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Imaginación: ¡¡¡déjala que vuele!!!

Belén del Campo | 7 de diciembre de 2010 a las 21:02

IMG00060-20101130-1501IMG_0075 [1600x1200]Estos días he estado tan abstraída en mis responsabilidades domésticas que he descuidado mis deberes como bloggera. La llegada de diciembre y con ella, la proximidad de las fiestas, los exámenes trimestrales, el acondicionamiento de la casa, las compras, las reuniones familiares y de empresa…

De repente, toda mi rutina se ha ido al traste y me han inundado literalmente los enanos, revolviendo todo el orden que acostumbro a tener y a sufrir de su caótica presencia y la de sus amigos sin tregua posible.

En medio de tanta desesperación no he tenido oportunidad de comprar nuevos ornamentos para el árbol ni dedicarle un tiempo a inspirarme en originales presentaciones navideñas para el hogar: engalanar las mesas, sorprender con detalles en las diferentes estancias de la casa, crear, en fin, ese ambiente familiar que tanto regocijo nos brinda cuando entramos en casa después de trabajar o cuando estamos tranquilamente disfrutando de una peli en el sofá.

No, durante todo este puente no he hecho más que lavar ropa, cocinar y planchar, limpiar y hacer compras, atender a los niños y a sacar, en fin, cada día hacia adelante sin muchas fuerzas, tratando de coordinar esas actividades con las profesionales desde el rinconcito de casa donde tengo mi escritorio y de paso, controlo las salidas, entradas y el comportamiento de cada uno.

En una de estas tardes, bajé al trastero y recuperé tres cajas de Navidad: el árbol, el Misterio y los adornos navideños. Volví a reencontrarme con lo de siempre, esas bolas preciosas que ya no se encuentran, los lazos de organza con malla de acero, los cirios de color Corinto intenso, las bandejas en oro para los dulces… Pues me dije, este año me arreglo con lo que hay.

Eso sí, le di cuarenta vueltas al asunto para no repetir pues inspira una especie de tibieza poner siempre las mismas cosas en los mismos lugares. Por el contrario, debe siempre haber frescura en el ambiente, que no se nos apoltrone el alma, recibir estas fechas como un regalo y envolver nuestro hogar con todo el buen gusto que seamos capaces de irradiar. Ya sabemos que somos el alma de la casa. Sin nosotras, la familia se desestabiliza, y esta labor corresponde por naturaleza, a las amas de casa.

Hacía varios años que me había dejado seducir por el color plata y el blanco y esta directriz infundía todos los ornamentos con que decoraba la casa, los manteles, el árbol, el Belén… durante fechas anteriores. Pero al abrir las cajas, de repente, me vi envuelta en oropeles y otros brillos tan atractivos que sucumbí a sus encantos y comencé a invadir todos los rincones con arreglos en tonalidades ocres, rojos, naranjas, irisados, beiges, verdes…

La tenue suavidad de los colores neutros impregnados de ese centelleo reverberante de las luces, el fulgor de los crespones y organzas, ornamentando caminos de mesa con borlas y diseños rayados… han tenido un resultado espectacular.

Yo diría que con poco, o con nada, más que unas cuantas horas dedicada a mi propósito, ha sido suficiente para recrear, un año más, un entorno cálido, necesario para despedir un año y recibir otro con dignidad.

En cuanto al vestido, también he ido rescatando de mi fondo de armario prendas que sólo me pongo una vez al año, porque la verdad, las conservo hace tanto que me aburre ponérmelas de nuevo. Y cada temporada me mago el firme propósito de llevarlas al menos una vez.

Sin embargo, he decidido intentar un nuevo look con ellas para que “salgan del armario” una vez más y darles nuevas posibilidades.
Por ejemplo, hace más de diez años me compré esta falda de cuadros. Me gustó tanto que compré dos iguales, pero variando el color: una con los cuadros en negro y rojo, y otra con los cuadros negros y este difícil color que parece turquesa, verde mar o no sé bien. Al probármela y reconocer con mucha alegría que no he variado de talla, pensé combinarla con una blazer gris –ya que los cuadros llevan también este color-, camiseta de cuello alto del mismo color que la raya y cinturón elástico tipo fajín en negro y plata; botas negras y por supuesto, mi fiel compañero del invierno, un gorro de pelo blanco con cuello a juego y lazada.
Nunca había vestido esta falda con una blazer ceñida por cinturón así y el resultado fue estupendo.

La idea la copié de una presentadora de televisión y la combinación es genial. Da mucho juego a las prendas, por ejemplo, si se te ha quedado grande una chaqueta. Le plantificas un cinturón por fuera y tan mona. Favorece la silueta y destaca la cintura de las caderas. Y ya, si quieres darle un toque aún más chic, ponte un chaleco de pelo encima del atuendo. Además de ir calentita, resulta muy elegante.

Pues ya saben, no más que un poco de ingenio y a repescar de nuestros armarios lo que tenemos olvidado. Seguro que sabemos ponerle nuestro propio toque final.

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