La oferta y la demanda

Pablo Bujalance | 5 de junio de 2013 a las 0:05

 

Afirmaba el ministro Wert en unas declaraciones recientes en el Congreso que no puede achacarse la pérdida de espectadores (casi 2.800.000 según los últimos recuentos desde septiembre de 2012) en el sector de las artes escénicas exclusivamente a la subida del IVA cultural hasta el 21%. Y señalaba el ministro como corresponsable de la debacle a la “dramática disminución de la oferta”, motivada a su vez a una promoción teatral “fuertemente pivotada desde la iniciativa de las administraciones públicas, básicamente las corporaciones locales”. Todo esto tendría cierta gracia si no fuera por la cantidad de gente que se ha quedado en la calle a costilla de la broma. Claro que la oferta teatral ha caído en picado en los últimos años, y que posiblemente la tendencia al páramo en las carteleras ya fuese manifiesta antes de que el Gobierno decidiera subir el IVA de las entradas al 21%. Y también es cierto que las administraciones públicas, locales y autonómicas, endeudadas hasta las cejas, han optado por reducir los gastos en el mantenimiento de sus teatros, a veces cerrándolos directamente, otras reduciendo las programaciones; por no hablar de la inversión directa en producciones escénicas, prácticamente desaparecida. Pero no se trata de eso. Intentar confundir a la opinión pública de esta manera no contribuye precisamente a mejorar la situación.

 Es evidente que la subida del IVA no es la única responsablede la pérdida de espectadores en los teatros. Existe una crisis que afecta a todos los órdenes (salvo a las entidades financieras, pertinentemente rescatadas en caso de apuro) y el teatro no iba a ser menos, independientemente del precio de la entrada. Además, existe ciertamente una dependencia dolorosa de las artes escénicas respecto a las administraciones públicas, locales y regionales; pero esta dependencia, que es un mal a solventar, se remonta a bastante antes de la Transición, así que señalar a esta característica como fuente de un mal reciente y perfectamente acotado en el tiempo resulta cuanto menos grotesco. Sería como plantar un gancho en el rostro del contrario, romperle la nariz y culpar del abundante sangrado a la débil configuración genética de la víctima. Afortunadamente, los datos hablan y demuestran que, por más que la pérdida de espectadores y de la oferta sea un fenómeno anterior, ambos se han multiplicado exponencialmente desde que la subida del IVA entró en vigor. Y cabe subrayar que la crisis, la insolvencia de las administraciones públicas y la pérdida de poder adquisitivo de los espectadores potenciales obedecen a razones y factores de muy diversa consideración, mientras que la subida del IVA es una decisión unilateral de este Gobierno: la única, al cabo, que ha tomado en lo referente a las artes escénicas (y ya vemos para lo que ha servido). Ahora afirma Wert que está “dispuesto a revisar” el incremento del impuesto siempre que sea “compatible con la consolidación fiscal”. Es decir, siempre que permita recaudar cuatro millones de euros más por trimestre, por más que la gallina de los huevos de oro termine yéndose al carajo. Pero alguna ventaja tenía que tener consagrar el teatro como artículo de lujo.

  • Santiago Escalante

    Muy clarito Pablo. Por mi parte añadir, y hablando de la escena andaluza en particular, que todos aquellos que han estado viviendo de las subvenciones de forma bestial, que han vivido y muy bien de los dineros publicos, compañias andaluzas muy conocidas a las que ya denunciamos en su momento y cuyos datos economicos en cuanto a subvenciones y otras muchas ayudas, eran escalofriantes, y hablamos de que una compañía como Producciones Imperdibles se llevara la nada despreciable cifra de 4 millones de euros en 10 años. Este tipo de comportamiento tambien ha contribuido al estado actual del teatro. A nivel nacional solo hay que ver las cuentas de compañías como Animalario.

  • Pablo

    Estoy de acuerdo al cien por cien contigo, Santiago. El que esté libre de responsabilidad ética, que tire la primera piedra. Un abrazo.

  • Santiago Escalante

    Un abrazo grande desde Tunez, Pablo, donde vivimos definitivamente.