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El nuevo reparto del pastel

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de mayo de 2015 a las 3:11

Arrancó al fin la campaña electoral –la segunda en dos meses– para saber cómo va a quedar el salón de plenos de Capitulares la noche del día 24. La batalla va a ser dura por arriba y por abajo, aunque nadie duda de que el PP será la fuerza más votada y ganará con claridad los comicios. En esta llamada a las urnas, lo primero que está por determinar es cuáles serán los daños colaterales que sufrirá José Antonio Nieto por compartir marca con Mariano Rajoy. Al alcalde le pasa ahora lo que a sus rivales socialistas de hace cuatro años, que tiene un jefe de filas que da mal fario y junto al que nadie se quiere fotografiar. Demasiados recortes y poca humanidad dan para alejarse mucho de la sociedad. Y eso que el regidor conserva bastante de su buena imagen de antaño.

La otra parte que hay que dilucidar es la relativa a cómo quedará repartido el pastel en la parte de abajo entre IU y el PSOE, por un lado, y las novedades de Ganemos y Ciudadanos, por otro. Los dos primeros han renovado caras –por enésima vez– y suavizado mensajes en busca de conectar con quienes llevan años dándoles la espalda. Los segundos aprovechan la marea nacional de hastío y cansancio con lo de siempre, aunque el hecho de que los vecinos voten lo que se va a hacer en su calle y con su vida les obliga a definirse bastante más de lo que lo han hecho hasta ahora. Ahí está el reto.

¿Y la Unión Cordobesa de Rafael Gómez? Pues una incógnita de la que nadie se quiere desprender, pero que todos dan por amortizada. El empresario de Cañero apareció anoche por primera vez en campaña para pegar sus carteles, pero cierto es que su segunda incursión electoral dista mucho de tener la fuerza y el empuje del que hizo gala hace cuatro años. Es más, hasta podría dar la impresión de que Sandokán está en la carrera más por su aversión a desdecirse que por verdadera convicción.

Dos semanas para salir de dudas. Esperemos que el esfuerzo y las horas sirvan para algo.

Educados y contenidos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de mayo de 2015 a las 7:21

El primer y único debate electoral que vamos a vivir en la campaña de las municipales terminó anoche en el Círculo de la Amistad con la sensación de que los candidatos de los principales partidos –nada se sabe de Unión Cordobesa y Rafael Gómez– son muy educados, pacientes y se respetan. Poco más. En las más de dos horas de encuentro se vio a tres políticos con años de carrera y a dos aspirantes en diferente estado.

José Luis Vilches (Ciudadanos), Rafael Blázquez (Ganemos Córdoba), Isabel Ambrosio (PSOE), José Antonio Nieto (PP) y Pedro García (IU), ayer en el Salón Liceo del Círculo de la Amistad.José Antonio Nieto e Isabel Ambrosio fueron los que más tensos estaban y eso se dejaba traslucir en sus rostros. Ambos tienen muchos trienios a sus espaldas y saben que en encuentros de este tipo se pueden cometer errores garrafales. El alcalde y aspirante del PP solo estuvo cómodo en su turno de preguntas y en alguna réplica, pero se le vio demasiado contenido y sin la frescura que suele caracterizar su discurso en público. Reservón. La aspirante del PSOE, por su parte, transmitía la responsabilidad que tiene quien de pronto se ve con más opciones de las previstas y ha de tensar la cuerda en sus propuestas con la Administración de la que fue rostro siete años. Entre ambos se movió con soltura Pedro García, sabedor de lo difícil que es la situación de IU y al que le sobraron un par de gracias más para la parroquia que para un encuentro formal. Aun así estuvo bien.

De los nuevos, el rostro de Ganemos Córdoba, Rafael Blázquez, fue de más a menos y profundizó poco en el cambio profundo que propugna su marca. Se ve que tiene madera y tablas pero el tiempo corre y necesita más contundencia en el mensaje. De José Luis Vilches, candidato de Ciudadanos, no puede decirse lo mismo. Anduvo perdido casi toda la noche, con problemas para organizarse el tiempo y para responder a las preguntas que le hacían. Fue quizás el perdedor del encuentro, aunque su marca hoy día lo aguanta todo.

Fue un debate, por otra parte, un tanto anodino y encorsetado. Demasiado freno de mano echado para ser el único hasta el 24-M y mucha escenificación buenista que quedaba en evidencia cada vez que alguien tiraba una patadita al contrincante. Y, lo peor, de proyectos de ciudad, casi nada.

Una huelga con aroma electoral

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de mayo de 2015 a las 8:37

El próximo día 13, si no pasa nada raro, el personal del Ayuntamiento está convocado a secundar una huelga parcial –entre las 12.00 y las 18.00– para denunciar la política de privatizaciones que está llevando a cabo el gobierno municipal que dirige José Antonio Nieto. La junta de personal y el comité de empresa del Consistorio llaman a esta protesta porque afirman que se está procediendo a desmantelar el Ayuntamiento con nocturnidad y alevosía y se está haciendo además a escasos días de que finalice el mandato municipal. Sólo CSIF se desmarca de una convocatoria suscrita por CCOO, UGT y la CTA. El CSIF y el equipo de gobierno, claro, que ve unas nítidas intenciones electorales tras la llamada al paro y se declara sorprendido y molesto. No sé yo por qué estará sorprendido el alcalde con que la huelga sea once días antes de los comicios locales cuando la sorpresa real debería ser que haya una huelga en el propio Consistorio. Por mucho que me esfuerzo, no recuerdo yo medida de este tipo en los años que llevo emborronando páginas por aquí.

En honor a la verdad, no sé si el Ayuntamiento está privatizando la iluminación de la ciudad y la limpieza de los parques y jardines y baso mi duda en que no me fío de las explicaciones que recibo de uno y otro lado. En esto de los conflictos del servicio público, la experiencia me dice que ni el concejal dice toda la verdad ni lo hace el sindicalista. Uno, por miedo a las consecuencias de lo que pueda decir y el otro, por miedo a que alguien le pregunte si vista la productividad de las áreas afectadas –que no es que sea este el caso– se le pueda sugerir si no sería menester menear algo el árbol.

Isabel Araque, secretaria provincial de UGT, y Rafael Rodríguez, secretario general de CCOO, durante una rueda de prensa el pasado miércolesPero de lo que no tengo duda alguna es de que detrás de esta convocatoria hay un claro interés electoral de, al menos, dos sindicatos: CCOO y UGT. Ambas centrales son conocidas en el PSOE e IU como los sindicatos “hermanos” y ninguno de sus dirigentes oculta que en las urnas del próximo día 24 quieren que salgan vencedoras esas opciones. No hace falta que lo digan en voz alta, solo hay que ver a qué actos va cada cual y no ser del todo obtuso para saber de qué pie cojea cada cual. Pies de todo punto respetables, pero pies definidos al fin y al cabo.

La CTA se queda al margen porque durante estos cuatro años ha sido el único sindicato que de verdad se ha peleado por los trabajadores municipales. Sonados han sido sus desencuentros con los munícipes populares en asuntos relativos a Sadeco o al Imdeec, por ejemplo. Francisco Moro ha sido el único que ha dado la cara siempre que se han adoptado recortes y reducciones y lo ha hecho en voz alta y hablando muy claro. De UGT y CCOO no es que se pueda decir lo mismo. Perdidos como han estado estos años en una crisis profunda de identidad, su connivencia con los poderes de la mal llamada “casta” los han dejado fuera de juego y al borde del colapso. La indigestión de langostinos, cursos de formación y otras lindezas los ha tenido callados y con la cabeza gacha por temor a que los propios trabajadores se la bajaran en respuesta a su forma de actuar. Quien niegue eso sabe que miente.

El miércoles 13 hay huelga y no sé si está justificada o no. Pero tengo claro que el interés electoral está tras su convocatoria.

Están todos y quedan 28 días

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de abril de 2015 a las 8:45

Están todos. Ya no falta ninguno. Dentro exactamente de 28 días sabremos quién ha ganado las elecciones municipales de 2015, lo que no es lo mismo que saber quién será el alcalde de Córdoba hasta 2019. Hace cuatro años esta incógnita no existía, hoy sí. Los partidos ya tienen candidatos y listas y apuran los tiempos para convencer al personal de sus bondades y virtudes o, si no lo consiguen, de poner sobre la mesa las carencias del contrario. Tocan días de besos, abrazos, sonrisas y parabienes. Otra vez.

En estas municipales la cosa se plantea clara en el inicio en cuanto a que tras el 24 de mayo habrá más partidos en el salón de plenos de Capitulares y en que es más que probable que la mayoría absoluta de la que goza hoy en día el Partido Popular está muy difícil de revalidar. Para ello, unos y otros han definido ya los rostros de sus carteles y ahora toca ver qué juego da cada cual.

urnaJosé Antonio Nieto confronta su reelección con todos los demás enfrente. El alcalde, con una campaña sectorial y muy personal, ha de conseguir que su gestión e imagen hagan frente al desastre que vive el PP nacional por sus escándalos y pésima gestión comunicativa. Le va la vida en ello, pero cierto es que la ausencia total de oposición en estos cuatro años le sitúa de salida casi sin mácula a ojos de la ciudadanía. Economía y obras en barrios como aval le acompañan. Claro que el personal esperaba algo más del regidor cuando se le votó con aplastante mayoría.

Enfrente el panorama es distinto. La Unión Cordobesa de Rafael Gómez parece que tiene lejos volver a repetir esos cinco ediles que logró hace cuatro años. Primero por su inexistente, cuando no nefasta, labor como principal grupo de la oposición municipal. Y, segundo, porque el Supremo puede fallar en breve una incompatibilidad para el empresario que desarticule el partido. Ante esta eventualidad UCOR se ha regenerado con caras nuevas, pero de todos es sabido que sin su carismático líder poco tiene que hacer.

En Izquierda Unida la cosa tampoco pinta demasiado bien. Pedro García pone tesón y sonrisa al temporal por el que atraviesa la coalición. Por si no fuera poco el varapalo de las autonómicas, la irrupción de Podemos y Ganemos ha venido a hurgar en la herida. El rosismo sigue pasándole factura a una formación que desde el batacazo de Andrés Ocaña en 2011 no parece capaz de levantar la cabeza y vaga sin rumbo fijo.

El PSOE ha optado por la renovación e Isabel Ambrosio aparece como un rostro amable –y de mujer– que promete nuevos tiempos en el puño y la rosa locales. La campaña lleva largo tiempo lanzada y parece que da rédito y apunta a una mejora. No obstante, los socialistas deben tener en cuenta que su aspirante, por mucho que (acertadamente) quiera marcar distancias con su pasado, ha sido el rostro de la Junta en la provincia durante muchos años y eso marca. Hay quien puede pensar que Ambrosio reclama ahora lo que no hizo antes.

Y luego están los nuevos. Ciudadanos aparece con su halo virginal y regenerador como una alternativa a la derecha. Sus buenos resultados en las autonómicas le avalan, tanto como la imagen idílica de Albert Rivera, convertido casi en el yerno perfecto. Sin embargo, en estas municipales, su candidato, José Luis Vilches, dista mucho de ser un desconocido en Córdoba y su amplio historial ocupa ya no pocas conversaciones. El candidato pesa mucho en unas municipales y no está claro que el expresidente de CECO y la Cámara pueda ofrecer las reformas y cambios que postula su jefe a nivel nacional.

Por último, con perdón de UpyD y el PA –desde aquí mi respeto a sus valientes– tenemos a Ganemos Córdoba. La agrupación de electores ha logrado las firmas necesarias y presenta a Rafael Blázquez y su aval antidesahucios como garantía. Sin embargo, está por ver si su adscripción ideológica y su escaso nivel de conocimiento más allá de sus ámbitos de actuación pueden ser una cortapisa. Ganemos ofrece ilusión y su poquito de utopía, pero necesita del impulso de Podemos y de una estrategia clara para convertirse en alternativa.

Y así estamos a apenas cuatro domingos –sálvese el de hoy– de vivir una bonita jornada electoral. La cosa pinta interesante, veremos si al final hay sorpresas.

Responsabilidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de abril de 2015 a las 8:18

Manuel Chaves nunca supo nada de los ERE. Ni José Antonio Griñán, ni Gaspar Zarrías, ni José Antonio Viera, ni Francisco Vallejo. Mariano Rajoy desconocía las aventuras contables de Bárcenas. Como también, Javier Arenas, Ángel Acebes o José María Aznar. En Cataluña, nadie se preguntó por la fortuna de los Pujol. Ni Artur Mas, ni Duran Lleida. La Infanta Cristina firmaba los papeles de su marido Iñaki loca de amor y así lo creían todos en su real casa… Podría seguir poniendo ejemplos hasta Corpus con casos como el Gürtell, Bankia, Filesa, los cursos de formación… y un largo etcétera, pero esto es una columna y no una enciclopedia.

Vivimos en un país en el que, como medida de precaución, nadie sabe nunca nada de nada. Es la mejor fórmula para librarse de problemas y la respuesta más rápida y fácil ante una pregunta incómoda. -“Oye, ¿tú sabes algo de lo de fulanito?” -“¿Yo?, nada de nada”. Desde pequeños nos han enseñado que ante cualquier sospecha hay que echarle la culpa a otro. A tu hermano cuando te peleas de pequeño; al profe que te tiene manía cuando cateas en el cole; a los colegas que te obligaron a tomarte la última; al “que todo el mundo lo hace” cuando te pillan sin pagar el IVA; al del banco “que me ofreció una hipoteca que decía que era buena y me engaño” o al de la tienda “que me vendió el plasma diciendo que era muy barato”…. A todo el mundo menos a uno mismo, no vaya a ser que nos tomen por tontos. Es el reino del escaqueo, de la excusa permanente. Aquí nadie es responsable de nada.

Responsabilidad, qué gran palabra. Dice el diccionario que responsabilidad es, en su tercera acepción, el “cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado”. Es decir, la capacidad del ser humano de asumir que se ha equivocado, admitirlo y reconocer su error enfrentando las consecuencias que este tenga. Y con esta definición, respóndanme, ¿conocen ustedes a alguien que asuma su responsabilidad? Yo, a pocos, muy pocos.

En política, que no es sino la traslación a las instituciones de la vida real, ni el maestro armero asume sus responsabilidades. Ser responsable de algo no significa necesariamente haber delinquido, es, simplemente, aceptar que bajo tu mando han ocurrido determinadas cosas. En los casos de los ERE, Bárcenas, Gürtell, Urdangarín, etc… hay numerosos responsables. Los primeros, los golfos que se lo han llevado calentito. Los segundos, a los que atañe la acepción tercera de responsabilidad, son todos aquellos que pusieron a esos mangantes en sus sitios. Si la corrupción es la plaga que enfanga el siglo XXI, la asunción de responsabilidades debería ser su antídoto más directo. Resulta inconcebible que todo lo que leemos a diario ocurriera sin que nadie con mando en plaza supiera nada, sin que nadie intermedio avisara al jefe, que sucediera en la absoluta impunidad. Aunque lo dude profundamente, si eso ha ocurrido así quienes eso han declarado ante el juez deberían irse a su casa a tricotar. Y no porque hayan robado nada, sino porque con sus palabras demuestran que nunca han valido para los cargos que ocuparon. Por ciegos y por irresponsables. Y porque demostrarían algo de vergüenza.

El pacto de Susana

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de abril de 2015 a las 8:53

Susana Díaz vino el viernes a Córdoba a decir, entre otras cosas, que hay que dejarla tomar posesión como presidenta de la Junta de Andalucía porque los andaluces “han hablado con claridad” y quieren que sea ella quien lidere el nuevo Gobierno autonómico. La socialista exigió que se respete “el mandato de los andaluces” y que se deje gobernar al partido “que ha ganado las elecciones”. Hasta aquí todo bien, no hay pega en el discurso ni posibilidad de ponerle ningún pero. Es cierto que el PSOE ha ganado los comicios y que lo normal es que sea este partido el que forme el próximo Gobierno. Claro que no todo es tan sencillo.

RABANALES

Susana Díaz recibe un regalo de los agentes forestales en la apertura del congreso nacional en el campus de Rabanales de la Universidad de Córdoba.

Susana Díaz resultó vencedora en las urnas el pasado 22 de marzo, pero, como decía esta semana en estas páginas con su habitual sabiduría Pepe Aguilar, el resultado obtenido por la candidata socialista es el peor de la historia de su partido y, pese a haber repetido el mismo número de diputados que su antecesor, José Antonio Griñán, la situación le debe obligar a moderar algo su estrategia y discurso. Por este motivo, choca escuchar a Díaz reclamar “responsabilidad a los partidos” cuando ella misma no parece estar actuando de esa manera. Es más, suena un tanto surrealista –por ser fino– que la aspirante a San Telmo pida a los demás que abandonen “cuanto antes” las “estrategias y tacticismos” cuando ella misma convocó a las urnas en un ejemplo de tacticismo y estrategia política fuera de toda duda. Claro que no contaba con que su visión del partido no iba a ser la del total de los andaluces y que iba a acabar teniendo que lidiar con el Parlamento más diverso y fraccionado de la historia política andaluza.

A la vista de que le está costando torear en esta nueva plaza y dado que Podemos y Ciudadanos se le han cerrado en banda, ahora la presidenta en funciones ha pedido “dejar ya el politiqueo de lado” y le exige al PP que se olvide de su propuesta de cambiar la Junta por los ayuntamientos. No se oculta Díaz; tiene claro que ha de presionar a Moreno Bonilla a través de Rajoy para que la deje pasar en la Cámara, y exige para sí lo que ella misma no está dispuesta a darle a los demás. Sin azoramiento alguno viene a decir que a ella hay que votarla porque así lo quiere el pueblo andaluz, pero que después de las municipales lo que quiera ese mismo pueblo andaluz deberá filtrarse a través de los ojos de sus políticos.

En democracia, los pactos son tan legítimos como las abstenciones o los votos en contra. Lo que no es tan legítimo es pretender que lo que vale para unos no lo haga para otros porque el interés de los primeros debe prevalecer siempre sobre el de los segundos. O, dicho de otra manera, los votos de los míos valen más que los de los tuyos, ahora y después, digan lo que digan las urnas. Porque una cosa es “respetar la voluntad de los andaluces”y otra muy distinta hacer lo que ellos quieran. Y está claro que los andaluces sabemos lo que queremos para la Junta, pero no tenemos ni idea de lo que preferimos para nuestro ayuntamiento. O eso dice ella.

Qué rollazo de turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de abril de 2015 a las 8:22

Iba a empezar este artículo con una sucesión de ingeniosas entradas en redes sociales de personas que no son precisamente seguidoras de la Semana Santa. Estos días me he entretenido, además de en ver muchas procesiones –debo ser un vicioso, capillita, trasnochado, caduco, decimonónico– y beber alguna que otra cerveza –aquí que califique cada cual–, en leer muchos de esos comentarios que tras su apariencia jocosa denotan más de lo que dicen. Uno, que tiene la libertad de expresión por bandera –cosas del oficio– disfruta viendo estas cosas e imaginando a sus autores. Todos ellos, por supuesto, tan defensores del derecho ajeno al disfrute del ocio como del propio. ¿O no?

Lo reitero, soy un gran seguidor del ingenio crítico y creo que no hay nada más inteligente que la sátira como medio denuncia. Es por ello que me divierto igualmente cuando los mismos que ahora escriben critican en la Feria que hay quien sale de las casetas con vasos de plásticos que tiran al suelo –¡horror!– o rechazan  en la Noche Blanca los desgarradores gritos de los flamencos –¡no hay quien duerma!– o satanizan a los habituales de las terrazas veraniegas a eso de las taitantas –¡golfetes!–  o lamentan el estado en el que quedan las gradas de El Arcángel tras los partidos –¡comepipas!– o se fustigan con el ruido de los conciertos del Festival de la Guitarra pasada la medianoche –¡rockeros!_–. Y todo eso por no hablar del rastro de caramelos tras la Cabalgata de Reyes, de papelillos tras el Carnaval o de claveles tras las Cruces. Es nuestro carácter cordobés, siempre constructivo, en apoyo de lo propio y vigilante de mantener y promocionar la ciudad para que cada día sean más los que vengan y nos visiten. ¿O no?

Claro, que ahora caigo en que igual lo que tan insignes creadores quieren es que andemos por aquí siempre los mismos, vayamos a los mismos sitios y disfrutemos de las mismas cosas. Porque es que no hay quien soporte tanta gente metida en la calle, tantos bares vendiendo cervezas, tanta personas trabajando, tantos hoteles llenos, tantas carreras de taxi, tantas reservas en los restaurantes, tantas pipas vendidas, tantas sillas alquiladas, tantos bocatas envueltos….

Con lo bien que se está aquí en agosto, sin nadie que venga a molestarnos, sin colas, gritos ni prisas. Con las calles vacías toítas toas pa nosotros, las piscinas con el público justo y las terrazas con los parroquianos más selectos. Que esto de la Semana Santa es un sin parar que no le gusta a nadie, nada más que a los guarros que comen –comemos– pipas y ponen –ponemos– la calle echa unos zorros. (Conste que aquí va mi voto a favor de unas jornadas intensivas de civismo para todos impartidas en Sadeco).

Pero que no se preocupen los amantes de la calma y el silencio, que siempre les quedará la Junta, guardiana máxima de las esencias. Que, si para conseguir que haya paz hay que cerrar las oficinas de turismo para no hablarle a los turistas se hace y punto. Y al que venga a vernos que le den por saco, que ese seguro que no sabe que donde mejor se está es en casa.

El bochornoso ejemplo de Irene y Manuela

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de marzo de 2015 a las 10:44

Irene Sabalete era delegada de Empleo de la Junta en Jaén en el año 2012 cuando se celebraron las anteriores autonómicas. Ni corta ni perezosa, un día reunió a los trabajadores de las Utdelt y, sin anestesia, les dijo que si querían seguir en sus puestos de trabajo tras los comicios no solo debían votar a su partido sino que además debían hacer campaña a su favor. El caso es aún más sangrante, pues Irene fue una de las detenidas el martes por orden de la juez Alaya por el feo asunto de las subvenciones de los cursos de formación. Un regalito vamos.

Manuela Gómez es delegada de Educación, Cultura y Deporte de la Junta en Córdoba y el pasado lunes se dirigió por vía oficial a sus colaboradores para agradecerles el esfuerzo que había derivado en la victoria socialista en las urnas el pasado domingo. Así, sin paños calientes ni ningún tipo de rubor. En su defensa, Gómez, que no es precisamente la política con mejor prensa de la provincia, ha dicho que ella lo que hizo fue mandar un correo electrónico y que una secretaria fue la que trasladó aquello a un papel oficial con membrete. Como si lo del correo no fuera ya de por sí suficientemente lamentable.

Ante ambos casos, el PSOE ha reaccionado peor que sus militantes y se ha limitado a pedir perdón por lo de Jaén o decir que en Córdoba Gómez ha pedido perdón. Una muestra más de cuán lejos viven los partidos de la realidad de la calle. No basta con pedir perdón en estos casos, con sacar a la palestra a alguien que diga lo mal que lo ha hecho la compañera de turno y, como un niño chico cuando rompe un vaso, confiar en que papá y mamá se apiaden. Lo de estas dos señoras es una demostración absoluta de desprecio democrático, de utilización de la institución para defender unos colores y de abuso de poder sin límite. Esto ha pasado aquí con el PSOE, pero no sería extraño que pudiera darse igual en otras comunidades en las que gobiernan otros colores.

Ante semejante barbaridad, la respuesta del partido, la única respuesta del partido, debería haber sido la expulsión de ambas señoras, la asunción de responsabilidades por parte de sus mayores y la aparición de algún responsable de los de verdad, no esos pobrecitos que salen y se comen los marrones, entonando el mea culpa ante el bochorno generalizado. Eso es lo que se hace en los países democráticos, eso es lo que los ciudadanos exigen de sus políticos cuando cometen tropelías de este tipo. La corrupción, la confusión del bien particular con el común y el abuso de la posición dominante son los males que han hecho –y están haciendo– tambalearse un sistema que costó mucho poner en pie. Que personas que ocupan cargos públicos, que se dedican a gestionar su interés y el mío se permitan orinarse en la ciudadanía de esta manera debería estar más que castigado. Es una inmoralidad, una vergüenza y una falta de respeto para quien sale cada día a la calle a ganarse el pan o a buscar un modo de hacerlo. Y es el motivo por la que la bilis está sustituyendo a la razón en política. Pero aquí no dimite nadie.

La rebelión sanitaria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de marzo de 2015 a las 8:22

Complicado escribir en estos días electorales sin que alguno de los contendientes se te eche al cuello, pero hay que hacerlo. Esta semana, además, con más motivo porque ha estallado en el ambiente un tema que llevaba demasiado tiempo sobrevolando el ambiente. Por sorpresa y en una comparecencia inédita en Córdoba, todos los sindicatos con representación en el ámbito sanitario comparecieron unidos el martes para denunciar las condiciones en las que realizan su labor los profesionales del hospital Reina Sofía. El hecho es histórico y evidencia que lo que vienen soportando los profesionales de este ámbito en los últimos años dista mucho de ser normal.

Jornadas excesivas, falta de sustituciones, salarios recortados, unidades de dirección en las que las directrices políticas están casi por encima de las médicas, son las principales demandas. Eso, unido a pacientes que se cansan y que en muchas ocasiones demuestran escasa educación, ha colmado el vaso de la paciencia. Para terminar de arreglarlo, la respuesta tanto de la dirección del centro como de la delegada de Salud ha distado enormemente de ser convincente y se ha quedado en una serie de vaguedades, compromisos con tinte electoral y cierta negación de la evidencia que ofende a quien la padece.

En estos tiempos tan electorales que nos ha tocado vivir, la sanidad debería entrar de lleno en el debate para que de una vez por todas se dé a su alrededor un acuerdo de Estado en el que, como con la educación, nadie pueda hurgar cada vez que las urnas le sonríen. Un país que no cuida a sus médicos, tal como debería hacer con sus maestros –aunque ese sea tema de otro artículo–, está condenado a padecer a la indigencia intelectual. Quien maltrata a sus médicos, y en eso no están exentos ni PSOE ni PP en función de donde gobiernen, está machacando además a sus pacientes. O, lo que es lo mismo, les está faltando al respeto a sus ciudadanos, que son los que frecuentan los hospitales.

Si para ser médico o enfermero se precisan las mejores notas y las carreras más largas, no se entiende muy bien que el trato y la remuneración que perciben quienes se dedican a tan nobles labores no esté a la altura de esas exigencias. Si a los que deben velar por nuestra salud los tratamos así, luego no podremos quejarnos de cómo están los hospitales. La culpa, y las soluciones, está claro en manos de quién están. Y, desde luego, no se arreglan ni a golpe de promesa electoral ni con contratos recrecidos a la carrera. Se arreglan dándole a os profesionales el lugar que merecen.

El C4 y la novia abandonada

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de marzo de 2015 a las 8:00

Hay una tendencia en esta ciudad a dejar los proyectos inacabados o a no empezarlos nunca que realmente reconozco que me apasiona. Tiene su punto de estudio antropológico esto de que entre que se pare una idea y se pone en práctica deban pasar en Córdoba un mínimo de diez años para atisbar algún avance. No sé si será el pasado árabe, romano o judío o simplemente una incapacidad manifiesta de quienes nos gobiernan, pero lo cierto es que aquí no hay quien sea capaz de hacer algo y ponerlo en marcha en un plazo razonable. Ejemplos hay múltiples y distintos y diferentes, que diría Rosa Aguilar, pero esta semana me ha seducido especialmente el nuevo frenazo al Centro Andaluz de Creación Contemporánea, vulgo C4.

Prueba de iluminación de los paneles exteriores del C4 con la mirada de una mujer, realizada en agosto de 2013Recuerdo los tiempos en los que se hablaba de la manzana cultural en la margen izquierda del Guadalquivir, ese diálogo de infraestructuras –no se puede ser más cursi– que iban a reflotar el Sector Sur y el Campo de la Verdad e iban a hacer sombra a la mismísima Mezquita. El C4 alternaría con sus nonatos hermanos Palacio del Sur y Museo de Bellas Artes, para vertebrar un eje cultural –otra buena moñería–que impulsase a la ciudad. De los trillizos hoy en día solo sobrevive el C4, obra arquitectónica más que destacada de esa pareja de maestros, Nieto y Sobejano, que también nos regalaron el centro de interpretación de Medina Azahara. Dos edificios multipremiados que han tenido la mala suerte de topar con la crisis y la mayor de las ineficacias. Al menos, el del yacimiento está abierto y puede disfrutarse.

El C4 ha sido desde su nacimiento una especie de niño de orfanato, un edificio sin padres reconocidos que nunca ha sabido muy bien si ha venido a este mundo para penar o para ser, simplemente, carne de cañón. Lo que en su momento fue una gran idea, lúcida y atractiva, es hoy en día una especie de ballena varada a la que nadie quiere ayudar a volver al mar. Es como una novia con gran boda concertada a la que en el último momento dejan plantada en el altar vestida del blanco más impoluto y que se aja allí incapaz de aceptar que el novio no vendrá y además se ha llevado la dote. Y aquí, el novio y los suegros son los mismos.

Una técnico muestra el interior de la sala principal del C4 a un grupo de visitantes durante la jornada de puertas abiertas que se realizó en otoño de 2014.A la Junta debería darle vergüenza ofrecer el espectáculo que está ofreciendo con este edificio. A estas alturas nadie quiere saber de él y nadie quiere recuperar de las hemerotecas las decenas de compromisos de fechas, inauguraciones y horarios que, desde que Manuel Chaves asumiera el compromiso allá por los inicios del siglo, han dado a su paso por aquí consejeros como Plata y Alonso o presidentes como Griñán o Díaz. El C4 no tiene proyecto, ni director, ni accesos, ni contenidos, ni absolutamente nada de nada. No tiene responsables que digan lo que van a hacer con él quizás porque ni ellos mismos saben cuáles son las potencialidades del edificio. La demora, desidia y desilusión con la que se trata a este edificio desde su Administración impulsora (es un decir) azorarían al más pintado y deberían ser motivo de más de una dimisión. Pero no se preocupen que eso no pasará. El C4 seguirá ahí plantado, viendo cómo le salen arrugas, como esa novia abandonada que quedó para vestir santos. Con lo bonita que fue de joven.