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¿Con qué me lo pongo?

Belén del Campo | 15 de noviembre de 2010 a las 13:08

Hace unos días, mientras realizaba algunas labores domésticas, escuchaba una entrevista que una locutora de radio le hacía a Isabel Preysler. La pregunta era bien concreta, ¿qué significaba para ella la elegancia? Sin vacilación, indicó que en su opinión “menos es más”.

Lo cierto es que esta señora no descubría nada que no supiéramos ya pero sus palabras nos deben hacer reflexionar sobre este planteamiento y de paso, recordar su fina apariencia, la cual siempre ha evocado de forma coherente que predica con el ejemplo.

En muchas ocasiones, fastidiamos un determinado atuendo por la obstinada pretensión de rematar los coordinados y complementos hasta la extenuación.

Abres el vestidor y descuelgas un vestido. La decisión más difícil está por llegar. Elegir el vestido es la acción más simple porque la pregunta del millón es siempre: sí, ¿pero con qué me lo pongo?

Obviamente, el bucle se ha rizado aún más. Hemos superado el qué. Ahora se trata de definir los complementos de forma que el resultado sea elegante y actual, apropiado siempre conforme al acto al que vayamos a acudir y considerando las personas que concurren asimismo a ese acto.

El problema surge porque tenemos demasiados complementos. En lugar de uno, tenemos dos o tres collares de perlas, un número interminable de colgantes, pulseras, brazaletes, pendientes, ornamentos para el cabello, cinturones, bolsos, medias, anillos, sombreros, pashminas, cuellos y un largo etcétera que convierte una labor muy simple en un ejercicio de complejidad capaz de originar el mayor dolor de cabeza y ponernos del peor humor.

Algo que debería ser placentero se ha convertido en una actividad detestable.

Propongamos soluciones. Aquí veremos claramente que “más es menos”.

Por ejemplo, es viernes y acudimos al trabajo como de costumbre. Sin embargo, esta noche tenemos un cocktail con motivo de la presentación de un nuevo producto de nuestra empresa. Sabemos que no tendremos oportunidad de volver a casa para cambiarnos. No hay problema. Es un inconveniente menor que resolverá fácilmente el neceser de “retoking”, ese que habitualmente llevamos en nuestro maxi-bolso.

Bien. Hemos elegido un LBD con museta de encaje y escote a la caja. Se trata de una prenda versátil, tanto para mañana como para noche. Personalmente, no me gusta vestir de negro durante el día, pero en esta ocasión, la opción es necesaria.

Saldremos de nuestra casa con el vestido sabiendo que será una larga jornada y que esta prenda será una indumentaria convertible para la noche sin necesidad de cambiarnos de ropa o llevar otro modelito.

Durante el día, lo luciremos con medias y zapatos de salón, chaqueta entallada, un maquillaje suave y llevaremos el cabello, las uñas y la depilación impecable, como siempre.

En un porta-traje, que guardaremos en el maletero del coche, incluiremos unos zapatos negros con un diseño espectacular o simplemente, unos estilettos, un par de medias negras de quince o veinte deniers, una gargantilla y unos pendientes de perlas.
Para complementar el outfit bastará un abrigo sencillo y un cuello de piel, si se tiene, o bien una pañoleta bonita en colores más llamativos con algún bordado o brocado. Un solo anillo, o ninguno, -con una manicura perfecta bastará-, quítate el reloj y lleva un clutch muy estiloso.

No olvidaremos un sencillo ornamento para el pelo, y enfatizar el maquillaje, dándole un vuelco a las pestañas, un poco de color a las mejillas y un gloss para los labios en coordinación con la pashmina (utilizaremos nuestro neceser de aseo y maquillaje para hacer posible la transformación).

Con estas sencillas pautas habremos convertido un discreto vestido lencero en un maravilloso vestido de cocktail. No es tan difícil.

Olvídate de atesorar complementos que ocupan un espacio inútil en tu armario. Ten siempre a mano esos pequeños detalles que hacen juego contigo, que la gente te los ha visto varias veces pero siempre has tratado de llevarlos de forma distinta, sacándole el mayor partido. Serás admirada por esta habilidad.

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