Fuera la canalla

Doña Cuaresma | 28 de enero de 2020 a las 2:47

LOS colaos en el Falla son una especie en extinción. Los mequetrefes que merodeaban por los alrededores del teatro hasta que el queu de la puerta guiñaba el ojo para que pudieran acodarse en la barra y vacilar están desapareciendo. Me cuentan que los nuevos mandamases del adefesio este que llaman el COAC están locos por sacar a la canalla del foso a bastonazos y cualquier excusa es buena. A mí me parece muy bien. De hecho, cuanta menos publicidad se le dé a esta fiesta mejor para mí. Ojalá el foso estuviera así de lleno para ver el concierto de Al Palo. Pero no. A los chirigóticos estos les molesta la crítica. Mucha cuna de la libertad pero cuando los cronistas dan su opinión sobre eso que llaman repertorios, y que no son más que un puñado de simplezas y una retahíla de piropos sin sentido, se ponen negros.  Así que lo que verdaderamente les encantaría sería un Falla sin periodistas, salvo los que pagan por los derechos televisivos claro, porque las críticas con billetitos son menos dolorosas. Lo peor es que estos muchachos del Patronato se piensan que saben de todo. Una cosa es que se dedican a organizar el horripilante concurso este que paraliza esta ciudad un mes, y otra que quieran tener potestad incluso en los medios de comunicación, a cuyos miembros se atreven a querer sancionar, como si esto fuera LaLiga. “Es que hay que estar atentos al escenario”, dicen ellos entre cubatas mientras babean en la barra. ¿Y el Ayuntamiento mientras qué hace? Pues reírle las gracias. Qué pena de ciudad.

Cuarentena

Doña Cuaresma | 27 de enero de 2020 a las 10:06

EL virus del Carnaval de Cádiz se está extendiendo por España sin que nadie le ponga remedio. Ahora que medio mundo se acuerda del todopoderoso y empieza a encender velas a todos los santos para que el coronavirus no traspase las fronteras de China (para eso sí que sois todos muy creyentes) yo me pregunto si no habría que haber puesto en cuarentena a todo Cádiz hace años para evitar la propagación del virus del carnavaliti chabacanus. Mi Sevilla amada, madre y maestra, fue la primera contagiada, por no hablar de Huelva, donde ya tienen sus propios virus menos virulentos pero igual de malages. Ayer incluso un teatro de Madrid acogió la actuación de dos grupos gaditanos, en plena Gran Vía, con la presencia de famosos incluso que se vanagloriaban en sus redes sociales de estar presentes en el bodrio. Pero ¿no les da vergüenza? ¿Dónde le ven el arte a las letrillas, a los cuplés que acaban con tengo un aparato reproductor masculino como la torre de preferencia? Y la gente se ríe con eso. Un virus, un virus peor que cualquier amenaza informática. No se dan cuenta que el coronavirus amenaza a la vida en el planeta, porque son ya decenas de víctimas, y así empezó la Gripe Española de hace un siglo, que una es muy vieja y se acuerda de todo, pero lo peor es que el virus del Carnaval de Cádiz resiste hasta a las mascarillas. Claro, si es que lo de mascarillas viene de máscaras, y los menesterosos estos de eso saben un rato. Ya me imagino a la gente con mascarillas pero dibujadas con motivos carnavalescos y cantando cuplecitos entre toses. Qué Dios nos ayude.

Horroris Guasa

Doña Cuaresma | 26 de enero de 2020 a las 12:31

DESPUÉS de tantos años creía que mi capacidad de asombro con esta fiesta mundana ya había tocado techo, pero veo que no. Porque, una cosa es que a los participantes en este adefesio se les vaya la cabeza y se sientan Alfredo Krauss o José Carreras, se sientan Pemán o Garcilaso, lo que ya es preocupante, y otra que los que tienen que poner cordura, los gobernantes, alimenten las ínfulas de estos menesterosos. Lean esto y díganme si no es para salir corriendo sin parar y exiliarse en Valladolid: “Mi sueño es que la gente venga a Cádiz a estudiar Carnaval, que exista una titulación homologada”. Lo ha dicho en este diario la concejala de Fiestas, Lola Cazalilla. Y se ha quedado tan pancha a pesar de tan enorme disparate. En primer lugar cree de verdad que esta celebración hortera es susceptible de introducirse en las aulas magnas de las universidades. ¿El título final sería Doctor Horroris Guasa? En segundo lugar está convencida de que cualquier persona con la cabeza bien amueblada y con inquietudes académicas va a perder un segundo de su preciado tiempo en estudiar cómo se aporrea un bombo, cómo se perpetran esas rimas o cómo los octavillas emiten esos graznidos tan desagradables como un reclamo para cazar perdices. ¿De verdad piensa que en la Universidad, una institución tan seria, cabe este mamarracho de fiesta como objeto de estudio? En su primer Carnaval se está cubriendo de gloria Lola, Lolita la piconera.

A mí no me la dan

Doña Cuaresma | 25 de enero de 2020 a las 3:57

LAS entrevistas que se publican al lado de mi columna, tituladas ‘Tras la máscara’, vienen a corroborar todas las deficiencias intelectuales que tiene la fauna carnavalesca. Lo que yo siempre he pensado: vaya pandilla de soberbios y arrogantes personajes. Intentan los entrevistadores sacar el lado más personal de los entrevistados, más allá de la farándula esa que los ha encumbrado. Y no hacen otra cosa que mostrarnos ridículas aficiones y mentiras, muchas mentiras. Sobre todo cuando les preguntan cuál es el último libro que han leído. ¿Bromean los entrevistadores? Estos pavos solo conocen, a lo sumo, el libro de papel de fumar y no son capaces de entender ni el prospecto del Bisolvon sin fijarse en un tutorial de internet. Pero ellos sueltan el nombre de un escritor que les sonará de algo y quedan como si en sus horas libres cultivasen sus intelectos. ¡Ja! No se lo cree nadie. ¿O no han analizado ustedes la calidad de sus letras? Pobres ripios, gato con pato y argolla con chirimoya. De ahí no pasan. También me hace gracia –y eso que yo soy de reírme poco– cuando hablan de sus músicos favoritos. Y te hablan de Mozart con una ligereza… ohhhhhh… para tirarse por la muralla. Queridos entrevistadores: no perdáis el tiempo. Todas sus respuestas son una pose de cara a los lectores para no quedar como lo que son: unos botarates que solo piensan en sus agrupaciones, sus berridos y sus nefastas rimas sensiblonas. El colmo es que a este esperpento anual le llaman cultura. Que Dios les perdone.

El alcalde y el pito

Doña Cuaresma | 24 de enero de 2020 a las 7:00

TRA taratatatara tra ta taraaaaaaa… Suena un pito de caña en Fitur. ¿Qué es eso?, pregunta un visitante. Será el alcalde de Cádiz, que to los años monta su numerito. ¿Y, aparte de tocar el pito, sabe hacer algo más? El primer año que vino cantó un pasodoble. Pues vaya plan.

La conversación es verídica. Me la ha contado una amiga beata que se dio una vuelta por la Feria Internacional de Turismo de Madrid con su escapulario colgado del cuello, muy propia ella. Dice que nuestro arcarde chirigotero volvió a presumir de la asquerosa fiesta esta que mantiene a esta ciudad como hipnotizada, en vez de pensar en lo que de verdad importa. Algún que otro alcalde incluso se sorprendió de que el Kichi insistiera en el numerito, con su concejal de Deportes al lado. Lo del señor este también es de traca. Cuando no está dando clases en mi amada híspalis está haciendo el caricato junto al alcalde. Todo menos donde tiene que estar, que es, por ejemplo, dándose una vueltecita por las instalaciones deportivas de la ciudad, que tienen menos luces que algunos cargos electos que si no comieran de la sopa boba igual estaban buscándose las papas en cualquier lugar del mundo.​

Y mientras tanto los carnavaleros siguen sin dedicarle una crítica a su colega el arcarde. Igual la cuarteta aquella de los borrachos chirigoteros va a tener que cambiar de letra y cantarse así: “Ay el Kichi que es buena gente y olé… ay qué coba me está dandoooo…”.

Sevilla, mi decepción

Doña Cuaresma | 23 de enero de 2020 a las 15:38

Hubo un tiempo en el que el Carnaval era solo un divertimento para gaditanos tiesos. Vamos, un bajunerío controlado entre los muros de nuestra Trimilenaria ciudad. Hasta ahí era medianamente aceptable, aunque para mí igualmente detestable. Luego, mi rechazo (y mi asombro) se multiplicó por cien cuando comprobé la repercusión que iba teniendo esta ¿fiesta? de iletrados, con el coeficiente de inteligencia de un rinoceronte de Sumatra, fuera de nuestras fronteras. Pero lo que ya acabó por matarme, ay Virgen del Rosario, fue ver cómo la provincia andaluza que más se interesaba por esta mamarrachada anual era… ¡Sevilla! Por Dios, ¿qué le habéis visto a esto? Ustedes, criados desde pequeños en la fe y apuntados como hermanos de las cofradías en la misma incubadora. Ustedes, los del buen gusto en la preparación de los cultos, en el vestir de las imágenes, en la manera de llevar los pasos, en la forma de sentir una saeta en la calle Cuna al paso del Señor de la Pasión, en el respeto al presenciar los cortejos de nazarenos… ¿Qué ha ocurrido para que tantos sevillanos se hayan convertido a la burricie pagana del infame papelillo y la grotesca careta? Qué decepción, Virgen de la Esperanza. Me consuela al menos que algunos gaditanos de orden hayan realizado el camino inverso alejándose de la ordinariez y abrazando con pasión el fervor cofrade. Salieron huyendo de los coros. Mi homenaje a Juan Manzorro, Fernando Pérez, Pablo Durio y Manuel Ruiz Gené. Que Dios siga iluminándoles. Amén.

El juguetito

Doña Cuaresma | 22 de enero de 2020 a las 8:45

AQUELLA vez no me dio tiempo a agarrar el mando a distancia y cambiar de canal, como siempre hago cuando en el televisor ponen algo pecaminoso u ordinario. Lo que escuché me aterrorizó. Hablaban de un aparato muy de moda entre las mujeres. Bueno, entre todas no, entre aquellas cuya inmoralidad les hará quemarse en los infiernos, Dios quiera que pronto (el mismo Martes de Carnaval con el Momo ese). Se trata de un juguete (vaya manera de nombrarlo) con el que ellas alivian sus indignas picazones. ‘Satisfayer’ o algo así. Sólo de pensarlo me abochorné y tuve que rezar seis padrenuestros, un Credo (el verdadero, no ese de los comparsistas cursis) y tres avemarías. Pero lo peor no fue el sonrojo, qué va. Lo peor llegó cuando me puse a imaginar a los mal llamados poetas del Carnaval (Pemán qué era entonces, ¿escayolista?) inventando cuplés verderones y sátiros. Me temo lo peor para este Concurso con alusiones al chupapiera, el yamentiende, el monedero, el guatifló… y todas esas asquerosas formas que tienen los poetillas de calificar a esa parte de la mujer.

Menos mal que yo a la hora en la que Onda Cádiz va a emitir este guano estaré pasando a limpio mis recetas cuaresmales de torrijas, chícharos con huevo y alcauciles y escuchando Radio María. Aunque no podré evitar pensar, con asco, en esos carnavaleros que acodados en las barras de los bares estarán presumiendo de que sus parientas no necesitan el juguetito, que para eso están ellos con su masculinidad intachable. Gentuza.

21% de IVA

Doña Cuaresma | 21 de enero de 2020 a las 7:49

ESTE nuevo Gobierno Frankenstein no lleva ni un suspiro en el cargo y ya está dándole disgustos a una, con lo mayor que estoy Dios mío de mi arma. Pues no cogen el Pedrito, el Coleta y compañía y dicen que las sillas para ver la Semana Santa tienen que pagar el 21% de IVA. ¿Hábrase visto? Son ellos los que tendrían que darnos dinero sólo por el privilegio de ver esa Campana llena de criaturas devotas, esa calle Sierpes, esa plaza de San Francisco, centro de esa Sevilla que sí que sabe vestirse por los pies y que es una maravilla cuando arranca su Semana Mayor.
Me malicio yo que de las sillas de la cochambrosa cabalgata del Carnaval de Cádiz no dirán nada, y eso que luego dejan toda la avenida llena de papelillos y bolas de serpentinas más propias de películas de cowboys en el desierto de Sonora.
Si hubiera decoro ese 21% se recaudaría de las sillas carnavaleras, y yo hacía pagar hasta a los que se pegan toda la mañana cogiendo sitio en la entrada del Puerta del Mar, comiendo pipas como si les fuera la vida en ello, que más de uno tiene que dejar la silla de playa corriendo y tirar para urgencias con una sobredosis de frutos secos y la tensión por las nubes de tanta sal. Y todo para ver pasar a los mismos mamarrachos de siempre, que algunos muñecos cabezudos tienen más años que la talla de la Vera-Cruz. Dios me perdone. Asco de fiesta esta del Dios Momo. Con ese dinero se paliarían los ingresos que el Gobierno izquierdoso pretende recaudar a costa de los cofrades de bien. Asco de fiesta esta.

Yo, presidenta

Doña Cuaresma | 20 de enero de 2020 a las 7:00

DENSE por saludados, que este año no tengo tiempo que perder y se me hace tarde. Igual todavía estoy a tiempo de evitar el primer conflicto entre esta chusma carnavalera. El caso es que me he enterado que anda la concejala Profidén muy enfadadilla ella porque el mandamás del jurado de eso que llaman el COAC es un gachó, y con coleta encima. Pues bien, yo tengo la solución. Me ofrezco a ser presidenta del jurado del Falla. Será la primera, y única vez en mi vida, que pise ese teatro para otra cosa que no sea el Pregón de Semana Santa o el concierto de Al Palo. Es más, ya hasta tengo pensado algunos vocales: el director de la Filarmónica de Conil será el que puntúe la afinación; Ramón Velázquez se encargará del compás; Benito Jódar del purismo; José Manuel Romo de la poesía y las salidas a hombros por la puerta grande… Parece que lo estoy viendo.

Además, para los que se quejan de falta de imparcialidad, les aseguro que cuentan con todo mi desprecio por igual, porque igual de mal me suena una octavilla de una comparsa de El Puerto que la de Martínez Ares. ¿Qué más pueden pedir?

Otra ventaja es que el menú les saldría baratito. Nada de El Faro. Eso se acabó. Mi jurado y una servidora nos alimentaríamos a base de alcauciles con chícharos, pescado en blanco, torrijas (que en el Falla hay de sobra), pirulís de la Habana, roscos de Semana Santa y en todo caso un arroz con leche. Ya me imagino a la concejala sonreír ante mi propuesta. ¿O es que siempre está enseñando la dentadura?

Fiesta caduca

Doña Cuaresma | 5 de marzo de 2019 a las 8:03

Queridos lectores, queridos carnavaleros, ustedes me van a perdonar pero el Carnaval ya no tiene sentido. En los tiempos actuales es una fiesta absurda y caduca.
Verán ustedes. Una de las razones de ser del Carnaval era para poder hablar más o menos veladamente de sexo, de calenturas hormonales o para decir alguna que otra ‘picardía’. Bueno, pues miren cualquier programa de televisión y comprobarán como la más fina de las señoritas tertulianas dice unas cosas que pondrían colorado al Carota, al Chimenea, a Fletilla y a los tres juntos.
Otro motivo del Carnaval era el disfraz. Vestir durante unos días de una manera disparatada. Pues bien, miren a su alrededor y verán a cientos de muchachos y muchachas peinados con crestas coloradas, pantalones cagados y anillos en orejas, narices y labios ( de arriba y de abajo). ¿Para qué vamos a esperar al Carnaval?
También servían las fiestas de Carnaval para atacar al poder, criticar al Gobierno y reirse de la autoridad. Muy bien. Pues eso hoy lo hace cualquiera sin tener que esperar a que llegue Carnaval. Después de oir en el Congreso a Rufián o a Tardá, después de oir las barbaridades del caricato Toledo, ¿qué van a decir nuestros autores carnavalescos?
Pues este Carnaval absurdo y sin sentido es el que tenemos en Cádiz. Media población pendiente de las agrupaciones y disfraces para ver y oir lo mismo que tenemos durante todo el año.
¿Cuándo acaba esto?