Soy el alcalde

Doña Cuaresma | 1 de marzo de 2019 a las 8:15

No, no. Tengan tranquilidad mis seguidores. No soy el alcalde Kichi. Soy Doña Cuaresma. Ocurre que también quiero responder a ese simpático cuestionario de Diario del Carnaval titulado ‘si yo fuera alcalde’ y el espacio que me dejan los diseñadores de este periódico para el titular es muy pequeño y no cabe. Así que paso a decirles lo que yo haría si fuera el alcalde de nuestro Cádiz.
Lo primero, dimitir. Lo tengo clarísimo. Nada más divisar el sillón de don Ramón de Carranza o de doña Teófila, presentaba la dimisión. Cada uno debe conocer sus propias limitaciones y yo no estoy preparada para ser alcalde.
Ustedes, pueblo soberano, podrán decir que tampoco Kichi está preparado. Cierto. Pero a mí no me gustaría estar cuatro años sin conseguir nada para mi ciudad, como le ha pasado a nuestro alcalde.
Si no me dejan dimitir, tomaría una drástica medida. Suprimir el Carnaval. Un decretazo como los de Pedro Sánchez, sin pasar por Parlamento, Pleno o Comisión. Suprimido el Carnaval de un plumazo.
¿Y si no me dejan? Amigo mío, si no me dejan suprimir el Carnaval lo tengo clarísimo. Cogería mi bolso y sin decir palabra alguna a mis compañeros de Corporación encaminaría mis pasos hacia El Pedrín. No para tomar un vasito de Chiclana, ya que lleva años cerrado, sino para tomar mi coche oficial, que allí tiene su aparcamiento reservado. Y desde el asiento trasero le diría al conductor :
¡ A Grazalema!

  • Currito

    En esto discrepo con usted: hay Don Carnal porque hay Doña Cuaresma (otra cosa es que la masa paleta carnavalera ignore la relación entre ambos, un matrimonio más bien avenido que la mayoría de los matrimonios humanos). El Carnaval (carna-val, no a la carne, ¡ya vale con la carne!; esa palabra alude al ayuno, a dejar de comer carne durante la Cuaresma, y consecuentemente es comprensible que lo hagamos antes de que ésta comience: así era en el pasado). Sin embargo, los ignorantes “carnavaleros” creen que el Carnaval es “la fiesta de la carne” (claro, lo es pero en el sentido que lo digo); ellos piensa en la “copulación” (como son todos una manada de machistas que ven a la mujer como un objeto de sus perversiones no pueden comprender otro significado que no sea ese que justifica su lujuria). Por lo tanto, señora Doña Cuaresma, el Carnaval, Don Carnal, existe gracias a usted. Pero la masa degradada y atea no puede comprender la profundidad de ese místico matrimonio: ¿cómo va a ver misticismo en él si miran con tal desprecio a las del sexo opuesto, con las que generalmente constituyen los propios matrimonios? ¡Usted ha parido al Carnaval como mi madre me parió a mí! ¡Vivan las madres, vivan las mujeres y viva Doña Cuaresma!


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