Carta que traslado

Doña Cuaresma | 27 de febrero de 2019 a las 8:18

Querida doña Cuaresma: es usted la única que pone algo de crítica en esta feria de las vanidades en que se ha convertido el concurso del teatro Falla.
Por eso le pido que haga el favor de criticar a esa cosa que llaman comparsa y que ni es de Cádiz, ni sabe a Cádiz, ni recuerda a Cádiz. Mire usted, la comparsa es un invento de las Fiestas Típicas Gaditanas para denominar a las chirigotas afinadas del gran Paco Alba. Pero ya desde Los Fabulistas y Estampas Goyescas empezó la cosa a derivar hasta llegar a las comparsas actuales, compendio y suma de todas las cursiladas imaginables.
Porque, querida doña Cuaresma, cuando uno escucha un coro actual todavía puede recordar en algún que otro compás a nuestros viejos tangos. De vez en cuando sale una chirigota gaditana de verdad, sin cuentos, con poca vergüenza y enormes ganas de cachondeo.
Pero lo de la comparsa es inexplicable. Es una derivación cursi y gritona de la copla española y la rumbita flamenca. Una sucesión vertiginosa de octavillas, contraltos, pianos y otros recursos musicales. Algo muy retorcido y artificial y que resulta increíble que pueda haber calado en el Carnaval de Cádiz.
Lo malo, doña Cuaresma, es que esto va a peor. Cada año hay más comparsas y más cursis. ¿Sabe lo que le digo? Que me alegro. Que se vayan con sus grititos al Liceo o a los estudios de Canal Sur. Yo prefiero encontrar a mi Cádiz en algún cuplé de eso que llaman hoy agrupaciones ilegales.

  • Leopoldo

    Claro pero es que Cádiz además de que hay gracia e ingenio hay catetura, y catetura gorda, es tremando que exista en Cádiz las comparsas. Como dicen “esta copla es Preciosa” ¡que barbaro! que orterada. Cuando no haya un andaluz que se trage una copla de comparsa se habrá llegado a algo. Y prinbcipal problema de Cádiz; el chovinismo, si aquí sale un progre diciendo independencia, se quedan en pañales los catalanes. Esto es un pueblecito Pepe, no nos engañemos pischa.

  • Currito

    Amén. Y lo peor es que a veces hasta las chirigotas y coros emulan a estos pseudo carnavaleros; y cuando no los imitan, el tufillo deprimente que dejan en el teatro o los tablaos que visitan contagia a todo el respetable: luego dicen que el público está muy frío… ¿Cómo no va a estar frío ante ese vocerío apocalíptico y victimista que nos recuerdan las tragedias de la vida? (Vamos, lo mismo que hacen los curas en sus sermones, pero con disfraces de colorines en vez de negros). Después de escuchar una comparsa que nos habla de crímenes horribles perpetrados contra niños indefensos, por ejemplo, ¿cómo nos vamos a poner a reír ante las ocurrencias geniales de algunos chirigoteros? Y si alguien (como Bienvenido) saca un grupo alegremente distinto, lo amargan enseguida y se retiran: el público se habitúa a las tragedias chillonas y repetitivas de estas comparsas y las demanda como los drogadictos demandan su dosis de veneno que les mata. ¿Pero para qué opinar?: veamos a qué se le llama “comparsa” (voz que viene del teatro) en el mundo civilizado: “Una ‘comparsa’ es una aparición y, en el lenguaje del cine y del teatro, un figurante, un extra, uno que sólo hará una ‘aparición’ rápida en una secuencia”. Eso es lo que tienen que hacer, una aparición rápida y que desaparezcan para siempre. Una comparsa es un secundón, un extra, un relleno, algo a lo cual le damos un espacio pequeñito para completar un espectáculo… Y en el Carnaval de Cádiz, una comparsa es precisamente lo contrario: 70 comparsas deprimentes que hacen sombra al arte, al ingenio, al duende de los auténticos carnavaleros que merecen ser recordados: Cañamaque, Antonio Rodríguez, Antonio Girón, Ramón Cebada, Juan Poce…


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