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Cinco meses para todos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de enero de 2015 a las 13:24

24 de mayo. Esta es la fecha que está subrayada en rojo en absolutamente todas las mesas de los que mandan en los partidos. Ese día se verá hasta dónde va a mudar este país si la pulsión de cambio que ha marcado el final de 2014 se mantiene vigente. Las elecciones municipales de ese día, y autonómicas en las comunidades no históricas, escenificarán hasta qué punto el bipartidismo que ha venido gobernando este país desde la Transición está tocado de muerte o si, por el contrario, no padece más que un resfriado que se curará dando con el tratamiento preciso. Pero hasta que la noche de ese 24 de mayo las urnas hagan publico su escrutinio aún quedan muchos meses en los que el pánico que preside ahora mismo las salas de máquinas de los grandes partidos será el gran protagonista.

PP y PSOE asisten con honda preocupación a su descrédito público y buscan la manera de plantarle cara y reinventarse sin tener que tocar sus esencias. Ahí radica principalmente su problema, en que aún no se han enterado de que ni su forma tradicional de hacer política ni el modo de comunicarse con sus potenciales electores sirven ya para nada. Si Rajoy lo fía todo a ala mejora económica y a la llamada del voto del miedo va tan apañado como Pedro Sánchez y sus shows comunicativos y descuelgues televisivos. El mensaje claro de los ciudadanos hacia el llamado bipartito es que hay que cambiar formas, fondos y, sobre todo, rostros. Ahí reside la exigencia, no en los grandes discursos ni en los ventiladores cargados de mierda. Acuerdos contra la corrupción, limpieza de los partidos y meritocracia son exigencias que no pueden posponerse más.

La siempre zozobrante Izquierda Unida no lo tiene más fácil, pues ha de formatear su discurso sin perder el respaldo de quienes le han sido fieles en las travesías del desierto y ser capaz de articular una oferta que atraiga a esa ingente masa de descontentos que busca alguna solución en la izquierda. Igual andan en UPyD, temerosos de ver si el efecto Rosa Díez tiene fecha de caducidad víctima de su cesarismo y sus cuitas internas. En Ciudadanos, sin embargo, la cosa va por otro lado y el efecto Albert Rivera podría ser un elemento de sorpresa importante en algún que otro lugar.

Y luego está Podemos, verdaderos protagonistas del año y auténticos aspirantes a todo a pesar de que, en principio, no van a concurrir con sus propias siglas a los comicios. Inteligente medida para no caer a las primeras de cambio. Los chicos de Pablo Iglesias tienen ante sí meses en los que deben hacerse mayores, demostrar que detrás de sus camisas de cuadros hay la posibilidad de articular un proyecto político serio, con medidas capaces y un programa que vaya más allá del panfleto, la crítica al establishment y los guiños populistas. Si lo consiguen se convertirán sin duda en la gran alternativa de poder en España, pero si fracasan, Pablo Iglesias y los suyos serán los culpables de que el desafecto ciudadano sea aún mayor.

Y todo esto hay que verlo en solo cinco meses. Promete la cosa.

El difícil encaje de Ganemos Córdoba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de octubre de 2014 a las 14:02

El pasado sábado día 18 Ganemos Córdoba decidió que concurrirá a las municipales del próximo mes de mayo como una alternativa más a las ya conocidas de PP, PSOE y UCOR. La plataforma electoral surgida a imagen y semejanza de la que lidera Ada Colau en Barcelona aprobó de forma mayoritaria constituirse como opción a los partidos tradicionales que ya ocupan asientos en el salón de plenos de Capitulares. Ciudadanos anónimos, antiguos militantes de diversas formaciones de izquierdas, Equo e Izquierda Unida se dan la mano en esta iniciativa popular que aspira a desbancar a José Antonio Nieto del Ayuntamiento capitalizando el desencanto y enfado de miles de cordobeses con la crisis económica y la pérdida de derechos durante estos años. Una amalgama muy amplia que tiene en común una serie de parámetros ideológicos de izquierdas, pero que también afronta difíciles problemas de encaje entre sus diversas corrientes. El principal, el modo de acudir a las elecciones.

En la asamblea del pasado sábado, Ganemos Córdoba decidió que concurrirá a las urnas, pero no cómo va a hacerlo: si como coalición de partidos o como candidatura ciudadana. Y aquí está la madre del cordero porque de la determinación de si se hace de una u otra manera saldrá la viabilidad de este movimiento o su propia autodestrucción por discrepancias internas. La cosa es así: Izquierda Unida sólo se plantea integrarse en Ganemos Córdoba si ésta acude a las urnas articulada como una coalición de partidos, una fórmula que le permitiría hacer valer su peso y su capacidad de movilización y organización en la ciudad. Mientras, Equo y un nutrido grupo de impulsores de la formación son más proclives a hacerlo como una candidatura ciudadana o agrupación de electores en la que no haya siglas anteriores ni repartos de poder basados en cuotas. Esto además permitiría testar el respaldo de Ganemos en la calle ya que serían necesarias al menos 5.000 firmas de ciudadanos de Córdoba para avalar la candidatura. ¿Y por qué esta discrepancia? Muy sencillo, si se va a cuotas muchos piensan que IU puede fagocitar el producto final y hacerse con el control absoluto y eso daría al traste con cuanto han venido defendiendo los impulsores de Ganemos desde el principio, muchos de ellos antiguos militantes o cargos de la coalición que ahora no quieren saber nada de ella. Además, en el seno de la formación muchos piensan que ir con las siglas de IU puede lastrarles ya que representa el sistema contra el que se ha venido oponiendo la asamblea ciudadana desde su constitución.

El debate, muy vivo en el muro de Facebook de Ganemos Córdoba, incluye otras dos variables: la Diputación y el reparto de fondos tras los comicios. Respecto a la primera, la candidatura ciudadana o agrupación de electores sería un problema a la hora de lograr las actas que dan derecho a sentarse en el salón de plenos del Palacio de la Merced. Y es que los sufragios obtenidos por esta fórmula electoral no podrían unirse, por ejemplo, a los que IU podría lograr en otras localidades del partido judicial de Córdoba, un hecho que devendría en la pérdida de representación de ésta en beneficio de otras formaciones como el PP o el PSOE. Ganemos Córdoba sólo llevaría a la Diputación aquellos diputados provinciales que obtuviera como consecuencia de su resultado en la capital, una jugada muy arriesgada que no gusta en IU.

Respecto al tema de los fondos, la constitución como coalición de partidos conllevaría un reparto alícuoto del dinero percibido tras los resultados electorales, de manera que cada formación recibiese una parte en función de su fuerza dentro del conjunto. Esto, defendido a capa y espada desde IU, levanta muchas suspicacias en ciertos sectores de Ganemos que rechazan que este dinero pueda ser utilizado posteriormente para labores de intendencia interna de cada partido en lugar de dedicarse íntegramente al mantenimiento y contratación del personal que fuera necesario tras los comicios.

La realidad es que IU se está esforzando y mucho para movilizar a sus bases y que acudan a las asambleas. Su presencia mayoritaria les garantiza vencer en las votaciones ante el otro sector de Ganemos, menos organizado y jerarquizado. Y todo ello con el fondo de ver qué va a pasar con Podemos, que aún no ha dicho su última palabra. La formación de Pablo Iglesias, metida estas semanas e su constitución y organización como partido político, ha dicho que en principio no concurrirá a las municipales, si bien no es una decisión cerrada. De su toma de posición y, sobre todo, de su participación en la asamblea del 9 de noviembre que decidirá qué será Ganemos Córdoba, depende mucho de lo que puede pasar. De momento, el debate y los contactos son constantes y febriles. Y no dejan de dejar cierta sensación de desconfianza entre quienes son ya novios antes de darse el definitivo sí quiero.

El ‘egosistema’

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de octubre de 2014 a las 8:33

Si hay algo que aborrezco de una enorme mayoría de quienes ocupan cargos de relevancia, públicos y privados, en esta Córdoba de nuestras entretelas es su inagotable capacidad para criticar y desmontar todo lo criticable y desmontable en conciliábulos de todo tipo y después mantener el silencio más absoluto cuando toca hablar en público. Ya dijo Pío Baroja que Córdoba era la ciudad de los discretos. Yo diría que de algo más. Aquí todo el mundo tiene la solución a los problemas de la humanidad, pero pocos son los que los enuncian en público no vaya a ser que venga otro y se apropie de la idea o, simplemente, no vaya a ser que algo cambie y nos obligue a evolucionar. Eso se traduce en una parálisis total en el ámbito de la toma de decisiones, en la presencia perenne de los mismos en los mismos sitios y en una constante sensación de insatisfacción en la que ni unos ni otros son felices, pero en la que todos conviven sin problemas porque nadie viene a enturbiar su tranquilidad. Es triste, pero es así.

Por eso, cuando alguien recién llegado a un cargo se atreve a decir en público lo que dijo el rector el pasado martes en el foro que organizó este periódico en Bodegas Campos, es necesario levantar la voz y alabar en público la iniciativa. José Carlos Gómez Villamandos pidió delante de quienes gobiernan, aspiran a gobernar, hacen oposición o rigen los designios empresariales de esta ciudad que es necesario que Córdoba “deje de mirarse el ombligo”, que avance, que entre todos seamos capaces de sumar para hacer de ésta una provincia mejor, más próspera  y moderna. Pidió que se abandone el egosistema para que podamos poner en pie un ecosistema de apoyo y colaboración. Reclamó, en definitiva, un gran pacto por la innovación en Córdoba, que es lo mismo que pedir un acuerdo para que esta ciudad crezca. Fue un discurso con un punto de utopía, las palabras del recién llegado que no se ha contagiado aún de la atonía en la que viven los supuesto poderes fácticos de la ciudad; la declaración de intenciones de quien tiene la osadía en público de llamar la atención a los que mandan. Y lo hizo asumiendo que la propia Universidad tiene que salir de su ensimismamiento para abrirse a la ciudad y ser agente impulsor de transformaciones.

Igual es porque lo dijo en un foro de la casa o igual es porque uno no deja de ser un iluso, pero las palabras del rector se me aparecen como una bocanada de aire fresco en un entorno tan viciado que a veces es irrespirable. Irrespirable por la parálisis de quienes gobiernan; por su tendencia al enfrentamiento más que al consenso; por la fijación de quienes quieren mandar en tratar de llegar a los sitios por la vía de la demolición más que por la de la sustitución; por la insoportable condescendencia de quienes viven en contra de todo sin aportar nada; por la exasperante presencia de quienes quieren arreglarlo todo desde su pensamiento único, y, por qué no decirlo, por el acomodamiento en el que los medios nos situamos a menudo temerosos de perder nuestro sitio.

Y mientras, la que pierde es Córdoba, su futuro y nuestros hijos. Muchos dicen que el rector es un iluso al que ya se le pasará todo. Esperemos que no ocurra. Yo prefiero rebelarme contra el egosistema.

Primarias de las buenas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de septiembre de 2014 a las 8:21

Lo confieso, soy un fan incondicional de las primarias. Y si son abiertas, más todavía. Creo que en un sistema democrático como el nuestro no hay nada más ejemplar que el que sean los ciudadanos, militantes o no, los que elijan a quienes les van a representar mediante un procedimiento de puertas y ventanas abiertas. Democracia en estado puro, debate, confrontación de ideas y proyectos, ejercicio intelectual de decisión entre opciones que, partiendo de una línea común, ofrecen diferentes formas de ejecutar su acción. Primarias de las buenas. A la americana o a la francesa, con sus campañas electorales, sus lobbies de apoyo, sus candidatos haciéndose fotos y poniéndolas en carteles… Vamos, todo el circo que rodea la gran fiesta de la democracia. Primarias de verdad, de las buenas.

Estos días vivimos también un proceso de primarias de calado en Córdoba. El PSOE se ha lanzado a un ejercicio de democracia abierta y participativa para ponerle rostro a quien será su candidato en las municipales de 2015 y pugnará con José Antonio Nieto, Rafael Gómez y alguien del conglomerado Ganemos por ocupar e sillón noble de Capitulares. Andan, por tanto, los socialistas deshojando la margarita, debatiendo abiertamente cuáles son sus mejores opciones, fomentando la libre competencia entre iguales para darle a sus militantes –lástima que no hayan optado por el modelo francés– la opción de respaldar a quien mejor consideren. Como hicieron en las primarias de Susana Díaz o en las de Pedro Sánchez, ejercicios abiertos de participación en los que no hubo injerencias de ningún tipo y todo fueron facilidades para quienes quisieron optar a la nominación. La dirección provincial y la regional no tienen papel alguno en el proceso y los diferentes contrincantes toman sus decisiones de optar libres de toda carga y presión y conscientes de que el proceso de “reflexión personal profunda” –tres palabras a subrayar en todos estos procesos– lleva a tomar la determinación definitiva de optar al cargo más importante de cuantos, en mi humilde opinión, puede ostentar quien quiere realmente a su ciudad. Una fiesta de la democracia, en definitiva, de la que saldrá la cara del cartel de mayo.

Pero claro, siempre hay quien quiere estropear la cosa y va por libre, se presenta sin valorar el ambiente y rompe la paz y la fraternidad. Que no hay quien entienda que haya quien no lleve a cabo ese proceso de “reflexión personal profunda” libre de injerencias que le lleve a descartarse de la carrera porque es lo mejor para el partido. Que siempre hay quien se empeña en ponerle las cosas difíciles a los militantes y obligarles a definirse en el libre e impoluto proceso de recogida de avales y se empeña en desenterrar tensiones internas olvidadas y superadas en ejercicios de diálogo, consenso y acercamiento de posturas. En definitiva, que siempre hay quien quiere llamar la atención y estropear la fiesta de la democracia.

Imperdonable esto, ahora que habíamos llegado entre todos a un acuerdo en el que teníamos claro por quien optar. Qué desfachatez.

El espíritu de la Capitalidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de septiembre de 2014 a las 19:33

Juan Miguel Moreno Calderón tiene en su haber ser tenido como un hombre de diálogo, cordial y sensato con el que se puede hablar y llegar a acuerdos. Así lo ha demostrado a la lo largo de su carrera profesional y así lo ha evidenciado en estos tres años que lleva como edil de Cultura. En este tiempo es el único concejal del equipo de gobierno del que no se ha escuchado una mala palabra y el único que ha sido capaz de lograr consensos con la oposición. Es más, con una delegación mermada económicamente, ha sido capaz de mantener e incrementar incluso la programación cultural logrando el reconocimiento de todos. Ahora, Moreno Calderón presenta una iniciativa que no debería caer en saco roto: la de recuperar para la cultura el clima fraternal que se generó alrededor del sueño de la Capitalidad y articular así una agenda cultural única en el que todas las administraciones y actores implicados trabajen en la misma dirección. Buena idea ésta que demuestra altura de miras y capacidad de estar por encima de las rencillas de patio de colegio. (Lo que no sabemos es si le traerá dolores de cabeza dentro de su propia casa).

La iniciativa del concejal de Cultura, sin embargo, se puede antojar hasta algo escasa ya que lo que esta ciudad necesita es recuperar el espíritu del 2016, su imagen de unidad, en muchas más cosas que sólo en la agenda cultural. Córdoba padece, sobre todo, un atosigante dato de desempleo que tiene a unas 95.000 personas en el paro en la provincia, la mitad de ellas en la capital. Córdoba sufre una lamentable parálisis en todos sus grandes proyectos, frenados por la incapacidad de muchos y el cortoplacismo de otros tantos. Y el de la Cultura es sólo uno de los puntos en los que es necesario el consenso.

Si algo han demostrado los últimos sondeos electorales y las pasadas europeas es que la ciudadanía está harta de lo que ha habido hasta ahora, del egoísmo partidista, del tacticismo electoral y de la sumisión del bien común a los intereses de uno u otro grupo de poder. Existe en la calle una necesidad de articular nuevas fórmulas que sirvan para algo y que vayan más allá de los tradicionales discursos del victimismo o del “y tú más” que tanto se dan entre nuestros dirigentes políticos. El fenómeno Podemos -con todas las sombras y dudas que pueda suscitar- va camino de convertirse en el catalizador de ese hartazgo y a ese paso no sería de extrañar su irrupción en el panorama municipal.

Sin embargo, eso es lo de menos. Lo de más es que Córdoba necesita de ese espíritu de consenso al que aludía esta semana Moreno Calderón. Necesitamos dirigentes que antepongan lo que a usted o a mí nos preocupa para nuestros hijos al mero cálculo electoral o a los sueños de grandeza individuales.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que todos remamos juntos para lograr un objetivo. Esperemos que no haya un futuro cercano en el que no existan ni objetivos por los que luchar unidos. Así de mal estamos.

¿Sobreviviremos al curso?

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de agosto de 2014 a las 7:21

Ya estamos de vuelta. No se engañe, aunque ande aún con el bañador y las chanclas en su descanso playero, mañana comienza a fraguarse el nuevo curso político, económico y social en Córdoba y las perspectivas son de entretenerse mucho. Y no sólo porque sea año preelectoral y tengamos a nuestros políticos y aprendices de brujo con los nervios a flor de piel, si no también porque se van a ver movimientos en muchos ámbitos y organizaciones que pueden dar sorpresas.

En la cosa política el tema está claro. Con Nieto a la búsqueda de su reelección –a ver si lo dice pronto y nos ahorramos papel–, la izquierda oficial entre la deriva del PSOE e IU, la incógnita de Gómez, la irrupción de Podemos y la posible fusión de Ciudadanos y UPyD, el mejunje con el que nos podemos encontrar en Capitulares en mayo del 15 puede ser digno del mayor de los caos. El patio anda nervioso, las encuestas vuelan de un lado para otro con datos más que llamativos y los brujos y aprendices andan comenzando a utilizar esos codos que tan bien han afilado en los últimos meses. Va a estar simpático lo del PSOE con la lucha entre Ambrosio y Torralbo –parece que a Baena no la miran bien para esto desde Sevilla–, una pugna que va a destilar sonrisas públicas y empujones privados. En IU a Pedro García parece que le crecen los enanos, así que a ver con qué se presenta. En Podemos y Ganemos ya veremos qué pasa y en el PP lo sabemos por mucho que a Nieto le crezcan estos meses las voces críticas alrededor y haya hasta quien lo critique.

Pero no sólo de política vive la prensa. En CECO y en la Cámara habrá que ver qué pasa con dos perros viejos –sin ánimo de faltar– como Luis Carreto y Fernández de Mesa, a los que parece que va siendo hora ya de jubilar. Al primero le salen alternativas por doquier, aunque bien harían sus rivales en cuidarse que Carreto sabe nadar bien y no se le conoce nunca haberse hundido. El caso de la Cámara es otra cosa, pospuesto como está su futuro a la decisión del Gobierno sobre estas instituciones y demostrado que a su presidente no le afectan cuestiones de índole ética que sí remueven al resto de los mortales. Habrá lío seguro, porque aunque ambas instituciones estén tiesas a nadie le amarga un dulce por mucho que éste esté ya pegajoso y un tanto pasado.

Del fútbol no hablo, que mañana comenzamos a reencontrarnos con el sueño y eso dará por sí mismo cientos y cientos de titulares. Del Gobierno andaluz, tampoco. Que ahí se va a hacer lo que quiera Susana Díaz, cuando quiera Susana Díaz y como quiera Susana Díaz. Así que es tontería bregar. (Aunque me apuesto algo a que hay elecciones anticipadas).

Y por moverse la cosa se puede mover hasta en el sillón de Osio, que anda la cosa clerical como loca por ver quién va a Madrid a sustituir a Rouco y si ese cambio tendrá consecuencias por esta Diócesis. (Que dicen quienes saben de ella que las aguas andan algo revueltas en el mundo de las sotanas).

Así se plantea la cosa por ahora. No me digan que no se antoja entretenida. ¿Sobreviviremos?

Lecturas cordobesas de las europeas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de junio de 2014 a las 8:08

Ahora que ha pasado una semana de las elecciones europeas toca analizar lo ocurrido el pasado domingo en las urnas de esta Córdoba nuestra. La cosa va por barrios y, aunque algunos estén más contentos que otros, lo cierto es que todos los grandes tienen motivos para preocuparse por lo visto el domingo. Sólo las fuerzas del extrarradio pueden estar satisfechas, pues la irrupción de unas y la consolidación de otras plantean un panorama algo más abierto.

Empezando por el PP, los chicos de Nieto deberían mirarse muy mucho lo que les ha ocurrido. Han perdido 17 puntos en la capital y se han situado por debajo del 35% de apoyo que les garantizaría revalidar el gobierno municipal. La crisis, la falta de una gestión con resultados visibles para los ciudadanos, la dispersión del alcalde durante meses en los que ha estado con la mirada puesta en Sevilla y la nula consecucn de las iniciativas que se ponen en marcha lastran a los populares. En la sala de mandos popular se cree que los resultados no son tan malos, se mira hacia la masiva abstención de los suyos y se considera que la izquierda más radical, la que aúna a IU y Podemos, ya está completamente movilizada. Una lectura un tanto autocomplaciente que no debería obviar el hecho de que en el año que queda hasta la municipales, bien haría José Antonio Nieto en ir recuperando esa imagen de calle y trabajo que le llevó a la mayoría absoluta. De lo contrario va a sufrir bastante. no debería olvidar el caso de Rafael Merino.

En el PSOE la cosa está aún peor. Han perdido 15 puntos y han mostrado cuál es su suelo electoral, casualmente el mismo número de personas que los apoyan en las municipales desde hace años (algo que no es para tirar cohetes). Los socialistas caminan descabezados en la capital, sufren el abandono del voto joven y ven cómo sus tradicionales apoyos se van a la abstención. El resultado andaluz no debería nublarles el análisis y el congreso de julio tampoco debería ser freno para poner en marcha acciones que los saquen del anonimato en el que se encuentran inmersos. Su discurso hace mucho que dejó de calar entre los cordobeses y su falta de liderazgo, aumentado con la marcha de Durán al Senado, es más que notoria.

En IU están contentos porque han triplicado apoyos respecto a 2009, han recuperado la movilización de su electorado y comienzan a verle los frutos a la ingente labor de calle que están llevando sus principales responsables. La inminente designación de su candidato a las municipales no parece que vaya a convertirse en la batalla campal que habitualmente desgasta a esta formación. No por nada, sino porque me juego lo que quieran a que Pedro García será el designado en un ejercicio perfectamente sincronizado. No obstante, la irrupción de Podemos le resta sonrisa a la coalición, que se ve superada por la izquierda y que podría encontrarse con grandes sorpresas dentro de doce meses si no es capaz de responder a las exigencias del ala más joven y a la izquierda de su potencial electorado.

Podemos es, sin duda, la mayor sorpresa en Córdoba desde la irrupción de UCOR. El partido de izquierdas ha obtenido más de 8.000 sufragios, que le garantizarían presencia en Capitulares y aglutina a su alrededor muchos movimientos sociales hartos de todo. Si dan con un cabeza de cartel conocido pueden saltar la banca dentro de un año. Y si, como se dice, cuentan con el beneplácito del nunca retirado Julio Anguita, la cosa puede ser aún mayor.

Más difícil lo tiene UPyD, cuyos más de 7.500 votos –que también los meterían en Capitulares– buscan un rostro al que seguir en un partido que pierde en lo local lo que gana en lo nacional. La formación magenta, pese a todo, puede ser un importante dolor de cabeza para los grandes ya que suele ser receptor del descontento de los votantes tradicionales de estas dos formaciones. Ahí tendrá que vérselas también con Ciudadanos, cuyos más de 2.000 sufragios tampoco debemos olvidar.

Y a todo este panorama hay que añadirle dos elementos. El primero es que UCOR y Gómez no han comparecido en las urnas del 25-M y no debemos olvidar que al estrambótico empresario de Cañero le votaron en 2011 más de 25.000 cordobeses. El segundo es que la abstención del domingo fue una obscenidad y que esa enorme bolsa de votos puede bascular hacia cualquier parte. Mal harían PSOE o PP en pensar que van a ser los beneficiarios porque si hay algo que ha quedado claro es que el personal está cansado de ellos.

Queda menos de un año y la conclusión clara del domingo es que a los partidos les toca ponerse a trabajar. Que tampoco estaría mal, digo yo.

 

El sueldo de los políticos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de abril de 2014 a las 12:05

El Congreso de los Diputados anda inmerso en descubrir qué hay que hacer y cómo se puede combatir el descrédito y la corrupción de nuestra clase política. Para ello, sus señorías tienen abierta una ronda de comparecencias para analizar con profesionales de acreditado prestigio las medidas propuestas desde Moncloa para acabar con esta lacra. De lo escuchado me quedo con las palabras del fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, y el director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Benigno Pendás.

Torres-Dulce, que está demostrando que no tiene pelos en la lengua ni complejos, volvió a insistir en que la lucha contra la corrupción es labor imposible en un país en el que los medios son escasos, la Justicia camina con pies de plomo, las leyes son demasiado blandas y el delincuente escapa rápido y sin excesivo coste. Todo ello, afirmó, genera un efecto contagio sobre la sociedad, que ve que los corruptos campan a sus anchas e imita sus comportamientos. Vamos, lo que todos sabemos, que corromperse sale en este país mucho más barato que ser honesto.

Siendo esto cierto, me gustó aún más lo dicho por el director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Benigno Pendás apuntó que la corrupción se debe, entre otras cuestiones, a los bajos sueldos que cobran los políticos y que si estos estuvieran mejor pagados la cosa sería mucho menor. En estos tiempos semejante afirmación puede resultar extraña y quien la hace se arriesga a ser lapidado, pero debo decir que la comparto a pies juntillas. Y me explico.

En este país los políticos están muy mal pagados. Y no es que lo estén en función de sus capacidades -de hecho muchos no deberían ni cobrar en clara ausencia de éstas-, sino que como los sueldos son bajos (casi) nadie mínimamente serio y con proyección da el salto a la cosa pública. Si consideramos a los políticos como altos ejecutivos su sueldo debe estar a la altura. Tal y como pasa en muchos países de nuestro entorno. Eso significa que un alcalde, que es lo que más cerca nos toca, debe ganarlo bien por sus 24 horas 365 días al año. Eso es sinónimo también de que sus principales colaboradores han de recibir un estipendio acorde a sus responsabilidades. Eso sí, con sus límites, de tal manera que esos grandes ejecutivos de la cosa pública sean los necesarios y no, por ejemplo, 24 concejales liberados dedicados a labores que, sin lugar a dudas, no merecen liberaciones completas ni salarios exclusivos. Ni en el gobierno, ni en la oposición.

Si esto fuera así, las mejores cabezas del país no tendrían dudas en aparcar por un tiempo sus carreras profesionales para realizar un servicio público y contribuir desde sus conocimientos a la mejora de nuestra sociedad. Si esto fuera así seríamos una sociedad moderna y democrática, en la que las capacidades situarían a los gestores en su sitio y no seríamos víctimas de la situación actual, en la que estamos llenos de mediocres que no han doblado la raspa en ningún sitio y que hacen carrera en los partidos sabedores de que mamarán de la teta pública toda su vida. La propuesta es, desde luego, osada, pero a la vista de lo que tenemos ahora -mediocridad, incapacidad y corrupción-, creo que es la más acertada.

Es el turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de abril de 2014 a las 9:50

Salvo que haya vivido en otro planeta o haya estado de vacaciones toda la semana –de lo que no diré lo que me parece– si usted ha estado en Córdoba en la semana que hoy se cierra habrá podido comprobar de primera mano cuál es la primera industria de esta ciudad y cuál debe ser el camino para salir de la crisis. Porque, salvo que usted haya caminado con orejeras y no haya ido al kiosco ni por error –sobre estos prefiero no hablar– se habrá percatado de los miles y miles de cordobeses y turistas que del Sábado de Pasión hasta hoy mismo, Domingo de Resurrección, han tomado nuestras calles, plazas y avenidas para disfrutar de una Semana Santa que ha sido espléndida. Esta es la realidad, que seguro que habrá comprobado si alguno de estos días ha tenido la peregrina idea de dejarse a caer a cenar en algún sitio sin reserva previa. Lleno. Todo lleno. Llenísimo hasta reventar.

Después de varios años en los que la meteorología se empeñó en profundizar en los efectos del agujero económico, este año hemos tenido la suerte de disfrutar de una de esas escasas semanas primaverales que ofrece la ciudad, con sus días largos y sus noches templaditas y agradables. Un lujo al alcance sólo de los pocos que vivimos aquí y de los iniciados –cada vez más– que tienen la buena idea de dejarse caer por aquí cuando los capirotes anuncian tiempo de procesiones. Córdoba ha sido un lujo estos días y sólo quien no quiera verlo podrá ponerle pegas.

Ahora llega el tiempo de hacer balance, de aprender de lo que se ha hecho bien y de hacer propósito de enmienda de aquello que estuvo algo peor. Porque bien han estado los bares, que por fin parecen haber captado que los precios también pueden bajar; los hoteles, aunque a estos lo de las tarifas les cuesta más; los vendedores de pipas, bocadillos y latas; los de los tambores de juguete y los globos de helio… Algo peor hemos estado los comedores compulsivos de pipas en época procesional, los enemigos de las papeleras, los cenizos, los que en las bullas se ofenden e insultan como si fueran propietarios de las calles, los camareros impertinentes, los golfos que se van sin pagar y algún que otro taxista empeñado en mantener la mala fama del colectivo. (Menos mal que por ahí hay sangre joven que funciona de otra manera).

Y dicho esto, uno se pregunta a qué viene tanta pelea de centro de recepción de visitantes, tanta bronca de aeropuerto y tanto rifirrafe a costa de la gallina de los huevos de oro. Porque admito que cada día entiendo menos a todos esos que andan permanentemente a la gresca en Córdoba en supuesta defensa del turismo y sus posibilidades. Son como ese bombero que camina hacia el incendio pidiendo a todos que salgan de la casa mientras porta en la mano un bidón de gasolina y un mechero. En el turismo de Córdoba quedan muchas cosas –casi todas– por hacer, pero esas cosas las deben hacer los empresarios y quienes se juegan los cuartos. Los demás debemos estar en los nuestro. Los políticos, en promocionar mucho y molestar poco y los ciudadanos, en viajar mucho y consumir más. Y lo demás es filfa.

 

Colecor, episodio 50.000

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de febrero de 2014 a las 9:24

EL Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha fallado que Rafael Gómez cometió una infracción “grave” al construir las famosas naves de la Colecor y que por ello el empresario cordobés debe pagar 20 millones de multa a la ciudad. Argumenta el tribunal, para usted y para mí, que el ahora populista líder político se saltó a la torera todos los procedimientos legales, se cachondeó de los avisos de precinto de la obra que le realizó la Policía Local y siguió a la suyo a pesar de que la construcción tenía menos papeles que una liebre. Hasta aquí nada que sorprenda. La única novedad en toda esta historia deviene de cierto recorte de la cuantía de la púa que le han impuesto y que pasa de los 24,6 millones de los que usted y yo nos habíamos acostumbrado a hablar a tan solo 20. De aquí se deriva también que tengamos que hacer un esfuerzo para recalcular el importe total que el antaño omnipotente constructor debe a Córdoba y que ahora se sitúa en el entorno de los 36 millones frente a los 40 de antes. Como ven complejos manejos mentales para llegar a la misma conclusión.

A esa conclusión ha llegado también el terror de Cañero, quien el viernes volvía a insistir que esa multa no la va a pagar él -esta vez parece que su famosa prima la pelá tampoco- aunque el Tribunal Constitucional, último reducto jurídico que le queda le obligue también a hacerlo. Dice Gómez que no tiene dinero para satisfacer al erario publico y pone al decirlo cara de no haber roto un plato y hechura de ser víctima de una conspiración. Al tiempo insiste en señalar a Rosa Aguilar como la gran culpable de sus males, como si la exregidora fuese una especie de gran Satán que le convenció para ponerse la legalidad por montera y afrontar su megalomaníaco proyecto. Que hubo connivencia municipal entonces es algo de lo que yo no dudo y me remito para ello a que las acciones policiales y administrativas que se tomaron fueron de todo menos intensas. Ahora, de ahí a que eso exima al constructor de su responsabilidad va un mundo.

Y mientras Rafael dice todo esto, el entonces cogobierno insiste en lo bien que lo hizo todo y el actual equipo de mando reitera, con poca convicción, que hará todo lo que está en su mano para poner la cartera del líder de UCOR boca abajo y sacarle hasta el ultimo real de vellón que tenga. Mientras, la Junta, que es la encargada de velar por la pureza del planeamiento urbanístico, y que tiene recurrido el plan de la carretera de Palma ante el TSJA, guarda un tupido silencio como si su ausencia de pronunciamiento la eximiera de su responsabilidad.

En definitiva, tras esta nueva sentencia volvemos al punto de partida, al arranque de este bucle histórico en el que a cada paso que se da mismas respuestas que se obtienen. Las naves siguen en pie, camino de la adolescencia, sin que nada ni nadie sea capaz de decidir definitivamente sobre ellas y usted y yo seguimos teniendo que pagar las multas de zona azul, los recargos administrativos y cuantas sanciones se nos impongan si no queremos que nos caiga encima todo el peso de la ley. Será que tendremos que dejarnos el pelo largo y teñírnoslo de blanco.