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Isabel ya tiene perfil

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de octubre de 2015 a las 6:57

Poco más de cuatro meses después de llegar a la bombonera de Capitulares, parece ser que Isabel Ambrosio al fin se ha decidido a buscar y definir un perfil público. Asesorada por su escaso círculo de consejeros, la regidora, en apenas tres días, ha optado por darle una vuelta de calcetín a su presencia pública para dejar atrás polémicas estériles y aparecer ante la ciudadanía como lo que es, su alcaldesa. Una visita a San Andrés para entregar la medalla de oro a la hermandad de La Esperanza –con levantá, besos y abrazos incluidos–, un baile por sevillanas con las peñas en las setas de Noreña y una rueda de prensa arremetiendo contra los “manifiestamente mejorables” presupuestos de la Junta de Andalucía, han sido el vehículo para vestir de largo esta estrategia

Parece ser que Ambrosio por fin se ha dado cuenta de lo que muchos comentan por lo bajini en la ciudad, que su socio de gobierno Pedro García le ha comido la tostada y está ejerciendo de facto como alcalde a ojos de la ciudadanía. La regidora sabe también que debe cubrir la escasa, siendo generoso, presencia de su equipo en la vida cordobesa. A excepción de Emilio Aumente, perro viejo en estas lides, ninguno del resto de sus concejales parece haber encontrado todavía su sitio en la ciudad. La falta de experiencia de unos y la falta de ganas por salir de casa de otros, estaba ofreciendo como resultado la ausencia del PSOE de la ciudad que ha logrado conquistar tras 40 años de democracia.

Con su acercamiento a las cofradías, la regidora deja atrás sus errores de novata con el cuadro de San Rafael –ahora le falta ponerlo encima de su cama para demostrar su entrega al Custodio– o sus ausencias sonadas en la Magna Mariana o en La Fuensanta. Al tiempo, parece que por fin se da cuenta de que entre sus votantes hay también cofrades por mucho que a algunos les pueda sorprender. En el otro lado de la balanza, este gesto calienta las relaciones con sus socios de gobierno de IU y, sobre todo, con sus “padrinos” en el pleno de Ganemos. El partido verde, de hecho, ha tardado muy poco en reaccionar para recordarle que existe un acuerdo de gobierno en el que la laicidad es punto irrenunciable y exigirle la revisión de las relaciones con las cofradías. De este primer envite, Ambrosio ha salido diciendo que no debe dar explicaciones a nadie. Veremos si eso es así y no debe pagar facturas.

Pero de este cambio de imagen, lo más relevante es el órdago a la Junta por los lamentables presupuestos previstos para Córdoba. La alcaldesa cumple su promesa electoral de poner a la ciudad por delante de su partido. No han sido pocas las llamadas que han recibido tanto ella como su entorno para preguntar que qué pasa aquí. La regidora, pese a todo, permanece firme ante cualquier presión. Siendo una decisión acertada (e inédita) anteponer Córdoba a los colores, la alcaldesa corre el riesgo de sufrir el desafecto de los suyos y verse víctima del ninguneo por parte de una dirección en Sevilla que no está acostumbrada a que nadie le plante cara y mucho menos un cargo público.

Ambrosio al fin parece haberse encontrado, algo de lo que todos debemos alegrarnos por la parte que nos toca como cordobeses. Veremos si este cambio de piel es duradero o si son sólo gestos de cara a la galería. Esperemos que no sea así porque si hay una lección que se deben aprender todos los alcaldes es que sus votantes les permiten errores y deslices en sus primeros días, pero que andar jugando con las cosas serias durante todo el mandato es algo que luego se paga muy caro cuando se opta a la reelección.

El Arcángel no se toca

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de julio de 2015 a las 6:39

La identidad de un pueblo se construye sobre tres elementos básicos: la cultura, el idioma y los símbolos. Son estos tres pilares la base sobre la que se sustenta el argumentario propio y diferenciado de cada nación. Cultura, idioma y símbolos son sagrados en la mayor parte del mundo. No hay país en el que cargar contra una de estas tres cuestiones salga gratis ni conlleve duras críticas y, en ocasiones, peligro para la integridad del osado. Ningún país salvo España, claro, donde en un partido de fútbol el personal se mofa del himno y la bandera y encima hay que justificarlo. Como si uno pudiese acudir a las casas de esos que silban a decirle algo de la senyera o la ikurriña. Si eso hubiese ocurrido en Francia, Alemania o EEUU los chifladores habrían sido, a su vez, chiflados. Cosas de los complejos de esta España nuestra.

investidura

Isabel Ambrosio saluda a Rafaela Crespín, delegada del Gobierno de la Junta el día de su toma de posesión ante el cuadro de San Rafael obra de Antonio del Castillo.

En nuestra Córdoba cercana también hay quien ha estado jugando con los símbolos en los últimos días y a punto ha estado de que la jugada le saliera cucona. La alcaldesa, en esa tendencia suya de no zanjar debates nunca, eludió el jueves aclarar si iba a sacar el cuadro de San Rafael de Capitulares y a poco que la cuelgan del palo mayor. En apenas 24 horas, un grupo surgido en Facebook atesoraba más de 22.000 seguidores bajo el aclaratorio epígrafe de No me toques a San Rafael. Ese día fue justo el que necesitó la regidora para darse cuenta de su metedura de pata y emitir una nota en la que abjura de cualquier intención de engrosar los museos municipales con la obra de Antonio del Castillo. Palabrita, le faltó decir.

La polémica originada por la propia Ambrosio no es sino una muestra más de que en ocasiones los políticos que nos dirigen no saben con qué juegan cuando se ponen a tontear. Convenimos en que estamos en un estado aconfesional, en que si a la regidora le molestan los elementos católicos está en su derecho de retirarlos y en que ninguna religión puede ser promocionada por encima de las demás desde las arcas públicas. Sin embargo, la interpretación ortodoxa de esta realidad no puede hacernos vivir al margen de la sociedad. De una ciudad en la que hay más personas que no eligieron a la alcaldesa que votantes del PSOE. En un lugar en el que tocar a San Rafael es atacar los más básicos principios de convivencia, los sentimientos más íntimos, las más profundas creencias. Esas que no entienden de derechas ni de izquierdas, que votan socialista y salen en procesión.

Una vez más, los ciudadanos han demostrado que van muy por delante de sus representantes en cuanto a la concepción democrática de la convivencia. Los textos volcados en el perfil de Facebook destacan, en su gran mayoría, por ser civilizadas defensas de algo que trasciende a la colectividad para introducirse en los más profundo del individuo. A la alcaldesa le han aconsejado bien en la marcha atrás y lo harían mejor si le dijeran que hay cuestiones que no son juguetes al albur de momentos o pactos políticos. Igual que Ambrosio está más que justificada para retirar símbolos de su despacho, lo están los miles de cordobeses que le reclaman respeto con su Custodio. Miles de ciudadanos que no suelen protestar, que no forman parte de minorías ruidosas y polemistas y que han levantado ahora su voz al sentirse atacados. Tiene suerte la alcaldesa de haber errado en los primeros días del mandato, pero debe tomar nota. Van dos en apenas siete días y en algo debe haber fallado para provocar la reacción que ha ocasionado. Cuidado.