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El futuro de Rabanales 21

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de febrero de 2016 a las 7:38

En esta ciudad de los proyectos eternos, hay alguna que otra iniciativa que camina a paso lento pero firme en busca de su consolidación. Una de ellas es el parque tecnológico Rabanales 21, en cuyo interior una serie de jóvenes empresarios, a modo de irreductibles galos, intenta sentar las bases para ese nuevo modelo económico del que tanto se habla en la ciudad. El proyecto, que como casi todos en esta Córdoba nuestra, nació un tanto gafado y atraviesa difíciles momentos económicos. Tan difíciles que hasta su propia existencia puede estar en peligro. Las deudas con Hacienda asfixian. Como un salvavidas aparece en el horizonte la posibilidad de poner en marcha una zona comercial que dé vida al lugar y le dote de una serie de ingresos que lo hagan viable. El plan no es que edificar un centro de dimensiones descomunales, sino un parque que concite a determinadas franquicias de bricolaje, deportes, comida rápida o automoción, que necesitan un lugar como ése para poder desarrollar su trabajo. Es verdad es que no es que sea eso muy tecnológico, pero también es cierto que en Silicon Valley también toman café y no por ello son peores. Y, además, cuando la realidad ahoga hay que buscar alternativas para sobrevivir.

rabanalesComo siempre que aparece algo nuevo en esta ciudad, la primera reacción ha sido de rechazo. El Ayuntamiento, por boca del edil de Urbanismo, Pedro García, dijo algo así como que antes muerto que ver una gran superficie en zona tecnológica. No cuadra y punto, vino a decir. Sin embargo, el paso de los meses y las presiones desde Sevilla han comenzado a hacer que se reconsidere la cosa. Desde el Ayuntamiento no se quiere hablar alto, pero es cierto que son múltiples las gestiones que se están llevando a cabo para poner en marcha esta iniciativa. CECO, la Cámara, la oposición y parece que hasta el comercio ven con buenos ojos esta iniciativa. La alternativa, el concurso de acreedores del parque, no parece que sea una solución que convenza a nadie. Mucho ruido, muchos implicados y un fracaso sonado no son la mejor tarjeta de presentación para nadie.

Rabanales 21 puede y debe ser para la ciudad uno de esos estandartes que nos sirvan para cambiar la imagen de la Córdoba doliente y anclada en su pasado que proyectamos en demasiadas ocasiones. Empresarios jóvenes y no tan jóvenes, emprendedores todos, mentes que bullen 24 horas en busca de nuevos nichos de negocio, luchan por salir adelante en una ciudad en la que, lamentablemente, el espíritu empresarial no es el más emprendedor. Ponerle trabas a ese desarrollo, que además forma parte de la enésima modernización por la que nos lleva ya la Junta de Andalucía, es ponerle freno a nuestro futuro y al de nuestros hijos. Es seguir manteniendo a Córdoba en el vagón de cola del desarrollo. La alcaldesa, Isabel Ambrosio, dijo en campaña que Rabanales 21 debe ser un eje sobre el que pivote el futuro de la ciudad. Pues bien, va siendo hora de que desde su despacho se impulse ese eje. Va siendo hora de superar determinados complejos que tiene esta ciudad para conseguir la viabilidad de esta iniciativa. Córdoba no puede seguir perdiendo el tiempo viendo pasar las oportunidades. Rabanales 21 es una de ellas. Dejarlo caer sería traicionar el futuro de Córdoba.

Un debate de mentira

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de enero de 2015 a las 8:33

Creo que lo he dicho mil veces, pero a riesgo de repetirme volveré a insistir aquí en que me parece que el debate sobre la titularidad de la Mezquita carece de base y la intención de quitarle la gestión al Cabildo es absurda en el año del récord de visitantes. También he reiterado que tampoco es lógica y se cae por su propio peso la renuncia al pasado musulmán, árabe o islámico –a gusto del consumidor– que ha planteado la Iglesia en los últimos años del que es el principal emblema de la ciudad. Nada de lo dicho hasta aquí es nuevo y, ciertamente, comienza a aburrirme tener que andar reiterando lo dicho una y otra vez. Sin embargo, esta semana han ocurrido varias cosas que obligan a volver al tema.

En primer lugar está la cuestión del reconocimiento que las administraciones han venido realizando sobre el edificio por mucho que a Susana Díaz le haya entrado la perra con que la Mezquita ha de ser de todos. Durante esta semana, el Día ha venido demostrando documentalmente que tanto el Gobierno andaluz como la coalición IU y PSOE en su época en Capitulares jamás le pusieron pegas a la Iglesia por ser la titular del monumento y así reza en no pocos informes fechados en años tan dispares como 1991, 2005, 2007 o 2010. Esa es la verdad y debe quedar clara. A la presidenta andaluza alguien debería decirle que sus antecesores jamás pusieron reparos e, incluso, firmaron unos cuantos convenios reconociendo expresamente dicha propiedad. Es más, a la presidenta andaluza habría que decirle que si tan convencida está de que la Mezquita-Catedral debe ser pública, bien podría hacer lo mismo con la Catedral de Sevilla, que me da a mi que no es propiedad de la asociación de pescadores de Cuenca. Claro, eso sí, que igual si a la que más manda se le ocurre decir estas cosas en su patria chica le pasa lo mismo que a la secretaria general de Podemos de esas tierras y se le echa encima hasta el apuntador. No olvidemos que Díaz es cofrade declarada y tiene pasado de catequista y en Sevilla jugar con estas cosas no está bien visto. Vamos que no hay…

En segundo lugar, tampoco estaría de más que alguien aclarase qué es lo que quiere la Junta, que en función de quien hable aboga por la titularidad pública con gestión eclesial, por la titularidad eclesial con gestión compartida o vaya usted a saber qué. Si el consejero de Turismo, Rafael Rodríguez, hombre por otra parte sensato, dice una cosa, al día siguiente llega su jefa y dice lo contrario con lo que lo deja a los pies de los caballos. A estas alturas uno ya no sabe qué creer y comienza a pensar que es verdad eso de que los socios de Gobierno en Sevilla se llevan regular.

Y, por último, todo ello adobado con explicaciones como la de Marisantos Córdoba, a la que la refriega ha cogido sin los deberes hechos y que dice que la Junta no sabía que el edificio estaba sin inmatricular cuando firmaba los convenios. Como si eso fuera cierto y tuviera algo que ver con esta movida. Vamos hombre.

Y en medio de todo esto la que sigue perdiendo como siempre es Córdoba. Otra vez moneda de cambio para debates carentes de interés y que no hacen más que restarle el protagonismo que merece. Qué pena.