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Hartos de políticos, señor Gracia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de junio de 2012 a las 10:50

El miércoles escribí un post, titulado Las verdades de Chamizo,  en la versión digital de esta columna en el que me alineaba con las críticas que el Defensor del Pueblo Andaluz había realizado a los parlamentarios autonómicos el día anterior. José Chamizo dijo en sede parlamentaria que “la gente está hasta el gorro de ustedes [los parlamentarios]” y reclamó a los partidos que se dediquen a arreglar los problemas del personal porque la gente “está muy enfadada porque los ven todo el día en la peleíta”. Inconmensurable. Lo suscribo plenamente y, a juzgar por lo que dice el CIS, la gran mayoría de los españoles también. Recuerdo que en el último sondeo del centro nacional los políticos son percibidos como el tercer problema de la sociedad, sólo superados por la crisis y el paro. Dicho esto, se preguntará usted que a qué viene recordar aquí aquel post. Me explicaré.

Viene a que el presidente del Parlamento andaluz, ese cordobés llamado Manuel Gracia, criticó el miércoles en Canal Sur (donde si no) al defensor del pueblo porque lo que había dicho, lo había dicho fuera de lugar y momento y señaló que le trasladaría “personalmente” el malestar, suyo y dela Mesadela Cámara, por sus palabras. Impresentable. Con perdón, don Manuel, pero así lo veo yo. José Chamizo es un sacerdote peculiar que lleva 17 años en su cargo, tiempo más que suficiente como para haber calado al personal. Tanto lo ha calado que en la misma comparecencia en la que arremetió contra sus señorías se declaró hastiado de que sus adjuntos sean nombrados por los partidos y de tener que estar más pendiente de meterlos en vereda que de atender a sus funciones. De José Chamizo seguro que se pueden decir cosas desagradables. Personalmente no lo conozco, por lo que en esa faceta me callaré, pero es indudable que su labor la ha venido desempeñando bien en estos tres lustros largos, ya que de lo contrario sería inexplicable que siguiera en su puesto.

Tan bien lo ha hecho que les ha dado donde más les duele a nuestros representantes en la villa y corte sevillana: en su quehacer (¿?) diario y en su capacidad de representación de la soberanía popular. Creo que a quien deberían llamarle la atención, señor Gracia, es a usted. Por sus palabras, por no asumir lo que es una verdad como un templo, que la gente está harta de políticos –le sugiero un paseo por los índices de abstención electoral para comprobarlo– y por ejercer más de militante de partido que de presidente de Parlamento al amonestar a quien le lleva la contraria. España, Andalucía, tienen multitud de problemas que urge arreglar. Uno de ellos es que los políticos salgan de su burbuja y vean cómo se vive en el exterior. Porque la gente esta harta de políticos, señor Gracia, aunque a usted le duela.

Las verdades de Chamizo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de junio de 2012 a las 12:27

La gente está hasta el gorro de todos ustedes”.

La gente está muy cabreada”.

Hay que dedicarse a resolver los problemas del personal”.

La vida se nos va a veces en la pelea”.

Estamos obligados a ofrecer algo más que palabras de consuelo cuando los ciudadanos acuden exponiendo su sufrimiento, con propuestas y alternativas concretas para paliar las consecuencias de la crisis”.

 

Las cinco frases que abren este artículo pertenecen al Defensor del Pueblo Andaluz en funciones, José Chamizo, quien las pronunció ayer en el Parlamento andaluz al tiempo que presentaba el informe de sus actuaciones durante el año 2011. Son cinco argumentos de peso que cualquiera suscribiría; cinco razones que corren de boca en boca en autobuses, bares, tertulias y redes sociales. Chamizo, de quien no se puede decir que no diga las cosas claras, le ha puesto voz pública al lamento privado de millones de andaluces y españoles que ven a diario cómo quienes están llamados a gobernar y hacer oposición se dedican, simplemente, a despellejarse y a acusarse de ser los causantes del hundimiento del Titánic. El defensor del pueblo no ha dicho nada que pueda sorprendernos, más allá de que lo ha hecho ante la comisión de Gobierno Interior y Peticiones del Parlamento andaluz, es decir, delante de esos políticos que se pasan el día tirándose los trastos a la cabeza.

 

España vive una situación crítica y no hay que ser un genio, y mucho menos un tertuliano reincidente, para darse cuenta de que esto es verdad. La famosa prima de riesgo está disparada, la rentabilidad del bono también, la credibilidad de nuestros bancos anda por el subsótano cuarto, la capacidad de transmitir confianza de nuestro Gobierno es similar a la que tienen los macacos del zoo cordobés y la disposición a colaborar del principal partido de la oposición -ése que parece que lleva 40 años sin gobernar el país- es la misma que tiene Messi de fichar por el Madrid. El panorama es desolador y los titulares que cada día servimos en los periódicos no ayudan a mejorarlo. Ante esto, los ciudadanos están hartos. Hartos de que quienes llenaban los consejos de administración de las cajas y asentían a todas las decisiones que las tienen hoy hundidas tengan ahora la desfachatez de pedir responsabilidades sólo a los técnicos. Hartos de que se sigan produciendo en un gobierno sí y otro también nombramientos a dedo de familiares, amigos y afectos cuyos méritos se limitan a la consanguinidad. Hartos de que la corrupción siga sin abordarse de verdad. Hartos de ser desalojados de sus casas por no pagar la hipoteca mientras ven que quienes han pagado muchas con dineros poco claros salen de prisión para instalarse en el lujo. Hartos, en definitiva, de la doble moral del que muge desde el atril electoral y dormita en la bancada parlamentaria.

Lo dicen en todas las encuestas, lo demuestran con su absentismo a la hora de votar y lo gritan a los cuatro vientos a través de las redes sociales, que se han convertido en el ágora en el que cada uno puede decir lo que quiera sin miedo a recibir castigo físico por ello. Por eso, lo que ha dicho y hecho Chamizo merece ser destacado en letras de oro. Porque ya va siendo hora de que las verdades del barquero puedan decirse a la cara y de que los ciudadanos se vean algo más protegidos. Sólo por eso merece la pena pararse a escuchar a Chamizo. Lástima que sus palabras se las vaya a llevar el viento.

 

IU, el poder y la gloria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de junio de 2012 a las 10:54

Apenas un mes y medio de haber entrado a formar parte del Gobierno de Andalucía por primera vez en su historia, Izquierda Unida ya comienza a ofrecer signos de enfrentamiento y disensión interna más que alarmantes. Como la historia siempre se repite, en Córdoba ya casi no nos llama la atención que la coalición acabe viviendo en una doble personalidad perpetua en la que por un lado van quienes ocupan los cargos de responsabilidad en las instituciones públicas y, por otro, se sitúan aquellos que dirigen el partido en su esfera interna. Recordamos como si fuese ayer mismo el progresivo alejamiento que Rosa Aguilar y su equipo de gobierno pusieron en práctica durante sus diez años de mandato en Capitulares. Dicha separación llegó a provocar que la alcaldesa amenazase con dimitir justo antes de los comicios de 2007 si no se le dejaba hacer su lista y concluyó con Aguilar camino de Sevilla a una Consejería socialista y prácticamente todo su equipo laminado en la siguiente convocatoria electoral. Quién no recuerda los recados que durante años se estuvieron mandando la regidora y los diferentes coordinadores de IU a través de los titulares de los medios de comunicación.

Ahora, unos años después y tras obtener sus mejores resultados en unas autonómicas en décadas, los miembros de la coalición vuelven a vivir una situación similar. Las direcciones provinciales braman por el modo en el que Valderas y los suyos han ocupado los puestos de poder que IU ha rascado en la Junta y denuncian falta de democracia interna. Al mismo tiempo, las bases del partido, las que están tras el éxito de marzo, ven cómo sus representantes dan carta de naturaleza a un ajuste económico que ataca la línea de flotación del mensaje con el que la coalición se presentó a dichos comicios. Hasta tal punto llega el enfrentamiento que mientras Valderas y los consejeros de Obras Públicas y Turismo avalan un recorte de 777 millones de euros en el Consejo de Gobierno –mucho me temo que la negociación de ahora no es más que un paripé– los coordinadores de la coalición en todas las provincias han solicitado a su grupo parlamentario que se posicione en contra del plan en la votación en Las Cinco Llagas.

Así es Izquierda Unida, una formación que cuando pasa a dar trigo tras predicar en el desierto se ve inmersa en las contradicciones más evidentes. Un partido, en definitiva, en el que nunca quedan claros los inicios y los finales de las luchas fratricidas. Un partido en el que no pocos de quienes criticaban determinados comportamientos y formas de actuar en la oposición viran considerablemente cuando tocan el poder y la gloria. ¿Cuánto aguantarán?

La marmota se preocupa más

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 27 de mayo de 2012 a las 10:00

A medida que pasan los días y los meses de esta crisis en la que los bancos se hunden al ritmo en que se crecen sus primas y el horizonte se ennegrece a la misma velocidad a la que el pasado se aclara, uno no puede más que mostrarse desolado por quienes están llamados a gestionar nuestra salida del agujero. Mientras que el Gobierno de Rajoy sigue dando preocupantes muestras de que no sabe si lo que viene es peor de lo que se fue y la oposición rubalcabiana navega en los argumentos de la demagogia más barata, a nuestro recién nombrado Gobierno andaluz se le ha ocurrido suspender su plan de recortes 15 días para ver si hay manera de evitar las manifestaciones sindicales. No se engañen, no hay otro motivo tras los anuncios de Valderas y Griñán del viernes (lamentable, por cierto, que ambos se hicieran en sede partidista y no en una oficial). A IU y el PSOE les da autentico pánico que aquello que están azuzando contra Madrid se les reverdezca en Andalucía y deje en evidencia que su discurso de recortes sin tijera es una entelequia. Y si para ello hay que saltarse a la torera lo acordado en Madrid con el Gobierno se hace, que para eso los ciudadanos estamos para aguantar.
 
Y es que el cogobierno no se esperaba que hasta CCOO y UGT le hayan amenazado con echarse a la calle para protestar contra los ajustes. Unos sindicatos, por cierto, que se manifiestan porque tras el fracaso de su gestión contra el decretazo de los funcionarios están más contestados en Andalucía que nunca y están perdiendo espacio ante centrales profesionales como Simec, Satse, CSIF o Ustea. Porque los profesionales, por ejemplo de la medicina, están hartos de ver como se les recortan sus sueldos mientras se les exige mantener la eficiencia; de ver cómo se les quita dinero mientras se mantienen subvencionadas intervenciones absolutamente innecesarias. Igual que los maestros pierden dinero mientras la  Junta sigue dando ordenadores de dudosa utilidad a todos los alumnos. Igual que usted y yo estamos cansados de sufrir subidas de impuestos y tasas de todo tipo mientras vemos que la administración -da igual la que sea- sigue gorda, gordísima, y con privilegios como los de disfrutar de nosecuantas horas de libre disposición porque es Feria.
 
Y mientras todo esto ocurre, los mercados esperan a mañana o pasado para darnos el siguiente palo, las cifras del paro siguen creciendo desmesuradas, las líneas de crédito perecen víctimas del hambre y nuestros próceres se bufan desde sus tribunas cada vez más alejadas de la realidad. Vivimos en el día de la marmota, aunque creo que la marmota se preocupa más por nosotros que aquellos que están mandatados para hacerlo. Y perdonen ustedes el pesimismo, pero es que hay días en los que uno tiene ganas de acostarse dos minutos después de haber saltado de la cama.

Confianza, fidelidad, rebelión y ausencia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de marzo de 2012 a las 18:20

Apenas 24 horas después de que las urnas nos hayan dado una lección de humildad importante a periodistas, analistas, encuestadores y otras hierbas, emitir un análisis claro de los motivos de este fracaso predictivo en las elecciones del domingo se antoja misión casi imposible. Sin embargo, aun a riesgo de seguir cometiendo errores y partiendo de la base de que todo análisis a posteriori es mucho más sencillo, no está de más valorar determinados aspectos que pueden haber contribuido a que el ampliamente anunciado cambio de Gobierno en Andalucía se haya quedado en pírrica victoria popular.

En primer lugar hay que hablar de la confianza. La que el PP de Javier Arenas ha tenido en exceso y le ha llevado a esta amarga victoria. El talón de Aquiles popular en estos comicios ha sido la falta de movilización de su gente, con unos 160.000 votos menos que en 2008, debido, sobre todo, a que muchos veían tan clara la victoria que se quedaron en casa o de cañas en lugar de pasarse por el colegio electoral. Una confianza que le ha jugado malas pasadas a Arenas, inmerso en una campaña de escaso fuste en la que errores como su ausencia en el debate de Canal Sur han contribuido todavía más a que los suyos no se vieran con el cuerpo guerrero. La misma confianza que Rajoy tenía en que sus reformas y recortes no le iban a hacer mella entre sus votantes, algunos de los cuales, por contra, han optado por la abstención insatisfechos, sobre todo, con la subida de impuestos decretada desde Madrid. A todo ello se suma que, por enésima vez, se demuestra que el electorado popular no se identifica con las autonómicas al mismo nivel que con municipales y generales.

En segundo lugar hay que hablar de fidelidad. La del millón y medio de votantes del PSOE que se han mantenido fieles a sus colores. A pesar de sufrir la mayor derrota de la historia del partido en unas andaluzas y dejarse más de 600.000 sufragios y nueve escaños en las urnas, José Antonio Griñán aparece como el protagonista de la gesta del día. Y lo es por la fidelidad de unos votantes que se han mantenido ajenos al marasmo en el que vive el partido desde que hace dos años el presidente de la Junta se hiciera con su control. Igual de fieles que han sido las bases a la hora de movilizar -voto por voto, me consta- a los suyos para superar los malos augurios que daban las encuestas de la mañana del domingo. Unos militantes que han dejado al margen sus enormes diferencias internas en favor del bien mayor: mantener una Junta de Andalucía cuya pérdida era percibida como una catástrofe a ambos lados del frente socialista.

En tercer lugar se encuentra la rebeldía. La que ha catalizado Izquierda Unida para recuperar sensaciones que perdió hace casi dos décadas. Sus doce escaños significan la rebelión del voto de izquierdas ante las políticas reformistas del PP y los escándalos de corrupción del PSOE. Una rebelión articulada alrededor de un discurso tutelado por la ortodoxia del PCA a la que ahora le toca definir qué modelo de cogobierno o apoyo quiere. Veremos si esta rebelión que abandera esta IU de Diego Valderas es capaz, por una parte, de plantear unos modelos de gobierno coherentes y, por otra, de no caer víctima de las eternas luchas internas que desgajan a la coalición cada vez que alcanza responsabilidades de gobierno.

Y, por último, hay que hablar de ausencias. La de los más de 2,3 millones de andaluces, el 37,7% del total, que no acudieron a las urnas. Una cifra alarmante que demuestra que cada vez es mayor la sima que separa el discurso de los partidos de la realidad de los ciudadanos. En estos tiempos en los que no paramos de escuchar a los líderes políticos hablar regeneración y reforma la abstención es un clarísimo mensaje de que es necesario cambiar el discurso. Los votantes están cansados de las estrategias del “y tú más” y lo que reclaman realmente son medidas concretas que nos saquen de la crisis y políticos honestos con clara vocación de servicio público.

Confianza, fidelidad, rebelión y ausencia. Cuatro palabras para definir lo que ha ocurrido en Andalucía en una de esas jornadas que pasarán a la historia electoral y serán objeto de no pocos estudios y tesis científicas. Todo ello en la demostración más apasionante de que los ciudadanos hacen con su voto lo que quieren.

El suicidio de la izquierda

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de febrero de 2012 a las 10:13

Si nadie lo remedia, el próximo 26 de marzo es más que posible que Andalucía conozca un cambio de Gobierno histórico en sus 30 años como autonomía. Lo avanzaba el jueves el Estudio General de Opinión Pública de Andalucía (Egopa) que publicala Universidadde Granada y alguna encuesta en la madrileña sede de Ferraz lo confirmaba ese mismo día. Los sondeos son cada vez más claros y el PP se prepara para su gran momento. La crisis, los escándalos de corrupción, el hartazgo de 30 años y la propia dinámica electoral así lo indican. Eso y el empeño de la propia izquierda andaluza en ponerle en bandeja a Javier Arenas el despacho de San Telmo. Y, si no se lo creen, vayamos a las pruebas.

Mientras el PP de José Antonio Nieto aprobaba el viernes una lista electoral de pleno consenso –tampoco le quedaba otra–, las dos fuerzas tradicionales de la izquierda cordobesa se entregaban a la autodestrucción. En IU está por ver cuántos se unen a la dimisión de su coordinador provincial después de que el regional de la formación haya decidido que lo que votaron las bases no vale de nada y haya colocado a Alba Doblas, mujer del sector duro del PCA, como cabeza de cartel para el 25-M. La coalición continúa en 2012 con el descenso en picado a los infiernos que inició en las municipales de 2011. Como dice el tuitero @ayuncordoba, cabría aplicar aquí la frase “IU no, bases fuera”.

Lo del PSOE es aún peor. El partido que lidera Juan Pablo Durán en la provincia sacó adelante ayer sus listas sólo con el 59,5% de respaldo y en medio de un cisma interno de proporciones descomunales. El secretario provincial, en una decisión altamente personal, ha apostado por dejar el futuro socialista en manos de Araceli Carrillo y de una serie de candidatos que suscitan, a partes iguales, rechazo, animadversión y un cabreo monumental entre sus propios correligionarios. Tendrá Durán el honor de ser el líder provincial más contestado de Andalucía y es más que posible quela Ejecutiva Federalsocialista le enmiende la plana esta próxima semana y le retoque la plancha para incluir a alguno de sus críticos –el más seguro, Joaquín Dobladez–. La estrategia de Durán es propia de un diván, pues tras fracasar en su intento de ser él mismo el primero de la lista se sacó de la manga una serie de normas enfocadas a vetar a todos aquellos que podían hacerle sombra. Tal ha sido la habilidad del secretario provincial que se ha encontrado enfrente una mezcla de contrarios que sólo él ha sido capaz de unificar. Y todo ello mostrando que las bases no sirven para nada y sus opiniones valen lo mismo que la de mi hijo de dos años.

Con este panorama: ¿alguien piensa que la izquierda no se está suicidando?