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Adiós al cura de la Magdalena

El Fiscal | 24 de enero de 2018 a las 19:36

Fernández Estevez

NUNCA fue un cura al uso. Más de curia, de trabajo en el despacho, que de parroquia, de pastorear con las ovejas. Sin embargo, llegó a canónigo y nada menos que a párroco de la Magdalena. Más de chaqueta y corbata, de trajes muy cuidados, que de sotana y alzacuellos. Y sin embargo, otra vez, llegó a prelado de honor de Su Santidad con derecho a título de monseñor. No era capillita y, sin embargo (por tercera vez) llegó a director espiritual de la Quinta Angustia, el Calvario, el Amparo… Incluso a capellán del Rocío de Triana. Muy querido por quienes le querían. Se le podía ver en misa en Matalascañas sentado entre los fieles. Quizás porque era un cura que no era especialmente clerical. Amó la parroquia de la Magdalena, le costó trabajo salir de ella. Monseñor Asenjo, con buen tino y mano izquierda, lo nombró canónigo en 2013. Así dulcificó sus días de alguna manera. Nadie puede dudar de que Fernández Estévez sirvió a la Iglesia, pagando el precio de decir lo que pensaba en cada momento a riesgo de sembrar la polémica. No pasaba desapercibido nunca: ni por sus declaraciones (¿recuerdan aquella polémica de los sayones de Jesús Despojado en los años 90?), ni por su acidez (que vivimos en directo en los despachos de Palacio), ni por su vestimenta de laico.

Hoy vemos a Fernández Estévez por la calle San Eloy junto al inolvidable Daniel Puch, camino de la calle Bailén para preparar algún culto del Amparo. Van charlando sobre Domínguez Valverde. Recuerdan sus años de vicario general, su sotana, su carácter apacible, su inquebratable fidelidad al cardenal. Perdemos a los dos de vista y con ellos se nos van un perfil de cofrade y de cura cada vez menos habitual, se nos van personajes de la Sevilla del centro, que formaban parte del paisaje urbano de una ciudad que, ay, se esfuma lentamente. Fernández Estévez, sobre todo, deja el ejemplo de una enfermedad larga y duradera llevada con tremenda dignidad. Fue un buen sucesor de don Antonio al frente de una parroquia señera. Suceder a Domínguez Valverde era una tarea muy difícil. Se ha muerto el cura de la Magdalena, un personaje que no era de fácil acceso pero que, quienes lo trataron, aseguran que era de un nivel alto, tan alto como aquellos grandes sacerdotes de la quinta del Cardenal que fueron avanzados en lo pastoral y en lo teológico. Domínguez Valverde, Garrido, Navarro, García Vázquez, Fernández Estévez… Todos ellos son un capítulo de la historia de la Iglesia de Sevilla.

Estudiantes

La belleza de un cartel arriesgado para el pregón universitario

Jesús Zurita Villa ha pintado un cartel anunciador del pregón universitario en el que se la ha jugado, lo cual es de agradecer. Pero se la ha jugado con cabeza, no con provocaciones para generar polémicas efímeras y salir en los telediarios. El cartel en cuestión evoca los grabados de Durero. Conecta con la simbología del dibujo manierista italiano, juega con la mezcla de lo religioso con lo pagano. Aparece hasta la muerte, cómo no, junto al Cristo de la Buena Muerte. Hay a quien le ha repelido la obra, pero a la mayoría le ha generado un impacto muy agradable. Aire fresco. Solamente nos queda una duda: ¿ha sido trabajado este cartel en el ordenador previamente? No sería nada malo. Las nuevas tecnologías están hoy ya en casi todo.

Otras dos pérdidas

El viernes nos dejó Pepe Garduño. Su nombre evoca largas noches macarenas de bajada de la Virgen, alfileres, oraciones, esperas marcadas por la emoción, blondas mimosamente colocadas. Lean, si no lo han hecho ya, el obituario que Diego J. Geniz firmó ayer en estas páginas. No le falta un detalle. Y su título lo dice todo: El rupturista que se convirtió en un clásico. Y este fin de semana nos ha dejado a los 90 años toda una institución de la Sed: Manuel Rojas, hermano mayor que fue de la cofradía a principios de los 90, cuando en su junta de gobierno se integraba un jovencísimo diputado de cultos que hoy es sacerdote: José Miguel Verdugo. Rojas es historia pura de la corporación. Promovió la primera casa de hermandad, la talla y dorado del paso de Cristo y las caídas del palio. Muchos recordarán su negocio en la calle Mariano Benlliure: Bodega Rojas.

El pertiguero
Primer golpe. El retorno. Elperiodista Carlos García Lara vuelve a la dirección de Fiestas Mayores. El comandante Bazaga pasa a labores en la Alcaldía. Segundo golpe. Ya se ven nazarenos y hasta un monaguillo en la planta baja de El Corte Inglés. Tercer golpe. Oído: “Tienes que ver la grabación que el teniente Cabrera lleva en el móvil que demuestra lo bien que funciona el sistema de luces antipánico”. Y ciriales arriba. La obra de Pepillo ha gustado. Tiene belleza sin haber supuesto un gran riesgo. Es un cartel total. Y eso ya es un logro.

Coronación
Los Negritos tiene ante sí el reto de demostrar el sentido que hoy tiene una coronación pontificia. La Virgen de los Ángeles lo merece todo. Bien lo sabemos quienes acudimos a verla cada 2 de agosto.

El lagarto de la Catedral

“Querido e inquieto Fiscal, ¿por qué don Luis Rueda goza cada día de más popularidad entre los feligreses del Sagrario, especialmente los cofrades? Pregunta, pregunta, que últimamente estás despistado… Hay vicarios parroquiales de alta categoría”

 


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