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Arranca el espectáculo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de febrero de 2015 a las 8:39

Ya estamos en faena. Una vez superada la cuesta de enero y las rebajas –aún queda algo por si tiene usted ganas– llega la temporada electoral. En esta época se pondrá de moda quitarse la corbata, ponerse ropa sport, calzado cómodo y el disfraz de simpático, enrollado y bonachón. Besos, abrazos, sonrisas y carcajadas serán la tónica en la pasarela provincial hasta los albores del verano. Incluso habrá quien haya afrontado un severo régimen y aparezca con menos peso y más pelo ante los atónitos ojos de la víctima/votante. Ya tenemos candidatos y varias listas. Nieto ha deshojado la margarita por fin –que ya le ha dado vueltas para llegar adonde todos sabíamos que iba a llegar–; Gómez también ha dicho que sigue en la pelea; Ambrosio y García ya estaban, y en Ganemos aún queda porque están con unas primarias que ni Cristo eligiendo apóstoles. También contamos con algunos cabezas de cartel al Parlamento andaluz decididos y otros no expresados, pero igualmente decididos. Esto tiene menos glamour, pero le dará aliño al tema porque entran en juego pesos pesados y aspirantes a serlo. Alarcón, Cortés, Serrano, Durán (si no le dicen lo contrario) salen a jugar. El de Podemos lo obviamos porque hasta esta noche andan de primarias y no hay que herir susceptibilidades.

Tampoco se quedan atrás los sindicatos, que han olido a urna y han comenzado a sacar el libro de quejas que durante cuatro años no han podido/querido/sabido menear. Se anuncia huelga en Sadeco, se denuncian retrasos en las nóminas y se barruntan unos cuantos conflictos más, a la vista de que hay quien quiere recuperar el terreno perdido por la crisis y quien tiene que ayudar a los partidos amigos en la carrera electoral. No seré yo el que ponga en duda los motivos de las quejas, pero sí que llama la atención que las centrales sindicales asomen ahora el lomo cuando durante cuatro años han permanecido más bien silenciosas. Igual es que en esta crisis ellos también salieron trasquilados y era hora de irse a los cuarteles de invierno a esperar mejores primaveras. No obstante, deberían tener cuidado los sindicatos a la hora de plantear sus protestas, que la gente anda ahora menos comprensiva con que la calle se llene de mierda en Semana Santa y se pongan en peligro unos cuantos jornales. Que no está la cosa para perder el pan por unos contenedores repletos. Pero bueno, lo cierto es que arranca el espectáculo y con todo esto hay que contar. Veremos cómo les sale la jugada unos y otros.

P.D.: Corrijo, que de la huelga de Sadeco sí hay una cosa que tengo que decir. Me parece bien que se luche por pluses olvidados, reformas no consensuadas y otras hierbas, pero no puedo estar de acuerdo en que se defienda una bolsa de empleo restringida a 148 personas cuando en Córdoba hay unos cuantos miles de desempleados. Me suena esto más bien a herencias del pasado y a cortijillos particulares. Que el mismo derecho tienen unos que otros de encontrar empleo en esta santa ciudad.

Costuras y remiendos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de febrero de 2014 a las 12:04

Si hay algo que está marcando ese mandato municipal, al margen, claro está, de la ruina de crisis esta que no quiere irse, es la capacidad del equipo de gobierno de meterse solo en problemas. En un tiempo de práctica inexistencia de la oposición municipal –salvo honrosas y muy escasas excepciones-, se supone que el PP debería estar transitando por pacíficas aguas apoyado en su mayoría absoluta. Si miramos atrás, los recortes, o más bien ajustes, que se han hecho han tenido escasa contestación social, tanto porque los despidos han sido escasos como porque los sindicatos tampoco están para salir  mucho a la calle a reclamar nada. No ha habido huelgas de basura o transporte ni cierre de organismos oficiales. Si a esto le unimos que cuando la oposición quiere moverle el patio a Nieto con temas como el vallad del parque de los teletubbies son los propios vecinos los que la dejan en e evidencia podemos inferir que no hay nada, en fin, que enturbie el normal funcionamiento de un equipo que bastante tiene con lograr que las arcas tengan a final de mes para pagar las nóminas (y ahí se está cumpliendo). Sin embargo, no es así.

 

El ambiente en el seno de los chicos de Nieto dista de ser el mejor y cada vez que el alcalde se despista le estala un fuego. Hay quien dice que el lío del PP andaluz ha tenido un efecto profundo sobre el día a día en Capitulares, ya que los eternos rumores sobre la marcha o permanencia del regidor han generado cierta sensación de inestabilidad que ha devenido en algo de caos. Es más, no son uno ni dos los ediles que están como locos porque José Luis Sanz, o la madre Teresa, presente su candidatura y se cierre al fin esta polémica para poder volver así a centrarse en lo que toca. Dicho en otras palabras, que el alcalde fije los ojos definitivamente en la ciudad y ponga algo de orden en su patio.

 

Queda poco más de un año para las municipales y, como es normal, la oposición despierta de su eterno letargo para poner en aprietos a los que gobiernan. Sin embargo, más allá de eso lo que preocupa es que a este paso no hace falta que los de la bancada contraria hagan nada. A semana que pasa, son los propios ediles populares los que se meten en charcos. En las tres últimas semanas hemos visto la “bochornosa” –Luis Martín dixit- situación que hay en la Gerencia con la salida de su súpergerente y  la parálisis que sufre s plan de saneamiento. Hemos asistido al vodevil del coche de Carmen Sousa, auténtico ejemplo de cómo no gestionar un asunto de imagen pública que, mucho me temo, acabará el martes con un edificante discurso de defensa basad en el “y tú más”. Y, el viernes, asistimos atónitos cómo la presentación de los actos del Carnaval se convertía en un cuero a cuerpo entre el presidente de los carnavaleros y la edil del ramo sobre las deudas de unos y las imposiciones de otros que acabará hoy en una nunca conocida marcha de protesta por las calles del centro. Si a esto le unimos que en los Patios ya hubo follón el año pasado, que para la Feria las posturas distan mucho de estar cercanas y que seguimos sin centro de congresos, Caballerizas o centro de visitantes de la Ribera concluimos que a Nieto le crecen los enanos en casa sin necesidad de contratarlos fuera. Si esto sigue así, el líder y su guardia pretoriana no van a tener horas para tapar los agujeros de una tropa a la que comienzan a vérsele demasiado las costuras. Y no hay tiempo para muchos remiendos.

Generosidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de abril de 2013 a las 10:54

El otro día, almorcé con un amigo que lamentaba la falta de argumentos y la simplicidad con la que se está tratando en estos momentos la situación de España. Vivimos en un maniqueísmo extremo en el que sólo hay buenos y malos -según donde uno se ubique el de enfrente es lamentable- que ha sido alimentado por los partidos políticos y los medios de comunicación. Hoy en día, lo que no es blanco debe ser, obligatoriamente, negro, y eso lleva a perder una amplia gama de matices y a fomentar posiciones que a nada bueno llevan. Ya pasó hace unos 80 años y miren ustedes como salió la cosa. Nos falta moderación, debate sosegado, análisis y reflexión. Somos víctimas de una partitocracia menor y falta de preparación; de un sistema mediático atenazado por el miedo a la crisis y poco responsable; de unos tertulianos profesionales adoctrinados y doctrinarios que de todo saben y de nada (o poco) entienden; de una monarquía a la deriva atrapada entre vicios pasados y pánicos futuros; de un nacionalismo regionalista que, como siempre que hay tormenta, trata de pescar en río revuelto… Somos víctimas, en fin, de eso que Machado definió a la perfección cuando le hablaba a su españolito: somos víctimas de España.

A lo largo de la historia de este país pocas veces hemos sido capaces los españoles de ponernos de acuerdo en algo como lo hicimos en la Transición. Con renuncias por ambas partes, cesiones y concesiones generosas que nos han llevado a vivir el mayor periodo de paz desde que don Pelayo dejó su casa en Asturias. Hoy corremos riesgo de perder todo aquello por culpa de una crisis que no entiende de barcos y por culpa de unos dirigentes que sólo entienden del suyo (barco, me refiero). Quizás vaya siendo hora de que nos planteemos cambios de verdad, modificaciones estructurales que nos permitan recuperar, no ya nuestro tejido económico -que recuperará la vida más tarde o temprano por las leyes del mercado-, sino nuestra vida pública y nuestro pacto de convivencia. Quizás va siendo hora ya de que quienes llevan en los mismos lugares desde que este país se regaló la Transición se planteen seriamente marcharse a casa. Quizás va siendo hora de que quienes crecimos en libertad tomemos las riendas de un cambio tranquilo, sin voces, estridencias, miopías, ni vacuidades y decidamos dotarnos del Estado moderno que necesitamos. Quizás va siendo hora de que haya cambios en la Zarzuela capaces de aglutinar a su alrededor el mismo consenso que se aglutinó hace casi cuarenta años. Quizás…

Tanta basura de Bárcenas, Gürtel, ERE, Botswana, dietas, comisiones y mierdas similares nos está haciendo perder la perspectiva de lo que tenemos en juego. No podemos dejar que quienes sólo saben hacer argumentarios de preescolar modelen nuestra vida en función de paradigmas de buenos y malos. Vivimos un cambio de época se dice una y otra vez y nadie parece preparado para plantarle cara. Nos ahoga el mañana inmediato y olvidamos que hay que poner las bases del pasado mañana. Y eso no se hace a voces ni gritos. Eso se hace hablando y siendo generoso. Y el que no pueda serlo que se vaya a su casa.

Cara de gilipollas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de febrero de 2013 a las 11:05

“¿Tengo cara de gilipollas?” El viernes cuado me levanté me hice esta pregunta, a la que, naturalmente pues soy yo, me respondí negativamente. Luego me fui a mi mujer y le pregunté lo mismo, a lo que ella contestó “un poquito” –cosas de casados, ya saben–. Después llamé a un amigo, le inquirí de similar manera y él afirmó que “no especialmente”. Iba a llamar a mi madre, pero lo descarté porque ya sabe usted que madre no hay más que una y por mucho que me empeñe siempre habla bien de mi. También descarté hacer la pregunta en el periódico, no vaya a ser que uno dé la mano y la acaben cogiendo el brazo. Conclusión: si para quienes me quieren y conocen no tengo cara de gilipollas, ¿por qué me levanté el viernes con esa sensación? La razón la encontré en el jueves. Ese día, con el escándalo de los papeles de Bárcenas, descubrí que soy gilipollas. Y me explico.

El jueves, María Dolores de Cospedal negó la existencia de los documentos del extesorero del PP casi al mismo tiempo que el presidente del Senado reconocía algunas anotaciones recogidas en los mismos y les daba, por tanto, carta de naturaleza. Ese mismo día, el líder –o eso dicen– del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, salía en rueda de prensa a exigir explicaciones y casi dimisiones por el asunto con la misma vehemencia (modo ironía) con la que lo ha hecho en Andalucía con el tema de los ERE, el fondo de reptiles y las corruptelas en la Junta. Ytambién ese día, uno de los muchos Pere (léase Pera) que tiene CIU afirmaba que “últimamente el PP no está dando mucho ejemplo de comportamiento limpio”. Como si la coalición que sustenta a Mas estuviera ahora para dar lecciones de pulcritud con el caso Palau, el caso Pallerols o el de las ITV y los Pujol.

Así que ahí encontré la explicación a mi irrefrenable sensación de tener una cara de gilipollas comola Mezquitade grande. Porque verán, uno conoce sus limitaciones, no es un premio Nobel, ni ha descubierto nada y ni siquiera es bueno haciendo ningún deporte, pero de ahí a asumir que uno es gilipollas va un trecho.

Sin embargo, por mucho que me empeñe en lo contrario, con esto de la corrupción y los pactos de transparencia parece que nuestros gobernantes y aspirantes al mando parece que sí nos han visto a todos cara de gilipollas. Lo de Bárcenas es una vergüenza, un escándalo, una golfería que debe costar cabezas. Lo es tanto como los ERE, como lo de Cataluña, como lo del yerno del Rey, como los de las decenas de alcaldes y concejales enmarronados en el ladrillo, como lo de los cientos de cargos públicos puestos a dedo, como lo de la financiación de los partidos con fondos municipales… Somos víctimas de unos partidos que se han apropiado de nuestra democracia y nos consideran a todos gilipollas maleables a su gusto y conveniencia. Mi duda es si no estaremos cayendo nosotros en su juego o debemos levantarnos ya hartos y mandarlos un poquito lejos. A su conciencia lo dejo. Decida quién es el gilipollas es usted o lo son ellos. Yo lo tengo claro

Las ronchas de la Junta

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de noviembre de 2012 a las 12:09

Hay un viejo refrán que dice “debes más que el Gobierno viejo”. Me lo enseñó mi amigo Juan y en estos tiempos de apreturas y débitos variados puede aplicarse a la perfección a (casi) todas las administraciones públicas. Desde Cataluña a Sevilla, pasando por Córdoba, Cuenca o Fuentela Lancha  (con perdón), lo normal es encontrarse una amplia retahíla de facturas impagadas a las que nadie quiere ni puede hacer frente. Ante esto hay varias formas de actuar. Una es la del cobarde mayúsculo, estilo Artur Mas, que visto que no es capaz de sacar adelante lo suyo por la vía de la gestión se inventa unas elecciones, saca a pasear las banderas y los bajos instintos y reza porque las urnas hagan olvidar a sus vecinos que no hay ni para pipas. Otra opción es la del Gobierno central, que, dispuesto a pagar hasta el último real que adeuda, se adentra en una espiral de recortes y subidas de impuestos que machaca a las clases medias y hacen a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. Y luego está la tercera manera, la de echarle la culpa de todos los males a otro, aunque la deuda sea nuestra.

En estas anda metidala Juntade Andalucía, que le debe en esa comunidad a todos menos a mi –y no por mérito suyo sino por demérito mío–. El Gobierno andaluz capea esta semana, sólo en Córdoba, la huelga de los MIR; la unión de la concertada laica y religiosa en reclamación de nueve millones de euros; la marcha de las guarderías para reclamar los meses de retraso en los pagos; el anuncio de los abogados de que suspenderán el turno de oficio si siguen sin ver un duro o la marcha de los colectivos que atienden a discapacitados psíquicos asfixiados por el impago de las deudas. Como se ve son muchos y de muchos padres y madres como para estar equivocados. Ante esto, ¿qué hace el Ejecutivo de Griñán?… Culpar a Rajoy. Así, sin anestesia.

Da igual que tenga transferidas las competencias de Sanidad o Educación o que gestione el tema judicial, la culpa de las deudas que tiene el Ejecutivo andaluz son todas culpa del Gobierno central. Da igual que se regalaran ordenadores totalmente innecesarios, que se subvencionaran operaciones de dudosa urgencia pública o que se apostara por faraónicas obras en sedes judiciales. No, la culpa es de Rajoy. PP malo, caca. PP traidor, malo.

Es lamentable observar el modo en que los gobiernos son incapaces de asumir sus culpas, tirar para adelante y pedir perdón por sus excesos, por su absoluto desconocimiento de cómo se gestiona nada, por haber dejado en manos de analfabetos potenciales miles de millones de pesetas. Da igual de qué partido hablemos. Está todo igual. Lástima que aquí, aunque no le guste, las ronchas son dela Junta. Que, de paso, es también un Gobierno viejo.

Majaderías

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de noviembre de 2012 a las 10:58

Lo más normal sería que esta columna fuera dedicada hoy a hablar de los presupuestos de la Junta de Andalucía para Córdoba en 2013. Analizar lo que se hará y lo que no se hará y contarles mi particular visión sobre el esfuerzo inversor de los chicos de Griñán en esta provincia el año que viene. Sin embargo, después de un sesudo y profundo análisis de unos dos o tres minutos y vistas con detenimiento las partidas presupuestadas mi conclusión es clara: nada. Ni un duro más allá de los mínimos de subsistencia. Nada que, unida al esfuerzo del Gobierno central para el próximo año, podemos decir que es una nada al cuadrado. Está la cosa tiesa y aquí no van a venir ni a pintar las rayas de la carretera. Así que los balances se los dejo al PP, al PSOE y a IU, que, en uno y otro presupuesto, aunque desde aceras opuestas, han concluido que la Junta y el Gobierno son muy malos, muy insolidarios y deberían tomar nota de lo que se hace en la Administración de enfrente, es decir: nada.

Tanta nada como la que asoma en las cabezas de nuestros líderes políticos y sindicales en las últimas semanas cuando hablan en público. Estamos alcanzando el segundo escalón de la crisis, el mental. Como ya no nos queda nada en la cartera ahora comenzamos a observar que hay quien comienza a tener lagunas en la azotea y se decanta por espetar unas cuantas majaderías para entretener al personal. Fátima Báñez dice que estamos saliendo de la crisis cuatro días después de presentar la peor EPA de la historia reciente de España. Al mismo tiempo, Cristóbal Montoro, afirma que estamos ante los PGE más sociales de la historia democrática española a pesar del IVA, los sueldos, las pensiones y no sé qué más. Susana Díaz mantiene que las cuentas andaluzas demuestran que las cosas se pueden hacer de otra manera a como las hace el Gobierno central o, lo que es lo mismo, que se pueden poner los casilleros de inversión en verde en lugar de en azul aunque el vacío que muestren sea el mismo. El impagable Rafael Rodríguez dice que Cáritas actúa como la mafia o los Hermanos Musulmanes (se ve que leemos las páginas de Internacional). Un día después , y con la boca pequeña, el líder sindical pide perdón consciente quizás de que alguno de los miembros de las 200 familias que se van a beneficiar del economato de las Margaritas pudiese acudir en persona a explicarle, con técnicas de la cosa nostra, cómo está de mal la cosa en su casa. 

Dice el diccionario que una majadería es un “dicho o hecho necio, imprudente o molesto”. Y tal y como está el patio me da a mi que no está la afición para aguantar tales cosas. Con lo valioso que es un oportuno silencio.

Desquiciados o desahuciados

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de octubre de 2012 a las 10:37

Un hombre se suicida en Granada horas antes de que una comisión le quite su casa. En Valencia, otro individuo lo intenta pero, afortunadamente, no consigue su objetivo. En Córdoba, una pareja okupa su casa del Campo dela Verdadpor temor a que le roben las pertenencias de un hogar del que fueron expulsados apenas cuatro días antes. El mismo día, Montoro dice que los presupuestos del Estado para este año son los más sociales de la democracia y ejerce de ZP al afirmar que 2013 será el último año de la crisis económica. Brotes verdes a la vista.

IU pide al gobierno central un plan de empleo de 600 millones de euros para paliar la pésima situación de la comunidad, pero elude concretar nada de su contenido. Para eso deben ponerse de acuerdo los ayuntamientos y las diputaciones, dicen. Un día despuésla EPAse empeña en darle la razón a la coalición y en llevarle la contraria al hombre de los brotes verdes populares: el paro está desbocado. Uno de cada cuatro españoles no tiene trabajo. En Córdoba esta cifra aumenta a cuatro de cada diez. Pánico, nos acercamos a marchas forzadas no ya al 40% si no más arriba. Los ERE firmados hasta agosto multiplican por más de cien a los del año anterior. Los sindicatos convocan una huelga para denunciar que todo va mal. No proponen soluciones, sólo hablan de un referéndum para examinar la política económica del Gobierno. Olvidan que ese referendum tuvo lugar hace menos de un año y acabó en mayoría absoluta popular. Igual ellos mismos deberían someterse a un referéndum para ver hasta qué punto representan  a alguien. Lo harán el 14-N. Veremos si les sale la cosa tan mal como en marzo.

Los bancos ganan miles de millones, pero son menos porque destinan parte de sus ganancias a prever las pérdidas del futuro en su ladrillo. La burbuja estalló, no se pinchó poco a poco. Ahora hay barrios fantasmas. Vayan al cortijo del cura de noche. Europa acude en apoyo de los bancos. El Estado acude en apoyo de los bancos. Los bancos no acuden en ayuda de sus inquilinos. No pueden, quizás tampoco quieran.

Pongo la radio y escucho a una tertuliana decir que vivimos una situación como la de los Balcanes. Me pregunto si sabrá de lo que habla. Demasiados tertulianos diciendo majaderías durante demasiado tiempo. El frentismo es cada vez mayor. Algunos parece que quieren que nos hagamos griegos mientras otros nos sitúan en el Olimpo. Democracia entendida a trozos. Los buenos contra los malos. Culpables contra inocentes. Elija su grupo.

España vive atacada. Histeria colectiva traducida en pesimismo general, parálisis y cara de miedo. Un país desquiciado. Me resisto a creer que sea también un país desahuciado.

Ejemplo olímpico

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de julio de 2012 a las 17:57

CADA cuatro años hay dos semanas en las que hasta el que más aborrece el deporte dedica al menos cinco minutos a verlo. Hay quien sigue las disciplinas que le gustan y ve sus pruebas y hay también quien no se despega de la televisión y amanece viendo natación, come con la hípica y cena con el voley playa. Hay para todos y en todos los gustos y colores encontrará uno a alguien en estas dos semanas con el que intercambiar conversaciones sobre lo entretenido que es el hockey hierba, lo elegante que es la doma clásica y lo plástica que es la natación sincronizada. Son los Juegos Olímpicos, el mayor acontecimiento deportivo del planeta, el único capaz de citar en su interior a los mejores de cada deporte. Es la fiesta del deporte.

En medio de esta ruina que nos fustiga a diario, encontrarse con este despliegue de esfuerzo, gloria, sudor y lágrimas es como alcanzar un oasis después de haber atravesado el Serengueti a pata coja y dándole lametones a las dunas. Y lo es por varios motivos. Está el obvio del orgullo patrio, el que nos pone una sonrisa en el rostro cada vez que uno de los nuestros se corona como ídolo mundial. Ya lo haga como campeón o como simple diploma olímpico en tiro con pistola de aire comprimido desde diez metros -apasionante para la siesta, por cierto-. Lo es porque si perdemos ante un fuera de serie mundial o ante alguien que ha realizado una prueba ejemplar somos capaces de reconocerle el mérito y olvidarnos de atavismos que enfangan otro tipo de competiciones. Lo es porque vemos correr lento o nadar peor a deportistas de países desolados y somos capaces de conmovernos y reconocer en ellos el esfuerzo, la superación y el amor a un ideal.

Porque las Olimpiadas son lo que son, sobre todo, porque nos trasladan el mensaje de que con esfuerzo, dedicación, capacidad de sufrimiento y amor propio se puede luchar por lo que se quiera. En tiempos como los actuales, en los que hay días en los que sería mejor no levantarse y semanas que deseamos que acaben nada más comenzar, el mensaje que nos traslada el olimpismo es el de que no hay nada imposible si creemos con fuerza en nuestras posibilidades. Es el momento en el que vemos que lo importante es no dejar caer nunca los brazos, es el instante en el que el compañerismo del que corre al lado nos enseña que valores como la solidaridad, el compañerismo y la ayuda al prójimo no pertenecen al pasado. Éste es el mensaje olímpico, el que nos dice que vayamos más lejos, más alto, más fuerte. El que nos dice que nada es imposible. El que nos demuestra que somos capaces de todo. El que, lamentablemente, nos hace ver que estamos dirigidos por individuos que no saben lo que es el deporte. Disfrutemos ahora, después ya habrá tiempo de penar.

Sus recortes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de julio de 2012 a las 10:00

Vaya uno donde vaya en los últimos tiempos, la conversación que se repite con más frecuencia es lo mal que está todo, lo dura que está siendo la crisis y la necesidad de salir adelante a través de acuerdos y decisiones que nos hagan el menor daño posible y nos rescaten cuanto antes. No hay bar, restaurante, tienda, gran superficie, piscina o cola en la que uno no escuche al prójimo quejarse amargamente y maldecir la suerte que nos ha tocado vivir. Eso y señalar a los culpables.

En eso, esta semana, la Audiencia Nacional ha decidido imputar al anterior consejo de Bankia, con Rodrigo Rato a la cabeza, por una retahíla de posibles delitos que se sustancian en que no hicieron lo que debían hacer en el gobierno de su entidad. El mismo día, la Fiscalía de Barcelona ponía el ojo en los directivos de Catalunya Caixa y sus retribuciones y demás cobros. Ser banquero se ha convertido en profesión de riesgo últimamente y parece que hemos encontrado un nuevo chivo en el que expiar las culpas. A raíz de las imputaciones de Bankia, además, hemos vuelto a ver las vergüenzas de nuestros representantes públicos, divididos casi a partes iguales entre considerar prematura la decisión de la Audiencia o defenderla y reclamar que se llegue hasta las profundidades abisales que nos llevaron al presente crack económico. (Que tiemble Felipe II).

Políticos y sindicatos. Sindicatos y políticos. Todos piden responsabilidades al tiempo que dicen que estamos así porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Usted y yo, no ellos, que son unos sufridos trabajadores que sólo miran por nuestro bien y porque no nos ocurra nada malo. Ellos no estuvieron sentados en los consejos de administración de las cajas de ahorros aplaudiendo las decisiones que llenaban de ladrillos y suelos los balances de las entidades; ellos no supieron nunca nada de los créditos dudosos o amistosos que se concedieron por doquier; ellos nunca aplaudieron el incremento desmesurado de la concesión de hipotecas al precio que fuera. No, ellos no estuvieron allí.

Tenemos la mala suerte, no sólo en este santo país, pero como somos de aquí hablaremos de lo nuestro, de ser víctimas de una clase política cuyo principal problema es precisamente ése, ser clase. Nuestros próceres de la patria –ya sea ésta local, provincial, regional o nacional– son unos inocentes servidores públicos que se dedican a bregar con esta crisis empeñados en sacarnos a toda costa. Debemos apretarnos el cinturón, perder pagas, renunciar a derechos y abonar más impuestos. Es cierto, debemos hacerlo. Por responsabilidad. Ellos, a cambio, se comprometen a llenar los escaños del Congreso, pagarse sus viajes, sus móviles, sus ipad, renunciar a las dietas por comisiones y, por supuesto, rebajarse sus paupérrimas nóminas. Incluso están dispuestos a adelgazar los cargos y recuperar el amor a la política como servicio y no como medio de sustento. Se van a aplicar los recortes…. y después se pondrán las mechas. 

Nos quieren hundir (los nuestros)

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de abril de 2012 a las 10:28

Aprovechando que media España estaba de vacaciones voluntarias, y la otra media obligatorias, los mercados han vuelto a machacarnos esta Semana Santa han puesto en duda los planes del Gobierno para salir de la crisis y han echado por tierra unos presupuestos cuya credibilidad es escasa. Al mismo tiempo, el vecino gabacho, metido en plena campaña, ha atizado el fuego de la crisis diciendo que de no haber actuado como lo hizo, Francia estaría ahora igual que Grecia o España. Simpático el señor Sarkozy, saludos a sus familiares.

 La situación vuelve a ser crítica para España, la famosa prima de riesgo ha vuelto para recordarnos lo débiles que somos y las subastas de deuda publica también inciden en resucitar nuestros peores temores. Y mientras tanto, ¿qué hacen nuestros representantes públicos? Nada. Así de claro. Ni PSOE, ni PP, ni IU, ni la patronal, ni los sindicatos parecen darse cuenta de la gravísima situación ante la que nos hallamos. Ignoran que el 84% del país tiene las amígdalas inflamadas, según un reciente estudio del CIS, por miedo a perder su ya frágil economía y se dedican a practicar políticas de alto nivel basadas en decirse mutuamente lo mal que lo hacen unos ahora y lo peor que lo hicieron los otros antes. Eso sí, ninguno admite que han demostrado su incapacidad para regir nuestros designios según lo que a nosotros, los ciudadanos, nos conviene y no lo que a ellos, los políticos –y aquí entran los representantes de sindicatos y patronal– les viene mejor.

 El CIS ha vuelto a demostrar que el tercer problema para los españoles es la clase política, esa pléyade de individuos de escaso talento y menores escrúpulos que parece empeñada en hundir al país con tal de salirse con la suya. Me avergüenza la amnistía fiscal. La de ahora y la que el PSOE tramaba en marzo de 2011. Me ruboriza que los populares atribuyan a los socialistas todos los males de España igual que me indigna que el PSOE ignore ahora que en esta crisis fue su Gobierno el que no supo reaccionar. Me estomaga que ni unos ni otros tengan altura de miras suficiente, ni como gobierno ni como oposición, para alcanzar unos pactos de Estado, como aquellos deLa Moncloa, para sumar esfuerzos y sacarnos aquí unidos.

 No sé si desearan que aparezcan unos señores de Europa a ponernos un Gobierno tecnócrata a la griega o la italiana, pero sí tengo claro que no le desean lo mejor ni a usted ni a mí. Me sospecho que unos y otros quieren vernos hundidos para poder restregarse a la cara quién era el que tenía la razón. Por eso, sólo espero que cuando llegue el hundimiento, si es que llega, les llegue a ellos el oprobio y el rechazo por su miopía, su egoísmo y su nulo sentido de Estado. Y usted y yo sigamos a lo nuestro, que alguien tendrá que sacar a España adelante.