El arma sevillana

Doña Cuaresma | 5 de febrero de 2018 a las 8:06

YA tengo el arma secreta descubierta: la clave para acabar con el Carnaval de Cádiz es Sevilla.
Sevilla ha empezado a hundir el Carnaval y yo la voy a ayudar en lo posible. Empezaron viniendo los catetos de La Rinconada o El Coronil en sus autocares para la cabalgata, con sus bolsos llenos de filetes empanados y tortillas camperas. No gastan un duro y traen hasta el papel higiénico.
Luego empezaron a venir las comparsas y chirigotas. Con el Canijo, Cadaval y demás infiltrados. Llegan aquí y se ponen púos pero luego vete a Sevilla en feria a la caseta del Moranco, Soto o el tal Canijo: ni te dejan entrar.
Ahora llega la Diputación de Sevilla, y como allí no son tontos, dicen que van a hacer un concurso solo para agrupaciones sevillanas ¿Y quien sale en la propaganda? El tal Canijo en una de sus creaciones.
Igual que han borrado del mapa la Semana Santa de Cádiz, con los capillitas queriendo procesiones por la tarde para coger la autopista e irse a ver la madrugada en Sevilla, con el Carnaval pasará igual.
Y como los miarmas son de tan mal perder -véase Sevilla- Betis- ya se están viniendo arriba y se molestan porque no pasan a cuartos de final y le protestan al jurado. Ya están enfangando el concurso y además en toda tu cara.
Me alegro que vengan desde más allá de la Venta el Paisano a cargarse esto. Pero cuidado sevillitas, que el enemigo gadita no es manco.
De momento ya se han cascado la I Bizcochada Popular Carnavalesca.

Carpa o casetón

Doña Cuaresma | 4 de febrero de 2018 a las 9:55

La gente del Carnaval de Cádiz es la más incoherente y arbitraria del mundo. Nos habían dicho que nos les gustaba las casetas de las Fiestas Típicas. Que no eran muy carnavaleras y que parecían las de una feria del cualquier ciudad andaluza.
Sin embargo, ahora los responsables municipales colocan una enorme caseta en el muelle, a la que llaman carpa, cuyos ruidos va a volver majareta a media ciudad. El alcalde, ese digno sucesor de Fermín Salvochea, no se corta un pelo y dice a los vecinos que se aguanten un poco ya que se trata de “una de las grandes señas de identidad de Cádiz y Andalucía”. Arsa pilili.
¡Qué incoherencia más grande la de estos carnavaleros! Nos decían, los muy cursis, que el Carnaval era perderse por las calles para paladear un buen tango. Que lo bueno era escuchar el repertorio completo de una ilegal en un apartado rincón de la ciudad. Que lo auténtico era ponerse un disfraz y divertirse con una copita de vino sin molestar a los demás.
Pues nada de eso era verdad. La auténtica identidad del Carnaval, por lo visto, es colocar un molesto casetón para poner a todo volumen música tecno, o rock, o raguetón o como se llamen esas músicas estridentes.
Como ustedes comprenderán, a mí me importa tres pitos la carpa, el casetón, los ruidos y hasta el alcalde. En cuanto pueda me las piro de Cádiz. Pero estoy viendo que con este Kichi media ciudad querrá irse para la Sierra y me van a subir los alquileres.

Calle Teófila

Doña Cuaresma | 3 de febrero de 2018 a las 10:31

Una, que lleva más de un cuarto de siglo diciendo las verdades del barquero sobre la porquería del Carnaval de esta ciudad y poniendo a cada uno en sitio ha tenido que aguantar y padecer durante unos cuantos días, a la izquierda de este recuadro, a la flor y nata de esta fiesta, personajillos que están ya más vistos que el TBO inventándose nombres de calles.
Con todos mis respetos para los responsables que hacen este suplemento del Carnaval, ¿no había otra página donde encasquetar a la crem de la crem? De toda la vida, la última página de este suplemento era sagrada y dedicada para la gente culta y educada de Cádiz.
Por otro lado, también se entiende que quieran aparecer junto a una servidora, ya que, modestia aparte, mis artículos son los más seguidos de este periódico. Por lo menos eso dice mi confesor.
Pero que creo que además de los autores y artistas que aparecen en el COAC, y que habrán dedicado un sinfín de letras elogiándose a sí mismos y asegurando que gracias a su arte y salero han convertido a Cádiz en el epicentro del mundo, falta alguien fundamental en la fiesta. Faltan los ‘capillarescos’, personajes que lo mismo te sacan una procesión al más puro estilo sevillano que te componen un tango para el Falla.
Termino no sin antes aprovechar para pedir mi calle. Creo que me lo merezco después de soportar la vecindad de tanto carnavalero. Mi calle se llamaría:
Teófila Martínez.

Se me ha olvidado

Doña Cuaresma | 2 de febrero de 2018 a las 7:58

CON eso del aniversario de la comparsa de El Puerto y de la revisión de la invención de Paco Alba, cosa que estamos padeciendo hoy, se me viene a la cabeza que nadie ha clasificado a esa agrupación, digna de un documental de esos que ponen después de comer en la tele, que salen los leones o los cocodrilos comiéndose a un bambi. Pues eso, para echarlas a los leones.
En realidad una comparsa, es una chirigota fina, al menos cuando la inventó el de la boina. Y que nadie se enfade porque un birrete doctoral no llevaba el hombre.
Lo malo es que conociendo el paño, si eso es lo fino, como será lo basto. En realidad las comparsas son todas iguales y hoy ya no son finas, son cursis. Lo que cambia es el pasodoble.
Yo detesto el pasodoble ideológico, escrito por esos comparsista de pasmina que se creen que Cádiz les queda chico y que marcan el deber ser ético, político y económico. Cantando eso puede uno terminar hasta de alcalde.
Típico es el pasodoble funerario, por otros autores llamados pasodoble obituario o de tanatorio. Es el que plañen las comparsas tristes.
Otra especie es el pasodoble enigmático, que nadie entiende. Suele venir acompañado de un tipo alegórico o de fantasía. También es conocido como pasodoble sudoku porque si el llamado poeta las pasó canutas para escribirlo, los comparsistas sudaron sangre para aprendérselo.
Por eso no me extraña que le pidan a un autor que cante un estribillo y ni se acuerda.

¡Vuelve, Adri!

Doña Cuaresma | 1 de febrero de 2018 a las 9:13

Hay que aplazar la celebración del Carnaval. No hay más remedio. Tres años no son suficientes para que el alcalde González Kichi y su prestigioso equipo de gobierno puedan organizar la grandiosa fiesta gaditana.
Tres años es muy poco tiempo para establecer la llegada de autobuses a Cádiz. Es un tema excesivamente complicado que requiere muchas horas de meditación y trabajo. ¿Qué harán en Pamplona durante los Sanfermines? ¿Y Sevilla en su Feria? Lo de Cádiz, por lo visto, es más difícil.
Ya sé que Cádiz tiene una Concejalía de Fiestas y hasta personal en ella trabajando. Pero tres años no son suficientes. Tengan en cuenta que la concejal debe organizar la importantísima fiesta de los Juanillos o la imprescindible batalla de coplas del Verano y no puede estar pensando todo el día en el Carnaval. Hay que darle tiempo para organizar el tema de los autobuses.
Igual pasa con la carpa. Tres años no son suficientes para encontrar una ubicación que no moleste en exceso a los vecinos.
Tengan en cuenta que este alcalde sufre una Secretaría y un Interventor que exigen, nada menos, que el cumplimiento de la Ley. ¡Qué barbaridad! Por lo visto esto no sucede en el resto de España. Y así no hay quién organice un Carnaval en condiciones.
Todo esto pasa por haber defenestrado al anterior concejal de Fiestas, mi amigo el Adri, cuando estaba a punto de organizar un extraordinario Carnaval.
¡Vuelve, Adri!

No a los metepatas

Doña Cuaresma | 31 de enero de 2018 a las 8:15

COMO en Cádiz no nos bastamos y sobramos para meter la pata, en el Carnaval esto es un coladero y vienen todos los carabrecas de España a meter el hocico.
Una pena lo de las lanzaderas. Una cosa muy bien pensada que hubiera lanzado a tomar viento a nuestros opulentos visitantes, que gastan menos que la Camelo en ropa estampada, que parece que le ha hecho promesa a Medinaceli.
Ahora rectifican y no nos salva nadie de todos esos palurdos que vienen en los autocares en Carnaval a ensuciar Cádiz y meter la pata. Si hubieran tenido que pagar seis euros de autobús iban a correr más que el Ecce Mater.
Meten la pata agrupaciones como la comparsa esa sevillana que tiene el pésimo gusto de titularse con uno de los iconos de la pornografía más machista: “Una corrida en tu cara”. Se metían con la joven hija de un torero y ahora, cuando la vilipendiada les requiere legalmente para que dejen de meterse con ella, le dedican otra copla para más escarnio.Y reza que son de Cádiz.
A Cádiz viene el desecho, lo que nadie quiere. Como esas comparsas de Tocina, Santoña o Alhaurín, chirigotas hispalenses o de remotos parajes, que pegan en el Falla más chillidos que los que le dedican al Kich en los plenos. Y vienen a meter la gamba a gusto.
Hay que poner coto a tanto desahogado de fuera que viene a Cádiz en Carnaval como si tuviera carta blanca. Y aquí el único que tiene carta blanca es el Kichi.
Pero de despido, con su finiquito y todo.

Ocho domingos

Doña Cuaresma | 30 de enero de 2018 a las 9:24

Un rayo de esperanza, un faro en la niebla. Eso ha sido para mí leer en el Diario de Cádiz que quedan ocho domingos para la gloriosa Semana Mayor.
Gracias, amigos. La información capillil debe ser muy ingrata en esta ciudad dedicada a dar grititos y hacer contorsiones sobre el escenario del Gran Teatro Falla. Hablar de cofradías, en esta época de Carnaval, es como hacerlo de pesca al curricán en Soria. Clamar en el desierto. Por eso, permitan mis lectores que personalice esa gratitud en Pablo-Manuel Durio, al que da gusto ver con su corbata encabezando la información cofrade.
Antes teníamos también en esa titánica lucha en favor de los cofrades a Carlos Alarcón, que nos ha abandonado por el pitito de caña, el pasodoble y otras vulgaridades carnavalescas.
Ocho domingos, es cierto. ¡Pero qué ocho domingos, queridos hermanos! Jornadas plenas de funciones principales, triduos, quinarios y hermanos encorbatados y vestidos como Dios manda. Y que nadie se olvide del concierto de marchas procesionales que, año tras año, organiza mi dilecto Ramón Velázquez.
Ocho domingos, cuatro semanas. Tiempo más que suficiente para hacer escapadas a Sevilla y dejar por un rato la hez carnavalera. Tiempo para ir a la Magdalena y comprobar los preparativos de la Quinta o visitar San Gil. Días para empaparse de buen gusto y olvidar las miasmas de la Viña.
Por cierto, amigos, ya solo quedan siete domingos.

Alcalde páralos

Doña Cuaresma | 29 de enero de 2018 a las 8:35

POR primera vez en mi vida voy a aplaudir al Kichi, que okupa la silla de los Carranza en el Ayuntamiento de Cádiz.
Y hasta le voy a perdonar que estrene menos que el Cine Cómico, que todavía no ha inaugurado nada en Cádiz, que es más flojo que una comparsa de Toledo.
Porque con lo que ha hecho también voy a olvidar la vergüenza que nos hace pasar cada vez que, en lugar de ejercer de alcalde, hace de chirigotero y se pone a cantar haciendo el ridículo. Por cierto que el casting de su comparsa lo hizo un sordo de Astilleros, a la vista de cómo canta. Animalito.
Ya ni me fastidia su estilismo, que parece que se viste en el baratillo de la plaza. Tiene camisas que le quedaban mejor al muerto que a él.
El alcalde se ha convertido en mi héroe, porque lo último ha sido una genialidad que le aplaudo.
Eso de no dejar entrar a Cádiz en Carnaval a todos los que vienen de los pueblos en autocar ha sido una gran idea, y más todavía que se molesten en coger otro autobús y que lo paguen. Que se queden en el Bajo de la Cabezuela toda la mañana esperando otro autobús que les cueste seis euros. Genial.
Lo que pasa es que se le están colando los de los trenes, que viene los sábados de Carnaval como locos a orinar en Cádiz. Kichi, a ver si consigues que hagan una paradita para que por lo menos bajen ya meados del tren y sigan en autobús pagando también.
Pero que los paren en Venta de Baños, provincia de Palencia.

Prohibido prohibir

Doña Cuaresma | 26 de enero de 2018 a las 8:32

Al alcalde de Cádiz, como buen radical de izquierdas, le encanta prohibir. Como medida brillante para solucionar las aglomeraciones del Domingo de Carnaval se le ha ocurrido prohibir la entrada de autobuses, que tendrán que aparcar en La Cabezuela.
Estos alcaldes de Podemos iban a arreglar el mundo, pero se han quedado en simples gendarmes. Carmena obliga a los peatones a circular en una determinada dirección. González Kichi, para poner un carril bici, solamente se le ocurre prohibir la circulación de vehículos por el Paseo Marítimo. Cualquier Carnaval de estos nos dirá que para ir a la plaza de Antoñito Martín, hoy todavía Cruz Verde, debemos hacerlo por María Arteaga y no por los Callejones.
¡Qué les gusta prohibir! Yo lo lamento porque siempre pagan los más desgraciados. Los que tengan un coche disponible llegarán hasta el centro de la ciudad.

Los desgraciados de los pueblos, los jubilados que venían a ver la cabalgata, tendrán que dejar el autobús en la Cabezuela y pagar el billete de los autobuses lanzaderas. Los radicales de izquierda, como siempre, defendiendo a los tiesos.
A mí, como ustedes comprenderán, me importa tres pimientos. Hace años que no estoy en Cádiz el Domingo de Carnaval. Pero temo que a Kichi se le ocurra un año prohibir la salida y no pueda irme a mi querida Sierra.
Termino recordando al alcalde que gobernar es discurrir y no molestar a los ciudadanos. Y aquello del mayo del 68: ‘prohibido prohibir’.

Sevilla NO8DO

Doña Cuaresma | 25 de enero de 2018 a las 8:09

LA gente de Semana Santa, vulgo los capillitas, tiene razón: Sevilla es la madre y maestra. No madejado.
Porque es falso eso de que en Cádiz hay que mamar. La verdad es que de aquí son los que maman. Donde hay que mamar es en Sevilla y allí van a succionar gustosos los capillitas por ejemplo, que atascan el peaje de las Cabezas en Semana Santa todos los días.
Por eso Sevilla tiene la centuria de los armaos de la Macarena y en Cádiz tenemos a tres extras de la película ‘Gladiator’ en el Ecce-Homo.
En Carnaval también hay que mamar. El Tío de la Tiza fue el primero que se fue a Sevilla y sacó allí tres coros. Y porque se murió el hombre si no el tango cantaría hoy a La Alameda de Hércules o al Pumarejo, en lugar de a la Viña o la Calle de la Palma.
Hay que mamar. Ahora van a organizar un COAC, un concurso de agrupaciones, pero lo primero es lo primero: agrupaciones de Sevilla nada más. En Sevilla nada de catetos llegando en la “empresa” a la estación de autobuses del Prado con el bombo y la caja, y la tonta del pueblo para gritar desde el patio de butacas.
En Cádiz no. Aquí nos tiramos un mes oyendo agrupaciones de Burgos, de Santoña, de Alhaurin de la Torre o de Villaseca de la Sagra provincia de Toledo.

Esto es un colaero pero en el COAC de Sevilla dirán los comparsitas gaditanos: “No madejado”.
Lo dicho, Sevilla es madre y maestra y Cádiz no pasa de ser un alumno. Un alumno que va a haber que mandar interno a Campillos.