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Que vote usted bien

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de marzo de 2015 a las 10:25

Ha llegado el momento. Los andaluces volvemos hoy a las urnas en las elecciones autonómicas más abiertas y desconcertantes que se recuerden. La eclosión de nuevos partidos como Ciudadanos y Podemos, unida a la crisis que atraviesa el bipartidismo tradicional de PP y PSOE y las consecuencias que el cogobierno pueda tener sobre IU se dirimen hoy de la mano de la voluntad de más de seis millones de andaluces. Nadie sabe qué pasará esta noche cuando se abran las urnas, aunque parece claro que la composición del próximo Parlamento andaluz será mucho más amplia y plural, con la presencia de hasta cinco formaciones políticas. Buena noticia esta para la política andaluza, demasiado estancada en un discurso que ha parecido en muchas ocasiones un partido de tenis.

Más allá de esta variante partidista, lo que los andaluces nos jugamos hoy es mucho. Es, en primer lugar, contar con un Gobierno que pilote la salida de la crisis que se está esbozando. Con seriedad y rigor, con las ideas claras y cuatros años por delante para establecer las políticas necesarias que doten de estabilidad a nuestro futuro. Estos años han sido demasiado duros para los ciudadanos como para que podamos retroceder en el camino andado, lo que obligará a quienes compongan desde mañana el arco parlamentario a hacer un esfuerzo de rigor y responsabilidad en beneficio de todos. Responsabilidad a quienes estén en el Gobierno y a quienes formen oposición. Altura de miras y sentido de Estado.

También tenemos hoy ante nosotros la posibilidad de mostrar al resto de España la salud de nuestro sistema democrático y nuestra condición de comunidad histórica. Una asistencia masiva a las urnas es lo que se reclama en momentos como los actuales en los que nos jugamos tanto. Andalucía tiene el reconocimiento estatutario como una nacionalidad histórica y no acudir hoy a los colegios electorales es traicionar a quienes se dejaron la piel por conseguirla y renunciar voluntariamente a formar parte del sistema.

Porque, y esto es lo más importante, hoy tenemos la posibilidad de elegir qué queremos para nuestro futuro. Sea cual sea la opción política por la que nos decantemos tenemos esa posibilidad. El voto, elemento mantenedor de la democracia, es un derecho para todos, pero también ha de considerarse una obligación. Afortunadamente, hace muchos años que quedó atrás la época en la que votar era un lujo o directamente no servía para nada. Vivimos tiempos convulsos, difíciles y determinantes, pero afortunadamente tenemos la posibilidad de decidir nosotros mismo el modo en el que queremos enfrentarlos. Por eso, hoy hay que ir a votar. No hacerlo sería, como ya se ha dicho, traicionar nuestras propias creencias y situarnos al margen del sistema. Y este, por fallos y grietas que tenga, es el mejor del que nos hemos dotado en toda nuestra historia. No lo dilapidemos. Que vote usted bien.

La rebelión sanitaria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de marzo de 2015 a las 8:22

Complicado escribir en estos días electorales sin que alguno de los contendientes se te eche al cuello, pero hay que hacerlo. Esta semana, además, con más motivo porque ha estallado en el ambiente un tema que llevaba demasiado tiempo sobrevolando el ambiente. Por sorpresa y en una comparecencia inédita en Córdoba, todos los sindicatos con representación en el ámbito sanitario comparecieron unidos el martes para denunciar las condiciones en las que realizan su labor los profesionales del hospital Reina Sofía. El hecho es histórico y evidencia que lo que vienen soportando los profesionales de este ámbito en los últimos años dista mucho de ser normal.

Jornadas excesivas, falta de sustituciones, salarios recortados, unidades de dirección en las que las directrices políticas están casi por encima de las médicas, son las principales demandas. Eso, unido a pacientes que se cansan y que en muchas ocasiones demuestran escasa educación, ha colmado el vaso de la paciencia. Para terminar de arreglarlo, la respuesta tanto de la dirección del centro como de la delegada de Salud ha distado enormemente de ser convincente y se ha quedado en una serie de vaguedades, compromisos con tinte electoral y cierta negación de la evidencia que ofende a quien la padece.

En estos tiempos tan electorales que nos ha tocado vivir, la sanidad debería entrar de lleno en el debate para que de una vez por todas se dé a su alrededor un acuerdo de Estado en el que, como con la educación, nadie pueda hurgar cada vez que las urnas le sonríen. Un país que no cuida a sus médicos, tal como debería hacer con sus maestros –aunque ese sea tema de otro artículo–, está condenado a padecer a la indigencia intelectual. Quien maltrata a sus médicos, y en eso no están exentos ni PSOE ni PP en función de donde gobiernen, está machacando además a sus pacientes. O, lo que es lo mismo, les está faltando al respeto a sus ciudadanos, que son los que frecuentan los hospitales.

Si para ser médico o enfermero se precisan las mejores notas y las carreras más largas, no se entiende muy bien que el trato y la remuneración que perciben quienes se dedican a tan nobles labores no esté a la altura de esas exigencias. Si a los que deben velar por nuestra salud los tratamos así, luego no podremos quejarnos de cómo están los hospitales. La culpa, y las soluciones, está claro en manos de quién están. Y, desde luego, no se arreglan ni a golpe de promesa electoral ni con contratos recrecidos a la carrera. Se arreglan dándole a os profesionales el lugar que merecen.

El campo y la cuestión de Estado

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de febrero de 2015 a las 8:06

Dice la sabiduría popular que el fútbol “es un deporte en el que juegan once contra once y al final siempre gana Alemania” –hasta que llegó la España triunfal, claro–. Adaptado al imaginario cordobés podemos decir que el fútbol es un deporte en el que el equipo blanquiverde lucha por mantenerse en Primera mientras su futuro se decide en las páginas de política de los periódicos locales. Acabáramos. A falta de debates absurdos en esta ciudad, ahora les ha dado por el fútbol.

saboA decir verdad, la relación del CCF con su ciudad ha sido siempre muy extraña en el ámbito administrativo. Mientras miles de locos seguían yendo a pasar frío a El Arcángel en los gélidos años de la Segunda B, en los despachos poderosos de esta ciudad se hacía y deshacía su futuro y su propiedad como si se tratase de un elemento más de la contienda política. Famosas son las mediaciones de Rosa Aguilar por encontrar a alguien que pusiera manteca para mantener al club y que este no se fuera más abajo de donde ya estaba. En su condición de saco de todos los golpes, el Córdoba acabó por convertirse en una suerte de elemento extraño al que seguían unos muchos fieles y del que pasaban otros muchos infieles. Hasta que llegamos a Primera y la fiebre blanquiverde ha tomado al asalto cada rincón y cada casa de la ciudad. Y todo ello a pesar de un presidente empeñado en pelearse con todo aquel que ose mencionar el nombre de “su” club en vano. Lo cierto es que es curioso que este hombre, que cumplió su palabra de llevar al equipo a la Liga de las Estrellas en tres años, no haya logrado calar más entre afición y medio ambiente cordobés…

En fin, a lo que íbamos. En la ciudad de los debates estériles, esta semana ha sido protagonista el sabotaje de un campo de fútbol y la construcción de una pradera deportiva. De cachondeo si no fuera porque detrás de eso está la ilusión de miles de personas. Consciente de ello, el alcalde se ha comido un sapo y ha cerrado filas con González –sí, el mismo que le llamó culé– para defender que urge una ciudad deportiva en condiciones para que el equipo se entrene y se salve. Entre uno y otro han tratado de llevar la presión ciudadana sobre la oposición con la ilusa esperanza de que esta cediera ante el interés futbolístico local y levantara un poco la mano en su presión hacia el equipo de gobierno. Vano intento, toda vez que la oposición que tiene enfrente Nieto cuenta con fecha de caducidad y a los ediles actuales –a la mayoría– les da ya igual lo que les puedan decir. Así que, alcalde, cordobeses, de ciudad deportiva exprés, nada de nada.

ciudadConvertido un césped en asunto de Estado (que así estará el Estado), el regidor ha dicho al final que va a hacer lo que le dé la gana y que si la cosa se pone fea el campo será “pa los cordobeses” y punto. Que digo yo que para llegar a esa conclusión nos podíamos haber ahorrado el viaje (y los camiones sin dueño).

Y mientras perdemos el tiempo en estas bagatelas, Córdoba sigue llena de parados y falta de soluciones. Desde el gobierno y desde la oposición. Pero claro, eso debe ser menos importante que un balón de fútbol y una pradera de césped.

Arranca el espectáculo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de febrero de 2015 a las 8:39

Ya estamos en faena. Una vez superada la cuesta de enero y las rebajas –aún queda algo por si tiene usted ganas– llega la temporada electoral. En esta época se pondrá de moda quitarse la corbata, ponerse ropa sport, calzado cómodo y el disfraz de simpático, enrollado y bonachón. Besos, abrazos, sonrisas y carcajadas serán la tónica en la pasarela provincial hasta los albores del verano. Incluso habrá quien haya afrontado un severo régimen y aparezca con menos peso y más pelo ante los atónitos ojos de la víctima/votante. Ya tenemos candidatos y varias listas. Nieto ha deshojado la margarita por fin –que ya le ha dado vueltas para llegar adonde todos sabíamos que iba a llegar–; Gómez también ha dicho que sigue en la pelea; Ambrosio y García ya estaban, y en Ganemos aún queda porque están con unas primarias que ni Cristo eligiendo apóstoles. También contamos con algunos cabezas de cartel al Parlamento andaluz decididos y otros no expresados, pero igualmente decididos. Esto tiene menos glamour, pero le dará aliño al tema porque entran en juego pesos pesados y aspirantes a serlo. Alarcón, Cortés, Serrano, Durán (si no le dicen lo contrario) salen a jugar. El de Podemos lo obviamos porque hasta esta noche andan de primarias y no hay que herir susceptibilidades.

Tampoco se quedan atrás los sindicatos, que han olido a urna y han comenzado a sacar el libro de quejas que durante cuatro años no han podido/querido/sabido menear. Se anuncia huelga en Sadeco, se denuncian retrasos en las nóminas y se barruntan unos cuantos conflictos más, a la vista de que hay quien quiere recuperar el terreno perdido por la crisis y quien tiene que ayudar a los partidos amigos en la carrera electoral. No seré yo el que ponga en duda los motivos de las quejas, pero sí que llama la atención que las centrales sindicales asomen ahora el lomo cuando durante cuatro años han permanecido más bien silenciosas. Igual es que en esta crisis ellos también salieron trasquilados y era hora de irse a los cuarteles de invierno a esperar mejores primaveras. No obstante, deberían tener cuidado los sindicatos a la hora de plantear sus protestas, que la gente anda ahora menos comprensiva con que la calle se llene de mierda en Semana Santa y se pongan en peligro unos cuantos jornales. Que no está la cosa para perder el pan por unos contenedores repletos. Pero bueno, lo cierto es que arranca el espectáculo y con todo esto hay que contar. Veremos cómo les sale la jugada unos y otros.

P.D.: Corrijo, que de la huelga de Sadeco sí hay una cosa que tengo que decir. Me parece bien que se luche por pluses olvidados, reformas no consensuadas y otras hierbas, pero no puedo estar de acuerdo en que se defienda una bolsa de empleo restringida a 148 personas cuando en Córdoba hay unos cuantos miles de desempleados. Me suena esto más bien a herencias del pasado y a cortijillos particulares. Que el mismo derecho tienen unos que otros de encontrar empleo en esta santa ciudad.

De listas y paripés

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de febrero de 2015 a las 9:40

Tenemos sobredosis electoral a la vista y hay que prepararse. En los próximos cuatro meses vamos a ver tal cantidad de besos, abrazos, sonrisas forzadas y promesas imposibles que lo mejor es ir tomándose ya el antiácido para evitar problemas posteriores. Casi 120 días de campaña sin parar, qué barbaridad. Hay quien dice que a los periodistas lo que nos gusta de verdad es esto, pero háganme caso si les digo que espero tan pocas sorpresas de lo que va a pasar que estoy casi por bajarme en la primera estación.

Lo cierto es que lo entretenido de las elecciones es más lo que pasa antes de que la máquina se ponga en marcha que lo que ocurre después. Los tejemanejes dentro de los partidos, los follones de las listas, la competición de los que están por quedarse y de los que quieren llegar por meterse. Y ni eso vamos a tener este año porque el anuncio de Susana Díaz de convocar para el 22 de marzo casi no va a dar tiempo ni a situarse en la parrilla de salida. El que no haya hecho su trabajo ahora lo va a tener muy complicado ya.

Lo que sí tenemos es el paripé de los partidos para intentar hacernos creer que van a consultar con las bases y las agrupaciones quiénes son los más indicados para ocupar cada lugar. Ahí se lleva la palma el PP, que ha dado una lata tremenda con el traje para vestir a Nieto para la reelección que ha rayado un poco el ridículo. Si todos sabíamos que el alcalde iba a repetir –tal y como conocemos hoy– y que en su partido eran conscientes de que iba a pasar, ¿a qué tanto paripé? Lo de la encuesta con los afiliados es ya de traca, a ver si iban a salir Torrico y Molina ante la prensa a decir que el 90% de los militantes no quiere al alcalde y se plantea darle la patada a cuatro meses de las municipales. Claro que no todo es tan criticable y lo de pedirle a las bases que señalen a cuántos candidatos hay que descabalgar en las listas tiene su puntito; de sadismo hacia los afectados sí, pero su puntito.

En el PSOE la cosa está entre los que nos vendrán a decir que Ambrosio va a hacer sola la lista de las municipales y los que afirmarán sin dudas que Durán va a consultar hasta con la bruja Lola si se mete en la lista de las autonómicas o se queda en ese despacho casi sin inquilino en los últimos meses que hay en la avenida del Aeropuerto. Todo muy democrático, eso sí.

De IU, la verdad, me lo espero todo. A la habitual tendencia de la formación a meterse en berenjenales cada vez que hay urnas de por medio se une este año la inestimable ayuda de los muñidores de la estrategia de campaña. Salir un domingo diciendo que el referente es Julio Anguita para que este abjure de ti al día siguiente es como para pegarse un tiro. Que digo yo que no habría sido tan difícil llamar a Julio, que para eso en la coalición hasta el que ni ha pasado a su lado lo llama así. Arduo camino el de Pedro García.

Y nos queda el universo Podemos-Ganemos, dos formaciones a las que no hay quien ponga rostro y que viven sumidas en un eterno proceso de primarias. Estos sí que van a practicar la democracia de las bases, lo que ya les está suponiendo no pocos dolores de cabeza y más de una tensión interna. Gajes del oficio. La próxima vez verán como se ahorran tanta urna previa.

Susana se lo juega todo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de enero de 2015 a las 8:39

Por si alguien tenía alguna duda, Susana Díaz ha demostrado esta semana quién es la que manda aquí. En Andalucía y en el PSOE nacional. La presidenta de la Junta, salvo que ocurra algo muy, pero que muy raro, lanzará mañana su campaña de ascenso a las alturas de la política con la convocatoria anticipada de las elecciones andaluzas. Díaz se ha cansado de esperar y ha visto la ocasión de culminar su estrategia tras unas Navidades en las que da la impresión que se ha dedicado a reflexionar, estudiar encuestas y trazar su plan de ruta. Ha llegado la hora de actuar, parece haberse dicho, y tirando de unas excusas más bien prefabricadas ha decidido darle la patada a sus socios de Gobierno en busca de una victoria que la consolide.

susanaLo cierto es que hay que reconocerle a la presidenta que en esto de la política se mueve bien. Mañana firmará un decreto que coge absolutamente en fuera de juego a todos sus rivales, obligados ahora a correr y modificar sus planes. Por un lado, Podemos, el gran temor de Díaz, tendrá que acelerar su proceso de elección de lideresa y candidata para que la gaditana Teresa Rodríguez se lance al ruedo electoral con algo de tiempo. Al tiempo, las secciones locales de la nueva formación tendrán que afrontar su primer envite serio conel diseño de listas cuando aún están frescos ciertos enfrentamientos a al elegir a sus cuadros de mando locales. Al PP, la convocatoria lo pilla con un líder que no termina de conectar y le va a obligar a confeccionar unas listas que no estaban ni pensadas y para las que hay que buscar nuevos reclamos. Y, finalmente, a IU esta llamada a las urnas la va a llevar al culmen de su bipolaridad. La coalición deberá mandar un mensaje de alejamiento de sus socios de Gobierno que le pueda servir para frenar la sangría hacia Podemos, mientras que, por otra parte, tendrá que tirar de sus logros en ese mismo Gobierno roto para reivindicar su labor de gestión. Un lío más para un partido ya de por sí bastante enmarañado.

Pero no solo convoca Susana para hacerse con el poder en Andalucía y marcar su territorio en un Gobierno con menos ataduras. La líder socialista quiere, por un lado, salvarse de la quema de unas municipales que no le pintan nada bien a su partido, bastante ausente de la vida municipal en este mandato. Díaz sabe que su cartel tiene mucho tirón y le puede dar la victoria, pero no quiere arriesgarse a que una convocatoria conjunta con las locales le pueda jugar en contra. Que los experimentos se hacen con gaseosa.

Por otro lado, la presidenta andaluza ha puesto ya definitivamente el ojo en Madrid, donde es recibida cada vez que va con alfombras rojas (y no solo por sus compañeros de partido) y se la ve como la única salida para salvar a un socialismo en el que Pedro Sánchez parece tener las horas tan contadas que hasta Zapatero se le ha revelado. (Triste que te mate el llamado bambi).

Susana Díaz apuesta fuerte y se juega el todo por el todo convocando el 22 de marzo con tan poco plazo. Si le sale bien, tendrá el camino expedito para llegar algún día a La Moncloa. Como pinche en hueso, su carrera habrá acabado a la misma fulgurante velocidad a la que despegó.

Un debate de mentira

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de enero de 2015 a las 8:33

Creo que lo he dicho mil veces, pero a riesgo de repetirme volveré a insistir aquí en que me parece que el debate sobre la titularidad de la Mezquita carece de base y la intención de quitarle la gestión al Cabildo es absurda en el año del récord de visitantes. También he reiterado que tampoco es lógica y se cae por su propio peso la renuncia al pasado musulmán, árabe o islámico –a gusto del consumidor– que ha planteado la Iglesia en los últimos años del que es el principal emblema de la ciudad. Nada de lo dicho hasta aquí es nuevo y, ciertamente, comienza a aburrirme tener que andar reiterando lo dicho una y otra vez. Sin embargo, esta semana han ocurrido varias cosas que obligan a volver al tema.

En primer lugar está la cuestión del reconocimiento que las administraciones han venido realizando sobre el edificio por mucho que a Susana Díaz le haya entrado la perra con que la Mezquita ha de ser de todos. Durante esta semana, el Día ha venido demostrando documentalmente que tanto el Gobierno andaluz como la coalición IU y PSOE en su época en Capitulares jamás le pusieron pegas a la Iglesia por ser la titular del monumento y así reza en no pocos informes fechados en años tan dispares como 1991, 2005, 2007 o 2010. Esa es la verdad y debe quedar clara. A la presidenta andaluza alguien debería decirle que sus antecesores jamás pusieron reparos e, incluso, firmaron unos cuantos convenios reconociendo expresamente dicha propiedad. Es más, a la presidenta andaluza habría que decirle que si tan convencida está de que la Mezquita-Catedral debe ser pública, bien podría hacer lo mismo con la Catedral de Sevilla, que me da a mi que no es propiedad de la asociación de pescadores de Cuenca. Claro, eso sí, que igual si a la que más manda se le ocurre decir estas cosas en su patria chica le pasa lo mismo que a la secretaria general de Podemos de esas tierras y se le echa encima hasta el apuntador. No olvidemos que Díaz es cofrade declarada y tiene pasado de catequista y en Sevilla jugar con estas cosas no está bien visto. Vamos que no hay…

En segundo lugar, tampoco estaría de más que alguien aclarase qué es lo que quiere la Junta, que en función de quien hable aboga por la titularidad pública con gestión eclesial, por la titularidad eclesial con gestión compartida o vaya usted a saber qué. Si el consejero de Turismo, Rafael Rodríguez, hombre por otra parte sensato, dice una cosa, al día siguiente llega su jefa y dice lo contrario con lo que lo deja a los pies de los caballos. A estas alturas uno ya no sabe qué creer y comienza a pensar que es verdad eso de que los socios de Gobierno en Sevilla se llevan regular.

Y, por último, todo ello adobado con explicaciones como la de Marisantos Córdoba, a la que la refriega ha cogido sin los deberes hechos y que dice que la Junta no sabía que el edificio estaba sin inmatricular cuando firmaba los convenios. Como si eso fuera cierto y tuviera algo que ver con esta movida. Vamos hombre.

Y en medio de todo esto la que sigue perdiendo como siempre es Córdoba. Otra vez moneda de cambio para debates carentes de interés y que no hacen más que restarle el protagonismo que merece. Qué pena.

Cinco meses para todos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de enero de 2015 a las 13:24

24 de mayo. Esta es la fecha que está subrayada en rojo en absolutamente todas las mesas de los que mandan en los partidos. Ese día se verá hasta dónde va a mudar este país si la pulsión de cambio que ha marcado el final de 2014 se mantiene vigente. Las elecciones municipales de ese día, y autonómicas en las comunidades no históricas, escenificarán hasta qué punto el bipartidismo que ha venido gobernando este país desde la Transición está tocado de muerte o si, por el contrario, no padece más que un resfriado que se curará dando con el tratamiento preciso. Pero hasta que la noche de ese 24 de mayo las urnas hagan publico su escrutinio aún quedan muchos meses en los que el pánico que preside ahora mismo las salas de máquinas de los grandes partidos será el gran protagonista.

PP y PSOE asisten con honda preocupación a su descrédito público y buscan la manera de plantarle cara y reinventarse sin tener que tocar sus esencias. Ahí radica principalmente su problema, en que aún no se han enterado de que ni su forma tradicional de hacer política ni el modo de comunicarse con sus potenciales electores sirven ya para nada. Si Rajoy lo fía todo a ala mejora económica y a la llamada del voto del miedo va tan apañado como Pedro Sánchez y sus shows comunicativos y descuelgues televisivos. El mensaje claro de los ciudadanos hacia el llamado bipartito es que hay que cambiar formas, fondos y, sobre todo, rostros. Ahí reside la exigencia, no en los grandes discursos ni en los ventiladores cargados de mierda. Acuerdos contra la corrupción, limpieza de los partidos y meritocracia son exigencias que no pueden posponerse más.

La siempre zozobrante Izquierda Unida no lo tiene más fácil, pues ha de formatear su discurso sin perder el respaldo de quienes le han sido fieles en las travesías del desierto y ser capaz de articular una oferta que atraiga a esa ingente masa de descontentos que busca alguna solución en la izquierda. Igual andan en UPyD, temerosos de ver si el efecto Rosa Díez tiene fecha de caducidad víctima de su cesarismo y sus cuitas internas. En Ciudadanos, sin embargo, la cosa va por otro lado y el efecto Albert Rivera podría ser un elemento de sorpresa importante en algún que otro lugar.

Y luego está Podemos, verdaderos protagonistas del año y auténticos aspirantes a todo a pesar de que, en principio, no van a concurrir con sus propias siglas a los comicios. Inteligente medida para no caer a las primeras de cambio. Los chicos de Pablo Iglesias tienen ante sí meses en los que deben hacerse mayores, demostrar que detrás de sus camisas de cuadros hay la posibilidad de articular un proyecto político serio, con medidas capaces y un programa que vaya más allá del panfleto, la crítica al establishment y los guiños populistas. Si lo consiguen se convertirán sin duda en la gran alternativa de poder en España, pero si fracasan, Pablo Iglesias y los suyos serán los culpables de que el desafecto ciudadano sea aún mayor.

Y todo esto hay que verlo en solo cinco meses. Promete la cosa.

Aterriza como puedas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de diciembre de 2014 a las 8:11

Si no fuera porque es algo serio, el informe del Tribunal de Cuentas de la Unión Europea la gestión política de la ampliación del aeropuerto de Córdoba sería para troncharse. Ni en el mejor guión de Woody Allen o de los Hermanos Marx podría encontrarse mejor ejemplo de despilfarro, ataque a los fondos públicos y desprecio a la realidad que en este faraónico proyecto puesto en marcha hace ya no se sabe ni cuanto tiempo y que a día de hoy lo único que ofrece es una pista un poco más grande, con menos personal para cuidarla, un horario más restringido y una inexistente torre de control. Vienen a la memoria ahora aquellas ruedas d prensa en las que se decía que poco menos que Córdoba iba a ser la nueva Meca del turismo gracias a sus nuevas instalaciones. Eran tiempos en los que la bonanza y ese complejo de nuevo rico en el que nos instalamos nos hacían hablar de los euros por decenas de millones, porque todo lo que fuera de menor cuantía era algo cutre e impropio de nuestra categoría. Fueron los tiempos megalomaníacos de Rosa Aguilar y sus socios del PSOE –fueron tantos y tan variados que poner todos los nombres sería excesivo–. Fue la época en la que íbamos a tener un aeropuerto mejor en poniente, un Palacio del Sur en Miraflores y un Recinto Ferial en Levante. (Y dos huevos duros, que dirían los geniales Marx).

Luego la realidad, tozuda e insolidaria como siempre, se impuso al onirismo y poco a poco fuimos perdiendo el oído ante los cantos de sirena. La lluvia nos echó por tierra –o más bien todo lo contrario– el proyecto aeroportuario, que quedó en entredicho cuando se inundó la pista y hubo que gastarse unos milloncejos en poner un dique. Las expropiaciones de chalés ilegales a precio de mercado hicieron las delicias de sus propietarios –que hasta se atrevieron a quejarse antes de ver los cheques– y sumieron en la pobreza el bolsillo público. El fin del boom inmobiliario hizo el resto y , hoy por hoy, esa espléndida nueva terminal que nos vendieron sigue siendo una maqueta –sigo con mi idea de hacer un museo de maquetas en esta ciudad–, la nueva torre de control se sitúa en Sevilla y ni siquiera el cable de alta tensión que amenaza los vuelos ha sido aún soterrado. Qué despropósito.

Ha tenido que ser Bruselas, esa tía vieja y fea que siempre viene a reñirnos, la que ponga los puntos sobre la íes y nos explique que lo del aeropuerto no hay por donde cogerlo. Que cómo se va a ampliar un aeródromo teniendo los de Sevilla y Málaga al lado, teniendo Madrid a tiro de piedra con el AVE y, sobre todo, sin haber hecho ni un sólo estudio de impacto y necesidad de la infraestructura. En lenguaje políticamente correcto y muy profesional, lo que nos han dicho desde Bruselas es que aquí se ha hecho una chapuza de padre y muy señor mío. Ahora vienen unos y otros a ponerse parches. El PP a decir que nunca creyó en el proyecto –aunque su idea privada no dejaba de ser otro sin sentido– y tanto IU como PSOE a ponerse de lado y culpar a los de ahora de no traer vuelos. Quizás Nieto tenía que haber llamado de nuevo a Flysur para reflotar esto. Que aquella aventura sí que fue rentable. Tiene telita la cosa.

Rajoy el triste

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 14 de diciembre de 2014 a las 12:14

“En muchos aspectos la crisis ya es historia. (…) La recuperación se vive en los mostradores de los pequeños negocios, en los pedidos de los proveedores, en las barras de las cafeterías, en las mesas de los restaurantes, en las nóminas de muchos españoles y en el interior de sus hogares. (…) Estas serán las primeras navidades de la recuperación”. Esto dijo Mariano Rajoy el jueves ante un aforo de empresarios. El presidente del Gobierno, con esa tendencia que tiene a convertir en plomizo y aburrido todo discurso que pronuncia, dio por finiquitado este desastre y auguró un futuro de esperanza, sol y buen tiempo. Sin pestañear, sin inmutarse, el gallego que manda en La Moncloa transmitió sus buenas sensaciones con la misma falta de sintonía con la humanidad con la que transmitía las malas. Estuvo lejos de la vehemencia de Zapatero al anunciar los brotes verdes o de ese tono catecumenal de nuestra Susana cuando quiere explicar que todos los males de Andalucía se gestan Despeñaperros arriba. Así es Rajoy, triste y aburrido como el orballo de su tierra. Dicen las malas lenguas que hubo una vez que sonrió; yo no me lo creo mucho.

Rajoy ha dicho que la crisis se ha terminado y al escuchar esto uno se pregunta en qué tipo de realidad vive este hombre. Es cierto que hay pequeños síntomas de que la cosa va un poquito mejor, igual que parece que en estas fiestas vamos a soltar algo más la cartera que en años anteriores. Pero decir que la crisis se ha terminado con casi cinco millones de parados en el Inem, con la inflación en negativo, con los sueldos –quien los haya conservado– tiritando por los ajustes empresariales y con decenas de miles de personas dependiendo de la solidaridad de los demás en estos fríos días, me parece una obscenidad. El presidente del Gobierno debería tener presente que cuando manda sus mensajes no lo hace sólo a los miembros del Íbex 35 o a los grandes gurús bursátiles, sino que hay 45 millones de españolitos de a pie que andan pendientes de saber lo que dice. Y lo que dijo, al ciudadano medio, a la familia trabajadora, al que vive de las peonadas del campo o al que vende pañuelos en los semáforos, se le antoja muy lejano.

El Gobierno de Rajoy se ha caracterizado estos tres años por su distancia de la realidad. O, mejor dicho, por su frialdad a la hora de afrontar la dureza de la crisis. A un presidente del Gobierno se le exige, además de que haga bien las cosas –y algunas se han hecho bien para que haya indicadores en positivos ahora–, que sea capaz de conectar con el estado de ánimo de sus conciudadanos. Hay que hacer posible que quienes padecen los recortes, el paro o las rebajas salariales se sientan mínimamente arropados por quienes están llamados a sacarlos del hoyo. Y eso no ha pasado ni con Rajoy ni con ninguno de los suyos. Más bien al contrario, más de un ministro ha dado muestras de una frialdad casi despreciativa cuando se le preguntaba por la situación y las perspectivas de futuro. No es que haya que ir de optimistas patológicos, que para eso ya tuvimos a ZP, pero sí que hay que exigir algo de empatía. Que el jueves parecía Rajoy el mismo Carlos Arias Navarro cuando dijo aquello de “españoles, Franco ha muerto”. No me sea más triste presidente. Que sonreír es gratis.