Doña Cuaresma

Fuego purificador

Doña Cuaresma | 18 de febrero de 2021 a las 7:04

EN las ciudades con clase el Carnaval se acaba al iniciarse la Cuaresma. En Cádiz, obvio, no. Aquí siguen dale que dale al pecado. Pero ayer al fin tuve un Miércoles de Ceniza tranquilo. Como cada año, me adentré en mi parroquia con mi amiga Purificación y el padre Justo grabó en mi frente una gloriosa cruz de ceniza. Ceniza para recordarnos que polvo somos y en polvo nos convertiremos, polvo glorioso del Señor, y no los que esta chusma chabacana ve de estraperlo en La Isla de las Tentaciones.
Por primera vez en décadas al salir de la iglesia no me encontré con papanatas con coloretes y matasuegras, con las calles oliendo a moscatel y orines. Ha comenzado la Cuaresma, gloria a ti señor. Y mira que lo avisé, ojito que estáis tentando al creador (al de verdad leche, no a ese Paco Alba al que adoráis). Pues ahí lleváis una buena pandemia para que purguéis vuestros pecados.
Polvo eres y en polvo te convertirás, que viene a recordarte que algún día se acabará lo que se daba y que la vida no es un Carnaval, por mucho que diga la canción. Todavía habrá mentecatos que parodiarán la Semana Santa. Rezad, que estáis a tiempo. Kyrie. Saturnalia agunt me odisse. Odio el Carnaval. Peccatum paenitentia. Arrepentíos pecadores. Bien haría esta chusma en empezar a estudiar latín antiguo en vez de memorizar las letras de los comparsistas zarrapastrosos que se repiten más que un rosario. Llega un nuevo tiempo. Chuflas.

La playa, una feria

Doña Cuaresma | 16 de febrero de 2021 a las 6:53

ESTABA la playa como una feria. No, no, no me voy a arrancar por los Duros Antiguos. Que digo que estaba la playa este domingo como una feria. Cuánto tieso. Claro, como la chusma carnavalera no podía llenar de miasmas nuestras plazas se lanzaron a los arenales. Hasta un vídeo de un petimetre bañándose en cueros en La Caleta he visto. ¿Dónde está la Policía Local en ese momento? ¿No hay sanción para ese individuo? El otro día un agente mal encarado me impidió acudir a misa de ocho en el Rosario porque, según él, el aforo estaba completo. Para entrar en la casa del Señor hay que cumplir unas normas por la pandemia, pero para hacer botellón en La Caleta nada. Vaya democracia.
Pero claro, por La Caleta para el arcarde chirigotero y su pareja comunista, y con esos hay carta blanca. Una no puede ni sentirse pura con tanto ateo por el camino, ateo de lo que les conviene claro, porque en cuanto que faltan los dineros se ponen ansiosos.
Lo digo y lo requetedigo. El gran problema de esta ciudad es el Carnaval. Nos va a hundir. Pero si no hay más que ver que estaba el hospital quemándose y mientras tanto el arcarde disfrutando viendo en la tele de su amiguito y poniendo tuits. Eso sólo pasa en Cádiz.

Ensucian siempre

Doña Cuaresma | 15 de febrero de 2021 a las 7:18

Ayer, de camino a misa de 12 a San Francisco, me temí lo peor. Por Columela iba una familia con dos niños disfrazados. ¡No puede ser!, bramó mi alma con un grito desgarrador. Criaturitas con esos disfraces de catálogo, pobretones. Se veía a leguas que carecían de pespuntes, pasamanería y brocados. Todo muy chungo comprado por internet. Seguí hacia adelante y vi papelillos por el suelo. “Ya están aquí”, me dije. Ensuciando el suelo de la ciudad a pesar de las recomendaciones administrativas y sanitarias pidiendo no celebrar el Carnaval. Qué se puede esperar de estos atorrantes, si al fin y al cabo no lo van a limpiar ellos. Entré en misa a paso ligero y recé por esta ciudad otrora pía y decente. Menos mal que cuando salí pude comprobar que esos disfraces y papelillos eran aguas de borrajas. Un mero ejercicio de gracia (sin gracia) gaditana evocando esa infame fiesta que gracias al chino que se comió el pangolín sin hervir (lo único bueno que provocó, está claro) no tenemos que sufrir este año. Cuando ya regresaba a casa después de comprarme una miloja de crema, mi cuerpo se paralizó. Por El Palillero iban dos ¿personas? disfrazadas (ave María Purísima) de penitentes sin capirote. Con un estandarte con el escudo del Cádiz (muy original) y una oración grabada como si fueran de Ecce Mater. ¿Será posible esta desfachatez? No podían quedarse en casa, no, tenían que hacer el indio. Me metí en casa asustada esperándome lo peor para este lunes. Qué oportunidad estamos perdiendo para poner bozales en lugar de mascarillas.

Con la que está cayendo

Doña Cuaresma | 14 de febrero de 2021 a las 7:00

Con la que está cayendo. Y la gente llorando por no poder cantar cuplés. Muac, muac. Ay qué pena. La gente con neumonías, ingresadas en San Rafael, con 40 tacos, pero ay qué pena, que no hay Carnaval. Tatachín tatatachaán… ole vámono que nos vamos. Chavales con medio siglo y los negacionistas pensando que el virus es mentira. ¿Mentira? ¿Tuviste una neumonía bilateral? ¿Te asfixiaste hablando? ¿Necesitaste sentarte en un bar mientras hablabas con amigos en la terraza de un bareto en el Paseo Marítimo? Venga va, seguid negando el puto virus, el covid, que es mentira, que no es nada más que una invención de los más malos del lugar.
Faltan menos de 40 días para la Cuaresma, para que sea el Miércoles de Ceniza, para que arda Momo, y los carnavaleros siguen a lo suyo, emborrachándose, como si la pandemia fuera una cosa de risa. Pandilla de inútiles. Algunos lloran cuando ven cantar la presentación de ‘Los templarios’. Comienza en Cadi una batalla de cante… ja… y los tíos se frotan los ojos, como si escucharan un poema de Lorca. Comienza en Cádiz una batalla de cantes, y los gaditanos están descansando de esta chinganda fiesta carnavalera y ordinaria. Ojalá la pandemia se acabe pero el Carnaval sucumba al virus. Ojalá las vacunas nos dejen celebrar la Semana Santa pero no esta fiesta chabacana, de gente chunga, sin clase, arrabalera. Ojalá mi Cuaresma lo inunde todo. Por fin.

Esas ‘consentías’

Doña Cuaresma | 13 de febrero de 2021 a las 7:03

ME lo estoy imaginando y no puedo reprimir una sonrisa (la risa es de ordinarias y la carcajada, un reflejo del demonio). Digo que me imagino la escena cada noche en las casas (iba a decir hogares, pero no lo merecen) de los carnavaleros esos que llevan 30 o 40 años cantando (cantando dice) sin descansar. Desubicados cada noche de nueve a once, creyendo que en la tele están echando todavía Cañas y Barros y El precio justo. Sin saber cómo se baña al niño ni en qué curso está la niña. Estorbando, al fin y al cabo. Pandilla de flojos. La única forma de escaquearse es bajar al perrito, pero tres veces no cuela por mucho que el can tenga diarreas crónicas. Y qué me dicen de ellas, las ‘consentías’. Llevan años aguantando a estos tipos borrachuzos, iletrados, espesos y, lo que es peor, arrogantes por el simplísimo hecho de salir en una comparsa soltando aerosoles por el aire e infectando al público. Qué mujeres estas. También llevan años quejándose de que sus pepes solo piensan en el Carnaval y ahora que los tienen en casa, no los pueden soportar. No hay quién las entienda. Ahora darían un riñón porque la epidemia remitiera y así perderlos de vista todas las noches entre septiembre y febrero. Acabo, que esta fiesta del diablo saca de mí lo peor. ¿Estoy animando a estas mujeres a liberarse? ¿Yo dando un discurso feminista? Me voy corriendo a Santo Domingo que el padre Saturio está hoy de guardia.

Una vacuna, por caridad

Doña Cuaresma | 12 de febrero de 2021 a las 7:00

Llevo tantos siglos en este mundo de pecadores que creía haberlo visto todo. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. No, no he visto atacar naves en llamas más allá de Orión, ni rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. No, mis lágrimas no se van a perder en la lluvia porque soy de corazón rocoso. Pero he visto meonas entre los coches con bolsas de plástico en la cabeza, he visto a Cádiz llena de borrachos, de artistas de lo obsceno pavoneándose haciendo gorgoritos; he visto a Juan Manzorro tirándome los tejos, a mí, una señora; he visto a Martínez Ares decir que lo tenían que matar para volver a juntarse con esta chusma y luego sentirse empujado por un viento de 13 años. He visto pandemias de gripe, de tifus, de peste, pandemias de estupidez para las que no hay cura. Pero al final lo conseguí. Aunque me quede otra vez sin ver la elegancia Macarena de recogida, un año esta ciudad pecadora no tendrá su fiesta del desenfreno. Jajaja… supéralo Don Carnal. Hoy es viernes de Final y lo único que vais a ver es un Falla vacío. Todo el mundo en casa a las diez de la noche. Una vacuna, por caridad, una vacuna para poder cantarle a mi ciudad. Puaj. Una vacuna para protegerse de vosotros, carnavaleros chabacanos. Me apunto la primera, que estoy en el frente de batalla.

Soeces callejeros

Doña Cuaresma | 28 de febrero de 2020 a las 2:06

SI en el Falla se escuchan verdaderas barbaridades en contra de la religión católica (qué curioso, ninguna contra la musulmana), lo de la calle es de juzgado de guardia. No es que yo salga a escuchar a las llamadas ilegales, faltaría más, sino que Eduardito, uno de mis sobrinos, monaguillo en tres parroquias y acólito de cuatro pasos, me pone al corriente de lo que se canta en la calle. “Tía, prepárese la tila”, me dice cada vez que quiere enseñarme en su tablet algunos videos de estos grupúsculos callejeros. Yo me armo de valor, todo sea por tener argumentos críticos basados en realidades para escribirlos en esta columna. Lo de este año no tiene nombre. Amparados en la libertad de la calle y en que el carnaval callejero es muy canalla (en el más estricto sentido de la palabra diría yo), estos individuos e individuas (vaya boquitas las de ellas, descaradas farotas) se dedican a poner a parir a los curas, que según sus mentes enfermas todos son unos delincuentes sexuales. Y a la Iglesia, de ladrona para arriba. Faltando a la verdad, claro está. El lenguaje que utilizan no puede ser más soez. Y luego estos callejeros van de cultos, de que están por encima de todo, hasta del Concurso Oficial, en el que por cierto más de uno se estrella cuando quiere dar lecciones. Pobres ovejas descarriadas. La mayoría fueron alumnos de colegios religiosos. ¿Tan mal os trataron allí? Lo dudo mucho. Fueron los años más felices de vuestras vidas. Y lo sabéis.

Ceniza, ven a mí

Doña Cuaresma | 26 de febrero de 2020 a las 6:04

COMO estoy segura de que ningún autor será capaz de contar en un pasodoble lo que siente una cristiana como yo el Miércoles de Ceniza, seré yo la que os escriba, queridos lectores, una oda a este día señalado que Dios, gracias Supremo, nos devuelve hoy en el calendario para mitigar la afrenta carnavalesca de cada año. He quedado temprano con mi amiga Consolación para ir juntas a la peluquería, pues no es plan recibir la ceniza en la frente sin una buena permanente (perdón por la rima, al nivel de lo que se escucha en el Falla). Es día de ayuna y abstinencia, pero nosotras conseguimos gracias al padre Casto una bula papal que nos exime, en virtud de nuestra intachable religiosidad, de pasar hambre. Así que después de arreglarnos el pelo nos iremos a La Marina a comernos unos churritos. Daremos una vuelta para visitar algunas iglesias y almorzaremos juntas un buen solomillo en El Fogón de Mariana, puesto que la mencionada bula también nos permite comer hoy carne. Después del rezo del Santo Rosario en mi salón y la preceptiva cabezada en el sitio, tiesas y para no despeinarnos, saldremos a tomarnos un café y una rondeña antes de llegar a la Catedral, donde nos impondrán la ceniza. Y me darán ganas de salir luego a las escalerillas para pregonar la Cuaresma como un vulgar carnavalero hace con esa fiesta, pero con más señorío. Nunca lo hago, claro. Siempre me reprimo. El recato está ante todo, pero lo perderemos Consolación y yo en el bar El Laurel ante una fuente de ensaladilla para cerrar tan magnífica jornada en paz con Dios y con nuestros estómagos.

Ligeras de ropa

Doña Cuaresma | 24 de febrero de 2020 a las 6:14

EL sábado por la noche estaba yo mirando, casualmente, por la mirilla de mi portón y vi que llegaba al descansillo mi vecina Sagrario cariacontecida, aunque la palabra más adecuada a la cara que traía era descompuesta. Como buena vecina salí a preguntarle qué le pasaba y se me echó a llorar. Había pasado miedo al bajar la basura. Sobre el bidón había un joven disfrazado de payaso enharinándose los tabiques nasales como si no hubiera un mañana. Delante, entre dos coches, una joven disfrazada de ¡monja! se remangaba el hábito para miccionar en plena calle. En ese momento, según me contó Sagrario, viuda desde el año 1985, un hombre vestido de componente de coro malo (con chistera y levita) se abalanzó sobre ella e intentó agarrarle el pompis. Sagrario salió corriendo hacia la casapuerta y pudo alcanzar a duras penas la escalera. Una vez que se desahogó conmigo me metí en casa y me asomé entre los visillos del cierro. Vi a una joven en ¡sujetador! ¿Pero qué clase de disfraz es ese y cómo la deja su madre salir de su casa? Porque esa es otra: la permisividad de los padres de hoy en día en la noche del sábado de Carnaval. ¿No hay otro disfraz que no sea de enfermera de Benny Hill o de animadora de fútbol americano? Todos los disfraces con falda corta y escote. Unas busconas, lo que yo les diga. Algunas salen de sus casas vestidas de osas panda y en el portal de abajo se cambian y se visten de vampiresas de la película ‘El liguero mágico’. Y sus padres tan tranquilos en casa. Luego se quejarán.

Orines y zotal

Doña Cuaresma | 23 de febrero de 2020 a las 6:07

CALLE Hércules. Tres de la mañana. Mi amiga Pura se esconde tras los visillos. No puede dormir. Ya ha rezado a todos los Santos, tomado dos lexatines, colocado dos tapones de gomaespuma en los oídos… pero nada. Morfeo es reacio hoy. Demasiado jaleo. Lo ha intentado leyendo el libro de Luis Frade sobre la historia del coro de Las Niñas pero nada, ni por esas. Risas, gritos, algunos en lengua bárbara, teutona, la soliviantan. Hay mucha teutona también. Su hijo Ramoncito ya duerme. Menos mal. Lo que le faltaba al pobre. Entre dos coches unas teutonas se cobijan. Disimulan hablando porque acaban de pasar dos gachones disfrazados de ¿¡hormigas!? Santa María llena eres de gracia… Las teutonas no saben que mi amiga Pura tiene los ojos preparados para la oscuridad, como Bradley Cooper (ay Bradley Cooper, por ese sí que cumplía yo una penitencia) en ‘El Francotirador’. Cuando nadie las ve, como la canción, las niñas se bajan las bragas y dejan la calle preciosa. Y nos sentimos tan gaditanos que nos meamos por las esquinas. Pura se acuerda del popurrí de ‘Los guiris’. Asco de to. Cuando las niñas charlan tranquilas ya completada su gorrina misión Pura se asoma por la ventana y lanza un cubo de agua con Zotal a la calle. Motherfucker, le dicen las teutonas. Motherfucker… Mi amiga Pura se ríe. “No me pude aguantar…”, me contó ya por la mañana. “Si volvemos a la Edad Media volvemos con todas las consecuencias. Tú te meas en mi calle, yo te echo agua desde la ventana”. Viva Pura.