Doña Cuaresma

Un pestiño menos

Doña Cuaresma | 31 de enero de 2020 a las 6:00

LA oportunidad es única. Cargarse la Pestiñada sería un éxito rotundo para esta ciudad otrora culta y señorial. Un evento hortera menos que tendríamos que soportar la gente de orden. De suspenderse finalmente, saludaría con cortesía y educación al presidente de la peña Los Dedócratas, Martín Periñán, en caso de encontrármelo por la calle. Es más, le daría hasta un casto beso en la mejilla derecha. ¡Genio! Ha hecho usted lo correcto, hombre de bien. Ya no queda margen para organizar este evento. Las cosas se hacen bien y con tiempo. Pero, claro, estas dos premisas no forman parte de la manera de actuar habitual de este Ayuntamiento. No ceda ante el interés del equipo de gobierno, con Doña Profidén al frente, de celebrar esta festividad contra viento y marea en un nuevo acto de populismo barato y cateto. Dice ella que Periñán no piensa en los hosteleros que esa noche aprovechan el tirón de la Pestiñada para hacer caja. ¿En qué mundo vive Lola, Lolita la Piconera? Los desarrapados que acuden a estas celebraciones no tienen ni para una menta poleo. Tiesos sin Fronteras, se llama su ONG. Hágase el loco, Martín. Por el bien de todos. Así evitaremos esas colas de personas con abrigos raídos, leggins apretados y dientes salteados matándose por coger ¡un pestiño! el 8 de febrero. Y acabaremos con esa imagen vergonzosa en la plaza de San Francisco, que solo debe llenarse para ver salir la hermandad de la Vera-Cruz, ejemplo de señorío y rigor.

La chusma y los egos

Doña Cuaresma | 31 de enero de 2020 a las 3:43

CHUSMA: Gente que se considera muy vulgar y despreciable. Ese es el significado de esta palabra en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Entonces, ¿cómo viene una comparsa de Cádiz presumiendo de que ellos son ‘La chusma selecta’? Pamplinas. La fiesta pagana de Momo está cada vez peor. Llena de envidias y egos. Unidad, pedía el autor de esta agrupación en una entrevista publicada por este diario ayer. Unidad y olvidarnos de los egos, decía Martínez Ares, no cualquiera en… sino el autor con más tirón actualmente. Eso es imposible Don Antonio, te lo digo yo, que más sabe Doña Cuaresma por vieja que por Cuaresma. En el Carnaval de Cádiz tienen ego los autores, que se creen poetas tocados con una varita mágica; los directores, que piensan que sin su labor los grupos no saldrían adelante; los tenores, que llevan la melodía, tesquiere y ya; los segundas, que se quedan colgados en los repertorios abominables esos que llevan para hacerse notar; los punteaos, que se tienen que pegar dos minutos dale que te pego a las cuerdas para introducir un pasodoble, sin pensar que el punteao del Vaporcito dura siete segundos y lo reconocen hasta los niños de pecho, que es de lo que se trata; tienen ego los concejales, los jefes de prensa, los cronistas del foso, que se hartan de reír porque una chirigota mala les dedica su repertorio… Los egos son intrínsecos al Carnaval. Algunos, como Juan Carlos Aragón, lo tenían y hasta se lo podían permitir por su talento. Pero otros, ay otros, de ¿qué presumen?

El pin carnaval

Doña Cuaresma | 30 de enero de 2020 a las 9:40

COMO podrán suponer mis queridos lectores, estoy a favor del Pin Parental. Todo lo que sea oponerse a la inmoralidad tendrá en mí a una fiel aliada. Y no solo aliento desde aquí a quienes quieren implantarlo, también les pido que propongan una versión para aplicarla a la desagradable fiesta en la que esta ciudad gasta las pocas fuerzas que le quedan. El Pin Carnaval sería una bendición. Así podríamos evitar que en las escuelas adoctrinaran a niños y niñas con pamplinas y contenidos que puedan ser “intrusivos” para la “conciencia” y la “intimidad” de los menores, como bien expone ese partido que tanto tilín me hace. De esta manera acabaríamos con ese disparate de El Carnaval en la Escuela, donde los alumnos en lugar de aprender códigos morales y buenas costumbres, en lugar de recibir recomendaciones sobre cómo se porta un cirio o cómo se decora un altar de cultos, son aleccionados para -¡horror!- cantar un cuplé, aporrear un bombo, coser sus propios disfraces (¡hasta los varones!) o pintarraquearse esos coloretes de los que tanto presumen los carnavaleros. Me encantaría que esta idea prosperase, pero me temo que no tendría mucho éxito. En Cádiz se ha perdido el buen gusto y la mayoría de los padres aceptan este adoctrinamiento sin rechistar, presumiendo entre sus amistades de que su hijo sale en una chirigota y perdiendo el culo (ave maría purísima) para ir a verlo al Falla y gritarle alaridos de ánimos sin pudor alguno. Qué vergüenza de ciudad.

Ya me extrañaba

Doña Cuaresma | 29 de enero de 2020 a las 8:16

PASEABA ayer junto a la balaustrada cuando de repente me llevé una enorme sorpresa. Una considerable cola de personas aguardaba para entrar en ¡una instalación cultural! ¡en Cádiz! Era el llamado ECCO (Espacio de Creación Contemporánea). Extrañada interrumpí ese paseo matinal que me hace evocar un Cádiz de esplendor y señorío junto al mar para, picada por la curiosidad, acercarme a preguntar qué señuelo cultural había provocado tamaña expectación. Comencé a dudar cuando, ya cerca de esas personas, atisbé algún que otro chaquetón fosforito, varios chándales del Primark y más de un pantalón roto. “Aquí hay gato encerrado”, pensé para mis adentros. Salí de dudas cuando pregunté a un lozano guardia municipal. Estaban vendiendo las entradas para no sé qué nueva fase de este suplicio que es el COAC. Ya me extrañaba a a mí que en esta ciudad se formara una cola un martes por la mañana para entrar a ver una exposición. Este equipo de Gobierno, en su ridículo afán por poner la infame fiesta al nivel de la cultura, ha vuelto a hacerlo. Abrir un espacio cultural para vender las entradas y permitir así que el chusmerío traspase sus puertas. Ahí es nada. Otra cosa es valorar qué mamarrachos modernos y carentes de moralidad se exponen en ese espacio. Aunque pensándolo bien, mejor que estos atorrantes asalten con sus indumentarias un lugar como el ECCO que, por ejemplo, el Museo de la Catedral, donde peligrarían sus tesoros sacros. Ayer, sin duda, muchos de ellos pisaron por vez primera un sitio donde se exponen cuadros.

Fuera la canalla

Doña Cuaresma | 28 de enero de 2020 a las 2:47

LOS colaos en el Falla son una especie en extinción. Los mequetrefes que merodeaban por los alrededores del teatro hasta que el queu de la puerta guiñaba el ojo para que pudieran acodarse en la barra y vacilar están desapareciendo. Me cuentan que los nuevos mandamases del adefesio este que llaman el COAC están locos por sacar a la canalla del foso a bastonazos y cualquier excusa es buena. A mí me parece muy bien. De hecho, cuanta menos publicidad se le dé a esta fiesta mejor para mí. Ojalá el foso estuviera así de lleno para ver el concierto de Al Palo. Pero no. A los chirigóticos estos les molesta la crítica. Mucha cuna de la libertad pero cuando los cronistas dan su opinión sobre eso que llaman repertorios, y que no son más que un puñado de simplezas y una retahíla de piropos sin sentido, se ponen negros.  Así que lo que verdaderamente les encantaría sería un Falla sin periodistas, salvo los que pagan por los derechos televisivos claro, porque las críticas con billetitos son menos dolorosas. Lo peor es que estos muchachos del Patronato se piensan que saben de todo. Una cosa es que se dedican a organizar el horripilante concurso este que paraliza esta ciudad un mes, y otra que quieran tener potestad incluso en los medios de comunicación, a cuyos miembros se atreven a querer sancionar, como si esto fuera LaLiga. “Es que hay que estar atentos al escenario”, dicen ellos entre cubatas mientras babean en la barra. ¿Y el Ayuntamiento mientras qué hace? Pues reírle las gracias. Qué pena de ciudad.

Cuarentena

Doña Cuaresma | 27 de enero de 2020 a las 10:06

EL virus del Carnaval de Cádiz se está extendiendo por España sin que nadie le ponga remedio. Ahora que medio mundo se acuerda del todopoderoso y empieza a encender velas a todos los santos para que el coronavirus no traspase las fronteras de China (para eso sí que sois todos muy creyentes) yo me pregunto si no habría que haber puesto en cuarentena a todo Cádiz hace años para evitar la propagación del virus del carnavaliti chabacanus. Mi Sevilla amada, madre y maestra, fue la primera contagiada, por no hablar de Huelva, donde ya tienen sus propios virus menos virulentos pero igual de malages. Ayer incluso un teatro de Madrid acogió la actuación de dos grupos gaditanos, en plena Gran Vía, con la presencia de famosos incluso que se vanagloriaban en sus redes sociales de estar presentes en el bodrio. Pero ¿no les da vergüenza? ¿Dónde le ven el arte a las letrillas, a los cuplés que acaban con tengo un aparato reproductor masculino como la torre de preferencia? Y la gente se ríe con eso. Un virus, un virus peor que cualquier amenaza informática. No se dan cuenta que el coronavirus amenaza a la vida en el planeta, porque son ya decenas de víctimas, y así empezó la Gripe Española de hace un siglo, que una es muy vieja y se acuerda de todo, pero lo peor es que el virus del Carnaval de Cádiz resiste hasta a las mascarillas. Claro, si es que lo de mascarillas viene de máscaras, y los menesterosos estos de eso saben un rato. Ya me imagino a la gente con mascarillas pero dibujadas con motivos carnavalescos y cantando cuplecitos entre toses. Qué Dios nos ayude.

Horroris Guasa

Doña Cuaresma | 26 de enero de 2020 a las 12:31

DESPUÉS de tantos años creía que mi capacidad de asombro con esta fiesta mundana ya había tocado techo, pero veo que no. Porque, una cosa es que a los participantes en este adefesio se les vaya la cabeza y se sientan Alfredo Krauss o José Carreras, se sientan Pemán o Garcilaso, lo que ya es preocupante, y otra que los que tienen que poner cordura, los gobernantes, alimenten las ínfulas de estos menesterosos. Lean esto y díganme si no es para salir corriendo sin parar y exiliarse en Valladolid: “Mi sueño es que la gente venga a Cádiz a estudiar Carnaval, que exista una titulación homologada”. Lo ha dicho en este diario la concejala de Fiestas, Lola Cazalilla. Y se ha quedado tan pancha a pesar de tan enorme disparate. En primer lugar cree de verdad que esta celebración hortera es susceptible de introducirse en las aulas magnas de las universidades. ¿El título final sería Doctor Horroris Guasa? En segundo lugar está convencida de que cualquier persona con la cabeza bien amueblada y con inquietudes académicas va a perder un segundo de su preciado tiempo en estudiar cómo se aporrea un bombo, cómo se perpetran esas rimas o cómo los octavillas emiten esos graznidos tan desagradables como un reclamo para cazar perdices. ¿De verdad piensa que en la Universidad, una institución tan seria, cabe este mamarracho de fiesta como objeto de estudio? En su primer Carnaval se está cubriendo de gloria Lola, Lolita la piconera.

A mí no me la dan

Doña Cuaresma | 25 de enero de 2020 a las 3:57

LAS entrevistas que se publican al lado de mi columna, tituladas ‘Tras la máscara’, vienen a corroborar todas las deficiencias intelectuales que tiene la fauna carnavalesca. Lo que yo siempre he pensado: vaya pandilla de soberbios y arrogantes personajes. Intentan los entrevistadores sacar el lado más personal de los entrevistados, más allá de la farándula esa que los ha encumbrado. Y no hacen otra cosa que mostrarnos ridículas aficiones y mentiras, muchas mentiras. Sobre todo cuando les preguntan cuál es el último libro que han leído. ¿Bromean los entrevistadores? Estos pavos solo conocen, a lo sumo, el libro de papel de fumar y no son capaces de entender ni el prospecto del Bisolvon sin fijarse en un tutorial de internet. Pero ellos sueltan el nombre de un escritor que les sonará de algo y quedan como si en sus horas libres cultivasen sus intelectos. ¡Ja! No se lo cree nadie. ¿O no han analizado ustedes la calidad de sus letras? Pobres ripios, gato con pato y argolla con chirimoya. De ahí no pasan. También me hace gracia –y eso que yo soy de reírme poco– cuando hablan de sus músicos favoritos. Y te hablan de Mozart con una ligereza… ohhhhhh… para tirarse por la muralla. Queridos entrevistadores: no perdáis el tiempo. Todas sus respuestas son una pose de cara a los lectores para no quedar como lo que son: unos botarates que solo piensan en sus agrupaciones, sus berridos y sus nefastas rimas sensiblonas. El colmo es que a este esperpento anual le llaman cultura. Que Dios les perdone.

El alcalde y el pito

Doña Cuaresma | 24 de enero de 2020 a las 7:00

TRA taratatatara tra ta taraaaaaaa… Suena un pito de caña en Fitur. ¿Qué es eso?, pregunta un visitante. Será el alcalde de Cádiz, que to los años monta su numerito. ¿Y, aparte de tocar el pito, sabe hacer algo más? El primer año que vino cantó un pasodoble. Pues vaya plan.

La conversación es verídica. Me la ha contado una amiga beata que se dio una vuelta por la Feria Internacional de Turismo de Madrid con su escapulario colgado del cuello, muy propia ella. Dice que nuestro arcarde chirigotero volvió a presumir de la asquerosa fiesta esta que mantiene a esta ciudad como hipnotizada, en vez de pensar en lo que de verdad importa. Algún que otro alcalde incluso se sorprendió de que el Kichi insistiera en el numerito, con su concejal de Deportes al lado. Lo del señor este también es de traca. Cuando no está dando clases en mi amada híspalis está haciendo el caricato junto al alcalde. Todo menos donde tiene que estar, que es, por ejemplo, dándose una vueltecita por las instalaciones deportivas de la ciudad, que tienen menos luces que algunos cargos electos que si no comieran de la sopa boba igual estaban buscándose las papas en cualquier lugar del mundo.​

Y mientras tanto los carnavaleros siguen sin dedicarle una crítica a su colega el arcarde. Igual la cuarteta aquella de los borrachos chirigoteros va a tener que cambiar de letra y cantarse así: “Ay el Kichi que es buena gente y olé… ay qué coba me está dandoooo…”.

Sevilla, mi decepción

Doña Cuaresma | 23 de enero de 2020 a las 15:38

Hubo un tiempo en el que el Carnaval era solo un divertimento para gaditanos tiesos. Vamos, un bajunerío controlado entre los muros de nuestra Trimilenaria ciudad. Hasta ahí era medianamente aceptable, aunque para mí igualmente detestable. Luego, mi rechazo (y mi asombro) se multiplicó por cien cuando comprobé la repercusión que iba teniendo esta ¿fiesta? de iletrados, con el coeficiente de inteligencia de un rinoceronte de Sumatra, fuera de nuestras fronteras. Pero lo que ya acabó por matarme, ay Virgen del Rosario, fue ver cómo la provincia andaluza que más se interesaba por esta mamarrachada anual era… ¡Sevilla! Por Dios, ¿qué le habéis visto a esto? Ustedes, criados desde pequeños en la fe y apuntados como hermanos de las cofradías en la misma incubadora. Ustedes, los del buen gusto en la preparación de los cultos, en el vestir de las imágenes, en la manera de llevar los pasos, en la forma de sentir una saeta en la calle Cuna al paso del Señor de la Pasión, en el respeto al presenciar los cortejos de nazarenos… ¿Qué ha ocurrido para que tantos sevillanos se hayan convertido a la burricie pagana del infame papelillo y la grotesca careta? Qué decepción, Virgen de la Esperanza. Me consuela al menos que algunos gaditanos de orden hayan realizado el camino inverso alejándose de la ordinariez y abrazando con pasión el fervor cofrade. Salieron huyendo de los coros. Mi homenaje a Juan Manzorro, Fernando Pérez, Pablo Durio y Manuel Ruiz Gené. Que Dios siga iluminándoles. Amén.