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El ‘egosistema’

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de octubre de 2014 a las 8:33

Si hay algo que aborrezco de una enorme mayoría de quienes ocupan cargos de relevancia, públicos y privados, en esta Córdoba de nuestras entretelas es su inagotable capacidad para criticar y desmontar todo lo criticable y desmontable en conciliábulos de todo tipo y después mantener el silencio más absoluto cuando toca hablar en público. Ya dijo Pío Baroja que Córdoba era la ciudad de los discretos. Yo diría que de algo más. Aquí todo el mundo tiene la solución a los problemas de la humanidad, pero pocos son los que los enuncian en público no vaya a ser que venga otro y se apropie de la idea o, simplemente, no vaya a ser que algo cambie y nos obligue a evolucionar. Eso se traduce en una parálisis total en el ámbito de la toma de decisiones, en la presencia perenne de los mismos en los mismos sitios y en una constante sensación de insatisfacción en la que ni unos ni otros son felices, pero en la que todos conviven sin problemas porque nadie viene a enturbiar su tranquilidad. Es triste, pero es así.

Por eso, cuando alguien recién llegado a un cargo se atreve a decir en público lo que dijo el rector el pasado martes en el foro que organizó este periódico en Bodegas Campos, es necesario levantar la voz y alabar en público la iniciativa. José Carlos Gómez Villamandos pidió delante de quienes gobiernan, aspiran a gobernar, hacen oposición o rigen los designios empresariales de esta ciudad que es necesario que Córdoba “deje de mirarse el ombligo”, que avance, que entre todos seamos capaces de sumar para hacer de ésta una provincia mejor, más próspera  y moderna. Pidió que se abandone el egosistema para que podamos poner en pie un ecosistema de apoyo y colaboración. Reclamó, en definitiva, un gran pacto por la innovación en Córdoba, que es lo mismo que pedir un acuerdo para que esta ciudad crezca. Fue un discurso con un punto de utopía, las palabras del recién llegado que no se ha contagiado aún de la atonía en la que viven los supuesto poderes fácticos de la ciudad; la declaración de intenciones de quien tiene la osadía en público de llamar la atención a los que mandan. Y lo hizo asumiendo que la propia Universidad tiene que salir de su ensimismamiento para abrirse a la ciudad y ser agente impulsor de transformaciones.

Igual es porque lo dijo en un foro de la casa o igual es porque uno no deja de ser un iluso, pero las palabras del rector se me aparecen como una bocanada de aire fresco en un entorno tan viciado que a veces es irrespirable. Irrespirable por la parálisis de quienes gobiernan; por su tendencia al enfrentamiento más que al consenso; por la fijación de quienes quieren mandar en tratar de llegar a los sitios por la vía de la demolición más que por la de la sustitución; por la insoportable condescendencia de quienes viven en contra de todo sin aportar nada; por la exasperante presencia de quienes quieren arreglarlo todo desde su pensamiento único, y, por qué no decirlo, por el acomodamiento en el que los medios nos situamos a menudo temerosos de perder nuestro sitio.

Y mientras, la que pierde es Córdoba, su futuro y nuestros hijos. Muchos dicen que el rector es un iluso al que ya se le pasará todo. Esperemos que no ocurra. Yo prefiero rebelarme contra el egosistema.

Nos tienen manía

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de octubre de 2012 a las 10:15

A medida que avanza esto de la crisis me doy más cuenta de que no es que nosotros o, mejor dicho, nuestros gobernantes hayamos hecho nada mal, lo que ocurre es que nos tienen manía y por eso nos van las cosas así. Ángela Merkel nos tiene manía porque ella tiene cara de llevar toda la vida pasando frío y no soporta que aquí vayamos a la piscina del cuñao a mediados de marzo; las agencias de calificación nos tienen manía porque ellas lo hacen todo muy legal y aquí hemos hecho del chapú y el primo manitas toda una teoría vital; los mercados nos tienen manía y nos desprecian porque ellos pagan puntualmente y nosotros hicimos de la hipoteca con todo incluido una especie de asunto de Estado. Todos nos tienen manía porque en el fondo envidian nuestra capacidad de supervivencia y la calidad de nuestros líderes.

Por tenernos manía nos la tienen hasta los que hacen los informes sobre la situación de la educación en nuestro país. Sabíamos que esos que hacen el informe PISA son unos antipáticos que sólo se fijan en lo malo, pero ahora hemos descubierto que en la Unesco también nos miran mal. A decir verdad esto en Córdoba ya lo sabíamos, que no hay más que recordar la que nos jugó con la Capitalidad el tal Manfredo. A lo que iba: que resulta que la Unesco se ha sacado de la manga un informe sobre la situación de la Educación en el mundo en el que se dice que España es el país de Europa al que le va la cosa peor. Que resulta que no hay quien nos gane en abandono y fracaso escolar en la ESO, el Bachillerato y los ciclos formativos de la FP. Vamos, que somos una ruina.

Yo la verdad es que no me explico cómo se pueden pensar estas cosas y por eso estoy totalmente de acuerdo con la huelga que esta semana han realizado los estudiantes de Secundaria y Bachillerato para denunciar los recortes. Incluso me parece genial que los padres la hayan apoyado y que el rector de la UCO, José Manuel Roldán Nogueras, la haya visto con buenos ojos. Y lo digo de verdad. Porque nosotros tenemos una educación puntera. De hecho, cada vez que llega un Gobierno la mejora y hace una nueva ley para incrementar las capacidades de nuestros alumnos. En las universidades dicen que hubo una vez en la que se dio una asignatura que tenía que ver algo con la realidad laboral que se iban a encontrar los alumnos. Es más, a mi eso de que los maestros sean un colega más en las clases me parece perfecto y altamente democrático. De hecho, estoy con los que piensan que ponerles notas a los niños es de fascista, retrógrado y abusón. Lo dicho, que nos tienen manía. Que para qué queremos nosotros mejorar nuestra educación si podemos tener al 50% de los jóvenes disfrutando de su tiempo libre. Con lo que le gusta a una madre tener a sus hijos en casa.