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Fiebre de primarias

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de junio de 2014 a las 9:31

PABLO IGLESIAS CREE "INACEPTABLE" QUE EL PE TENGA UN FONDO UNIDO A UNA SICAVHay que ver la que ha liado Pablo Iglesias en este país que anda todo el mundo como loco buscando debajo de las piedras a un militante para que participe y diga cómo hay que atarse los zapatos. Nunca un partido tan desarticulado como Podemos se habría imaginado que su éxito en unas elecciones tan poco glamourosas como las europeas iba a poner boca abajo el panorama político nacional. El profesor universitario y su tropa de jóvenes descontentos, maduros desencantados y mayores cabreados han puesto contra las cuerdas al sistema político español y han provocado una catarata de primarias en las que amenaza con meterse hasta el alcalde de Córdoba (perdón que me da la risa).

Así de pronto, como si fuesen Saulo cayéndose del caballo, los partidos de la izquierda de este país se han dado cuenta de que llevaban décadas pasando ampliamente de sus bases y han decidido que tienen que volver a ellas no vaya a ser que la caída del caballo sea con todo el equipo. En la derecha esto no pasa, que ahí las bases nunca han pintado nada a la hora de elegir a sus líderes ni intención que han hecho de querer mandar algo.

Está la izquierda entregada a sus bases, casi más que Podemos, que en su primer atisbo de organización ya ha comenzado a tirarse piedras a la cabeza. Tenemos al PSOE metido en un proceso para elegir a su secretario general, cargo que cotiza bastante a la baja desde que Zapatero pasó a mejor vida (política) y por el que pelean una serie de señores que se recorren España dando mítines y convenciendo a partidarios porque Susana Díaz decidió a última hora que su momento aún no ha llegado. Que me perdonen los fieles de unos y otros, pero si todo el partido –o casi todo, que siempre quedan irreductibles aldeas galas– andaba rogando a Susana que tomara el mando porque era indiscutiblemente la mejor, que me expliquen a mi qué aval tendrá el que se haga de verdad con el sillón de Rubalcaba. Más aún cuando nada más sentarse en Ferraz, el que salga tendrá que ir a otras primarias para elegir candidato a la Presidencia del Gobierno en las que se quieren presentar quienes no se atreven a presentarse a estas y en las que si no gana el que gane ahora ya me dirán ustedes qué hacemos. Joder, qué lío. En fin, cosas del PSOE, que es único para superarse a sí mismo.

En IU también quieren primarias, aunque por barrios. Las quieren en Andalucía y parece que las quieren en Madrid. En Córdoba no, que aquí los militantes son muy listos y no necesitan tirar de urna y sobre cerrado para elegir a su líder. En la coalición quieren primarias porque a ellos sí que les escama, y mucho, la pupa que les puede hacer Pablo Iglesias como siga captando adeptos. Claro que lo de las primarias en IU es bastante relativo, que ya se sabe que hay un parte del partido, el Partido, a la que eso de no controlar las designaciones no le gusta mucho. Pero bueno, que si hay que hacerlas se hacen.

Y, a todo esto, a uno le da por preguntarse si alguien habrá caído en la cuenta de que más que candidatos por primarias lo que la gente quiere es una serie de ideas primarias: trabajo, propuestas, ética, limpieza, esfuerzo, ejemplaridad… Ya saben, esas cositas que obligan a pensar. Pero claro, eso no se arregla en unas primarias. Y además cansa.

Altura de miras

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de junio de 2014 a las 11:38

Tiene España la fea costumbre de andar siempre poniendo en duda todo lo que logra. No es que lo haga porque tenga un irrefrenable sentido del perfeccionismo, sino que más bien esta tendencia tiene mucho que ver con nuestra capacidad autodestructiva. Aquí para triunfar hay que ser incontestable como Rafa Nadal porque sino siempre habrá alguien que venga a ponerte pegas. El cainismo es deporte nacional y esta semana hemos vuelto a ver un ejemplo. La abdicación de Juan Carlos I ha convulsionado el país más por la pegas que se le puedan poner al monarca que por la importancia histórica del hecho. La marcha del hombre que hizo posible la democracia en España, del estadista más relevante que hemos tenido desde hace muchos siglos se ha visto enturbiada por la habitual tropa de críticos furibundos que todo lo cuestionan. Ponen en duda el papel mismo del Rey en acontecimientos como el 23-F, la demolición del régimen franquista o la entrada en Europa a través de argumentos miopes y cargados de demagogia. Negar que Juan Carlos I ha sido clave para que hoy podamos hablar como lo hacemos es casi tanto como no admitir que vivimos en democracia. El papel del monarca ha sido determinante y, con sus errores, no ha lugar el revisionismo. Más aún cuando en buena medida viene liderado por algunos que no han sido capaces jamás de tomar su ejemplo. Pedir perdón por conductas reprobables como hizo él es algo que no hemos visto nunca en política.

Luego tenemos el debate del referéndum sucesorio, una reclamación legítima pero que está siendo manipulada. Padecemos ahora una corriente que pide revisar la articulación del Estado pasándose por el arco del triunfo la Constitución. El argumento no puede ser más pobre, puesto que decir que el 60% de los votantes actuales no la refrendamos es una perogrullada mayúscula. (Imagínense ustedes este argumento en EEUU, donde la Constitución tiene ya varios siglos). La legitimidad de un posible cambio está fuera de toda duda, pero ha de hacerse como está previsto, a través de las urnas y yendo a unas Cortes Constituyentes que, de paso, retoquen otras muchas cosas que hay que retocar.

Afirmar que hay que hacer un referéndum de inmediato, basado además en unos resultados electorales que, si bien son relevantes, no son ni mucho menos definitivos, es ceder a esa tendencia de este país nuestro de hacerlo todo a la ligera, corriendo y sin pensar las consecuencias de nuestros actos. Todo ello adobado por no poca demagogia y oportunismo. Pretender que los resultados de las europeas desvirtúen los de las generales de 2011 es intentar ganar en la calle lo que no se logró en las urnas, y eso, históricamente, ha acabado a tiros por estos lares. Si hay que cambiar las cosas se hace, pero con altura de miras, con calma, teniendo en cuenta que en España vivimos 40 millones de personas y no cuatro y sin olvidar nunca ni qué tenemos ni qué hemos logrado. Que los inventos nunca han sido buenos a la hora de gobernar. Y al Rey démosle la despedida que se merece, no seamos egoístas y recordemos cuánto bueno él y nuestros padres le han dado a este país.

Primarias europeas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de mayo de 2014 a las 17:47

El viernes arrancó oficialmente la campaña electoral de las Europeas, unos comicios que no suscitan interés alguno entre los ciudadanos y que, salvo sorpresa de última hora, van a contar con una asistencia a las urnas muy inferior al 50%. Suena duro, pero es así. Suena extraño, porque de un tiempo a esta parte deberíamos habernos dado cuenta de que lo que se trata en Bruselas nos afecta casi más de lo que se aborda en Córdoba, Sevilla o Madrid, pero es lo cierto. A los españoles esto de votar a los parlamentarios del avión les da más bien lo mismo. Además, el hecho de que los partidos principales midan estas elecciones en clave de primarias nacionales, regionales o locales incrementa la desafección de un electorado harto de sus dirigentes.

Lo que se ventila el domingo 25 no es moco de pavo. Del resultado de esas urnas saldrá un nuevo Parlamento y una nueva Comisión Europea que supuestamente debe tener más poderes frente a los Estados miembros de la Unión y una forma de gestionar nuestro futuro como Europa con algo más de decencia y fuerza de lo mostrado hasta ahora. Pero, mucho me temo, eso va a dar más bien igual por aquí. Ni los ciudadanos ni los partidos están por la labor de destacar esas cuestiones.

La cosa nacional está más en ver si el PP logra remontar el vuelo tras dos años y medio de Gobierno marcados por los recortes, el paro y el cabreo general. El PSOE está en la difícil tesitura de comprobar si su oposición vale para algo, si sus votantes creen en sus dirigentes o si los resultados los abocarán a un congreso extraordinario en el que intentar reflotar el más que tocado barco del socialismo español. A IU y UPyD la cosa europea debe servirles para conocer si realmente son ciertas esas encuestas que dicen que van en crecimiento continuado y que, ante unas elecciones de mayor calado, pueden ser capaces de convertirse en alternativa real para pintar en la política nacional algo más de lo que lo hacen ahora.

Las europeas también tendrán una importante lectura andaluza, ya que Susana Díaz se juega saber hasta qué punto su enorme campaña de lanzamiento ha calado entre el electorado. Si la rutilante presidenta de la comunidad logra ganar el 25-M, habrá dado un paso de gigante para consolidarse como la gran esperanza blanca del socialismo patrio. Podrá hacer y deshacer a su antojo y tendrá las cartas en la mano para ver si adelanta las andaluzas, si frena las primarias nacionales o si opta a la secretaría federal de su partido. Todo eso se juega Susana. También Moreno Bonilla -gran nombre para un árbitro- va a testar su impacto electoral. El nuevo rostro de los populares andaluces se juega la posibilidad de marcar el ritmo y asentar su liderazgo en caso de que sus resultados no sean tan malos como se prevén (que se prevén). Por último, IU mide cómo de bien o de mal le ha ido el acuerdo de Gobierno para fijar su hoja de ruta y ver si tensa la cuerda un poquito más o espera.

Y todo esto gracias a una participación que si llega al 45% será un éxito. ¿Cree usted que se pueden sacar tantas conclusiones así? Pues ellos sí y veremos cómo cambian muchas cosas después del 25-M.

El legado de Suárez

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de marzo de 2014 a las 9:19

EL DESENLACE DE LA ENFERMEDAD DE ADOLFO SUÁREZ ES INMINENTEMientras escribo estas líneas, Adolfo Suárez se apaga en la clínica Cemtro de Madrid. Se nos va el político más importante que ha tenido España en el siglo XX; el hombre que nos sacó de la dictadura y nos permitió vivir libres, el estadista que legalizó a los comunistas cuando nadie lo pensaba. Adolfo Suárez es, junto con el Rey, la figura clave que hizo que dejásemos de ser un país de alpargata, miedo y complejos para convertirnos en el Estado moderno que hoy día somos. No oculto mi admiración sincera por lo que hizo y mi reconocimiento a quien acabó fagocitado por la democracia que se encargó de traer. No puedo evitar emocionarme al saber que este país pierde a un hombre al que sólo se le hará justicia una vez muerto. Esta es nuestra cainita España, una mala madre para sus mejores hijos.

Y mientras Adolfo Suárez se apaga otros se empeñan en seguir enterrando el legado de su política. Esos que ahora dicen que la Transición fue una farsa, que aquello se hizo mal, que se restañaron de manera cobarde heridas que ahora quieren reabrir, que los políticos de aquella época son poco menos que unos vendidos. Lo dicen algunos que se atreven a inocular en los jóvenes de su alrededor el odio y la ira que en aquellos años 70 tanto costó superar. Lo hacen algunos que no han hecho otra cosa que medrar en estructuras partidistas en las que no queda ni el recuerdo de aquellos políticos que antes que nada eran estadistas y antepusieron los intereses del país a los personales. A mi eso me estomaga. Me revuelve las entrañas el burdo juego independentista de un mediocre como Artur Mas, la tibieza federalista de un PSOE que navega hacia no se sabe dónde, la utilización política de la memoria de los muertos que se empeña en remover IU –de Cañero mejor no hablo que a palabras necias oídos sordos–, la traidora cobardía de un PP que machaca a la ciudadanía con impuestos, tasas y recortes….

Todo esto me viene a la cabeza mientras veo cómo se apaga la luz de Suárez. Y no puedo evitar emocionarme porque siento que en su tumba se inhumarán también la lucidez, el consenso, el sentido común y la política con mayúsculas que nos sacaron del agujero en el que estábamos. Porque, con todos los respetos, mi confianza en que quienes ahora están sean capaces de alcanzar la más mínima parte de los pactos que se muñeron en La Moncloa durante la presidencia de Suárez es nula. Esa es mi fe en la política actual. La que estos días se llenará de halagos al que se fue y de palabras grandilocuentes referidas a la necesidad de seguir su ejemplo en el futuro. Y todo se quedará ahí. Y, pasado el luto, volveremos a ser testigos de la mediocridad frentista que padecemos cada día. Y no habrá acuerdos posibles. Bueno sí, seguro que cuando toque hablar de dietas y cuotas de poder a repartir el pacto se alcanzará rápido. Qué pena de país, empeñado en olvidar cada día su pasado.

Se va Suárez. Adiós presidente. Ojalá allí donde vaya sepan tratarle mejor de lo que aquí lo hemos hecho.

 

Educación

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de diciembre de 2013 a las 9:26

Yo estudié en un sistema en el que había EGB, BUP y COU. Soy culpable de haber ido a un colegio concertado y que no fue mixto hasta primero de BUP. En mis tiempos, los libros tenían muchas letras y pocas fotos, pesaban lo suyo y nadie llevaba la maleta con ruedas so pena de ser tildado de blando en el mejor de los casos. Cuando yo iba al cole, porque nunca fui al instituto –soy culpable–, había que pegarle a los codos y estudiar de memoria muchas cosas. En clase había que estar callado, llegar a la hora y, a pesar de no vestir uniforme –vaya colegio de curas pensarán algunos– había que ir medianamente presentable. Recuerdo que a los maestro de EGB se les llamaba don Emilio, don Vicente, don Antonino o doña Elvira y que estaban capacitados para echarte de clase si dabas el coñazo o molestabas. Aquello era un problema gordo, y no porque te echaran de clase sino porque si te echaban de clase y se enteraban tus padres, que solían hacerlo, lo de enterarse digo, la bronca en casa era descomunal, el castigo asegurado y el cosqui más que probable. Así estudié yo y, salvo que me dio por hacer periodismo y dedicarme a emborronar hojas, no he tenido mayores traumas.

Ahora que soy padre y que llevo unos cuantos años viendo pasar becarios por el periódico observo atónito cómo el sistema educativo se ha convertido en una especie de chalaneo en el que otros padres llevan tarde al cole a sus hijos y no pasa nada; en el que te viene un chaval de la facultad que ha sido víctima –sí, victima– de la Logse y te sitúa Ponferrada en Almería, te pregunta quién es Moby Dick o te reduce a tres las provincias catalanas con cara retadora cuando le insinúas que son realmente cuatro. Ahora que soy padre y he tenido a muchos becarios en la redacción me quedo estupefacto cuando otros padres ponen en duda la autoridad del profesor o su preparación –aunque eso da para otro artículo– y los chavales que vienen al periódico en verano escriben con un número de faltas de ortografía y discordancias gramaticales que apabulla. Ahora que soy padre y he visto mucho aspirante a periodista pasar por mi despacho me quedo de una pieza cuando otros pasdres critican las tareas que llevan sus hijos mientras los apuntan a 250.327 actividades extraescolares que van de la música a la danza pasando por el inglés, el kárate y la pastelería, al tiempo que algunos jóvenes aspirantes a redactor desconocen cómo funciona nuestro sistema democrático, quienes acompañaron a Franco en el golpe del 36 o cuando arrancó la primera guerra mundial. Esa es la educación que veo ahora y me espanta.

Por eso, porque lo que yo quiero para mis hijos es lo mismo que usted me parece una vergüenza que este país lleve siete leyes educativas en apenas 35 años, que los políticos –muchos de ellos con niños en colegios concertados o privados– tengan la cara dura de reducir la educación a un problema de índole religioso mientras desarbolan al maestro, le pagan de pena y lo humillan públicamente. Una clase política que condena a su educación a vivir al albur de cuestiones ideológicas no me merece respeto alguno. Es más me asquea. Un país es su educación, en ella está su futuro. Y ese futuro no puede cambiar cada cuatro años. Ni siquiera porque algunos, de un lado y de otro, nos quieran dejar sin él.

Susana ‘superstar’

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de noviembre de 2013 a las 10:31

Bienvenidos al Susanato, la era del hiperliderazgo en el socialismo. Nace un nuevo tiempo, casi desconocido en Andalucía, y nos aprestamos a comprobar hasta dónde es capaz de llegar la nueva estrella del puño y la rosa en su ascenso interestelar. Susana Díaz es, desde ayer, la persona con más poder que jamás haya habido en el PSOE andaluz: presidenta de la Junta de Andalucía, secretaria general del partido en Andalucía y única baronesa con poder real de su formación en toda España. La política sevillana ha logrado lo que nadie había conseguido jamás bajo sus siglas en la comunidad, ganar un congreso por abrumadora mayoría sin tener que haber negociado antes nada en ningún despacho y tener a sus pies a todo el que hoy en día quiere ser algo dentro de su formación. La conversión al susanismo es total y no hay alma en el partido capaz de ponerle ni media falta en voz alta .

susanaEn menos de seis meses, Susana Díaz ha conseguido lo impensable. Ha sacado al Gobierno andaluz del marasmo y el ko técnico en el que vivía a causa de los ERE, ha insuflado ánimos en su partido, muerto tras las últimas luchas internas y carente de cualquier tipo de norte y dirección, y ha conectado con el electorado a base de un discurso buenista en el que ha insistido machaconamente en que hay que luchar contra la corrupción, hay que reconocer que Zapatero fue un desastre y hay que gobernar pensado en el ciudadano de a pie. Mensajes sencillos, cargados del contenido de cualquier conversación de barra de bar de los últimos años, pero que nadie entre los suyos había sabido ni podido articular hasta el momento. Hay que reconocer que la señora está muy bien asesorada. Susana reina ya Andalucía y se encamina a hacerlo en España entre los suyos. Personalmente, tengo la impresión de que si ve la cosa bien no dudara en adelantar elecciones, pelearse con IU (algo que a la vista de las últimas propuestas de la coalición tampoco parece complicado) y medir sus posibilidades de asaltar sin violencia el liderazgo nacional de los suyos. Porque los suyos Despeñaperros arriba la quieren con locura, se rinden ante su discurso y su medido tono didáctico-catecumenal. Ven en ella casi al nuevo Felipe del siglo XXI.

Pero antes de que todo eso ocurra, el Susanato deberá demostrar de verdad que todo lo que dice es cierto y dar muestras de que además de armar discursos fáciles a la vez que cargados de sensatez es capaz de gestionar un Gobierno andaluz que debe hasta de callarse, que tiene en pie de guerra a medio mundo y que tiene que rebajar, sí o sí, ese lamentable 37% de paro que machaca Andalucía.

Susana Díaz s ela juega de verdad en los primeros meses del 14, ahí donde los exiguos presupuestos de la comunidad tienen que funcionar, ahí donde las deudas con todos se deben pagar, ahí donde su equipo de consejeros se debe fajar. Ahí donde el PP fía a la mejora económica el primer paso de su recuperación. Si lo hace, si gana esa batalla, Susana será imbatible. Si naufraga, el fenómeno Díaz tomará forma de taponazo de champán y bajará a mayor velocidad aún de la que subió. Y lo hará sola. Como las estrellas fugaces. Bienvenidos a la época de Susana superstar.

Realidad social versus ficción política

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de noviembre de 2013 a las 11:21

En estos tiempos de crisis y apreturas que nos ha tocado vivir hay dos realidades que caminan paralelas pero jamás se tocan. Está el día a día de las familias, los ciudadanos de a pie, los sufridos contribuyentes y está el micromundo de los políticos, con sus reuniones repletas de abrazos, sonrisas profidén y mensajes de consumo interno. Buena muestra de ello la tenemos este fin de semana, con el PP y el PSOE inmersos en interparlamentarias y conferencias políticas de las que deben salir mensajes de ánimo ante la supuesta recuperación o nuevos diseños teóricos para España. En Córdoba y en Madrid este fin de semana se han escuchado mensajes divergentes en los que cada cual ha dicho lo que le convenía en función de si manda o aspira a hacerlo. Mensajes, en todo caso, que distan años luz de la realidad que vivimos quienes no nos abrazamos sonrientes con una acreditación al cuello y un look congresual adecuado. Mensajes  que pintan la realidad mejor de lo que está o dibujan el negro averno peor de lo que es. Mensajes, al fin y al cabo, diseñados para el consumo interno de quienes dicen dirigirnos.

La realidad que vivimos usted y yo es otra y dista bastante de lo que unos y otros han afirmado desde sus sillones o poyetes de diseño (en los congresos ya no se llevan los atriles, que deben ser una antiguaya). La realidad se ha mostrado esta semana en Córdoba de una forma espectacular gracias a un desgraciado acontecimiento, el asalto a la despensa del comedor social de los Trinitarios en el Marrubial. Tan despreciable acción, que sólo puede ser llevada a cabo por personas sin las más mínimas entrañas y una absoluta falta de corazón, ha sacado a la calle esa otra realidad, la de verdad, en la que vivimos desde que hace ya demasiados años estallara la puta burbuja inmobiliara llevándose por delante los sueños y anhelos de la mayoría. En apenas 24 horas, la marea humana de solidaridad y apoyo surgida de la indignación de los ciudadanos no sólo repuso los estantes vacíos de los Trinitarios sino que multiplicó por tres el fondo con el que esta ejemplar organización está dándole vida, esperanza y dignidad a los que han sido machacados por la crisis. En apenas 24 horas, Córdoba, los cordobeses, sacaron de dentro de sí lo que lleva manteniendo vivo a este país desde que nos hundimos en la miseria de la deuda pública y el déficit de caja: la solidaridad. Esa misma solidaridad que hace que haya familias enteras viviendo de la pensión del abuelo, ésa que hace que el vecino eche una mano para que los niños no se queden sin merienda, ésa que dispara la recogida de alimentos cada vez que alguien hace una llamada de auxilio, la misma que paga una alarma para que esa basura humana que vació el comedor no lo tenga tan fácil la próxima vez.

Lo vivido esta semana con los Trinitarios es la realidad social de Córdoba. El ejemplo de cómo la gente vive en otra esfera diferente de la de los políticos, de los que no se creen ya nada y le causan la misma indigestión que los bastardos que vaciaron el Marrubial. Esa realidad es la que los asientos de diseño de PP y PSOE deben abordar de verdad. Realidad social versus ficción política. Me quedo con la primera.

Pantomima

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de julio de 2013 a las 9:11

La política siempre ha tenido mucho de teatro, de representación ante los ciudadanos y votantes. A los políticos se les enseña desde pequeños a actuar en público, a ponerse bien en las fotos, a decir lo políticamente correcto, a besar y ser besados, a abrazar y ser abrazados siempre con la mejor cara. No verán ustedes jamás a un político poner mala cara en público cuando se está jugando algo. Ya sea esto la Alcaldía de su ciudad o la designación como pregonero de la verbena del sol caliente el 12 de agosto. Da igual lo que sea, ellos saben cómo deben comportarse y para ello están entrenados.

Sin embargo, en los últimos tiempos esa teatralización de la vida está llegando a límites insospechados. Ya no se trata de mantener la pose o el rictus sonriente, sino que lo que se busca es que delante de cada decisión haya mucho teatro. Hay que escenificar que todo va bien, que todo está consensuado, que todo está controlado, en definitiva. Da igual que el país esté hecho unos zorros, que la comunidad tenga más parados que algunos países de Europa o que la ciudad languidezca. Eso da igual, lo importante es aparentar que todo va bien y está bajo control. Es el reino de la apariencia.

Porque apariencia, y sólo eso, ha sido el proceso de primarias del PSOE. No ha habido primarias porque nadie ha logrado los avales, ni ha habido lucha igualada porque el aparato estaba decantado, ni ha habido posibilidad de debatir porque como no ha habido campaña no debía haber debate. Tampoco han hablado los afiliados y los avales que se consideran ahora como votos no son más que expresiones de respaldo con mayor o menor interés detrás. Es todo una farsa cuyo final era para todos conocido por mucho que nos quieran decir lo contrario.

También es puro teatro lo que está haciendo el PP con Bárcenas. Es puro teatro que el presidente responda a las preguntas, supuestamente desconocidas, de los periodistas con un texto escrito. Es puro teatro toda esa impostada indignación que recorre los pasillos populares entre caras de escándalo y sorpresa ampliamente estudiadas ante el espejo. Digno de premiar es hacernos creer que tras los mensajes de móvil sólo había una llamada a la calma y nada más.

Vivimos en una pantomima de proporciones espectaculares. Somos víctimas de una ópera bufa en la que los protagonistas nos creen tan ingenuos, por no decir lerdos, que llevan al extremo su actuación convencidos de que nos tragaremos todo cuanto nos cuentan. Es la representación del absurdo, esa que dice que yo te cuento una mentira que sabes que lo es pero pongo cara de que no lo es para convencerte de lo contrario. Es el homenaje póstumo a Gila, a Berlanga, a Ciges o a Saza. La España de la pandereta política, en la que se nos pretende hacer comulgar con ruedas de molino, pero ya sin ruedas ni molino. Porque es verdad que el PSOE ha hecho unas primarias limpias y puras, tanto como que Rajoy y los suyos no se cruzaron en 20 años con las cosas de Bárcenas. Esa es la verdad. Lo demás es mentira y usted es un malpensado. Arrepiéntase, hombre.

 

Se busca oposición

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de marzo de 2013 a las 10:25

La democracia se inventó para que los ciudadanos pudieran elegir a sus representantes, estos les gobernasen, les diesen seguridad y la sociedad avanzara. Este sistema llevaba aparejada la consecuencia de que quien no ganara las elecciones se convertía en oposición política con la clara función de controlar a aquellos que ejercían el mando para evitar que cometieran excesos y para darle voz a aquellas minorías que no se vieran representadas o discreparan de las medidas tomadas por sus gobernantes. En pocas palabras, así es como los españoles decidimos en 1978 que íbamos a regir nuestras vidas. En todos los ámbitos. Del municipal al nacional, pasando por el autonómico. Y durante años funcionó. Tuvimos gobiernos más o menos fuertes, con oposiciones más o menos fuertes, que nos hicieron avanzar en un Estado de bienestar que nunca habíamos conocido. Fuimos felices, perdonamos dislates, creímos que nunca jamás volveríamos a ver maletas de cartón cargándose en vagones de tren en estaciones que conducían hacia el Dorado… Incluso fuimos guapos. Hasta que llegó la crisis.

Han pasado ya cinco años desde que pinchó la burbuja inmobiliaria, un lustro en el que se ha desinflado todo lo que se podía desinflar, y nos encontramos con que la desesperanza es el sentimiento común a todos los ciudadanos. La desesperanza y el descreimiento. Estamos cansados de tragar basura y aún más hartos de ver que no se atisba inteligencia alguna que nos encamine a dejar de hacerlo. Lo dicen todas las encuestas: las oficiales, las privadas y las que dicta el café de la mañana para el que aún lo tome en la pausa del trabajo. Vivimos la amarga experiencia de sentirnos huérfanos, desvalidos y solos en la aldea global. Y no parece que haya inteligencia que ofrezca alternativas para salir de aquí.

La democracia se inventó para que gobernasen los más votados bajo el control de los menos votados. Era un sistema perfecto basado en el diálogo, la generosidad y el bien común. Hoy en día, aún nos gobiernan los más votados… pero no los controlan los menos votados. Ni en Córdoba, ni en Andalucía, ni en España aquellos que están llamados a ejercer la función de contrapoder realizan su trabajo. Abolido el diálogo por las mayorías absolutas o los pactos de gobierno, exterminada la generosidad salvo para los más cercanos y olvidado el bien común en aras del bien partidario, la oposición ha entregado sus armas víctima de los mismos errores de los gobernantes. Da igual que hablemos de PSOE, IU o PP. La labor de oposición ha desaparecido fagocitada por luchas cainitas para conservar el sillón y la mínima cuota de poder o mamandurria. Asistimos espantados a vergonzosos ejercicios de desmemoria tras años en el poder, somos espectadores escandalizados de mociones de censura que sacan a la luz las vergüenzas de los partidos, contemplamos estupefactos los bandazos de quienes andan más preocupados en buscar un líder que una salida a este agujero. Estamos huérfanos de alternativas. Escuchamos un griterío que no nos representa y caminamos sonámbulos hacia la sima del populismo. Qué decepción.

 

 

 

Disidentes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de marzo de 2013 a las 9:41

Tenía pensado hablarles de los resultados del Barómetro Joly que este grupo ha venido publicando con motivo del28F, ese día en el que nuestros próceres se declaran más andaluces que el salmorejo y recuerdan a Blas Infante entre golpes de pecho por el poco caso que (ellos mismos) han hecho a su legado, pero paso. Creo que con la manifestación manipulada del jueves la cosa se define sola. El jueves no se habló de Andalucía, sino que se volvió a hacer gala de un victimismo y un frentismo lamentable que son los que impiden que este terruño vaya más rápido. Así lo dicen ustedes en la encuesta, en la que no aprueba ni el que sube la bandera en tan sonado día y en la que todos los representantes de la soberanía popular andaluza acaban en el mismo saco de gente poco creíble y aún menos comprometida. Son tiempos de borreguismo partidista y eso a los ciudadanos no les gusta nada.

Blas Infante jamás se dio a este borreguismo, y les reconozco que no soy yo el más acérrimo seguidor del llamado padre de la patria andaluza. Sin embargo, sí debo admitirles que admiro su decisión y su lucha personal por dignificar una tierra que no tengo duda que es la mejor del mundo. He de reconocerles que a mí siempre me han gustado las disidencias, los espíritus libres que ponen a los partidos ante su espejo. Aquellos que en determinados momentos son capaces de plantarse ante los suyos y decir que no, que por ahí no pasan, que los principios de cada cual son sagrados y no pueden prostituirse. Son los versos sueltos los que le dan su esencia a la democracia.

Este semana hemos visto a Carme Chacón ejercer de verso suelto en Madrid plantándose ante las majaderías soberanistas del socialismo catalán, si bien, en un calculado ejercicio de equilibrismo, tampoco se ha alineado con los postulados de sus compañeros madrileños. No es que Chacón sea el ejemplo más adecuado, ni me parece a mi la más indicada para sacar al PSOE de su actual marasmo interno, pero es el que tenemos más a mano para ilustrar que hay veces en las que los diputados deben plantarse y decir que no. Todos sabemos que la buena de Carme (léase Carma) hace lo que hace porque aspira al sillón de Rajoy y, de paso, al de Rubalcaba, pero no puedo por menos que alabar al primer diputado en años que es capaz de llevar la contraria a las pesadas y casi mafiosas estructuras partidarias. En unos tiempos en los que tanto se debate sobre las listas abiertas y el cambio del sistema electoral –no creo que lo veamos nunca, por cierto– acciones como ésta deben servirnos para reflexionar sobre la verdadera esencia de representar a los ciudadanos. Muchos llaman a esta forma de actuar ser disidente.

Para mí, quien es capaz de plantarse ante lo que considera inadecuado, injusto o directamente majadero me merece todos los respetos. Aunque lo haga por calculado interés personal. Por lo menos, quien así obra demuestra que aún hay quien utiliza el cerebro en el Congreso para algo más que acompañar los cabezazos laudatorios al amo de turno. Por eso me quedo con los disidentes porque siempre fueron más interesantes.