Hermosas palabras

Doña Cuaresma | 20 de febrero de 2017 a las 8:31

TODAS las artes tienen un lenguaje, vocabulario o jerga del oficio que además de poseer gran riqueza, muestran gran precisión.
Sin ir más lejos, en esto de la prensa hay entradillas, ladillos, cabezas o corondeles por ejemplo.
En la música hay rubatos, armadura de clave, fermata…
Y qué decir de la arquitectura con términos como alfajía, arco fajón, cimborrio, botarel. Preciosos vocablos que evidencian una arte antiguo y exquisito.
Como el culinario: albardar, croutons, chop, faisandé o sufratar. Palabras que tienen el sabor de siglos y siglos de arte culinaria.
Hasta la artillería, arte tormentaria, tiene su rico vocabulario como chillera, estopín, saquete o paraván entre otros cientos.
No falta una antiquísima terminología cofrade en la que Cádiz, como no, es tan diferente de otras partes que tiene sus propios conceptos: horquilla, penitente o cargador.
Pero toda esa exquisitez, toda esa precisión técnica, toda esas expresiones de tradición artística resultan ser vulgares, burdas y toscas, cuando se analiza el Carnaval de Cádiz.
Las palabras demuestran su falserío o falta de autenticidad, como derrotista, figurante o ilegal.
También demuestran su ordinariez: cajonazo, bastinazo, morazo, pestiñá, ostioná.
Y su absoluta falta de exquisitez: botellón, chupapiera, pato, meada, reyerta, botellazo, samacola, comisería.
Y la terminología de los lunes: kilos de basura.

Añoro las broncas

Doña Cuaresma | 19 de febrero de 2017 a las 17:29

La decadencia del Carnaval de Cádiz es ya imparable. Camina cuesta abajo y el empujón final se lo está dando el buenismo.
No hace falta que les diga que a mí no me gusta este Carnaval. Pero debo reconocer que las broncas en el Concurso tenían su punto interesante y atractivo.
Recuerdo ese gallinero gritando a las agrupaciones de los pueblos que acabaran pronto para que no perdieran el autobús de vuelta. O cuando algún autor cabreado arremetía con cajas destempladas contra el Jurado o contra la Fundación del Carnaval.
Ahora nada. El Falla parece una recepción en el palacio de Versalles, aunque todavía más cursi. Todo son amabilidades y gentilezas. Los autores, en vez de meterse unos con otros como antiguamente, se regalan piropos y hasta quieren levantar monumentos a sus rivales. Ni siquiera se cabrean cuando los eliminan a la primera de cambio, ni nos ofrecen su horrible repertorio desde las escaleras de Medicina.
Todo se tapa y se oculta en el actual Carnaval. Las piñas que antes se daban los padres de los chavales de los grupos infantiles son hoy silenciadas. Los langostinos, cubatillas e indiscreciones del Jurado, ante aireados por todos, son hoy ocultados vergonzosamente al aficionado.
Ya nadie se cuela, ni hay broncas en las taquillas ni mascazos entre reventas. Nadie escala por la fachada del Falla. Hoy todo es internet y entradas de protocolo.
El Carnaval es una lata, pero sin broncas es insufrible.

Irse patas abajo

Doña Cuaresma | 19 de febrero de 2017 a las 17:28

Una de las cosas que más me pasman y horrorizan del carnaval de Cádiz es que para decir una cosa en una copla se tiran media hora.
Por ejemplo, uno de esos pasodobles, tangos o popurrís interminables repletos de gárgaras, grititos aparguelados y graznidos en falsete, como si fueran el guapo de los Bee Gees.
Dos horas para decir que Cádiz es lindo o que la gaditana es un bombón. Eso habría que matizarlo porque la belleza, tanto la de Cádiz como la de las gaditanas, va por barrios. Que alguna hay en el autobús que huele como si tuviera la nevera de un freidor en el sobaco y chilla más que un votante del Kichi en los plenos.
Y no me digan ustedes que el Loreto es el barrio de Santa Cruz precisamente. Barriadas de bloques como esa hay por todo el mundo. Sigo. Charlan mucho los comparsistas, no es periodismo cantado es la literatura del exceso. Y eso le pasa a también los articulistas del Carnaval, necesitan 140.000 caracteres para decir cualquier cosa.
Hablando de locuacidad y del Loreto, nuestro alcalde comparsista, como genuino punta fina, también es de verbo apasionado y extenso, y larga tela. Claro que una cosa es graznar un pasodoble en el Falla y otra cantar el Juzgado. En el Juzgado es más breve y conciso. Hasta escueto, que una cosa es ponerse un disfraz y otra llevar la vara de alcalde.
Viéndolo declarar ante el juez, parece que este edil comparsista es al único al que le ha hecho efecto el agua contaminada del Loreto.

Pequeño favor

Doña Cuaresma | 17 de febrero de 2017 a las 9:38

LA ciudad de Cádiz, fiel a los principios que le han obligado a jurar o prometer, no reconoce más fiesta que el dichoso Carnaval. En consecuencia se dispone a sufrir el ataque de la hez carnavalesca.

Los operarios municipales se afanan en tapar las fuentes, los monumentos y cualquier adorno público para que no sean arrasados durante la celebración de nuestros cultos festejos. La bonita fuente de San Juan de Dios ha quedado oculta bajo grandes tablones y las músicas de Chueca y Falla, arrinconadas en algún almacén municipal.

Por si fuera poco, ya están en camino los elegantes wateres que, estratégicamente colocados, ocultarán museos, iglesias y otros edificios notables de la sufrida Cádiz.

Nuestra hostelería está guardando los buenos productos para épocas más propicias. Vienen de camino grandes toneladas de mortadelas a punto de caducar, moscateles de dudosa procedencia y papas del Camerún para los grandes paponazos carnavalescos. Ya han llegado infinidad de vasos de plástico y las barras metálicas para atrincherar los bares e impedir el uso de los servicios.

Este año yo me atrevo a pedirle a nuestro querido alcalde, Kichi para sus amigos, un pequeño favor. O a Barcia, que me dicen es el que realmente manda en el Ayuntamiento.

Por favor, coloquen una pequeña barricada delante del puesto ambulante que vende chocolate y churros.
No es por nada. Pero es que todos los años se va el personal por las patas abajo.

Los enteraos

Doña Cuaresma | 16 de febrero de 2017 a las 9:44

Me fascina la capacidad que tiene la gente para saber de todo. Yo creía que esto sólo pasaba en Cádiz.

A cualquier hora del día enciendes la tele, y ahí tienes a la gachí de turno que igual te da las claves del enfrentamiento entre el coleta morada y el Errejón (más conocido como El Niño de la Bescansa), que la solución. Y luego, en el mismo programa, te da la exclusiva del nombre de la última piba que se ha trincao el Paquirrín. Cambias de canal y ahí está el gachó de turno, tertuliano desde chiquitito y experto político, que a toro pasado, te recuerda que fue él quien predijo el Brexit, las Farc e incluso que Melanina Trump sería la primera dama de los EE.UU.

Lo mismo ocurre en Cádiz, sobre todo, cuando llega el Carnaval. El personal, de la noche a la mañana, se disfraza de carnavalero, y por arte de magia es el que más sabe de agrupaciones carnavalescas, el que más premios ha ganado o el que mejor retransmite el COAC desde el Falla. Por la tarde se pone el chandal y te clava la alineación que va a sacar el entrenador del Cádiz el próximo partido de Liga.

Y cuando llega la Cuaresma, previa desinfección, se encasqueta su capirote y se convierte en un forofo incondicional de la Semana Santa, del Camino de Santiago o de las bandas de música capillitas, y en su ratos libres satirea por el Paseo Marítimo.
Este tipo de personajes sí que formarían una buena chirigota de enteraos, y no la del Selu.

Pacharlos.

Hartos ya del COAC

Doña Cuaresma | 15 de febrero de 2017 a las 8:18

ESTE concurso de agrupaciones es el más largo de la historia y el más aburrido, si eso era posible.
Hace tanto tiempo que empezó este concurso que ya no me acuerdo si el concejal de Fiestas era Carlos Romay o María Mariscal. Para el caso son lo mismo.
Veo tan lejana aquellas pestiñadas y erizadas como al Kichi de inaugurar algo, que a estas alturas la única obra que ha hecho el Ayuntamiento de Podemos es atornillar la placa del Pillo.
Un concurso más interminable que un artículo de Fernando Santiago: en ambos casos lo peor es lo que queda todavía hasta el final.
Esto hay que renovarlo. Ya que no lo quitan, que lo cambien o lo hagan más ameno porque este COAC está ya más visto y repetido que Pettenghi metiéndose con la alcaldesa.
Voy a hacer una propuesta constructiva. Lo primero que si es de Cádiz no dejen participar a los de fuera. Así nos quitamos unas pocas comparsas malas. Una comparsa de Amate o El Tardón pinta menos en el Falla que Manolito Santander en la caseta del Círculo de Labradores de la Feria de Abril. Así que puerta.
La segunda propuesta es que se celebre el Concurso en un sitio más amplio, con más cabida, como la explanada de la Ciudad del Mar. Un poner.
Grande. Para que no se quede nadie fuera y se llene. Y así mientras las personas finas y con clase podremos pasear por Cádiz sabiendo que nadie nos va a molestar, porque todos los canis y nonainos están en el redil.

¡Dejar a los niños!

Doña Cuaresma | 14 de febrero de 2017 a las 8:30

Todavía hay algo más insoportable que una comparsa; una comparsa infantil. Todavía hay algo más cursi que un autor de comparsas; un autor de comparsa infantil.
Pero aquí, en esta desdichada ciudad, seguimos empeñados en llevar al Carnaval a las aulas. Lo contaba el Diario el otro día y se me ponían los pelos como escarpias al comprobar cómo se sigue adoctrinado en Carnaval a nuestros indefensos niños.
¡Por Dios bendito! ¿No hay otra cosa que enseñar en la escuela que el dichoso Carnaval?
Los gaditanos somos los últimos en cualquier clasificación académica. Nuestros alumnos son los últimos en el MIR y la Universidad de Cádiz está a la altura de la Universidad de Valdeajos, provincia de Burgos. Lo preocupante, sin embargo, es que los niños aprendan la importancia de la falseta del tango y a enchampelar adecuadamente los cuplés.
Comprendo que en los colegios hay que realizar actividades extraescolares, que no todo ha de ser Matemáticas, Historia o Geografía. Bueno, pues entonces enseñemos a nuestros chavales un poco de Urbanidad, de Educación y de Respeto.
Que aprendan a tratar a los mayores con deferencia, a dejar sitio en el autobús a las viejas y a limpiarse por detrás de las orejitas, que luego se hacen mayores y cogen la costumbre de ponerse sin lavar la misma camiseta caletera.
Y que aprendan a estar orgullosos de Falla y no de los que gritan en el Falla.

Se hacen museos

Doña Cuaresma | 13 de febrero de 2017 a las 8:10

ME harto de reír comprobando como el Kichirritín, y sus Podemos, en su ignorancia, se dedican a pedir y decir cosas que el Ayuntamiento ya hacía y decía hace años.
Y cuando llegan al poder comprueban que lo que pedían ya está hecho o que lo decían los anteriores. Prueba de ello es el Museo del Carnaval.
Como este Ayuntamiento no es capaz de hacer nada, el alcalde ha cogido el hueso del Museo que le ha tirado la presidenta de la Junta. El Kichi, que no es culpa mía pero tiene nombre de yorkshire, ha cogido el hueso y, meneando el rabo -en el más honesto sentido de la palabra- se ha hecho dos páginas en el Diario a costa del museíto.
Pues ni el Kichi, ni usted ni yo vamos a ver el Museo del Carnaval por mucho que el alcalde se haya paseado y retratado por las dependencias del Palacio de Recaño. Lo demuestran los hechos: para hacer el Museo el Alcalde quiere promover un nuevo organismo: la Fundación de Amigos del Carnaval.
Otra Fundación para meter lío en el Carnaval, como no había ya bastantes colectivos, asociaciones, jurados, fundaciones y demás. ¿También les dará sus pases para el Falla?
El alcalde -si lo supiera no sería alcalde- no sabe que lo que tiene que promover para que hacer un museo del Carnaval no son fundaciones sino albañiles.
Pero en este mundillo esto de trabajar en un andamio está bien para un disfraz o tipo.
Otra cosa es trabajar por derecho.

Peor todavía

Doña Cuaresma | 12 de febrero de 2017 a las 9:26

En este mundo del Carnaval de Cádiz hay personajes de todo tipo y pelaje. Hay obreros, señoritos, canijos, zampabollos, analfabetos y dicen que hasta profesores universitarios.
Pero creo que la clasificación más importante de este mundillo carnavalesco podría ser la siguiente: Por un lado, los que forman parte de las agrupaciones; autores, músicos y componentes. Por otro lado, los que giran alrededor de las agrupaciones. Los entendidos.
Este último grupo es el más interesante. Esta formado por aficionados al Carnaval que no sirven para concursar en el Falla, pero que no quieren abandonar la primera fila carnavalesca. Este grupo de carnavaleros, muy aficionados ellos, no tiene más remedio que dedicarse a formar parte de los innumerables jurados que existen en el Concurso, a medrar por las sociedades de autores, por los antifaces de oro, o por la Fundación del Carnaval. Gente que manda pero que no concursa. Gente entendida que, como usted se despiste, le larga un discurso sobre el tres por cuatro o sobre la falseta de un tango.
A este último grupo pertenecen los que están empeñados en que el Carnaval de Cádiz sea declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, o los que creen que el Museo del Carnaval es una necesidad urgentísima para la ciudad. Son, en definitiva, los intelectuales del Carnaval.
Los carnavaleros son inaguantables. Pero los intelectuales del Carnaval son todavía más inaguantables.

El fuego amigo

Doña Cuaresma | 11 de febrero de 2017 a las 9:47

QUERIDOS hermanos, orad conmigo para que esto se acabe pronto porque no puedo más ¡Qué concurso más largo!
Esto no hay quien lo aguante: un mes al año escuchando comparsas de todas partes. Hasta cara anchoas de Santoña vienen a martirizarnos con sus ansias de imitar este castigo que Dios nos ha enviado a este valle de lágrimas con el nombre de “agrupaciones”.
Una pesadilla este concurso tan largo, con un jurado que se calla los puntos, sin darle por lo menos esa emoción de saber como va la cosa.
Ese palco del jurado que es como la alcoba de Jennifer López, que nadie sabe lo que pasa dentro pero todo el mundo se lo imagina. Más que un palco es una lavadora: ahora está en el prelavado, luego viene el lavado y por último el enjuague.
Es como ir al Carranza y no saber como va el Cádiz hasta el final. Con semejante norma de concurso en el Carnaval, imagínense ustedes el cerebro de los responsables del COAC. Exacto, al concurso parece que le ha puesto el nombre un pato de la cascada del parque. Coac coac. Viene de graznido.
El Carnaval es una olla podrida sin cabeza visible que todos empeoran año tras año. Que si el Patronato, que si los Autores, que si el jurado, que si la concejal de Fiestas -como todos: a ponerse medallas y esquivar marrones- que si los antifaces, asociación de coristas, de peñas, de artesanos y hasta de conductores de tractor de la cabalgata…
La verdad es que yo sobro. Ellos solos se cargan esto.