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Palabra de Durán

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de marzo de 2014 a las 10:11

Uno de los mantras básicos en la política es aquel que dice que lo más importante no es llegar a un cargo sin saber irse de él. A excepción de Adolfo Suárez –y quizás de Zapatero–, en este país nadie ha sabido irse jamás del cargo y, mucho menos, reconocer los errores cometidos en el desempeño del mismo. Los dos mayores ejemplos han sido Felipe González y José María Aznar, dos expresidentes que continúan lamentando por las esquinas que sus sucesores no les hicieran caso y siguieran las sendas que ellos abrieron. Es la condición política. Ésa que parece decir que yo soy el mejor y me voy porque los demás no son capaces de entender que lo soy.

Esto que les ha pasado a los expresidentes del Gobierno, le ha ocurrido a cargos de toda índole y condición, desde alcaldes a concejales, pasando por presidentes de diputación y medio pensionistas de la cosa pública. Sin embargo, hay ocasiones en las que hay quien riza el rizo y se sale del mapa. Eso es lo que ayer hizo el secretario general de los socialistas cordobeses, Juan Pablo Durán, en la entrevista que concedió a la agencia Europa Press y que ustedes pueden leer unas páginas más adelante. Dice Durán que él nunca quiso ser candidato, que sólo lo fue porque quienes estaban llamados a serlo renunciaron y porque el portavoz de aquel entonces, Rafael Blanco, era imposible que lo siguiera siendo. Dice el actual senador – qué gran sitio el Senado– que él llegó a encabezar las listas del PSOE porque no había nadie más y porque él era el más conocido. Así, sin anestesia. Tremendo.

Según las palabras de Durán, él fue candidato por exclusión y como haciéndole un favor al partido, por lo que hemos de entender que sus resultados en 2011 no fueron culpa suya sino de la defección general de los demás. Del mismo modo que debemos entender que los socialistas se hallaban entonces sin banquillo ninguno y tuvieron que tirar del primero que tuvieron a mano con tal de salvar –por 500 votos más o menos– los cuatro ediles que llevan teniendo desde hace ya más de una década. Podemos entender que con estas palabras Durán argumenta que su marcha al Senado responde a su desafección por la cosa local y al justo pago partidista hacia quien en su momento se ofreció como cabeza de turco ante las urnas. Sorprendente.

Y dicho todo esto a uno le queda la pregunta de pensar qué es en lo que piensa el socialismo cordobés. Cómo ha podido permanecer casi tres años con un portavoz que reconoce públicamente que ha estado donde ha estado a disgusto y sin ganas. Cómo es posible que en el partido que lleva más de 30 años en el Gobierno no haya nadie dispuesto a dar la cara por los compañeros de Córdoba. Cómo puede ser que siempre se equivoca la Ejecutiva a la hora de poner a su cabeza de cartel. Y muchas cosas más.

Lo cierto es  que reconozco mi sorpresa. Admito que este es uno de los argumentos más singulares que he escuchado en años. Albergo dudas de lo que pasará de cara a 2015. Las palabras de Duran hablan solas. Y luego seremos los demás los mal pensados.