La lucha de la Parroquia del Sagrario contra los turistas mal vestidos

El Fiscal | 20 de mayo de 2018 a las 5:00

sagrario

EL centro de la ciudad muda de piel los fines de semana. Se vuelve feo, horripilante, inhóspito, desagradable, chusco. En la misma tarde de ayer confluían la estética de las comitivas de primera comunión con las de los turistas con las pelambreras al aire y las despedidas de solteros haciendo el indio (y la india) en esa carrera oficial del mal gusto en la que se convierte cada sábado el eje de la Alfalfa y el Salvador. Es sabido que la actual Catedral está concebida para los turistas. Poderoso caballero es el tío del pantalón corto, la camisa hortera y la cámara de fotos. Por fortuna aún quedan algunos templos donde se recuerda al visitante que está entrando en una iglesia, un lugar sagrado donde se debe vestir con decoro, esos sitios donde se tiene la costumbre de celebrar misa, un rito que no debe ser alterado por quienes buscan el consumo de experiencias, que es en lo que consiste básicamente el turismo de masas de hoy, por el que los tontos de aquí van a Roma sin haber pisado Itálica, y los tontos de fuera vienen buscando las setas y dejan de entrar en el Alcázar porque cuesta dinero.

El intento de hacer las cosas bien o, al menos, con cierto criterio, se aprecia nada más acceder a la Parroquia del Sagrario, donde se cuida que aquello no se convierta en la orilla de Mazagón, la Higuerita o la Cuesta Maneli. El párroco manda guardar silencio y vestir con decoro. Bien hecho. Y se vigila el cumplimiento de estas directrices. Lástima que estas indicaciones no se cuiden con el mismo celo en la Catedral. La verdad es que si dejamos fuera a los turistas que no visten con decoro, ¿quién entra en la Catedral además de los canónigos para los rezos matinales y las azafatas que abren y cierran la cinta (con mayúscula, patrona de Huelva)? He ahí la clave. La entrada a la joya de la Parroquia del Sagrario es gratis total, con derecho añadido a contemplar el Niño Jesús, el Nazareno de la Corona y, con una pizca de suerte, a saludar a don Luis Rueda. Pero en la Catedral hay que pagar, por lo que el criterio del decoro se relaja. Y aquello parece la cafetería de la Guerra de las Galaxias con estética de camping y mobiliario de venta de tickets para otras atracciones. La Parroquia del Sagrario es un oasis en la Catedral, una suerte de aldea de los galos que trata de resistir la invasión del turista que ha hecho suya la ciudad, espantando los valores netamente locales, diferenciadores y ubicadores que ahora –quién lo diría– están más que nunca en los barrios. El centro parece una gran covacha los fines de semana, cuando se lo dejamos enterito a esos señores de los que vivimos todo el año. “Ea, ahí lo tienen”. Ay, de aquellos hoteles que no permitían alojarse a equipos de fútbol para evitar que los jugadores se pasearan en ropa deportiva por el suntuoso vestíbulo principal. ¡Sería facha el director del hotel! Pasen, pasen, y vayan como plazcan.

Ramón Vila
Mucho se ha escrito sobre la faceta del que fue 33 años cirujano de la plaza de toros, pero poco de su perfil cofradiero. Ramón Vila, que falleció esta semana a los 80 años, fue nada menos que el primer delegado de la cuadrilla de costaleros de su querida Hermandad de la Amargura. Era otoño de 1978 cuando comenzaron los ensayos en unas noches frías. Vila tenía dos sueños imposibles, como recuerda Alejandro Ollero: sacar a la Virgen vestida de hebrea el Domingo de Ramos y sacar el palio más alto de Sevilla por la puerta ojival del templo, a lo cual el ilustre capataz le contestó: “Ramón, olvídate de eso porque vamos a tener que bajar a la Virgen del paso y sacarla de la iglesia con nuestras propias manos”. Aquella primera cuadrilla se quedó sin salir el Domingo de Ramos de 1979 por culpa de la lluvia. Pudo debutar ese año con motivo de la procesión extraordinaria del 25 aniversario de la coronación: “Mi querido amigo Ramón vivió aquel día uno de los momentos más felices de su vida”. Ollero de vez en cuando se dirige en voz baja a los costaleros en los momentos de mayor emoción del Domingo de Ramos y les dice: “Abrid los capotes”. Y esa exhortación, cómo no, le encantaba al doctor Vila.

IGLESIA DE SANTIAGO

Original altar en Santiago

La Hermandad de la Redención figura con todo honor en el grupo de hermandades más innovadoras en asuntos de priostía en los últimos años, junto con el Buen Fin, la Exaltación o la Esperanza de Triana. En los cultos de Pentecostés a la Virgen del Rocío llaman la atención los candelabros antiguos de la Virgen de los Ángeles, de Los Negritos, con sus características formas de piña. El uso de enseres de otras cofradías es siempre una apuesta con ciertos riesgos, por lo que se exige mucho criterio y un gusto más que refinado.

El pertiguero

Primer golpe. Andrés Martín ha estado en el Palacio Arzobispal para renovar la cesión de la capilla de la Divina Pastora por parte de la autoridad eclesiástica en favor de su hermandad. Segundo golpe. Un llamamiento a la mesura. Asenjo ha dejado claro su deseo para el Jueves de Corpus: menos participantes en las representaciones, por favor. Tercer golpe. Sobre la carrera oficial: “La clave es no decir que no al primer proyecto hasta que sea Navidad, así no da tiempo a que saquen otro invento”. Yciriales arriba. Oído. “Sí, tenías razón, había facturas de whisky de aquel viaje”.

El lagarto de la Catedral: “Querido Fiscal, ¿te has dado cuenta de que los mensajes de la cuenta de Twitter denominada ‘primavera eclesial’ coinciden mucho, pero mucho, con el pensamiento de un párroco muy polémico que ya tuvo problemas con la curia del arzobispo Asenjo”

  • Rafael

    Lo vergonzoso es cobrar por entrar en un «lugar sagrado». Si cobran, no puede haber una norma para exigir una determinada indumentaria; con la norma general, es bastante.
    La iglesia representa a los mercaderes que Jesús expulsó del templo.


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