Traverso

El Fiscal | 11 de febrero de 2008 a las 10:23

El domingo de ayer, primero de cuaresma, está repleto siempre de funciones principales.

Hay hormigueo de cofrades por las calles del centro a media tarde, concluidas ya las comidas de hermandad tras los discursos anunciados por la melodía de los golpes de cucharita en las copas.

Hay altares alzados para todos los gustos. Hay imágenes que vuelven a sus capillas chiquitas tras el culto principal del año.

Hay consejeros que se multiplican para que la Casa de San Gregorio esté representada en todos los actos.

Hay una presencia más relevante que nunca este año en la función de San Esteban, donde tanta falta hace calmar las aguas revueltas. El presidente estuvo ayer con su hermandad.

Hay torrijas a 2,30 euros en Ochoa.

Y hay un corazón baratillero que se recupera a paso de mudá de uno de esos bachecillos de la vida. Si los toreros siguen siéndolo aún con la coleta cortada, Javier Traverso Manzano sigue teniendo hechuras de prioste cotizado del Arenal. Y en domingos como el de ayer, función de su cofradía baratillera en la Caridad, muchos se acordaron de su inconfundible silueta y de sus abrazos siempre firmados con besos de verdad.

Toreros sin coleta y priostes sin cargo, pero toreros y priostes siempre al fin y al cabo.

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