Huele a campo

Doña Cuaresma | 10 de febrero de 2019 a las 8:19

LA vieja sabiduría española se refleja en los refranes. Tengo uno que me gusta mucho y lo saco a relucir en mis conversaciones sobre el Carnaval.
Es ese conocido refrán de “Viendo el perro, se sabe como es el cortijo”. Sin ir más lejos, en esta misma página y aquí al ladito. Salen personalidades de notoriedad en el Carnaval, gente conocida pero que al fin siempre son los mismos: comparsistas y periodistas de Carnaval.
Autores de letras y músicas. Son los que se inventan la fiesta y crean este híbrido, y los que lo venden desde sus medios, poniéndolo como si esto fuera la bienal de Venecia. Si no fuera por los que hacen estas páginas, por los de los programas locales de televisión y radio y por Canal Sur, esto no pasaba de la calle Ceballos.
Pero como dice también otro refrán, el amor es cosa de tres. Falta el tercer elemento que no es el pueblo pero sí que es de pueblo: los catetos.
Porque el Carnaval de Cádiz, a medida que lo vende más la prensa, ya no es del pueblo de Cádiz sino de los pueblos, y por añadidura de los catetos. El New York Times no vende el Carnaval. En el Falla los únicos que hay de Cádiz son los que han entrado con pase. Y en el escenario igual, cada vez hay más agrupaciones de fuera.
Un poner: Los que vienen hoy que han actuado ayer: una de Chipiona, dos de El Puerto de Santa María y una de Roquetas de Mar.
No se han visto más catetos en Cádiz en la vida. El Carnaval es de pueblo y el Falla una casa rural.


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