Archivos para el tag ‘PSOE’

El Cercanías y la tibieza

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de octubre de 2015 a las 7:04

Me da a mi la impresión de que el anuncio realizado esta semana por la delegada del Gobierno andaluz en Córdoba, Rafi Crespín, de que hay 7 millones de euros de Europa aprobados para el Cercanías ha cogido en fuera de juego a casi todos por aquí. Acostumbrados como estamos ya a que por estas tierras inviertan las administraciones lo mismo que en fuentes en el desierto, muchos de nuestros cargos públicos han demostrado durante la semana que se miran poco los boletines oficiales. Quizás quien más descolocada se ha quedado es la alcaldesa de la capital, Isabel Ambrosio, quien el viernes incluso dijo dudar si ese dinero es para el Cercanías provincial o para el local -que ella se ha impuesto desterrar la palabra metrotrén del imaginario cordobés.

Sea como fuere, lo cierto es que la Comisión Europea ha aprobado meter en el plan de inversiones de los fondos Feder 2014-2020 los susodichos siete kilos y que ahora la Junta, que es quien ha pedido la pasta, es la que tiene que darle un empujón al tema. Los alcaldes de la Vega del Guadalquivir están locos de contento con la posibilidad de que una demanda histórica pueda ser respondida y esperan ansiosos los siguientes pasos que debe dar la administración. Ésta guarda silencio y espera que escampe un poco para aclarar conceptos y ver qué hace con el parné. En la capital, mientras, seguimos aguardando que la enésima comisión formada para debatir el futuro de Córdoba -que ya es manía tener que redefinir la ciudad cada cuatro años- dé su veredicto sobre el metrotrén (perdón, Cercanías) e ilumine el camino a seguir desde Capitulares.

¿Y los cordobeses? Pues la verdad es que me da a mi que van más bien a lo suyo y ya poco se preocupan y esperan de lo que les pueda venir desde las salas de mando. Si uno habla con quien sufre para aparcar en el centro éste le dice que hay que hacer algo con el transporte. Que hay que realizar estrategias comunes que permitan mejorar el funcionamiento de Aucorsa para dejar el coche en casa. Si se va a la provincia no son pocos los que piensan que un tren que traiga a Córdoba en un salto es, más que una necesidad, una cuestión de justicia histórica. Que no está muy claro por qué en Cádiz, Sevilla o Málaga hay un amplio servicio de Cercanías y aquí tenemos que andar gastando en gasolina.

Cuesta entender tanta tibieza con una infraestructura que puede ser tremendamente beneficiosa para el área metropolitana de la ciudad. Tantas dudas desde la administraciones y tanto miedo en los despachos a decir que los costes se pueden desmadrar. Tanta incapacidad, al fin y al cabo, para coger el toro por los cuernos y trabajar en soluciones, para diseñar un modelo de transporte realmente sostenible e intermodal, para hacernos a todos la vida más fácil. Con lo claro que dejaba todo esto claro la Orquesta Mondragón cuando nos decía aquello de “viaje con nosotros y sea feliz…”.

Y llegaron las ordenanzas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de octubre de 2015 a las 6:45

Poco más de cien días ha tardado el cogobierno de PSOE e IU en mostrar las primeras cartas de cómo va a ser su modelo de gobierno para la ciudad. Más allá de los juegos florales, tanteos y cortinas de humo surgidas alrededor de la ciudad deportiva del CCF, de la gestión del Alcázar de los Reyes Cristianos o, en la última semana, del convenio entre Defensa y el PP para las Caballerizas Reales, el proyecto de ordenanzas fiscales ha sido realmente la primera gran prueba de fuego por la que han pasado los dos partidos que conforman la coalición que manda en Capitulares. Y en esa prueba de fuego, el cogobierno ha optado por la solución más fácil: subir la presión fiscal para incrementar los ingresos. En palabras de Alba Doblas, la edil encargada de los asuntos de la Hacienda pública, la decisión viene marcada por el criterio de “progresividad” y por la necesidad de conseguir que “paguen más quienes más tienen”. Hasta aquí todo suena bien y muy loable.

Sin embargo, surgen ciertas dudas sobre si realmente esa progresividad que se persigue castiga a los que más ganan o cae a plomo sobre las carteras de una ya de por sí bastante depauperada clase media. Decisiones como subir un 3,1% el impuesto a los vehículos de 12 caballos fiscales –casi el 50% del total–, incrementar un 2% la tasa de basura o retirar parte de las ayudas que recibían las familias numerosas no parecen encaminadas a que esos que más ganan –y que podríamos identificar como los que viven en el Brillante o en las zonas nobles del centro y las áreas de expansión– se dejen caer por las arcas municipales.

No haría mal el cogobierno en pensar que la crisis no sólo ha afectado a aquellos que se encuentran en una situación directa de exclusión, sino que hay multitud de familias en la capital que antes formaban parte de esa clase media y que ahora se las ven y se las desean para llegar a fin de mes. Otra cosa es que esas familias vivan en una zona u otra de la ciudad. La solidaridad es un bien que hay que proteger, sin duda, pero no puede ir en contra del día a día de los cordobeses. Los socios plantean un proyecto en el que va a lo fácil, subir los impuestos para recuperar ingresos y de este modo afrontar las necesidades de personal que padece y cubrir la recuperación de pagas que los funcionarios perdieron y que el Gobierno ha decidido ahora reponer. Todo esto es muy loable, pero no debe olvidarse que hay otra parte de la ciudad que no recibe estos beneficios y no puede cargar sobre sus espaldas más esfuerzos.

Al tiempo, el cogobierno cae en los errores de todos sus antecesores y plantea un proyecto sin interlocución con los grupos de la oposición además de mediatizado por las exigencias de Ganemos Córdoba. Si la alcaldesa, Isabel Ambrosio, anunciaba nuevos tiempos, una ciudad más amable y una ciudad en la que el diálogo y la comprensión fueran las notas dominantes no parece que este proyecto de ordenanzas sea precisamente así. Salvo que pensemos, no sin algo de mala leche, que el pacto lo que hace es enseñar la patita de lo que puede venir en el futuro y pueda ser cierto eso de que PSOE e IU van a gobernar para favorecer a sus votantes más que al global de la ciudadanía. Y ese sería un mal comienzo para arrancar cuatro años en los que el diálogo no es que sea una necesidad; es una obligación marcada por los cordobeses en las urnas.

Empieza lo importante

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 27 de septiembre de 2015 a las 10:17

Cataluña acude hoy a las urnas en unas elecciones autonómicas convertidas en referéndum de autodeterminación. Las estrategia de Artur Mas y el devenir de la campaña han certificado que en las urnas de hoy no se va a decidir nada sobre el funcionamiento de la administración, la política económica, el modelo educativo o el sistema sanitario. Hoy sólo se opta entre seguir dentro de España o declararse independiente y mantener esta locura secesionista caiga quien caiga. Se espera que los partidarios de la ruptura acudan en masa a los colegios electorales y existen dudas sobre lo que harán quienes quieren seguir dentro de este país llamado España. Es lo que tiene formar parte de un movimiento que ha hecho del agravio, el victimismo y la persecución su razón de ser y otro que lleva ya tiempo asistiendo estupefacto a una política de aislamiento y hostigamiento muy bien calculada. En esta dicotomía llevamos dos semanas. Unos se sienten perseguidos por el Estado español y otros por el protoestado catalán. Unos se ven mártires de la incomprensión histórica y otros del arrinconamiento promovido desde las instituciones regionales. Esta es la situación y la base del problema.

Pero cuando esta noche sepamos los resultados y comprobemos si la cosa esta dividida a medias o no, habrá que lanzarse una serie de preguntas sobre qué va a pasar a partir de mañana. Deberemos saber quién y cómo va a gobernar una comunidad autónoma rica en la que la lista independentista mezcla marxistas convencidos con liberales de pura cepa tanto como las candidaturas del otro lado. Tendremos que conocer cómo piensa actuar el Estado central en caso de que el independentismo salga triunfador y cómo lo hará ésta en caso de salir derrotado. Habremos de conocer cuál será la traslación de los resultados a la inminente campaña electoral nacional; si los partidos se comportarán con responsabilidad o utilizarán la cuestión catalana como elemento arrojadizo en busca del voto.

Aunque haya quien se niegue a aceptarlo, hoy se deciden muchas cosas en Cataluña y todas ellas son importantes para nosotros como cordobeses, andaluces y españoles. Porque si parece que es innegable que hay que tocar la Constitución para buscar nuevos encajes y equilibrios territoriales, no lo es menos que estos ajustes no pueden partir de visiones maniqueas ni frentistas. Nuestra clase política, caracterizada por su racanería, falta de altura y profunda miopía, se halla ante un momento clave. De su capacidad de tender puentes y buscar alianzas depende en gran medida nuestro futuro. Imágenes como la del jueves en el Ayuntamiento de Barcelona estomagan y avergüenzan a partes iguales. Son la perfecta representación de cuán bajo han caído los partidos políticos en la selección de sus cuadros. Si es cierto, que lo es, que en Cataluña existe un sentimiento nacional muy arraigado hemos de responder a él con sensatez. La misma que quienes defienden su salida de España han de aplicar con quienes quieren seguir siendo catalanes y españoles. Todos en la búsqueda de discursos comunes. No vayamos a caer en la innata tradición española de construir el futuro arrasando los cimientos del edificio en lugar de añadirle una planta más. Mañana comienza lo importante. Esperemos que estén a la altura.

Mujica para no iniciados

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de septiembre de 2015 a las 9:19

Expone Jaime Miquel en su libro La perestroika de Felipe VI que los nuevos votantes -los nacidos a partir del ocaso de Franco- han roto todos los lazos con la clase política actual por diversos motivos. Entre estos, destacan por encima de los demás la corrupción institucionalizada en el seno de las formaciones políticas, su doble moral a la hora de taparse las vergüenzas unos a otros y su falta de honestidad a la hora de actuar. Es decir, eso que se ha dado en llamar la conversión de los partidos en una casta. No debe equivocarse demasiado el sociólogo a la vista de cómo está el patio electoral, con unas fuerzas tradicionales que cotizan muy a la baja y unos partidos emergentes que ganan terreno a medida que pasan los días.

Con esto en la cabeza tuve el placer de asistir el jueves a una hora de conversación con el expresidente uruguayo José Mujica. Hombre pausado dados sus ochenta años y cadencioso en el habla como buen habitante del Cono Sur. Silencioso por momentos ante las preguntas de la concurrencia. Humilde, alejado del divismo y con cierto aire de acabar de bajarse del tractor hace apenas diez minutos. Durante sesenta minutos, disfruté como un enano de las palabras de un hombre que fue revolucionario antes que presidente y que en la senectud utiliza el verbo como arma de guerra. De lo allí expuesto me quedo con su afirmación de que en la política hay que ser honesto y de que las revoluciones comienzan por uno mismo. No podemos cambiar el mundo si no empezamos a hacerlo desde nuestro propio yo. Sencillo, simple diría, pero de una profundidad conmovedora. Si no fuera político y le dijeran a usted que viene de África poco se diferenciaría su mensaje del que pudiera dar, por ejemplo, nuestro obispo Aguirre desde Bangassou.

Tras escuchar lo expresado asisto el viernes a la cabalgata de cargos públicos que acudieron en manada a la ponencia oficial de Mujica. Atildados, con sus mejores galas, recién duchaditos, allí que fueron pasando cuantos pudieron para asistir desde las primeras filas a la homilía del expresidente. Estaban felices y salieron henchidos de gozo a juzgar por lo que muchos de ellos nos han regalado en sus muros de Facebook durante este fin de semana. Honestidad, ejemplo, autoridad moral, inspiración… han sido términos que he leído en muros de muy diverso pelaje ideológico. Del PSOE al PP, pasando por IU y los independientes. Viva Mujica, se podría decir como resumen.

Y resulta que a uno, que tiene bastante de descreído y algo más de sieso cuando se pone, le crispan hasta el extremo todos estos mensajitos. Líbreme Dios -con perdón del cogobierno- de ejercer de justiciero, pero permítaseme poner en duda tanta bondad. Permítaseme abominar de quienes hablan de esa refundación política mientras siguen peleándose a muerte en el reparto de sillones o dudar de esa pretendida bonhomía cuando se airean basuras cada vez que se puede. Preguntarme, a la postre, cómo se pueden decir semejantes cosas cuando se practica justamente lo contrario. Porque tiene razón Miquel cuando habla de los motivos de la ruptura que vive este país. Tanta como Mujica cuando reclama honestidad en la política. Y yo que miro y no veo (casi) nada de eso.

Ordenanzas asamblearias

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de septiembre de 2015 a las 7:15

Apenas a siete días de que se cumpla el centenario del cogobierno en el poder, PSOE e IU pasan hoy por su primera prueba de fuego. Será a las 10.00 en la asamblea que Ganemos Córdoba va a celebrar en el centro de iniciativas culturales Osio en la plaza de Cañero para someter a la consideración de sus bases el proyecto de ordenanzas fiscales para el año próximo. Dicen desde Capitulares que lo que digan esta mañana unos cientos de personas –en el mejor de los casos– no influirá en la decisión final que se tome, pero lo cierto es que difícil tienen los socios de gobierno sacar adelante su proyecto sin los votos del partido verde en el pleno.

Quizás por ello, Ambrosio y García se han embarcado en plantear unas tasas de esas que ahora se dicen muy sociales, progresivas y casi que transversales. La encargada de poner un numero detrás de otro, Alba Doblas, ha declarado la “guerra” (textual) a los propietarios de viviendas vacías y les ha anunciado algo así como el final de su riqueza a través de un gravamen del 50% en el impuesto de bienes e inmuebles (IBI). Se anuncia así la primera medida de calado con la impronta clara de la coalición, decisión que bebe directamente de esa ley de función social de la vivienda que pariera la siempre recordada Elena Cortés en su efímero paso por los despachos de mando de Sevilla. Preguntados por cómo se sustancia esa persecución al (supuesto) rico, en Capitulares no tienen muy clara la respuesta y mientras unos dicen que primero hay que hacer un censo y estudiar casi cada caso, otros niegan la mayor y abogan por una tabla rasa que se aplique con todo hijo de vecino. Ya se sabe, que lo mismo es tener un cuñao con parsela para el perol del domingo que un vecino multipropietario de esos que viven holgadamente de las rentas que les dan sus alquileres.

Sea como fuere, el guiño verde esta hecho y cabe esperar que esta decisión, unida a otras como quitarle las bonificaciones a algunas familias numerosas (que ya se sabe que solo tienen mas de tres hijos los ricos) o subirle la basura al personal –que poco más se sabe de otros aspectos importantes para los ciudadanos–, serán del agrado de quienes hoy se reúnen en alegre compaña para votar nuestro futuro. En principio, sólo para debatir y votar criterios políticos y no “detalles”. Pero a uno, que es muy desconfiado y algo perro viejo ya a estas alturas, le da la impresión de que en eso de los criterios políticos cabe casi todo lo que se le pueda ocurrir a quien pase por allí.

Dado que el acuerdo con la oposición parece imposible, que ya se sabe que eso de dialogar con todos es una ordinariez impropia de políticos de altura, el cogobierno fía su primera decisión importante a la “gente”. A una parte de la gente, mejor dicho, porque existe una amplísima cantidad de cordobeses que nada saben de asambleas ni conciliábulos y cuya cartera se va a ver “tocada” por la decisión que hoy se tome. Que no es que yo esté en contra del asamblearismo y el debate, pero, en honor de la verdad, a uno le parece cuando menos llamativo que cosas tan importantes como los impuestos o los presupuestos dependan del humor con el que se levanten unos pocos. Que pensaba yo que esto de gobernar era algo un poquito más serio.

Cuestión de herencias

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de septiembre de 2015 a las 11:47

Hay personas que sueñan con heredar. Yo no me encuentro entre ellas. La verdad es que pensarlo me da cosa por lo que tiene de familiar y, por qué no decirlo, porque heredar en Andalucía sale bastante caro. Sin embargo, como he dicho, hay personas a las que les gusta heredar y se pasan los años esperando el “feliz” acontecimiento con los mismos nervios que tiene un novio a la puerta de una Iglesia.

En política, la herencia es un elemento altamente valorado, pues sirve por igual para atribuirse éxitos de gobierno o para justificar decisiones complicadas desde el mismo. La alusión a la herencia recibida ha dado mucho de sí en todos los gobiernos, sea cual sea su color o su lugar de acción. González, Aznar y Rajoy siempre han hablado del pésimo legado que recibieron al llegar al poder y de la magnífica herencia que dejaban a sus sucesores. (Zapatero no cuenta, que es mejor no citarlo después de la púa que nos legó con su cara sonriente). En Andalucía se habla menos de herencias, toda vez que, desde que se inventaron las elecciones, en esta tierra los cambios han sido más por sucesión que por fallecimiento político del predecesor. Aun así, Susana Díaz también tuvo que fajarse para poner distancia de la herencia en forma de procesos judiciales que le dejaron sus antecesores en el cargo. Pero eso es otra cosa.

Aquí en Córdoba estas semanas ha vuelto a salir a la palestra el tema del legado, si es que alguna vez ha desaparecido de encima de la mesa. El cambio de aires en Capitulares ha provocado que se someta a revisión todo cuanto hizo el PP en sus cuatro años de mandato y, oh sorpresa, resulta que los nuevos en la casa han descubierto debajo de la alfombra algún que otro regalito trampa en el legado. Al menos eso dice el omnipesente primer teniente de alcalde, Pedro García, quien cada vez que sale a hablar de su negociado turístico no pierde ocasión para acordarse de su antecesor Rafael Navas. Al portavoz del PP, José Antonio Nieto, no le gusta que se actúe de esta manera y esta semana se ha dejado caer en su facebook en defensa de la pureza de su gestión y ha señalado a la obsesión compulsiva de IU y PSOE con su trabajo como la causa de tanta mentira.

Al margen de que el exalcalde esté en su derecho y de las dudas que a su alrededor suscita esta estrategia digital de defensa, no debería olvidar Nieto que entre 2011 y 2015 no han sido pocas las ocasiones en las que él mismo aludía al ruinazo que le habían dejado los anteriores gobiernos de PSOE e IU para justificar no pocas decisiones. Del mismo modo, no debería extrañarle pues que en los próximos meses y años sean los que ahora ocupan su despacho los que utilicen el mismo argumento.

Claro que puestos a utilizar argumentos, tampoco estaría de más que tanto unos como otros se olvidasen de esperar el reparto de enseres en la puerta de la notaría y se aplicasen de verdad a incrementar el patrimonio que esta ciudad puede legar a sus hijos. Que hay muchas cosas que hacer y mejorar como para andar recordando si papá o mamá querían más a hermano mayor o al pequeño cuando hay que decidir quién se queda el relicario de la abuela.

Movimiento

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 30 de agosto de 2015 a las 6:41

Los primeros meses después de un proceso electoral suelen ser bastante espesos. Al cansancio lógico que acompaña la resaca de toda punta de actividad se unen los cambios y ajustes lógicos de los bailes de siglas. Si a eso le unimos que lo ocurrido en Córdoba el 24-M fue una auténtica sorpresa y ha devenido en un cogobierno formado por dos en el que decide mucho un tercero que está fuera, tenemos todos los ingredientes para un potaje de los buenos. Y, como cualquier aficionado a la cocina sabe, para que un potaje salga bueno es necesario poner el fuego lento y darle mucho amor. Que a nadie le gustan los garbanzos duros.

Si el cocido de los que mandan en Capitulares es importante no lo es menos el que tienen puesto en la candela los que mandaban antes. Anonadados por un golpe que no se esperaban, los chicos de Nieto, con su líder a la cabeza, aún se tientan las vestiduras intentando explicarse qué ha ocurrido y buscando culpables en el exterior para justificar una derrota que deben analizar, y muy profundamente, desde el interior. Han pasado ya tres meses desde la noche de autos y en el PP parece que ha caído una bomba nuclear que ha borrado todo signo de la vida, inteligencia y acción que acompañó su mandato municipal. Toca despertarse y dejar de gimotear.

Y mientras lo que mandan se conjuntan –que les cuesta– y los que mandaron se despiertan –que les cuesta aún más–, la ciudad espera ansiosa algo de movimiento para volver a andar. Superado el patazo de San Rafael y silenciada la amenaza del IBI, a PSOE e IU les toca mover ficha. Al margen del órdago a la grande de la ciudad deportiva y de la destacable promesa de peatonalizar hasta los ascensores del centro, se hace necesaria ya una puesta en escena real de los objetivos a corto y medio plazo. Cierto es que no hemos llegado aún a esa barrera psicológica de los cien días, pero no menos real es que a estas alturas de la película el único que aparece con cierto sentido de estado en esta ciudad es el plenipotenciario primer teniente de alcalde, Pedro García. De él han partido hasta ahora las decisiones más firmes y los posicionamientos más claros, mientras que la alcaldesa parece andar aún metida entre papeles intentando desentrañar los misterios insondables del mundo capitular. Se acercan las ordenanzas fiscales y ahí veremos si estamos ante un matrimonio de dos con una suegra entrometida o si asistimos a la convivencia de dos extraños que comparten piso con un vecino pejiguera.

Por si acaso, en la ciudad se proponen temas, se habla de apoyar a una hostelería a la que el calor sahariano ha castigado mucho, de potenciar proyectos que se anunciaron y caminan al olvido por motivos ideológicos más que funcionales, de sumar esfuerzos en pos de un objetivo común… De trabajar, en definitiva. Pero con decisión y firmeza. Huyendo de la ancestral tendencia local de llegar a la parálisis desde el análisis. Húyase, por compasión, de sentar a los de siempre a hablar de lo mismo, que ya se sabe que esos, además de vivir ajenos al mundo, sólo miran por lo suyo. Comencemos septiembre a ritmo de gimnasio, con movimiento. Que con tanto rollo electoral ya llevamos mucho tiempo parados.

El Arcángel no se toca

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de julio de 2015 a las 6:39

La identidad de un pueblo se construye sobre tres elementos básicos: la cultura, el idioma y los símbolos. Son estos tres pilares la base sobre la que se sustenta el argumentario propio y diferenciado de cada nación. Cultura, idioma y símbolos son sagrados en la mayor parte del mundo. No hay país en el que cargar contra una de estas tres cuestiones salga gratis ni conlleve duras críticas y, en ocasiones, peligro para la integridad del osado. Ningún país salvo España, claro, donde en un partido de fútbol el personal se mofa del himno y la bandera y encima hay que justificarlo. Como si uno pudiese acudir a las casas de esos que silban a decirle algo de la senyera o la ikurriña. Si eso hubiese ocurrido en Francia, Alemania o EEUU los chifladores habrían sido, a su vez, chiflados. Cosas de los complejos de esta España nuestra.

investidura

Isabel Ambrosio saluda a Rafaela Crespín, delegada del Gobierno de la Junta el día de su toma de posesión ante el cuadro de San Rafael obra de Antonio del Castillo.

En nuestra Córdoba cercana también hay quien ha estado jugando con los símbolos en los últimos días y a punto ha estado de que la jugada le saliera cucona. La alcaldesa, en esa tendencia suya de no zanjar debates nunca, eludió el jueves aclarar si iba a sacar el cuadro de San Rafael de Capitulares y a poco que la cuelgan del palo mayor. En apenas 24 horas, un grupo surgido en Facebook atesoraba más de 22.000 seguidores bajo el aclaratorio epígrafe de No me toques a San Rafael. Ese día fue justo el que necesitó la regidora para darse cuenta de su metedura de pata y emitir una nota en la que abjura de cualquier intención de engrosar los museos municipales con la obra de Antonio del Castillo. Palabrita, le faltó decir.

La polémica originada por la propia Ambrosio no es sino una muestra más de que en ocasiones los políticos que nos dirigen no saben con qué juegan cuando se ponen a tontear. Convenimos en que estamos en un estado aconfesional, en que si a la regidora le molestan los elementos católicos está en su derecho de retirarlos y en que ninguna religión puede ser promocionada por encima de las demás desde las arcas públicas. Sin embargo, la interpretación ortodoxa de esta realidad no puede hacernos vivir al margen de la sociedad. De una ciudad en la que hay más personas que no eligieron a la alcaldesa que votantes del PSOE. En un lugar en el que tocar a San Rafael es atacar los más básicos principios de convivencia, los sentimientos más íntimos, las más profundas creencias. Esas que no entienden de derechas ni de izquierdas, que votan socialista y salen en procesión.

Una vez más, los ciudadanos han demostrado que van muy por delante de sus representantes en cuanto a la concepción democrática de la convivencia. Los textos volcados en el perfil de Facebook destacan, en su gran mayoría, por ser civilizadas defensas de algo que trasciende a la colectividad para introducirse en los más profundo del individuo. A la alcaldesa le han aconsejado bien en la marcha atrás y lo harían mejor si le dijeran que hay cuestiones que no son juguetes al albur de momentos o pactos políticos. Igual que Ambrosio está más que justificada para retirar símbolos de su despacho, lo están los miles de cordobeses que le reclaman respeto con su Custodio. Miles de ciudadanos que no suelen protestar, que no forman parte de minorías ruidosas y polemistas y que han levantado ahora su voz al sentirse atacados. Tiene suerte la alcaldesa de haber errado en los primeros días del mandato, pero debe tomar nota. Van dos en apenas siete días y en algo debe haber fallado para provocar la reacción que ha ocasionado. Cuidado.

Gestos y decisiones

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de junio de 2015 a las 10:12

Una vez que ya conocen el camino de sus despachos y pueden ir solos al baño, los miembros del cogobierno que va a regir Córdoba los próximos cuatro años han comenzado a mostrarnos cómo va a ser su forma de actuar a partir de una serie de gestos y decisiones tomadas en esta semana que hoy termina. Aún estamos en los prolegómenos de este noviazgo que veremos si en 2019 acaba en boda, pero en estos días los ediles con mando en plaza han comenzado a mostrar cuáles serán sus armas de seducción para terminar de cortejar a una Córdoba que aún anda un poco sorprendida por la elección tomada el 24-M. Es por ello quizás que la cosa va despacito, sin prisas y sin forzar la máquina, no vaya a ser que esa noche loca de Feria que ha dado lugar a la pareja pueda frustrarse por un paso mal dado.

Como en toda relación incipiente, lo primero que se hace es estar muy pendiente de los gestos, de esas señales que hacen que la pareja se sonría con cara de pavo nada más cruzarse la mirada. Son los pequeños actos los que consolidan los amores y en esos se han dejado caer los chicos de Ambrosio cediendo el Rey Heredia a la Acampada Dignidad; repartiendo sueldos y liberaciones con un poquito -tampoco demasiado- de recorte económico; reuniéndose con los agentes sociales -que faltó el portero del Puga-; renunciando a las entradas oficiales en la Noche Blanca, o acudiendo anoche a Las Palmeras a la clausura del curso deportivo. Son esas carantoñas que a todos les gustan, ese guiño de ojos que te hace derretirte, esa apuesta segura que garantiza un besito en el cachete y un paseo de la mano. Cuestan poco, no arriesgan nada y dejan a todos satisfechos. Es cumplir con la expectativa creada, como cuando uno paga el primer café o la primera caña con su novia recién estrenada (aunque no sé si esto será políticamente correcto).

Después de los gestos vienen las decisiones, esos momentos en los que cada enamorado debe poner los límites que marquen hasta dónde está dispuesto a llegar. No es decidir si te casas o cuántos hijos tienes, pero sí dejar claro cuántos días se sale con cada pandilla o cómo de cerca quieres a la familia política. Hay decisiones valientes, como la anunciada por Pedro García en el Día para dejar claro que el 40% de las naves de la Colecor va a ir al suelo. Minipunto para el de IU, que le gana la mano a la alcaldesa y la hace ir a su saga en el primer anuncio importante. Hay decisiones polémicas, como la de retirar los cargos a los que ocuparon el Rey Heredia; peligroso precedente para todo aquel que considere que dar una patada en la puerta ajena puede salir gratis. Y hay decisiones erróneas, como la de la alcaldesa de no acudir anoche a la Magna Mariana y obviar a las decenas de miles de personas que profesan una fe de manera devota. No se apure doña Isabel, que esos pecadillos se curan a medida que se acerquen las ahora lejanas urnas.

Córdoba asiste expectante al cortejo al que la someten sus nuevos gobernantes. Mira entre ilusionada y prevenida cada acto y cada paso de quien quiere llevarla al altar. Va la cosa despacio, sin prisas, con tiento y delicadeza. La pareja se está conociendo, se gusta, se mira con arrobo e incluso se hurta algún beso en algún rincón poco iluminado. Son momentos de tanteo. Ya llegará la hora de decidir si el piso se compra o se alquila, si la cama es de matrimonio y si el coche es de cinco o de siete plazas. Toca ahora hacerse ojitos, pero que tampoco sean demasiados que hubo quien de tanto arrumaco y piropo acabó de vuelta a casa por pegajoso.

Democracia de 140 caracteres

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de junio de 2015 a las 12:12

Vivimos momentos convulsos en el panorama político nacional. La crisis, la corrupción y el hastío tras tantos años de gobiernos monocolores han derivado en un nuevo escenario en el que emergen partidos que buscan capitalizar las irrefrenables ganas de cambio. Lo normal en un sistema político que lleva desde su constitución gobernado por las mismas fuerzas políticas, convertidas en la sombra de lo que fueron por mor del desgaste que produce el tiempo en los principios morales de cualquier institución. PSOE y PP caminan a la baja por sus propios errores, por su ensimismamiento y porque se han convertido más en oficinas de colocación que en elementos de transformación de la sociedad. Del político profesional al profesional de la política han pasado 35 años en los que ambas formaciones a punto han estado de tirar por el sumidero el legado de la transición que nos dejaron nuestros mayores. Demasiadas prebendas, demasiados colocados, demasiadas gambas y langostinos. Demasiada falta de vergüenza.

En este panorama aparecen nuevas fuerzas. Subidas en la ola del populismo capitanean la indignación de una generación que ha visto cómo las comodidades de su infancia desaparecen de un plumazo y los mundos azules en los que vivían se han tornado negros. Algún día alguien deberá estudiar qué paso en aquella época de bonanza –de la que ahora todo el mundo reniega– para que toda una generación se criara pensando que en la vida todo es de colores. La irresponsabilidad del sistema que montamos se ceba ahora con unos jóvenes que aparecen como víctimas inocentes del pasado. Carne de desesperación.

Y en esto surgen los nuevos, los que prometen cambiarlo todo y traer de vuelta el paraíso. Y lo hacen con un concepto peculiar de la democracia en el que la libertad individual no tiene como límite el prójimo sino el calor del momento. Los tuits y actos de muchos de estos salvadores dan más miedo que otra cosa. Estos que han llegado al poder a lomos de la libertad que tanto reivindican porque está sojuzgada comienzan a mostrar su verdadero fondo. Lo cierto es que no empiezan ahora, lo hicieron ya hace tiempo, pero el foco mediático es en este momento cuando se posa sobre ellos. Los chistes de Zapata, los avisos de muerte de Soto, las invasiones eclesiales de Maestre o el recuerdo al Grapo de Pontones no muestran más que desprecio por este (imperfecto) sistema de convivencia que nos hemos dado. Perdonar estas acciones aludiendo a unos injustificables pecadillos de juventud, como ha hecho Carmena, es un insulto a la inteligencia general. Además, supone un desprecio hacia quienes se dejaron la vida luchando porque cada uno pueda decir lo que quiera, profesar la fe que quiera o votar al partido que quiera. Aterra pensar que el concepto de democracia de estos recién llegados consista en imponer sus criterios y despreciar los míos o los de usted por el mero hecho de tenerlos. No es que digan o hagan el majadero (que también), es que encima buscan justificaciones para sí en aquellos mismos comportamientos que han criticado con ferocidad en los demás. Ya han descubierto la zafiedad del “y tú más”.

Y todo ello montados en argumentarios de 140 caracteres. Toda una metáfora de la profundidad intelectual que se esconde tras los postulados de muchos de ellos.