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Estrecheces

Belén del Campo | 14 de noviembre de 2010 a las 22:51

No, no les voy a hablar de tallas. Quiero poner sobre el tapete una realidad que vivimos muchas familias en la actualidad. Y yo, que soy familia numerosa, la vivo siempre sin tregua posible.

La verdad es que como madre de tantos hijos siempre me he visto en la necesidad de administrar con esmero imponderable los recursos económicos para lograr el mayor rendimiento, haciendo verdaderas obras de ingenio e imaginación para poner aquí y quitar de allí sin que se note.

La semana pasada uno de mis hijos, conociendo que en estos días su padre y yo íbamos a celebrar nuestro aniversario, me preguntaba asombrado que por qué no salíamos a cenar con más frecuencia, o a hacernos una escapadita de finde, o por qué no bajábamos a tomarnos una cervecita en el mesón de abajo los sábados. ¡Qué tontería!, ¿verdad?

¿Tal vez porque tenemos que contener gastos para que tú puedas ir a la peluquería cuando te toca? ¿ … Quizá porque tengo que guardar para que tu hermano pueda tomar un taxi en un momento determinado en que tu padre o yo no podemos recogerle? ¿Será que todos los meses surgen imprevistos a los que hay que hacer frente?

Supongo que esta juventud es demasiado inconsciente y que nosotros somos verdaderamente los culpables. Lo tienen todo y además, lo tienen todo fácil. Y si bien esta es una cuestión que llenaría miles de páginas de reflexiones, lo cierto es que aunque uno intente educarles en la moderación y la austeridad, el ambiente consumista es tan hostil que todos los esfuerzos parecen infructuosos.

En los últimos días y con el objetivo de aprovisionar a mis hijos de ropa de invierno he tenido que acudir a las tiendas de saldos y a los outlets. En estos establecimientos puedes encontrar verdaderas oportunidades. Realmente te quedas impresionada cuando ves los precios.

En estas circunstancias me encontraba el otro día comprándole un vaquero a uno de ellos. Al acercarme a los ojos el precio de los jeans le dije, venga, cómprate dos y así tienes para cambiar. El me decía, no, que te vas a gastar mucho dinero. Yo le animaba, venga, no te preocupes, que no te queda nada bien del año pasado porque has crecido tanto.

Mientras estaba en el probador, toda incrédula, le di la vuelta a los pantalones para ver dónde estaba la trampa. No tenía taras, las costuras eran perfectas, la calidad del tejido era más que razonable, el diseño muy actual, y así detalle tras detalle. Tendrán un defecto de corte. No. Las proporciones estaban perfectas y a mi hijo le quedaban de cine, con lo alto y delgado que está. Y lo guapo.

El precio de la compra ascendió a la cantidad de 200 euros, que se estiraron hasta lo siguiente: dos jeans, uno azul y otro marrón chocolate, un polo estilo universidad americana de rayas verdes y blancas con cuello y escudo, tres camisetas (a seis euros cada una), unos náuticos chulísimos con la suela alta y en azul y rojo (muy juveniles), tanto para jeans como para chinos, una sudadera con cremallera y capucha, tres suéters de punto para vestir, un cinturón negro de piel, una cazadora enguatada azul marino impermeable por fuera y con pelo de borrego por dentro, dos pijamas, unas zapatillas de andar por casa, dos pantalones para hacer deporte forrados por dentro, uno en azul y otro en gris y un chaleco de rombos.

Y ya que estábamos en faena, mientras él miraba, yo también echaba un vistazo a las prendas femeninas y me envolvió la sección de calzado. Mi gran pasión. No sabía para dónde mirar. Podías encontrar todas las marcas, todas las tendencias de este año, en botas (clásicas, militares, camperas, con suela de goma; altas, super altas, planas, con taconazo), botines, estilettos, peep toes, salones…. Y caí en la tentación de comprarme unos botines rojos que son una auténtica preciosidad por sólo seis euros. Super estilosos.

No me avergüenza reconocerlo. Yo compro en las tiendas de outlets, en los mercadillos, y cuando puedo, me permito una marca. Y estoy muy orgullosa de preservar mi imagen y el estilo que me define a mí y a mi familia. No es la prenda, eres tú quien la lleva. La distinción sale de dentro y se gesta en la actitud que tenemos frente al vestido.

Nosotras, las madres, tenemos esa capacidad innata para que haya de todo sin que se note que te falta de todo y me siento henchida de satisfacción.

Esto quiere decir que es cierto que en tiempos de crisis uno desarrolla habilidades particulares para adaptarse a las nuevas circunstancias económicas y discurrir de un modo más inteligente para lograr los mismos objetivos. Es como tener una OPCION B. Y vale la pena.
Mis super botines
¿Qué piensas tú?

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