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¡Tate, aquí hay tattoo!

Belén del Campo | 10 de noviembre de 2010 a las 16:05

Me temo que éste no será un post muy habitual porque voy a tratar de un asunto polémico que suscita al tiempo posicionamientos muy divergentes y apasionados.

Pero no puedo evitar mostrar las propias convicciones respecto de ciertas prácticas ornamentales sobre el cuerpo que pretenden ser aceptadas socialmente o consideradas como una pieza de arte que se lleva encima del mismo modo que se lleva un vestido y que debe suponer un compromiso serio debido a su permanencia bajo la epidermis. Lógicamente, me refiero al tatuaje y a todo tipo de perforaciones.

No obstante mi empecinamiento, voy a tratar de partir de una virtud imprescindible, la tolerancia, el respeto a otras creencias y el patrimonio de la pluralidad en el bien entendido de que siempre habrá detractores y defensores.

Directamente, no mencionaré los excesos bochornosos y vergonzantes que a diario vemos pululando por nuestras calles.

Para redactar estas reflexiones, no crean, me he documentado abundantemente. Sé bien que se trata de una tendencia milenaria, considerada un talismán para ahuyentar a los enemigos en las disputas tribales.

En la actualidad, tatuarse el cuerpo significa proporcionar a la imagen un atributo decorativo permanente que se convierte en una forma de expresión de la cultura contemporánea. Se trata de emitir un mensaje personal realzando esa parte del cuerpo y mostrando devoción por la figura. El tatuaje es un elemento emergente que equivale al deseo de eterna juventud como puedan serlo otras conductas reconstituyentes corporales, masajes, tratamientos capilares e incluso, intervenciones quirúrgicas.

Parece evidente que hoy ha desaparecido la idea de asociar el tatuaje con la delincuencia, las drogas o con los ambientes marginales donde el vicio y una vida desordenada son notas determinantes.

Para algunos entendidos, el tatuaje femenino representa la liberación sexual y la licencia para mostrar el cuerpo. Habitualmente, se escogen zonas insinuantes como el pecho, el pubis, los hombros o el cuello. Y respecto de los hombres, es la virilidad el acto que motiva esta mutilación de la personalidad estética, en mi opinión, así como la forma de percibir emociones desconocidas.

Sin embargo, yo me pregunto una sencilla cuestión: ¿es bello el tatuaje?

La verdad, he conversado con amistades y colegas sobre la opinión que les merecen estos adornos. Por cierto, cuando antes hablaba de mutilación, lo hacía conscientemente, pues para recrear las imágenes de un tatuaje es necesaria una incisión en las capas profundas de la piel que se llena con tinta inyectada mediante aguja, la cual está conectada a una corriente eléctrica, resultando en un dibujo de carácter permanente debido a que a esa profundidad las células no se regeneran.

Dejando a un lado esta aclaración y al hilo de lo que comentaba, mi entorno más cercano me ha proporcionado diversas cuestiones que quisiera poner de manifiesto con la idea de que alguien que tuviera próximamente intención de realizarse semejante agresión, dispusiera de reflexiones y pudiera forjarse elementos propios de juicio.

De una parte, están los que defienden que en éste, como en todos los temas, lo importante es la moderación; que una zirconita minúscula en una de las paredes de las fosas nasales, el nombre de tu pareja en grafía árabe al dorso de la muñeca, un símbolo sugerente discretamente grabado en el tobillo… Bueno, es cierto, son ornamentos prudentes que, en un determinado momento, pueden llegar a resultar agradables a la vista. De otro lado, hay otras muchas personas que consideran esta práctica como restrictiva a la hora de encontrar empleo por cuanto las empresas, aun cuando la aceptación social del tatuaje ha aumentado considerablemente en los últimos años, existen todavía numerosas compañías que vetan directamente a la persona por el simple hecho de lucir un tatuaje. Y aunque es absolutamente discriminatorio, de hecho sucede.

Y finalmente, otros tantos reconocen que la gente los lleva por simple capricho, cegados por el impulso de un instante de plenitud, por imperativo de la moda sin ponderar suficientemente los riesgos, que los hay, y las consecuencias que ese atrevimiento pueden originar en su salud. Y que una gran mayoría llega a arrepentirse.

En este sentido, aunque la ciencia ha avanzado de forma trepidante respecto de nuevas técnicas de despigmentación para erradicar estas incisiones, también es cierto que los tratamientos son carísimos, mucho más caros que lo que cuesta el propio grabado y que no todo el mundo dispone de la capacidad económica para afrontar un desembolso como este:
“Ciertos sondeos revelan que entre el 80 y el 90% de las personas con tatuajes quieren eliminarlos en algún momento de su vida”, informa el rotativo canadiense The Vancouver Sun. Por su parte, un dermatólogo señala que “el incremento en la cantidad de tatuajes ha traído un aumento correspondiente en el deseo de eliminarlos”. Aun con el moderno láser, el tratamiento para eliminar tatuajes puede ser doloroso, caro y consumir mucho tiempo. “Incluso borrar un tatuaje pequeño puede costar hasta 1.400 dólares”, señala el periódico. Y añade: “Los más modernos, de varios colores, resultan casi imposibles de eliminar, sobre todo si son grandes”.

De tales consideraciones, entiendo que muy a pesar de los tiempos de modernidad y globalización que presenciamos, la aceptación social del tatuaje no está plenamente integrada de forma general en la sociedad. Y ello es así porque como todo, existen prejuicios fundamentados respecto de las consecuencias para la salud. En este sentido, recomiendo la lectura del siguiente párrafo en relación a los riesgos y cuidados del tatuaje que he recogido literalmente de un foro de la web:

“…No creas que hacerte un piercing o un tatuaje es totalmente inofensivo. Existen ciertos riesgos y consecuencias….un tatuaje dura toda la vida, no hay marcha atrás, por lo cual debéis aseguraros de que realmente lo queréis para siempre. ¡No os podríais arrepentir!…se deben dar condiciones indispensables sanitarias y de higiene: un lugar apropiado, con sala de espera separada de la sala donde realizan la práctica; un equipo de esterilización, que utilice material desechable (agujas, guantes, contenedores, tintas que no han sido utilizadas por otras personas, etc.). No pueden hacerse en puestos ambulantes…Si no se respetan las condiciones de seguridad e higiene hay riesgo de transmisión de virus o bacterias e infecciones del tipo hepatitis C o VIH/SIDA…”

Para finalizar, expondré lo que para José Haro, experto grabador, supone la evolución del tatuaje y las motivaciones que la gente encuentra para que se les practiquen:
(La evolución del tatuaje) “Ha cambiado mucho porque es una moda que va a más. Ahora no sólo se tatúan los jóvenes sino gente de todas las edades. Ha sido tanto lo que ha crecido esta moda que muchas personas se precipitan a la hora de tatuarse y luego se arrepienten, de ahí que ahora se borren tantos con láser. En este sentido, los profesionales tenemos que estar al día con las nuevas técnicas para ofrecer los nuevos servicios que demanda el cliente. El sector pasa por un gran momento aunque siempre esperamos que lo mejor esté aún por venir”.

En fin, ustedes ya pueden formarse un criterio si es que no lo tenían ya previamente ponderado. El mío es que esta práctica puede estar de moda pero no todo en la moda es bello, elegante, exquisito… Ahí queda eso.

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