía se habla menos de herencias, toda vez que, desde que se inventaron las elecciones, en esta tierra los cambios han sido más por sucesión que por fallecimiento político del predecesor. Aun así, Susana Díaz también tuvo que fajarse para poner distancia de la herencia en forma de procesos judiciales que le dejaron sus antecesores en el cargo. Pero eso es otra cosa.

Aquí en Córdoba estas semanas ha vuelto a salir a la palestra el tema del legado, si es que alguna vez ha desaparecido de encima de la mesa. El cambio de aires en Capitulares ha provocado que se someta a revisión todo cuanto hizo el PP en sus cuatro años de mandato y, oh sorpresa, resulta que los nuevos en la casa han descubierto debajo de la alfombra algún que otro regalito trampa en el legado. Al menos eso dice el omnipesente primer teniente de alcalde, Pedro García, quien cada vez que sale a hablar de su negociado turístico no pierde ocasión para acordarse de su antecesor Rafael Navas. Al portavoz del PP, José Antonio Nieto, no le gusta que se actúe de esta manera y esta semana se ha dejado caer en su facebook en defensa de la pureza de su gestión y ha señalado a la obsesión compulsiva de IU y PSOE con su trabajo como la causa de tanta mentira.

Al margen de que el exalcalde esté en su derecho y de las dudas que a su alrededor suscita esta estrategia digital de defensa, no debería olvidar Nieto que entre 2011 y 2015 no han sido pocas las ocasiones en las que él mismo aludía al ruinazo que le habían dejado los anteriores gobiernos de PSOE e IU para justificar no pocas decisiones. Del mismo modo, no debería extrañarle pues que en los próximos meses y años sean los que ahora ocupan su despacho los que utilicen el mismo argumento.

Claro que puestos a utilizar argumentos, tampoco estaría de más que tanto unos como otros se olvidasen de esperar el reparto de enseres en la puerta de la notaría y se aplicasen de verdad a incrementar el patrimonio que esta ciudad puede legar a sus hijos. Que hay muchas cosas que hacer y mejorar como para andar recordando si papá o mamá querían más a hermano mayor o al pequeño cuando hay que decidir quién se queda el relicario de la abuela.

Movimiento

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 30 de agosto de 2015 a las 6:41

Los primeros meses después de un proceso electoral suelen ser bastante espesos. Al cansancio lógico que acompaña la resaca de toda punta de actividad se unen los cambios y ajustes lógicos de los bailes de siglas. Si a eso le unimos que lo ocurrido en Córdoba el 24-M fue una auténtica sorpresa y ha devenido en un cogobierno formado por dos en el que decide mucho un tercero que está fuera, tenemos todos los ingredientes para un potaje de los buenos. Y, como cualquier aficionado a la cocina sabe, para que un potaje salga bueno es necesario poner el fuego lento y darle mucho amor. Que a nadie le gustan los garbanzos duros.

Si el cocido de los que mandan en Capitulares es importante no lo es menos el que tienen puesto en la candela los que mandaban antes. Anonadados por un golpe que no se esperaban, los chicos de Nieto, con su líder a la cabeza, aún se tientan las vestiduras intentando explicarse qué ha ocurrido y buscando culpables en el exterior para justificar una derrota que deben analizar, y muy profundamente, desde el interior. Han pasado ya tres meses desde la noche de autos y en el PP parece que ha caído una bomba nuclear que ha borrado todo signo de la vida, inteligencia y acción que acompañó su mandato municipal. Toca despertarse y dejar de gimotear.

Y mientras lo que mandan se conjuntan –que les cuesta– y los que mandaron se despiertan –que les cuesta aún más–, la ciudad espera ansiosa algo de movimiento para volver a andar. Superado el patazo de San Rafael y silenciada la amenaza del IBI, a PSOE e IU les toca mover ficha. Al margen del órdago a la grande de la ciudad deportiva y de la destacable promesa de peatonalizar hasta los ascensores del centro, se hace necesaria ya una puesta en escena real de los objetivos a corto y medio plazo. Cierto es que no hemos llegado aún a esa barrera psicológica de los cien días, pero no menos real es que a estas alturas de la película el único que aparece con cierto sentido de estado en esta ciudad es el plenipotenciario primer teniente de alcalde, Pedro García. De él han partido hasta ahora las decisiones más firmes y los posicionamientos más claros, mientras que la alcaldesa parece andar aún metida entre papeles intentando desentrañar los misterios insondables del mundo capitular. Se acercan las ordenanzas fiscales y ahí veremos si estamos ante un matrimonio de dos con una suegra entrometida o si asistimos a la convivencia de dos extraños que comparten piso con un vecino pejiguera.

Por si acaso, en la ciudad se proponen temas, se habla de apoyar a una hostelería a la que el calor sahariano ha castigado mucho, de potenciar proyectos que se anunciaron y caminan al olvido por motivos ideológicos más que funcionales, de sumar esfuerzos en pos de un objetivo común… De trabajar, en definitiva. Pero con decisión y firmeza. Huyendo de la ancestral tendencia local de llegar a la parálisis desde el análisis. Húyase, por compasión, de sentar a los de siempre a hablar de lo mismo, que ya se sabe que esos, además de vivir ajenos al mundo, sólo miran por lo suyo. Comencemos septiembre a ritmo de gimnasio, con movimiento. Que con tanto rollo electoral ya llevamos mucho tiempo parados.

El Arcángel no se toca

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de julio de 2015 a las 6:39

La identidad de un pueblo se construye sobre tres elementos básicos: la cultura, el idioma y los símbolos. Son estos tres pilares la base sobre la que se sustenta el argumentario propio y diferenciado de cada nación. Cultura, idioma y símbolos son sagrados en la mayor parte del mundo. No hay país en el que cargar contra una de estas tres cuestiones salga gratis ni conlleve duras críticas y, en ocasiones, peligro para la integridad del osado. Ningún país salvo España, claro, donde en un partido de fútbol el personal se mofa del himno y la bandera y encima hay que justificarlo. Como si uno pudiese acudir a las casas de esos que silban a decirle algo de la senyera o la ikurriña. Si eso hubiese ocurrido en Francia, Alemania o EEUU los chifladores habrían sido, a su vez, chiflados. Cosas de los complejos de esta España nuestra.

investidura

Isabel Ambrosio saluda a Rafaela Crespín, delegada del Gobierno de la Junta el día de su toma de posesión ante el cuadro de San Rafael obra de Antonio del Castillo.

En nuestra Córdoba cercana también hay quien ha estado jugando con los símbolos en los últimos días y a punto ha estado de que la jugada le saliera cucona. La alcaldesa, en esa tendencia suya de no zanjar debates nunca, eludió el jueves aclarar si iba a sacar el cuadro de San Rafael de Capitulares y a poco que la cuelgan del palo mayor. En apenas 24 horas, un grupo surgido en Facebook atesoraba más de 22.000 seguidores bajo el aclaratorio epígrafe de No me toques a San Rafael. Ese día fue justo el que necesitó la regidora para darse cuenta de su metedura de pata y emitir una nota en la que abjura de cualquier intención de engrosar los museos municipales con la obra de Antonio del Castillo. Palabrita, le faltó decir.

La polémica originada por la propia Ambrosio no es sino una muestra más de que en ocasiones los políticos que nos dirigen no saben con qué juegan cuando se ponen a tontear. Convenimos en que estamos en un estado aconfesional, en que si a la regidora le molestan los elementos católicos está en su derecho de retirarlos y en que ninguna religión puede ser promocionada por encima de las demás desde las arcas públicas. Sin embargo, la interpretación ortodoxa de esta realidad no puede hacernos vivir al margen de la sociedad. De una ciudad en la que hay más personas que no eligieron a la alcaldesa que votantes del PSOE. En un lugar en el que tocar a San Rafael es atacar los más básicos principios de convivencia, los sentimientos más íntimos, las más profundas creencias. Esas que no entienden de derechas ni de izquierdas, que votan socialista y salen en procesión.

Una vez más, los ciudadanos han demostrado que van muy por delante de sus representantes en cuanto a la concepción democrática de la convivencia. Los textos volcados en el perfil de Facebook destacan, en su gran mayoría, por ser civilizadas defensas de algo que trasciende a la colectividad para introducirse en los más profundo del individuo. A la alcaldesa le han aconsejado bien en la marcha atrás y lo harían mejor si le dijeran que hay cuestiones que no son juguetes al albur de momentos o pactos políticos. Igual que Ambrosio está más que justificada para retirar símbolos de su despacho, lo están los miles de cordobeses que le reclaman respeto con su Custodio. Miles de ciudadanos que no suelen protestar, que no forman parte de minorías ruidosas y polemistas y que han levantado ahora su voz al sentirse atacados. Tiene suerte la alcaldesa de haber errado en los primeros días del mandato, pero debe tomar nota. Van dos en apenas siete días y en algo debe haber fallado para provocar la reacción que ha ocasionado. Cuidado.

Gestos y decisiones

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de junio de 2015 a las 10:12

Una vez que ya conocen el camino de sus despachos y pueden ir solos al baño, los miembros del cogobierno que va a regir Córdoba los próximos cuatro años han comenzado a mostrarnos cómo va a ser su forma de actuar a partir de una serie de gestos y decisiones tomadas en esta semana que hoy termina. Aún estamos en los prolegómenos de este noviazgo que veremos si en 2019 acaba en boda, pero en estos días los ediles con mando en plaza han comenzado a mostrar cuáles serán sus armas de seducción para terminar de cortejar a una Córdoba que aún anda un poco sorprendida por la elección tomada el 24-M. Es por ello quizás que la cosa va despacito, sin prisas y sin forzar la máquina, no vaya a ser que esa noche loca de Feria que ha dado lugar a la pareja pueda frustrarse por un paso mal dado.

Como en toda relación incipiente, lo primero que se hace es estar muy pendiente de los gestos, de esas señales que hacen que la pareja se sonría con cara de pavo nada más cruzarse la mirada. Son los pequeños actos los que consolidan los amores y en esos se han dejado caer los chicos de Ambrosio cediendo el Rey Heredia a la Acampada Dignidad; repartiendo sueldos y liberaciones con un poquito -tampoco demasiado- de recorte económico; reuniéndose con los agentes sociales -que faltó el portero del Puga-; renunciando a las entradas oficiales en la Noche Blanca, o acudiendo anoche a Las Palmeras a la clausura del curso deportivo. Son esas carantoñas que a todos les gustan, ese guiño de ojos que te hace derretirte, esa apuesta segura que garantiza un besito en el cachete y un paseo de la mano. Cuestan poco, no arriesgan nada y dejan a todos satisfechos. Es cumplir con la expectativa creada, como cuando uno paga el primer café o la primera caña con su novia recién estrenada (aunque no sé si esto será políticamente correcto).

Después de los gestos vienen las decisiones, esos momentos en los que cada enamorado debe poner los límites que marquen hasta dónde está dispuesto a llegar. No es decidir si te casas o cuántos hijos tienes, pero sí dejar claro cuántos días se sale con cada pandilla o cómo de cerca quieres a la familia política. Hay decisiones valientes, como la anunciada por Pedro García en el Día para dejar claro que el 40% de las naves de la Colecor va a ir al suelo. Minipunto para el de IU, que le gana la mano a la alcaldesa y la hace ir a su saga en el primer anuncio importante. Hay decisiones polémicas, como la de retirar los cargos a los que ocuparon el Rey Heredia; peligroso precedente para todo aquel que considere que dar una patada en la puerta ajena puede salir gratis. Y hay decisiones erróneas, como la de la alcaldesa de no acudir anoche a la Magna Mariana y obviar a las decenas de miles de personas que profesan una fe de manera devota. No se apure doña Isabel, que esos pecadillos se curan a medida que se acerquen las ahora lejanas urnas.

Córdoba asiste expectante al cortejo al que la someten sus nuevos gobernantes. Mira entre ilusionada y prevenida cada acto y cada paso de quien quiere llevarla al altar. Va la cosa despacio, sin prisas, con tiento y delicadeza. La pareja se está conociendo, se gusta, se mira con arrobo e incluso se hurta algún beso en algún rincón poco iluminado. Son momentos de tanteo. Ya llegará la hora de decidir si el piso se compra o se alquila, si la cama es de matrimonio y si el coche es de cinco o de siete plazas. Toca ahora hacerse ojitos, pero que tampoco sean demasiados que hubo quien de tanto arrumaco y piropo acabó de vuelta a casa por pegajoso.

Democracia de 140 caracteres

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de junio de 2015 a las 12:12

Vivimos momentos convulsos en el panorama político nacional. La crisis, la corrupción y el hastío tras tantos años de gobiernos monocolores han derivado en un nuevo escenario en el que emergen partidos que buscan capitalizar las irrefrenables ganas de cambio. Lo normal en un sistema político que lleva desde su constitución gobernado por las mismas fuerzas políticas, convertidas en la sombra de lo que fueron por mor del desgaste que produce el tiempo en los principios morales de cualquier institución. PSOE y PP caminan a la baja por sus propios errores, por su ensimismamiento y porque se han convertido más en oficinas de colocación que en elementos de transformación de la sociedad. Del político profesional al profesional de la política han pasado 35 años en los que ambas formaciones a punto han estado de tirar por el sumidero el legado de la transición que nos dejaron nuestros mayores. Demasiadas prebendas, demasiados colocados, demasiadas gambas y langostinos. Demasiada falta de vergüenza.

En este panorama aparecen nuevas fuerzas. Subidas en la ola del populismo capitanean la indignación de una generación que ha visto cómo las comodidades de su infancia desaparecen de un plumazo y los mundos azules en los que vivían se han tornado negros. Algún día alguien deberá estudiar qué paso en aquella época de bonanza –de la que ahora todo el mundo reniega– para que toda una generación se criara pensando que en la vida todo es de colores. La irresponsabilidad del sistema que montamos se ceba ahora con unos jóvenes que aparecen como víctimas inocentes del pasado. Carne de desesperación.

Y en esto surgen los nuevos, los que prometen cambiarlo todo y traer de vuelta el paraíso. Y lo hacen con un concepto peculiar de la democracia en el que la libertad individual no tiene como límite el prójimo sino el calor del momento. Los tuits y actos de muchos de estos salvadores dan más miedo que otra cosa. Estos que han llegado al poder a lomos de la libertad que tanto reivindican porque está sojuzgada comienzan a mostrar su verdadero fondo. Lo cierto es que no empiezan ahora, lo hicieron ya hace tiempo, pero el foco mediático es en este momento cuando se posa sobre ellos. Los chistes de Zapata, los avisos de muerte de Soto, las invasiones eclesiales de Maestre o el recuerdo al Grapo de Pontones no muestran más que desprecio por este (imperfecto) sistema de convivencia que nos hemos dado. Perdonar estas acciones aludiendo a unos injustificables pecadillos de juventud, como ha hecho Carmena, es un insulto a la inteligencia general. Además, supone un desprecio hacia quienes se dejaron la vida luchando porque cada uno pueda decir lo que quiera, profesar la fe que quiera o votar al partido que quiera. Aterra pensar que el concepto de democracia de estos recién llegados consista en imponer sus criterios y despreciar los míos o los de usted por el mero hecho de tenerlos. No es que digan o hagan el majadero (que también), es que encima buscan justificaciones para sí en aquellos mismos comportamientos que han criticado con ferocidad en los demás. Ya han descubierto la zafiedad del “y tú más”.

Y todo ello montados en argumentarios de 140 caracteres. Toda una metáfora de la profundidad intelectual que se esconde tras los postulados de muchos de ellos.

Paz, amor y fraternidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 14 de junio de 2015 a las 6:34

Ya tenemos nueva alcaldesa. Isabel Ambrosio entró ayer en la historia de Córdoba al convertirse en la primera alcaldesa socialista, un hito por el que pocos daban dinero hace apenas un mes pero que se ha hecho realidad merced a los pactos poselectorales. Mucha suerte a la nueva regidora. La va a necesitar. El pleno que va a gestionar Córdoba durante los próximos cuatro años puede definirse por ser, cuanto menos, peculiar. Seis formaciones políticas; un cogobierno en minoría que vivirá siempre bajo la guillotina del asamblearios de Ganemos Córdoba, y una oposición capitaneada por el PP que aún no se ha recuperado del impacto que le produjeron las urnas allá por el 24-M. Vayamos por partes.

A Isabel Ambrosio se la ve con muchas ganas de ser alcaldesa. Está radiante. Es consciente de lo logrado y tiene ganas de hacer cosas. Se la ve con cierta cara de miedo, pero eso es normal si analizamos el papelón que tiene por delante. Capitaneará un equipo novel –pero muy novel–, en el que tendrá que compartir mesa y mantel con sus más que viejos conocidos socios de Izquierda Unida y con el que tendrá que gestionar una ciudad desde la mayoría minoritaria. Difícil equilibrio este en el que casi no hay ediles para cubrir las áreas de gobierno y en el que hay que ponerse a currar desde el minuto cero. Por si fuera poco, la socialista tendrá sentados enfrente, cual pepito grillo, a los chicos de Ganemos, que ya ayer dejaron claro que apoyan pero que no van a poner las cosas fáciles. Mucha mano izquierda le va a hacer falta a Ambrosio, quien, por otra parte, hay que reconocer que se mueve bien en ese mundo cruel en el que la mano derecha da lo que luego quita la izquierda. Por lo visto en Capitulares en la toma de posesión va a estar bien acompañada en la fontanería y eso hay que valorarlo.

IU vuelve al que fue su reino loca de ganas. Pedro García sí que ni se imaginaba la situación en la que ha amanecido hoy. El patito feo se ha convertido en cisne y retorna triunfador a la que fue su casa. La papeleta que tiene será complicada tanto por el verdor de su equipo cuanto porque con cuatro ediles debe gestionar seis áreas de gobierno y cinco empresas municipales. (Si yo fuese familia de los elegidos les diría adiós hasta 2019). Veremos cómo se desenvuelve la coalición en su regreso, pero no hay que olvidar que cuenta en su favor con que hay mucho personal municipal afecto que le pondrá las cosas todo lo fáciles que pueda.

En la oposición hay dos facetas distintas. Salvando Ciudadanos y UCOR, condenados a ser meras comparsas por mor de la decisión de los cordobeses, el turrón se lo disputan PP y Ganemos Córdoba. El partido verde apunta a ser la gran atracción del mandato. Liberado de cargos orgánicos por decisión de su asamblea –vaya palo para Blázquez y De los Ríos– veremos si es capaz de conjugar utopía y realidad en su acción diaria. Tener la llave de la gobernabilidad es una responsabilidad enorme que no solo afecta a las decisiones que gustan a los tuyos, sino que implica que esa gran mayoría de ciudadanos que no te han votado no se vean marginados ni perseguidos. Será entretenido.

Y luego está el PP, liderado por un José Antonio Nieto cuya cara ayer era un auténtico poema. El exalcalde ha visto cómo se le escapaba el caramelo después de haberle quitado el papel pegajoso y eso duele. Los populares no hablan alto, pero la gresca sotto voce que hay dentro del partido es considerable. Con la duda de si Nieto mantendrá su acta más allá de noviembre, les urge articular un equipo solvente y de garantías para afrontar cuatro años de travesía por el desierto. Un equipo que entienda además cuáles son las claves de la nueva política, de lo que demandan los ciudadanos. Los mismos que los han mandado a la oposición. Habrá que ver si optan por actuar desde la dureza o con calma y capacidad de análisis. En ello les van su futuro, su credibilidad y… su pan.

Y mientras todo esto ocurre quedémonos, aunque sólo sea por unos días, con los mensajes del pleno de ayer. Paz, amor y fraternidad presidieron el pleno de constitución. Tanta que solo faltó John Lennon cantando Imagine. Porque imaginen lo bonito que sería que todo lo dicho ayer fuera verdad y los partidos trabajasen unidos en el único interés de Córdoba. ¿Verdad?

Hoy empieza lo serio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de junio de 2015 a las 6:24

Después de una semana en la que el PSOE, IU y Ganemos se han visto para charlar en plan amiguitos, pero por separado, hoy empieza lo serio. La reunión que van a celebrar las tres formaciones de izquierda con el objetivo de avanzar en la constitución de un tripartito que aleje al PP del gobierno municipal es el primer contacto serio en el que ya se pondrán sobre la mesa los objetivos e intereses de cada cual. El tiempo corre y a solo cinco días de la constitución de la nueva corporación hay que dejarse ya de juegos preliminares y entrar en materia.

En las negociaciones quien es la clave de verdad es Ganemos Córdoba. La formación verde tiene en su mano la llave que puede cambiarlo todo y de su decisión depende que haya tripartito o no. Rafael Blázquez y Vicky López comparecieron el viernes para decir que hay un “clamor” para echar a Nieto y los suyos, pero todos son conscientes de que el asamblearismo que caracteriza a esta formación puede dar al traste con ese supuesto clamor. A Ganemos le han pedido no solo que apoye la investidura de Isabel Ambrosio, sino que entre a formar parte del gobierno municipal con áreas de gestión. Y ahí reside parte del problema. En el conglomerado que rodea a esta agrupación de electores hay un importante bloque, articulado alrededor de Podemos, que no anda muy por la labor de gobernar con la “casta” socialista. Existe otra parte que cree que la unión con IU podría dar lugar a un candidato como Blázquez para la Alcaldía dentro de esa llamada de Julio Anguita y su Frente Cívico para articular una gran confluencia de izquierdas que expulse al binomio PP-PSOE de la política nacional. Todo esto convive con quienes, como el propio candidato ha expresado más de una vez, están encantados con la música que les lleva a Capitulares. El poder y la posibilidad de imponer sus medidas programáticas pesan, y mucho.

En IU no hay duda de que hay que entrar en Capitulares, aunque existe la desconfianza de que un gobierno solo con el PSOE y el apoyo externo de Ganemos acabe fagocitando a la coalición. Es el temor a que les pase ahora lo mismo que a los socialistas cuando se enredaban con Rosa Aguilar. Se da, además, la desconfianza hacia el puño y la rosa tras el sopapo de Susana Díaz en la Junta. Sin embargo, pesa más que no anda la federación de izquierdas sobrada como para ponerse digna y hacerse de rogar. Negociarán duro, pero pocos dudan de que acabarán cediendo.

Y luego está al PSOE, que anda diciéndoles a sus posibles socios lo guapos y listos que son. La oportunidad histórica pesa más que nada y ahoga las voces que señalan a que el tripartito sería algo más que difícil de gobernar. Sin embargo, 35 años de espera son muchos como para pararse a pensar en esas zarandajas. Lo único que podría separar a los socialistas de la bombonera de Capitulares sería la orden directa de Susana Díaz de dejar gobernar al PP si eso le garantiza la Presidencia de la Junta. La cosa en Sevilla no es fácil, pero nadie la descarta en el barco socialista.

Hoy comienza lo importante de la negociaciones, que no es el programa –quede claro– sino el reparto del pastel. Eso pasa aquí y en Singapur. Habrá que ver quién tiene mejor los nervios y habrá que esperar que las asambleas y referéndum de Ganemos e IU no lo echen todo por tierra. Ahí, serán los militantes y simpatizantes los que tengan la palabra. Unos y otros confían en que esa palabra sea la de los negociadores, pero ya se sabe que quien juega con fuego…

Tripartito

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de mayo de 2015 a las 7:48

Las urnas hablaron el domingo pasado y determinaron que en los próximos cuatro años el Ayuntamiento de Córdoba va a ser un follón. Lectura rápida de unas urnas de las que sale un pleno con seis fuerzas políticas, en el que la más votada no puede llegar a acuerdos para mantenerse en el gobierno y las tres de izquierdas suman la cifra mágica para desalojar a la derecha del poder. Tripartito, apréndase esta palabra porque a partir de ahora vamos a escucharla mucho. Eso es lo que desde mañana va a intentar poner en marcha el PSOE de la sorprendente Isabel Ambrosio yendo de la mano de Ganemos Córdoba e Izquierda Unida. Gobierno de tres, cosa compleja de gestionar porque todos se necesitan y ninguno tiene una fuerza determinante sobre los demás.

Los socialistas parten con ventaja merced a sus siete ediles, pero se les han visto tanto en la cara las ganas de ocupar la bombonera donde se sienta el alcalde que los demás no se lo van a poner fácil. Ganemos se asamblea mañana –apréndanse también esto de las asambleas– para decidir qué hace. Unos quieren pisar moqueta; otros apoyar pero quedarse de pepito grillo en la oposición; otros desean alcaldías rotatorias, y habrá quien tenga otra propuesta mucha más creativa en mente. Seguro. Es lo que tiene el asamblearismo, que da lugar a muchas ideas. La clave estará en Podemos y en su capacidad de presión. De entrada, todo el apoyo pero nada de mando en plaza.

Izquierda Unida también comienza mañana sus reuniones para analizar la cosa. Está claro que le darán el sí a Ambrosio, casi tanto como que pedirán su dote y negociarán duro. En IU hay mucha experiencia de gobierno en Córdoba y las ideas están bastante claras. Además, el noviazgo fallido con Susana Díaz los tiene despechados y no van a dejarse camelar por unas migajas. Normal.

El PSOE quiere el poder tanto como teme gestionar el trío. Pase lo que pase saben que serán cuatro años muy complicados y sotto voce reconocen que el equipo con el que cuentan no es el más preparado (por ser discretos). Isabel Ambrosio está ante una ocasión histórica y debe aprovecharla, pero también hay voces que por lo bajini mantienen que cuatro años de oposición bien aprovechados como primera fuerza de la izquierda tampoco estarían mal. Salvo orden contraria de Susana Díaz –nunca descartable, que quien manda, manda–, eso no pasará y tocará medirse en Champions con una plantilla pensada para mantener la categoría e ir mejorando con los años. Claro que siempre queda la opción de tirar de fichajes externos para apuntalar al equipo en el verano, que para eso están la ley de grandes ciudades y las coordinaciones y direcciones generales.

¿Y el PP? Pues viéndolas venir, soñando con que sus impugnaciones obren el milagro y arreglen sus problemas. Porque si se confirma su salida de Capitulares se va a liar parda. Pero eso es para otro domingo, no le hurtemos al tripartito el dulce sabor de su victoria.

Una victoria muy meditada

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de mayo de 2015 a las 13:30

Isabel Ambrosio (Madrid, 1970) ha hecho historia en el PSOE cordobés contra todo pronóstico y dándole la vuelta a las encuestas. Los siete concejales obtenidos el domingo y los más de 30.000 votos recibidos suponen el mejor resultado logrado por los socialistas cordobeses nada menos que desde 1991, cuando el ya retirado Manuel Gracia estaba al frente de la candidatura. Con un estilo alejado del ruido que reina hoy en día en la política y una apelación al corazón y a la cabeza, la exdelegada del Gobierno andaluz ha situado a su partido por primera vez en la historia de la democracia ante la posibilidad de ostentar la Alcaldía de Córdoba. Ahora le queda cerrar la negociación del tripartito con Ganemos Córdoba e Izquierda Unida, una labor en la que es posible que haya mucho ruido pero tras la que seguro que habrá más nueces.

prensa¿Y cómo ha llegado Ambrosio hasta aquí? Pues con una estrategia a largo plazo, no demasiado respaldo en sus inicios y mirando y escuchando el consejo de veteranos socialistas como Francisco García o José Miguel Salinas. Ha sido el triunfo de una campaña de tono bajo, mucho, basada en muchas reuniones con colectivos, sin ofrecer nada desmesurado y “escuchando mucho, que es lo que hay que hacer”, tal y como no se cansa de repetir la candidata. Ni una palabra más alta que otra, ni un enfrentamiento innecesario. La aspirante socialista se muestra muy incómoda en la guerra de titulares altisonantes. Unido a ello, el arrastre que Susana Díaz ha demostrado que tiene entre el electorado socialista tampoco ha de ser descartado y a buen seguro que le ha arrimado un buen puñado de votos. Por último, la patada que el electorado del PP le ha infligido a Rajoy en el trasero de José Antonio Nieto ha puesto la guinda al pastel.

¿Y ahora qué? Pues a esta eterna promesa del socialismo cordobés le tocará negociar con tirios y troyanos para poner en pie un gobierno de izquierdas que desaloje al PP de Capitulares a pesar de que la formación de Nieto haya sido la más votada. La dificultad no estará en alcanzar el pacto en sí, aunque habrá quien tensará la cuerda para aparentar, sino en gestionar el día a día de tres formaciones con una cultura de gobierno tan diferente. Ambrosio habrá de ser capaz de lidiar con la tendencia al asamblearismo que caracteriza al Ganemos de Rafael Blázquez, al tiempo que debrá contentar a una Izquierda Unida que tras la experiencia de Sevilla con Susana Díaz desconfía de todo lo que huela a pactos con el socialismo. Pedro García no pondrá fácil el consenso. Y todo ello con la reivindicación a la Junta de que cumpla sus compromisos con Córdoba, uno de los leit motiv de su reciente campaña.

Nada de esto arredra a la candidata socialista, quien ayer en la Feria volvía a aparecer radiante y con sonrisa de vencedora en la recepción que ofreció la Asociación de la Prensa. Hasta el lunes no habrá movimiento -al menos oficiales- y a partir de ese día comenzará una cuenta atrás que debe terminar el 13 de junio con su elección como regidora. Será el comienza de la etapa que de verdad medirá la altura y talla política de esta mujer que, hasta el momento, ha sabido hacer valer su tacticismo para llegar al sitio justo en el momento concreto. Si la jugada le sale bien, y no tiene por qué no hacerlo, igual nos encontramos ante el salto definitivo hacia esas responsabilidades mayores que muchos dentro del PSOE le han reclamado casi desde sus inicios. Veremos qué ocurre.

Entre mayorías y pactos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de mayo de 2015 a las 6:38

Terminó la campaña. Después de dos semanas oficiales pidiendo el voto y varios meses calentando el ambiente, los candidatos tienen hoy la jornada libre. Se la toman los aspirantes y también los ciudadanos, un tanto embotados después de tantos mensajes como han recibido en este tiempo. Lo mejor ante tanto exceso quizás sea pasarse hoy por la Feria para renovar las neuronas a ritmo de sevillanas y chunda-chunda. Pocas cosas hay mejores para afrontar con calma mañana el momento de votar.

En el cierre de campaña que vivimos ayer quedó claro que se elige entre dos maneras de gobernar Córdoba a partir del lunes. Por un lado está el PP, cuyo candidato, José Antonio Nieto, tiene claro que su proyecto necesita de otros cuatro años y solo una mayoría suficiente le permitirá llevarlo a cabo. El aún alcalde no pactará con nadie, en un claro guiño a los electores para que acudan el domingo en masa y le renueven la confianza.

La otra opción es que la formaría un amplio gobierno de concentración con todos los demás que se presentan. El PSOE de Isabel Ambrosio insiste en cambiar la ciudad con corazón y esperanza y mantiene ese recuerdo del talante zapateril como base de futuro. IU apela al pasado, a su legado y a la reivindicación de una ciudad plena de barrios. Su candidato, Pedro García, es el que más claro habla de que lo que quiere es echar al PP. Ganemos ha apurado el momento hasta última hora. El partido verde se ha dado cuenta tarde de que su campaña necesitaba impulso, pero confía en que la izquierda cansada de los de siempre y el espíritu del 15-M y Podemos le aúpen a un lugar determinante.

Luego está Ciudadanos, cuyo candidato, José Luis Vilches, ha hecho una campaña irregular y fía al tirón de Albert Rivera gran parte de sus expectativas. La formación naranja no aclara a quien apoyará, pero sí que no cogobernará. Y, por último, está Rafael Gómez, el candidato sin campaña salvo los mítines de los dos últimos días. Poco más hay que decir de él.

Se acabó la campaña, toca reflexionar. La decisión va entre una mayoría suficiente y un cogobierno abierto. Que lo piense usted bien.