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Irresponsabilidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de diciembre de 2013 a las 10:26

Alguna vez he comentado ya aquí, en estas líneas, el impacto que me produjo tener que editar la sentencia del crimen de Alcàsser allá por los 90 cuando ejercía de becario en Diario de Cádiz. En aquellos tiempos uno estaba mucho menos bregado en estos asuntos de la truculencia y el salvajismo del ser humano y leer aquel teletipo de la agencia OTR me causó un impacto que aún hoy recuerdo con tal nitidez que me parece que todo ocurrió ayer. Ese horrendo crimen abrió en España nuevas vías a la indignación popular y contribuyó definitivamente a dar a luz la telebasura más vomitiva. Recuerdo aquel especial de Nieves Herrero en Antena 3, un programa cochambroso, pleno de casquería sentimental y sin ningún tipo de control. La propia periodista no para de repetir desde entonces hasta qué punto se arrepiente de haber protagonizado esas horas de directo, no se sabe bien si porque de verdad las rechaza o porque fueron el principio del fin de su estrellato televisivo.

Esta semana, con el asunto de la aparición de Miguel Ricart por Córdoba camino de Barcelona –que mucho rodeo me parece a mi–, hemos hablado y mucho en la redacción de esos límites que nunca se deben cruzar. De la responsabilidad que los medios tenemos para evitar en lo posible transmitir sensaciones de pánico a la sociedad y, sobre todo, de la responsabilidad ineludible de las autoridades políticas de mirar por el bien de los ciudadanos, su seguridad y su bienestar. Y todo a raíz del lamentable espectáculo promovido por el subdelegado del Gobierno de manera gratuita y apoyada en una visión de las cosas miope. Andar por ahí afirmando que un asesino y violador de niñas podría venir a Córdoba, a no se sabe qué sitio y por culpa de no se sabe qué personas es, además de indigno y lamentable, la demostración palpable de que hay quienes deberían permanecer permanentemente callados. Contribuir desde un cargo público, como ha hecho Juan José Primo Jurado, a agitar los miedos más profundos de los cordobeses es una vergüenza y hacerlo en busca de no se sabe bien qué intereses, un motivo dimisión.

No les miento si les digo que el martes, menos mi madre, llamaron a la redacción del periódico decenas de personas preocupadas –preocupadas no, acojonadas–, ante la posibilidad de tener por vecino a semejante individuo. Era la reacción lógica de cualquier padre, madre, abuelo o persona de bien que conoce a alguien que vive por los Trinitarios y se preocupa por su bienestar. Y todo promovido por una irresponsabilidad casi insultante. Una irresponsabilidad que incluso le está pasando factura a una comunidad religiosa que lo único que hace en esta ciudad es ayudar a los que nada tienen y que ahora deben andar pidiendo perdón por las esquinas por algo que no ha hecho.

Este país se ha vuelto loco, los medios contribuyen a esa locura colocando dianas en la cabeza de indeseables que han cumplido sus condenas y no tienen a dónde ir. Los políticos azuzan las brasas del fuego para parecer estadistas de juguete y los ciudadanos se asustan con razón víctimas del miedo. Y, en medio de todo esto, uno se pregunta, ¿dónde ha quedado la responsabilidad pública?

Respuesta fácil: en el cubo de la basura.

Realidad social versus ficción política

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de noviembre de 2013 a las 11:21

En estos tiempos de crisis y apreturas que nos ha tocado vivir hay dos realidades que caminan paralelas pero jamás se tocan. Está el día a día de las familias, los ciudadanos de a pie, los sufridos contribuyentes y está el micromundo de los políticos, con sus reuniones repletas de abrazos, sonrisas profidén y mensajes de consumo interno. Buena muestra de ello la tenemos este fin de semana, con el PP y el PSOE inmersos en interparlamentarias y conferencias políticas de las que deben salir mensajes de ánimo ante la supuesta recuperación o nuevos diseños teóricos para España. En Córdoba y en Madrid este fin de semana se han escuchado mensajes divergentes en los que cada cual ha dicho lo que le convenía en función de si manda o aspira a hacerlo. Mensajes, en todo caso, que distan años luz de la realidad que vivimos quienes no nos abrazamos sonrientes con una acreditación al cuello y un look congresual adecuado. Mensajes  que pintan la realidad mejor de lo que está o dibujan el negro averno peor de lo que es. Mensajes, al fin y al cabo, diseñados para el consumo interno de quienes dicen dirigirnos.

La realidad que vivimos usted y yo es otra y dista bastante de lo que unos y otros han afirmado desde sus sillones o poyetes de diseño (en los congresos ya no se llevan los atriles, que deben ser una antiguaya). La realidad se ha mostrado esta semana en Córdoba de una forma espectacular gracias a un desgraciado acontecimiento, el asalto a la despensa del comedor social de los Trinitarios en el Marrubial. Tan despreciable acción, que sólo puede ser llevada a cabo por personas sin las más mínimas entrañas y una absoluta falta de corazón, ha sacado a la calle esa otra realidad, la de verdad, en la que vivimos desde que hace ya demasiados años estallara la puta burbuja inmobiliara llevándose por delante los sueños y anhelos de la mayoría. En apenas 24 horas, la marea humana de solidaridad y apoyo surgida de la indignación de los ciudadanos no sólo repuso los estantes vacíos de los Trinitarios sino que multiplicó por tres el fondo con el que esta ejemplar organización está dándole vida, esperanza y dignidad a los que han sido machacados por la crisis. En apenas 24 horas, Córdoba, los cordobeses, sacaron de dentro de sí lo que lleva manteniendo vivo a este país desde que nos hundimos en la miseria de la deuda pública y el déficit de caja: la solidaridad. Esa misma solidaridad que hace que haya familias enteras viviendo de la pensión del abuelo, ésa que hace que el vecino eche una mano para que los niños no se queden sin merienda, ésa que dispara la recogida de alimentos cada vez que alguien hace una llamada de auxilio, la misma que paga una alarma para que esa basura humana que vació el comedor no lo tenga tan fácil la próxima vez.

Lo vivido esta semana con los Trinitarios es la realidad social de Córdoba. El ejemplo de cómo la gente vive en otra esfera diferente de la de los políticos, de los que no se creen ya nada y le causan la misma indigestión que los bastardos que vaciaron el Marrubial. Esa realidad es la que los asientos de diseño de PP y PSOE deben abordar de verdad. Realidad social versus ficción política. Me quedo con la primera.