Falta algo

Doña Cuaresma | 23 de febrero de 2019 a las 9:38

Ya se nota en las calles de nuestra sufrida ciudad que llega la semana de Carnaval, esa absurda fiesta que tenemos que soportar los gaditanos todos los años.
Lo primero que indica la llegada del Carnaval es la presencia de los váteres portátiles en nuestras plazas públicas. Eso está bien. Muchas cabinitas para que el personal pueda aliviarse tranquilamente sin ensuciar la ciudad. Lástima que después de seis litronas y nueve cubatas la gente prefiera la casapuerta más próxima atener que buscar un váter desocupado.
También veo la presencia de más turistas en las calles. También está eso bien. Preguntan por Canalejas, y creo que no para comprobar si Teófila ha quitado ya la verja del muelle. No, por lo visto buscan una parcelita barata como alojamiento. La mayor parte de ellos traen su perrito, algo imprescindible en esta trimilenaria ciudad donde ya hay más animalitos que ciudadanos.
Han llegado también las grandes cadenas de hostelería para saciar a los insaciables carnavaleros. Sacos con papas descomunales, tartanas con salchichas y el imprescindible algodón de azúcar para que los niños dejen tranquilos a los papás y de camino se les pongan las cachas gordas.
Lo que me tiene preocupada es que este año no ha venido a ocupar su sitio el puesto ese tan simpático del chocolate. Echaré de menos esa taza de chocolate hirviendo, con sus churritos y su vasito de agua. Una verdadera pena.
¡Con lo bien que me soltaba la barriguita!

Ni os atrevéis

Doña Cuaresma | 22 de febrero de 2019 a las 10:28

NO voy a decir que sea anormal porque es cosa que pasa en muchos sitios. Si ocurre en fiestas grandes e importantes, lo mismo puede pasar en este carnaval pueblerinos de las coplas que es el de Cádiz.
Por ejemplo, las Fallas de Valencia. Todos los años se queman las fallas que se han plantado pero sobrevive un muñeco, elegido por su singularidad, que no se quema: el ninot indultat.
También pasa en Sevilla, madre y maestra, en la Feria de Abril, cuando se indulta un astado excepcional en la plaza de toros de la Maestranza, que vuelve a la dehesa al son de las sevillanas.
O en Semana Santa, gran fiesta mayor española, cuando Jesús el Rico, en su trono del Miércoles Santo malagueño, indulta a algún preso de la cárcel en uso de un antiguo privilegio que Carlos III dispuso para el Señor de Málaga.
Y no solo en España. Donald Trump -ese gran hombre que nos ha enviado Dios para velar por todos nosotros- en el día de Acción de Gracias, indulta a dos voluminosos pavos y los libera del holocausto pavicida que consuman en ese almuerzo las familias americanas, Dios las bendiga.
Y en la Fiesta del Sacrificio de Marruecos el Rey y Comendador de los Creyentes indulta a muchos presos, hasta a españoles del contrabando de grifa, que se benefician.
Aquí en Carnaval también. Se lo perdonan todo y no hablan de él en sus coplas.
Las agrupaciones indultan a este alcalde. Al Kichi. ¿Es que no podemos o qué?
Se os ve el plumero.

Aprended, hijos míos

Doña Cuaresma | 21 de febrero de 2019 a las 11:39

Casi tres semanas llevamos de Concurso y todavía estamos por los cuartos de final. Esto es insufrible e interminable. Un verdadero castigo. Yo creo que el mundillo carnavalesco, salvando las distancias, debe aprender de los curas y poner límites a tantas coplas, a tantos concursos y a tantas actuaciones. Hasta los fiebres y fatigas del Carnaval están ya aburridos.
Y es que los curas, hombres siempre sabios, han prohibido las procesiones supérfluas y fuera de contexto. Lo habrán podido leer en estos días. A los capillas les encanta sacar un paso y estaban aburriendo al personal con tanta procesión desfilando por nuestras calles sin venir a cuento.
Una sabia decisión. Pese a que me gustan con delirio, no creo que sea adecuada una procesión, con su incienso y todo, en pleno mes de agosto. Un paso en verano está más cerca del ridículo que de la devoción. Lo mismo ocurre con el Carnaval. Es impresentable esa batalla de coplas, como dicen los cursiletas, en la playa Victoria a cuarenta grados a la sombra. Mal está una batea en febrero con cuarenta fulanos dando grititos ridículos en el arco de Garaicoecha, pero peor todavía en pleno paseo marítimo.
Todo tiene su medida y el Carnaval está desbordado. Cuarenta días de concurso en el Teatro Falla no hay quién lo aguante. Ni siquiera los del Aula de Cultura, que se emocionan al escuchar cualquier pasodoble.
El concurso del Falla debe durar lo justo para no aburrir. Una tarde creo que sería suficiente.

Medalla merecida

Doña Cuaresma | 20 de febrero de 2019 a las 10:30

MI más sincera alegría por lo de la medalla, ya me conocen y saben que no soy una persona reservada y que nunca me callo, y que cuando hay que decir algo lo digo.
Creo sinceramente que una tiene que ser fiel a sus ideales, a sus creencias, y respetarlas siempre con la verdad por delante. En este caso no me puedo callar y tampoco ser una falsa. Lo de la medalla me ha dado una gran alegría.
Sí que es cierto que en este valle de lágrimas, que en este mundo del demonio y la carne hay mucha envidia y que esa distinción ha escocido a muchos.

Muchos que se lo callan y ponen buena cara pero que por dentro les corroe la maldad y están deseando de que la medalla le queme en el pecho, maldición que por otra parte tampoco va a hacer mucho daño.
Dirán que le ponen la medalla a un ejemplo de lo falso por vacuo e inexistente, a algo que no tiene nada dentro, vacío, que es mera fachada y que solamente contenta sus partidarios, que solo está bien visto por quienes desde hace muchos años le siguen.
Dirán rabiosos que esa medalla es a una antigalla, arcaica y casposa, que en el Siglo XXI no caben ni la distinción ni a quien se destina, que se la dan a cualquiera y que lo mismo te la dan, como le pasa a Franco, que te la quitan.
A mi todo eso me da igual, qué quieres que te diga. Yo estoy encantada con lo de la medalla de la Patrona y que le hayan ganado el juicio a Europa Laica.
¡Viva la Virgen del Rosario!

El Norte perdido

Doña Cuaresma | 19 de febrero de 2019 a las 11:00

Me da la impresión que algunos de los llamados autores de Carnaval, antes poetas, han perdido el Norte. En ese despiste también podemos incluir a los culturetas de la fiesta, aquellos que no sacan agrupaciones pero que nos castigan diariamente en prensa y radio con largas y confusas disquisiciones.
Estoy de acuerdo en que Carnaval es transgresión y que las agrupaciones deben criticar a los privilegiados y a los poderosos. Lo que hay que saber, para no perder el Norte, es quién detenta el poder, quién es el poderoso y quién es el privilegiado.
Y miren ustedes, en Cádiz, aquí y ahora, el poderoso es el alcalde Kichi, que maneja un enorme presupuesto. Puede que se trate de un veterano comparsista y que siga viviendo en la Viña, pero es el baranda de la situación actual, el que maneja el dinero de todos. En cuatro años no ha hecho nada, pero nuestros reivindicativos poetas siguen con Teófila.
Poderoso hoy no es Pepe Blas, al que ya no invitan ni a los congresos del PP. Poderosos hoy en Cádiz son los concejales del equipo de gobierno, que manejan y otorgan subvenciones y facilitan contratos. Privilegiados hoy son los concejales que ponen carril bici y siguen aparcando en los sitios reservados para ellos en la cuesta de San Juan de Dios.
Y privilegiado, privilegiado, lo que se dice privilegiado, es el que puede estar tranquilito y alejado del Carnaval. Por ejemplo en un chalet de Galapagar y escoltado por la Guardia Civil.

Cribad malditos

Doña Cuaresma | 18 de febrero de 2019 a las 10:56

MIRA que han tardado en darse cuenta, el concurso del Falla es un petardo que no hay quien lo aguante.
Es víctima de su éxito. Coristas, comparsistas y chirigoteros han triunfado, pero han triunfado en Trebujena, Coripe y Las Pajanosas. Por eso el Falla se les llena de catetos en rebaño: coros, comparsas y chirigotas malas de pueblo.
Se creen que han triunfado en El Liceo de Barcelona pero en ese Liceo los miran como si fueran un grupo cosaco de coros y danzas o una capilla gospel de Philadelfia que también actúan en el coliseo de la Ramblas. Son las excentricidades que se programan entre grandes producciones de ópera y nada más. El Carnaval de Cádiz les viene bien porque ese día se llena el teatro de andaluces emigrados. A ver si cantan en el Olympia de París.
Es lo que tiene, si vendes catetadas solo tendrás paletos. Canal Sur no retransmite medio concurso porque si el televidente ve una comparsa de Bujalance en la tele, agarra el mando buscando mejor las cachas de Beyoncé.
Lo mismo con las infantiles y juveniles: es un horror una chirigota de jovenzuelos cambiando la voz, por mucho que se metan con Rajoy y con el Pp. Si salen en su televisor, usted los quita rápido.
Ahora que también es cierto que a los carnavaleros de Cádiz no le viene bien que no vengan las comparsas malas de Puente Genil.
Nada mejor para una agrupación de Cádiz que actuar detrás de una comparsa mala de pueblo.
Perecen otra cosa.

La barra del Falla

Doña Cuaresma | 17 de febrero de 2019 a las 10:55

Compruebo que los carnavaleros están muy preocupados por el rumbo que está tomando el concurso. Al parecer se está perdiendo el gaditanismo y más que un concurso de coros y chirigotas parece el Festival de Sitges.
No es que me preocupe mucho, la verdad. Por mí como si se dedican a bailar sardanas. Pero mi confesor me ha ordenado que por cada insulto que dirija a los comparsistas debo hacer una buena acción. Así que hoy no habrá crítica y sí sugerencias constructivas para recuperar el gaditanismo del COAC.
Una de las primeras medidas, urgente diría yo, es recuperar la barra del Falla. Pero un rescate para dejarla como estaba en su buena época, cuando creo que la dirigía un holandés. Una barra con gran animación, críticas despiadadas y broncas con algún que otro macocazo.
Servía de barómetro para medir la calidad de los grupos. Salía un grupo chungo al escenario y en la sala del teatro se escuchaban perfectamente las voces aguardentosas de los que estaban en la barra. Eso sí que era Cádiz. No hacían falta jurados ni comentaristas de radio; la barra del Falla medía con exactitud la calidad de la agrupación.
Y las broncas. Al día siguiente, Diario del Carnaval nos informaba con detalle si las peleas habían terminado en piñas o se habían quedado en simples tragabuches.
Sin la barra del Falla, el Concurso ha perdido mucho. Hoy solamente se habla de coplas y cuplés y eso, francamente, es muy aburrido.

No hay derecho

Doña Cuaresma | 16 de febrero de 2019 a las 10:52

SI el mundo del Carnaval imitara al mundo cofrade, otro gallo cantaría tres veces. Creo que incluso le iría mucho mejor.
En pulcritud desde luego. Ni que decir tiene cómo huele el tipo o el disfraz después de un mes de concurso y un fin de semana de bullas y salpicones de moscatel remontao.
Ese acre aroma palurdo nada tiene que ver con esos capillitas engominados, con su colonia cara, el traje de tres botones y la corbata lila a juego con el color del cordón de la medalla de la hermandad.
Hablando de aromas ¿No es por ventura más etéreo y grato el salado aire de Cádiz impregnado de los perfúmenes del azahar, la cera y el incienso, que el pestazo a retrete de Camposoto de las mañanas de domingo de Carnaval?
Una procesión deja a su paso almas limpias y espíritus elevados; una cabalgata arroja kilos y kilos de basura, el mismo resultado que uno de esos actos gastronómicos.
Prefiero visitar sagrarios a tablaos, oír las polifónicas voces de las corales a los berridos de los coros y a una saeta al son de las horquillas antes que el soez cuplé de un cuartetero chocando dos palos.
Por eso no comprendo como en este valle de lágrimas la divina providencia nos lance tan terribles pruebas, tan pesadas cadenas que nos hunden hasta el fondo del proceloso mar del sufrimiento.
¿Cómo es posible que Su Excelencia Reverendísima haya prohibido una procesión y se le escapen vivas las cabalgatas y carruseles del Carnaval?

¿Qué buscan?

Doña Cuaresma | 15 de febrero de 2019 a las 10:51

Me estoy convirtiendo en una filósofa del Carnaval. No es que me guste esa fiesta tan deprimente, pero la obligación que me he impuesto de estar diariamente con mis seguidores me obliga a reflexionar sobre el asunto.
¿Qué hacen quince fulanos de San José de la Rinconada o de Alcalá de Guadaira en el Concurso del Falla? ¿Qué mueve a un tío de Las Cabezas de San Juan a dejar la tranquilidad de su hermoso pueblo para acudir al COAC?
Puede que vengan a aprender. Es lo que hacen, por ejemplo, mis capillitas gaditanos cuando marchan a Sevilla en Semana Santa para embeberse de buen gusto. Conozco a un hermano mayor de una prestigiosa cofradía gaditana que ha logrado por fin salir de nazareno de fila en la Macarena. En los tramos del Cristo, pero algo es algo.
¿Buscan prestigio? Actuar en el Gran Teatro Falla, supongo que abrirá muchos despachos de alcaldes para firmar contrato para las casetas de feria. Lógico.

Eso también ocurre mi mundo. Salir de aguador en una cofradía sevillana del Tiro de Línea, el Viernes de Dolores, te facilita el martillo de cualquier hermandad gaditana por prestigiosa que sea.
No lo sé. Puede que el venir a concursar a Cádiz sea la novedad, el dinero o el aburrimiento. No me lo explico. Con la humedad que hace en Cádiz estos días y lo bien que se está en un pueblo, calentito en una mesa de camilla, dándole sin parar al Reguera y a los chicharrones.
¿Qué buscan estos tíos?

Botellita con mistol

Doña Cuaresma | 14 de febrero de 2019 a las 10:50

UNA de las pocas cosas buenas que tiene el Carnaval es que ponen bombillas por las calles y hay más luz, porque el Ayuntamiento del Kichi nos tiene esto más negro que los presupuestos de Pedro Sánchez.
Cuando los comercios apagan los escaparates la calle tiene menos luces que un concejal de Fiestas. No me extraña que el Kichi haya quitado las pantallas de autobombo de Teófila. Me parece a mí que las ha quitado porque no iba a tener nada de que presumir.
Para colmo asfalta un aparcamiento en la carretera industrial y se le olvidan las luces. La verdad es que este Ayuntamiento lo que si que ha hecho es quitar, pero de poner algo anda muy cortito. Son más de quitar que de hacer. Por ejemplo quitar bustos y placas o quitar la Diosa del Carnaval y las ninfas.
Algunas cosas si que han hecho como eso de convertir las plazas en el patio de un recreo poniendo fuentecitas o poner la plaza de Sevilla como un taxi, todo el día bajando y subiendo la bandera. O el gran logro: el carril bici. Lo que hace falta ahora es la bici porque en Cádiz hay muy pocas.
Se pueden apuntar también lo de la botellita de agua con mistol para pasear al perrito echando el chorrito después de que su cari de cuatro patas eche la meada en el cañón de la esquina. Eso sí que es un logro.
A ver si se atreve con los meones y meonas del Carnaval y les obliga a llevar una botella de dos litros con zotal para uso del que le entre ganas de aliviarse la vejiga en la calle o en la casapuerta.