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La Mezquita y los tontos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de abril de 2016 a las 8:36

¿Qué sería de Córdoba sin sus eternos debates circulares? ¿Qué sería del día a día de esta ciudad si no estuviese siempre hablando de lo mismo? Gobierne, quien gobierne, llueva, truene o haga sol. Qué cansino.

cabildo.

Manuel Pérez Moya, presidente del Cabildo, y José Juan Jiménez Güeto, portavoz, en la presentación de la nueva imagen de la Mezquita-Catedral.

Esta semana hemos tenido una nueva entrega del culebrón de la Mezquita. El Cabildo Catedralicio por fin ha presentado la reforma de la imagen promocional del monumento tras dos años en los que no han sido pocos los obstáculos. Conjunto Monumental Mezquita-Catedral de Córdoba. Así se llamará a partir de ahora y así será promocionado. Una nueva imagen, nuevos logotipos, nuevas visitas, planes para aumentar y especializar los recorridos y la idea de crear un centro de interpretación en el Obispado. Atrás quedan, y en el olvido deben quedar, esas desafortunadas manifestaciones del obispo sobre el hecho singular de la Catedral en 2010. (En el año de la Misericordia, el perdón y el olvido son dos cosas muy aplicables a este caso).

Sin embargo, hay quien sigue empeñado en sus batallas eternas. Después del paso dado por los canónigos, nuevamente volvemos a escuchar voces que, valorando lo que se ha hecho, insisten en que lo importante es abordar la titularidad del monumento y su modelo de gestión. Entre ellas, la de la plataforma Mezquita Catedral, verdadera impulsora de estas reivindicaciones y que por fin este viernes ha reconocido que jurídicamente no puede hacer nada. Las plataformas ciudadanas tienen un valor importante en democracia, se esté o no de acuerdo con sus planteamientos, pero tras los movimientos les toca a los políticos tomar las decisiones que sean necesarias. Y aquí volvemos a pinchar en hueso.

PLATAFORMA

Rafael Mir, Miguel Santiago y David Luna, miembros de la Plataforma Mezquita-Catedral, durante la rueda de prensa en la que analizaron el cambio de imagen llevado a cabo por el Cabildo para promocionar el monumento.

El portavoz del Cabildo señaló el jueves que quien tenga dudas sobre el asunto de la titularidad que lo lleve a los tribunales. Están cansados los canónigos –y buena parte de los cordobeses– de escuchar siempre la misma cantinela. Esta semana hemos visto de nuevo a la presidenta de la Junta de Andalucía, a la alcaldesa de Córdoba y a su primer teniente de alcalde insistir en que la propiedad debe ser pública. Insistir en la palabrería, en la frase vacía. Comienza a ser cansina esta estrategia de una paso adelante y otro atrás. Del hablo mucho, pero no hago nada. Si verdaderamente hay intención de pugnar por la propiedad del bien, las administraciones deben actuar ya. Que se dejen de marear la perdiz y de volver loco al personal.

No se puede estar permanentemente amenazando porque eso no conduce a nada más que a estropear el buen nombre de Córdoba. Quizás Susana Díaz, Isabel Ambrosio y Pedro García deberían salir de sus círculos para captar que esta polémica le es ajena a la mayoría de los cordobeses. Pero si de verdad están convencidos de la legitimidad de los argumentos, que hagan algo, decreten leyes o vayan al juzgado. Que demuestren que son capaces de tomar iniciativas más allá de las destinadas a captar un titular o un minuto de gloria en radios y televisiones. El asunto huele ya a rancio, si no a podrido, y mientras el Cabildo da pasos adelante los políticos siguen atrincherados en la demagogia. Sin valor para dar pasos adelante. Atemorizados por el más que probable rechazo judicial. Atrapados en su estrategia electoralista. Conscientes del laberinto en el que se han metido. Pensando que somos tontos. ¿Lo somos?

El informe Valeriano

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de marzo de 2016 a las 8:13

Valeriano Lavela tiene fama de ser hombre peculiar en sus planteamientos. No se casa con nadie y lo mismo les da a unos que a otros en lo que considera que es la defensa de los intereses del Ayuntamiento. Dicen que tiene también cierta habilidad para jugar al plazo y la zanahoria, de tal modo que a un informe crítico con una parte suele ir otro que le da estopa a los argumentos de la contraria. Él es así. Es también hombre culto y versado en sus materias y tiene cierto aire de verso suelto al que es difícil colocar en bando concreto. Hay quien lo adora, con los trabajadores de Procórdoba a la cabeza, y quien tiene poco cariño a su forma de ser y actuar. Vamos, que reúne el perfil de funcionario independiente que tanto se echa de menos en esta administración nuestra de cada día.

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Isabel Ambrosio observa un informe junto con Valeriano Lavela durante un pleno del Ayuntamiento de Córdoba.

En su condición de hombre sin ataduras, Valeriano Lavela se ha dedicado en estas dos semanas a defender la propiedad que la humanidad ostenta sobre la Mezquita. No el Ayuntamiento, ni la Iglesia, ni el Estado ni las madre que las parió, no. La Mezquita, según el secretario, pertenece “a todos los ciudadanos y ciudadanas del mundo”. Algo así como la paz, el amor y la fraternidad. El edificio es de todos pues está considerado como patrimonio de la humanidad por la Unesco y eso es más que suficiente para obviar cualquier otra consideración sobre el tema. Y si para justificar este planteamiento es necesario inventarse conceptos como el de “supradominio público” o retrotraerse al derecho romano para poner en duda la cesión que hizo Fernando III a la Iglesia, pues se hace. Que digo yo que el pobre rey conocido como El Santo debe andar temblando allá donde ande. Porque estando el patio patrio como está, no podemos descartar que la juez Alaya deduzca testimonio de las afirmaciones del funcionario y mande investigar al fallecido monarca por corrupto universal. Tampoco descartemos al juez Garzón como instructor de la causa, que es casi el único que nos falta aquí por aparecer y bien podría tirar de la justicia universal para resolver tan lamentable tropelía.

Así ha puesto el patio Valeriano Lavela con su informe, que es como los de wikileaks, pero con sotana. Claro que no contaba el secretario con que hay por ahí quien está pendiente de las cosas que se dicen y, sobre todo, las que se escriben sobre el edificio en cuestión. Y hete aquí que hemos descubierto que la inspiración argumental de Valeriano no es divina, es más que humana y además parte clara del conflicto. Lavela ha tirado de los argumentos de Antonio Manuel Rodríguez Ramos, una especie de cruzado pero a la inversa, quien en 2013 enunció las máximas que ahora suscribe el secretario. Es además, uno de los más furibundos miembros de la plataforma por una Mezquita pública. Esto no debería ser motivo de problema si Lavela lo hubiera citado en su texto, pero se ve que los derechos de autor no entran en los informes municipales. Y, aunque yo no esté de acuerdo con lo que dice el bueno de Antonio Manuel, que no los estoy, no significa ello que el profesor me merezca todo el respeto. Caso contrario es que lo que hace Valeriano. Que plagiar esta feo siempre y más aún siendo un alto funcionario municipal.

Difícil papeleta tiene ahora la alcaldesa, Isabel Ambrosio. Tener un secretario que copia argumentos no parece lo mejor para el devenir municipal. Tampoco lo es que ella le diera audiencia para escuchar sus disparatados argumentos. Ahora le toca mover ficha. Y debería hacerlo con decisión y mando. Aunque eso no vaya mucho con su concepto de ciudad amable.

Es Medina Azahara

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 14 de febrero de 2016 a las 6:45

Paco Luque es profesor de historia en Córdoba. En diciembre le entregaron el premio Hernán Ruiz por su defensa del patrimonio de la ciudad en un acto que rebosó emotividad en el que se demostró que Luque es más maestro que profesor a tenor de los aplausos que le dedicaron sus enfervorecidos alumnos. En su discurso de agradecimiento, uno de los más sentidos que uno ha escuchado en defensa del tesoro de ciudad que tenemos, dijo que Córdoba  es como “un libro que se lee con los pies”. Una forma preciosa de definir la ciudad, de invitar a pasearla para descubrir en cada esquina, rincón o ventana un trozo de historia, un misterio o un sueño. Paco Luque es uno más de esos luchadores porque Córdoba valore la maravilla que es. Tenemos un casco histórico que ya quisiera cualquier otra de las ciudades de España, coronado por una Mezquita que también es catedral y que por mucho que uno la visite sigue dejando ojiplático. Pero no sólo tenemos eso. Contamos también con un yacimiento situado a escasos cuatro kilómetros del centro de la ciudad que es memoria del esplendor omeya: Medina Azahara.

Esta semana, expertos de todo el mundo se han reunido en Córdoba para destacar su valor y para apoyar el camino a la declaración de la ciudad palatina como Patrimonio de la Humanidad. Un reconocimiento que llegará con mucho retraso, pero que debe llegar porque al fin parece que hay suficiente consenso como para que los políticos no lo estropeen. En el marco del congreso participó el jueves Pepe Escudero, director y caballero andante del yacimiento. Poco dado a las palabras altas, lanzó un SOS para que Medina Azahara reciba inversión, se adecente, se una a la ciudad. En definitiva, para que los presupuestos logren que las visitas sean más agradables y mejores. (De la parte técnica ya se encargan él y su magnífico equipo). Medina Azahara es la gran olvidada del patrimonio cordobés. No tiene autobús, no tiene buena señalética de llegada y, además, cuenta con una sede-museo que cada vez más vive de espaldas al objeto de su existencia. Medina Azahara es la joya de la corona. Esa hermana pequeña de la familia a la que  pocos hacen caso, pero que con el paso de los años luce espléndida su beldad. La cuarta pata del patrimonio de la humanidad que conforman el casco histórico, la Mezquita y los Patios.

En su discurso de recepción del Hernán Ruiz, Paco Luque señaló que hay que defender el patrimonio, que es nuestra obligación y lamentó los ataques que sufre el mismo. “¿Qué bastardo puede atacar al patrimonio?”, dijo. En esa línea podemos preguntarnos qué obtuso puede seguir dándole la espalda al yacimiento. Qué estratega puede continuar pensando que el crecimiento de Córdoba no tiene en Medina Azahara un socio extraordinario. Recientemente, Endesa ha firmado un acuerdo para iluminar el yacimiento, grandísimo avance para conseguir lo que desde hace muchos años se demanda. La ciudad de Abderramán III debe ser un lugar de atractivo nocturno, una ventana para acoger múltiples actividades de carácter singular.

Esta semana, expertos de todo el mundo han venido a contarnos la maravilla con la que contamos. Suena extraño que vengan de fuera a hablar bien de los nuestro. Esperemos que esto sirva para que los cordobeses nos enteremos y para que nuestras administraciones apuesten de verdad por hacer de la ciudad palatina esa cuarta pata patrimonial que nos sirva como impulso turístico. ¿Tan difícil es entenderlo?

La estrategia del avestruz

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de noviembre de 2015 a las 7:13

Una vez más, y ya van no se sabe cuantas, la Junta de Andalucía vuelva a posponer una decisión de importancia relativa a Córdoba por los miedos que tiene a la hora de enfrentarse a los lobbies de presión. En esta ocasión, ha sido la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, la encargada de transmitir a los cordobeses que no habrá segunda puerta en la Mezquita-Catedral hasta que no se manifieste la Unesco sobre su viabilidad. La decisión de Aguilar se produce después de recibir un informe del Icomos, organismo asesor de la Unesco en materia de patrimonio, en el cual se informa en contra de la apertura de esta segunda entrada para facilitar el paso de las cofradías en la Semana Santa. Con esta medida, la Junta lo único que hace es darle una patada hacia adelante al problema, poner en entredicho la opinión de sus propios técnicos, que aprobaron la obra en la Comisión Provincial de Patrimonio, y dejar claro que tiene pánico a tomar resoluciones claras que tengan que ver con el monumento.

Rosa Aguilar, el jueves antes de informar sobre la decisión de la Junta.No es cuestión de analizar si la segunda puerta genera o no algún menoscabo en el edificio, si no de destacar ese cacao mental que caracteriza a la Junta con la Mezquita-Catedral. Se entiende a la perfección que Rafael De La-Hoz recurriera un proyecto que acababa con una de las celosías que construyera su padre, si bien según ese mismo razonamiento tampoco podrían haberse abordado dichas celosías en su momento porque también rompían con la imagen del edifico. En fin, el huevo o la gallina.

Por otra parte, Icomos se ha caracterizado en los últimos tiempos por tener una postura bastante beligerante contra la Iglesia en el asunto de la denominación e inmatriculación del monumento y ha defendido el posicionamiento de la plataforma que reclama la titularidad pública de la Mezquita. Es aquí donde radica la clave de toda esta polémica. A escasos 50 días de unas elecciones generales en las que las perspectivas del PSOE no son las mejores, y en las que Podemos aparece encabezada en Córdoba por uno de los impulsores de esta plataforma, Antonio Manuel Rodríguez, en los despachos se decide dejar en suspenso cualquier resolución para evitar el impacto que podría tener sobre sus electores, los de Susana Díaz, esta decisión. No hay más.

¿Y quien pierde en todo esto? Pues Córdoba una vez más. Porque si la Junta considerase la segunda entrada un problema no tendría más que haber informado en contra y si por el contrario, tal y como sostienen sus propios técnicos, no lo es no tendría más que haber aprobado el proyecto. Con esta patada hacia adelante lo único que se consigue es perjudicar a Córdoba. Más allá de la inspiración religiosa de esta iniciativa, lo verdaderamente lamentable es que volvemos a asistir a otra ocasión perdida en la ciudad. A nadie con mínimas luces escapa que vivimos del turismo. Tampoco, que el transitar de las procesiones por el Casco sería un gran atractivo turístico que se traduciría en más visitas, más empleo, más riqueza y más crecimiento. La decisión de la Junta frena todo esto y encima pone un conflicto local en manos de una organización supranacional, que seguro que flipará al recibir este dossier.

Si la Junta sigue sin tomar decisiones en Córdoba –y basta recordar casos como las naves de Colecor, el Palacio de Congresos, la Ronda Norte o el Marrubial– desde luego cabe empezar a plantearse si no está más para restar que para sumar. Al tiempo, esa estrategia de esconder la cabeza siempre da vergüenza ajena. Y eso que el PSOE gobierna ahora en Capitulares. Con amigos así…

Lo importante y lo accesorio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de mayo de 2015 a las 6:00

En todas las campañas electorales surgen temas transversales –palabra fetiche en la política actual– que modifican en cierta medida la previsión argumental de los partidos. Del mismo modo, existen otras cuestiones menores para el ciudadano pero inmensas en la deformada visión partidista que se sacan a la palestra reiteradamente con el único objetivo de echar leña al fuego. Es la diferencia entre lo importante y lo accesorio.

En Córdoba, importante es la generación de empleo y riqueza. Accesorio prácticamente es casi todo lo demás. Empleo y riqueza está creando el turismo en estos últimos años, un sector que se ha convertido casi en el único refugio de los empresarios y en el que se está dando una profesionalización extraordinaria de un tiempo a esta parte. Eso es importante y aún más lo es que en una fiesta como la de los Patios –que deberá someterse a examen profundo a partir de la composición del nuevo gobierno municipal– haya quien esté sacando beneficio de forma poco ejemplar. He aquí un tema clave que amenaza con dinamitar la recuperación y con despeluchar a la gallina de los huevos de oro antes de que haya puesto media docena. Pero de eso no se habla.

Accesorios son los debates futiles y eternos tan propios de esta ciudad. Ayer hubo uno para tratar por enésima vez de la situación de la Mezquita-Catedral, monumento que en cuatro meses ha superado ya el medio millón de visitas. Los partidos –salvo el PP en una decisión de esas poco hábiles– se sentaron para discutir si la propiedad debe ser pública o no, sobre si los curas son buenos o no o sobre si hay que llamarle Mezquita o Catedral. El tema, que merece una tesis doctoral, no parece realmente una preocupación del común de los cordobeses, sino de una parte bastante pequeña y poco representativa. Además, se supone que los partidos respetan (o deberían al menos hacerlo) las decisiones del Parlamento andaluz, del Congreso y de los jueces que andan dirimiendo las denuncias presentadas.

Se supone que las campañas electorales han de servir para presentar propuestas y abordar asuntos de futuro y proyectos de ciudad. Para los debates estériles y buenistas ya tenemos los plenos que vendrán a partir del día 25.

El C4 y la novia abandonada

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de marzo de 2015 a las 8:00

Hay una tendencia en esta ciudad a dejar los proyectos inacabados o a no empezarlos nunca que realmente reconozco que me apasiona. Tiene su punto de estudio antropológico esto de que entre que se pare una idea y se pone en práctica deban pasar en Córdoba un mínimo de diez años para atisbar algún avance. No sé si será el pasado árabe, romano o judío o simplemente una incapacidad manifiesta de quienes nos gobiernan, pero lo cierto es que aquí no hay quien sea capaz de hacer algo y ponerlo en marcha en un plazo razonable. Ejemplos hay múltiples y distintos y diferentes, que diría Rosa Aguilar, pero esta semana me ha seducido especialmente el nuevo frenazo al Centro Andaluz de Creación Contemporánea, vulgo C4.

Prueba de iluminación de los paneles exteriores del C4 con la mirada de una mujer, realizada en agosto de 2013Recuerdo los tiempos en los que se hablaba de la manzana cultural en la margen izquierda del Guadalquivir, ese diálogo de infraestructuras –no se puede ser más cursi– que iban a reflotar el Sector Sur y el Campo de la Verdad e iban a hacer sombra a la mismísima Mezquita. El C4 alternaría con sus nonatos hermanos Palacio del Sur y Museo de Bellas Artes, para vertebrar un eje cultural –otra buena moñería–que impulsase a la ciudad. De los trillizos hoy en día solo sobrevive el C4, obra arquitectónica más que destacada de esa pareja de maestros, Nieto y Sobejano, que también nos regalaron el centro de interpretación de Medina Azahara. Dos edificios multipremiados que han tenido la mala suerte de topar con la crisis y la mayor de las ineficacias. Al menos, el del yacimiento está abierto y puede disfrutarse.

El C4 ha sido desde su nacimiento una especie de niño de orfanato, un edificio sin padres reconocidos que nunca ha sabido muy bien si ha venido a este mundo para penar o para ser, simplemente, carne de cañón. Lo que en su momento fue una gran idea, lúcida y atractiva, es hoy en día una especie de ballena varada a la que nadie quiere ayudar a volver al mar. Es como una novia con gran boda concertada a la que en el último momento dejan plantada en el altar vestida del blanco más impoluto y que se aja allí incapaz de aceptar que el novio no vendrá y además se ha llevado la dote. Y aquí, el novio y los suegros son los mismos.

Una técnico muestra el interior de la sala principal del C4 a un grupo de visitantes durante la jornada de puertas abiertas que se realizó en otoño de 2014.A la Junta debería darle vergüenza ofrecer el espectáculo que está ofreciendo con este edificio. A estas alturas nadie quiere saber de él y nadie quiere recuperar de las hemerotecas las decenas de compromisos de fechas, inauguraciones y horarios que, desde que Manuel Chaves asumiera el compromiso allá por los inicios del siglo, han dado a su paso por aquí consejeros como Plata y Alonso o presidentes como Griñán o Díaz. El C4 no tiene proyecto, ni director, ni accesos, ni contenidos, ni absolutamente nada de nada. No tiene responsables que digan lo que van a hacer con él quizás porque ni ellos mismos saben cuáles son las potencialidades del edificio. La demora, desidia y desilusión con la que se trata a este edificio desde su Administración impulsora (es un decir) azorarían al más pintado y deberían ser motivo de más de una dimisión. Pero no se preocupen que eso no pasará. El C4 seguirá ahí plantado, viendo cómo le salen arrugas, como esa novia abandonada que quedó para vestir santos. Con lo bonita que fue de joven.

Los exalcaldes y la Mezquita

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de febrero de 2015 a las 8:10

Enésima entrada en el sainete generado alrededor de la Mezquita de Córdoba. En un giro inesperado, los cinco exalcaldes de la ciudad que ha tenido Izquierda Unida -Julio Anguita, Herminio Trigo, Manuel Pérez, Rosa Aguilar y Andrés Ocaña- han firmado una carta conjunta en la que reclaman la titularidad pública del monumento con los consabidos argumentos que no creo que haya que contar más. Básicamente, lo de siempre, que se le ha hurtado al pueblo lo que es suyo, que esto es una atraco perpetrado por la Iglesia, etc, etc… Dejando al margen que hay que felicitar a quien ha conseguido que Anguita haya firmado un documento con su denostada Rosa Aguilar y ha unido a Herminio Trigo con Andrés Ocaña o ha logrado que Manuel Pérez se signifique como exregidor -que nunca le ha gustado mucho- hay dos puntos que cabría destacar.

Rosa Aguilar posa delante de una de las puertas lateral de la Mezquita en la campaña de las elecciones municipales de 2007En primer lugar, hay que resaltar que este ataque de propiedad popular del monumento que le ha entrado a los exregidores es realmente llamativo. Salvemos aquí a Julio Anguita, quien tiene en su haber la famosa frase dirigida a Infantes Florido en la que afirmó: “Usted no es mi obispo, pero yo sí soy su alcalde”. De los demás sólo puede uno decir que la carta le genera estupefacción. Durante décadas hemos asistido a un acompañamiento musical excelso por parte de quienes fueron alcaldes con la Iglesia de esta ciudad. Eran los tiempos en los que Cajasur vestía con sotana y Don Miguel -que así se le llamaba- mandaba en la ciudad bastante más que los alcaldes. Fueron años en los que se ha visto a todos en misas, procesiones, firmando convenios y apoyando cuanto propusieran los señores del clériman. Tanta fue la colaboración que en el consejo de administración de la entidad financiera, los consejeros de IU solían alinearse con los del clero. Eso, por no hablar del bautizo de Rosa Aguilar en el Quema, de la visita de Andrés Ocaña al Rocío o de las decenas de actos celebrados en la Mezquita sin que nadie abriese la boca.

Vicente Carmona, Andrés Ocaña, Manuel Pérez Moya y Alfredo Montes, en una visita preparatoria de la visita nocturna a la Mezquita, posan delante d ela capilla de Villaviciosa.En segundo lugar, no es menos llamativo que los exalcaldes, que han sido los que mandaban en la ciudad, hayan dejado fuera a sus dos colegas del PP que se han sentado en Capitulares. Si lo que se busca es la unidad de acción por el bien de la ciudad, igual lo lógico habría sido incluirlos y después pedir cordura, diálogo y sensatez a todas las partes y liderar desde la autoridad que otorga la responsabilidad pasada un movimiento que apacigüe las aguas y defienda el principal emblema de la ciudad. Esa habría sido una actuación de cinco exalcaldes de Córdoba mirando por su ciudad. Lo que han hecho es un acto partidista de tensión preelectoral enfocado a halagar a unos y disturbar a otros.

Menos mal que las hemerotecas siguen existiendo para recordarnos que hubo un tiempo en el que la gran mayoría de IU -salvemos aquí de nuevo a Julio Anguita- camina por Córdoba bajo palio, con una amplia sonrisa de satisfacción y orgullo por ir casi de la mano de quien, vestido de negro, mecía la cuna. Y, que yo sepa, la Mezquita era entonces tan de la Iglesia como lo es ahora. Y es que la desmemoria y la incoherencia son muy malas compañeras de viaje.

Tres injusticias con la Mezquita (y Catedral)

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 16 de noviembre de 2014 a las 12:22

Córdoba es la Mezquita y la Mezquita es Córdoba. Cualquier cordobés que viva en esta ciudad tiene clara esta afirmación de perogrullo y no digamos los cientos de miles de turistas que se dejan caer por aquí a lo largo del año. Y si eso es así, ¿por qué hay tanta gente empeñada en liar la madeja? ¿Alguien me puede explicar cómo es posible que exista tal cantidad de gente dispuesta a estar todo el día poniendo en solfa algo que 799.000 cordobeses de la provincia tienen tan claro? No me lo explico. Bueno, sí. Sí me lo explico porque la torpeza, el aburrimiento, los intereses torticeros y, con perdón, las ganas de tocar los cojones, son algo consustancial al pueblo español. Y sigo.

Esta semana hemos tenido tres magníficos ejemplos de cómo no se debe actuar para proteger un monumento (quien quiera que le llame templo) que está por encima del bien y del mal. Estos días hemos tenido por aquí al presidente de VOX, Santiago Abascal, quien se ha entretenido en decir que tras el intento de retirarle la propiedad de la Mezquita a la Iglesia hay un movimiento yihadista capitaneado por la Junta Islámica que quiere imponer el rezo musulmán. Bonita forma de liarlo todo, principalmente si tenemos en cuenta que la Junta Islámica no está en la Plataforma de la Mezquita. Primera injusticia.

También esta semana, la citada plataforma ha convocado otro debate para analizar la inmatriculación del templo a nombre de la Iglesia –que lo de los 800 años como catedral es un detalle menor que no hay que tener en cuenta– de la mano de Federico Mayor Zaragoza, ex jefe de la Unesco, y Carmen Calvo, ex de todo en el PSOE. La cosa iba de debatir el tema, pero, como en casi todo lo que hace este colectivo, el debate no existe porque no hay nadie que defienda la postura contraria. Así que, como era de prever, el intenso, duro y sesudo debate concluyó con algo así como que los curas son muy malos, sólo quieren ganar dinero y jodernos la marrana. Segunda injusticia.

Pero claro no se iban a quedar los clérigos sin su parte de salida de tono. Así, el canónigo encargado de Turismo del Cabildo, Manuel Montilla, ponía de su parte en esta ceremonia de la confusión al decidir unilateralmente cobrarle a los cordobeses que quisieran ver la Torre Campanario en horario de mañana. El Cabildo, inmerso en una importante campaña de imagen, echaba humo el viernes por la mañana al leer la información publicada por el Día, y, aunque no quiso hacer sangre, por la tarde reaccionaba pidiendo perdón y anunciando que de cobrar a los lugareños, nada de nada. Tercera injusticia.

Y todo esto en sólo una semana en la que ni PSOE ni IU ni el obispo –actores principales también en este sainete– han abierto el pico. Menos mal que sigue habiendo 799.000 cordobeses que pasan de todo esto y de todos estos; que si no acabaríamos poniendo un bar en el crucero y un confesionario en las taquillas. Que jartura, de verdad. Si algún Abderramán levantara la cabeza no haría mal en darle duro en las suyas a toda esta panda de gente aburrida. Con la de cosas importantes que hay que arreglar.

El interés de Córdoba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2014 a las 9:52

En estos días en los que vemos fracasar el proyecto de Capitalidad Cultural Europea de San Sebastián para 2016, uno recuerda aquel día de junio de 2011 en el que se soterraron los sueños de Córdoba. Vienen a la memoria el chasco y la decepción, los cordobeses que acudieron a Las Tendillas, la impotencia por una injusticia y la unidad de una ciudad alrededor de un sueño. De eso han pasado ya casi tres años, tiempo más que suficiente para que  a muchos se les haya olvidado que hubo un tiempo en el que los partidos caminaban de la mano por el bien de Córdoba. Lamentablemente, de eso no queda nada ya. Es una pena observar cómo, semana tras semana, el interés común es el menor para una clase política empeñada en mirar sólo hacia sí misma bajo la premisa del cuanto peor, mejor.

El último capítulo de esta historia interminable lo hemos tenido el viernes con el anuncio de la Consejería de Fomento de que exigirá al Ayuntamiento la devolución del coste del Centro de Recepción de Visitantes si no modifica sustancialmente el pliego de adjudicación. Dice el departamento de la cordobesa Elena Cortés –la misma que dice que el metrotrén es un “juguetito electoral”– que lo que pretende licitar el Consistorio es una chapuza, entre otras cosas, porque aspira a  que el adjudicatario pague los muebles, porque registra un bar y porque incluye a la empresa privada. Zape, empresa privada caca. Para eso estamos todos los cordobeses, para pagar los muebles de un edificio público. Si leen ustedes hoy este periódico, verán que Fomento lo que quiere es seguir con el pliego de 2011 del cogobierno entre IU y PSOE, en el que se establecía que los cordobeses debíamos aflojar 300.000 euros por amueblar el sitio porque tenemos mejor gusto que nadie. Además, se imponía un bar que podía abrir más horas que el centro de recepción, pero no porque fuese una terraza de copas, que va, sino supongo que para disfrutar de las vistas del río. Todo esto entre lindezas como 10.000 euros para una mesa o 40.000 por la asesoría del que diseñó los muebles.

Se ve que en Fomento no han asumido aún muy bien que estando el patio como está parece mejor que sea el adjudicatario el que corra con los gastos a que lo haga una ciudadanía exhausta a la que esos dineros seguro que le vienen mejor para empleo que para modernas sillas. Pero claro, lo que a usted o mi nos pueda interesar jamás es lo que le interesa a nuestros gobernantes, más pendientes de chincharse unos a otros que de darle futuro y horizonte a la ciudad. En el centro de visitantes como en el metrotrén, el centro de convenciones, el aeropuerto, la Corredera, las naves eternas de la Colecor o los planes de empleo. El interés de Córdoba, que usted lo sepa, no es el de los cordobeses, masa de borregos incapaces de saber lo que quieren. El interés de Córdoba es el de sus ¿elites?  dirigentes. Que le quede claro. Que es usted un ignorante y debería saber que estamos mucho mejor con todo cerrado. ¿Para qué vamos a mejorar con lo bien que se vive aquí?

Córdoba apetece

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de febrero de 2014 a las 10:27

“Córdoba debe vivir del turismo”. “Si queremos tener futuro debemos potenciar los valores patrimoniales, culturales y gastronómicos de Córdoba para crecer”. “Hay que aprovechar al máximo la espléndida situación geográfica de Córdoba para atraer a los turistas a la ciudad y la provincia”. Estas son solo tres de las afirmaciones que uno lleva años y años escuchando en todos los foros, debates, campañas electorales y encuentros de medio pelo en los que ha participado y en los que se ha hablado sobre la relevancia que el sector servicios tiene en la economía provincial. Posiblemente, este sea el tema más manido y trillado de la actualidad -salvado sea con perdón el mausoleo del centro de congresos en sus diversos proyectos- y, como tantos otros en nuestra ciudad, el que menos ha avanzado en los últimos tiempos.

Córdoba se caracteriza por la capacidad que tiene de generar conciliábulos en los que se despelleja a todo Quisque y se aporta poco. Una característica que se completa con la capacidad para crear asociaciones u organizaciones en las que lo primero es la cuota y el capítulo uno y después, ya si hay ganas, se habla de todo lo demás. Eso sí, sin tampoco volvernos locos ni embarcarnos en grandes aventuras que eso de doblar la raspa más de lo estrictamente necesario está feo. Y así nos va.

Por todos estos motivos, el nacimiento de Córdoba Apetece surge en el horizonte como un soplo de aire fresco. Y no porque nazca de las cenizas de la boqueante Hostecor, víctima esta de sus contradicciones, miopías y falta de ambiciones, sino porque lo hace de la mano de empresarios jóvenes, de emprendedores que en tiempos de penuria económica han tenido el valor de crear negocios, de incrementarlos o de diversificarlos. Son estos empresarios los que le hacen falta a la ciudad. Los que miran al futuro con otros ojos, los que están innovando en un sector tradicional, los que tienen claro que al turista hay que traerlo en parihuela si hace falta, darle bien de comer, ofrecerle una buena visita guiada a la ciudad, ponerle un hotel al alcance de su bolsillo e invitarle a una copa por la noche para que se quede y gaste más y mejor. Son estos emprendedores los que más claro tienen qué hacer, quizás porque su edad les impone mirar al futuro de otra manera sabedores de que a este paso la jubilación será el lujo de muy pocos.

Por todo ello, Córdoba Apetece suena bien e invita al optimismo. Ahora sólo cabe esperar que no acabe fagocitada por las envidias palaciegas, los enfrentamientos miopes, los bastardos intereses políticos y, sobre todo, por la envidia y la parálisis que tanto daño le ha hecho a esta ciudad. El futuro de Córdoba ha de ser joven. La sociedad del siglo XXI exige nuevas formas, revoluciones que surjan desde el respeto y el reconocimiento a lo que otros hicieron antes. En éste y otros muchos ámbitos. Así que bienvenidos sean estos osados. Que la fuerza les acompañe.