La ‘emeritud’ de un tabernero que sabe de cofradías

El Fiscal | 16 de diciembre de 2009 a las 14:06

porton

La comisión provincial de patrimonio debería estar alerta a la obra de reforma que se anuncia para El Portón, cenáculo de cofrades rancios a media mañana, de palillo en la boca, lenguaje de sentencias y miradas algo aviesa de tarde de palcos de Semana Santa. Decíamos que la citada comisión debería mandar un par de inspectores para que no se pierda la colección de fotos taurinas y cofradieras de sus paredes, los cuadros del pintor, médico, poeta y ateneísta Antonio Adelardo y, cómo no, ahora que está tan de moda lo de preservar el patrimonio inmaterial, deberían velar para que no caiga en desuso esa frase genial que dice el dueño cuando la casa invita: “Que no me des nada por el café, hombre, no seas pesado, que lo tuyo ya lo paga el guiri de aquel velador que se está peleando con la paella”. Hijo del encargado de Los Candiles, que estaba en la otra acera de la antigua calle Manteros, en la esquina que ahora ocupa la oficina de turismo, López Rolán alcanza la emeritud tras cincuenta años detrás de la barra, desde la que también trabajó tantísimo para transformar el palio de su en una operación bautizada por su esposa como la mutación de la lata en plata. Ha manejado siempre el florete como nadie a la hora de estimular al personal para encajar la lotería de la hermandad y obtener beneficios para la mayordomía, o simplemente para sacar donativos para las jarras o los varales. Maneja como nadie el catálogo apócrifo de los auténticos soltadores, porque sabe quiénes llenan la hucha y quienes están sólo para la foto. Ay, esos soltadores de los que las hermandades han vivido toda la vida cuando no funcionaban ni la anestesia de las subvenciones públicas, ni el urbanismo morado. Los soltadores pagaban insignias, dorados de canastillas y pasados a nuevo terciopelo de los mantos. Difícilmente se les han puesto placas de agradecimiento. Todo lo más, una vara de cortesía en la antepresidencia o una manigueta trasera. ¿Verdad, Manolo, que van quedando ya poquitos soltadores de los de verdad? Disfrutará ahora López Rolán de su emeritud en Sevilla, su tierra, no como otro al que han hecho emérito por el rouquismo imperante y se ha tenido que ir a Madrid. Qué sabrán en Madrid de eméritos. Ni de soltadores. Ni de portones.


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