El Zaqueo sevillano

El Fiscal | 30 de septiembre de 2018 a las 5:00

Gran Poder

Foto: Marta F. Esquivias

EN los niños habita la verdad más desnuda. Ellos poseen el blindaje de la inocencia. Sólo a ellos les está permitido jugar con lo más sagrado, recrear pasos con una silla de la cocina o danzar tocados ante el Santísimo, privilegios de la infancia. Los niños señalan lo importante y destierran lo secundario en un santiamén, no ven dificultades, creen que todo es posible, porque nadie como ellos encarna la Esperanza. No hay cimas difíciles de coronar, no hay horarios inabarcables, son más libres porque carecen del corsé de la medida del tiempo. Los niños nazarenos nunca quieren dejar la fila, como nunca quieren dar por terminado el partido, el baño o los juegos. Es la fuerza de la ilusión, de la inocencia, es la ausencia de la memoria. Los niños son libres en su imaginación. No hay distancias ni misiones imposibles para el crío que quiere besar el talón del Señor, pequeño Zaqueo aupado en el pedestal, con los ojos clavados en las alturas, divina espalda que soporta el peso de la cruz, túnica de la guardilla, oro bordado, siete vueltas al cíngulo y basílica imponente, arquitectura sobria como el panteón de Agripa.

Los niños no tienen miedo a caer, lección suprema para muchos adultos. No tienen miedo a no llegar, no tienen miedo a despeñarse, no tienen miedo al fracaso. Al Dios de San Lorenzo se llega encaramado en una fe maciza de mármol. Los niños se acercan a Dios, alzan sus ojos para intuir su rostro manso, mirada inocente, limpia como la túnica blanca con la que fue vestido para esas estampas que, cuarteadas, han llegado hasta nosotros. Dios de los niños que a todos nos convierte en Zaqueos, Dios de los niños que estrellan la pelota contra los muros de las basílicas en tardes de juego, sudores y vasos de agua suplicados, Dios de los niños de ojos absortos que se asoman por primera vez al misterio de la Madrugada, Dios de los niños que aprenderán que el racheo de su cuadrilla es la banda sonora del Señor, Dios de los niños que siempre aguarda en la hornacina de su altar, como aguarda a sus padres, aguarda a sus abuelos y aguardó en San Lorenzo a los padres de sus abuelos, Dios bueno que quiere que los niños se acerquen a Él, Dios que es descubierto por los rostros tiernos que miran entre dos barrotes en la noche alta de un Viernes Santo, Dios del que oye hablar en casa, al que se encomiendan sus mayores en las desgracias, que preside las principales estancias, Dios que siempre está alumbrado por un farolito en un comercio, adornado por un lazo en un taxi, o que se nos aparece en la esquina de un marco. Todos somos niños ante el Gran Poder, todos nos volvemos Zaqueo por un instante. A sus pies dejamos nuestra infancia, aquellos días azules que hoy están bordados con el oro fino de nuestros recuerdos. El Gran Poder es el Dios de los niños, porque todos somos niños ante la ternura de su mirada.

22/09/2018: Elección de la pregonera y del cartelista de la Semana S

La emoción de la pregonera

No se recuerda en la historia reciente de la institución una designación tan rápida, sobre todo porque muchas veces se han producido varias votaciones, polémicas y rechazos. El presidente Antonio Piñero llevó todo bien atado a la sesión. El domingo previo se reunió con Charo Padilla para pedirle que esta vez dijera que sí al ofrecimiento de dar el Pregón. No hubo problema alguno. Don Juan José Asenjo también estaba animado a Charo desde hacía meses. El arzobispo ha sido fundamental. Hasta cuando ella hacía penitencia como nazarena de la Redención el pasado Lunes Santo, el prelado le dijo en la Catedral: “Charo, el Pregón, el Pregón…”. Esta vez no tuvo dudas. Escribir columnas de opinión en las páginas de cuaresma de este periódico le sirvió para darse cuenta del inmenso caudal de vivencias acumuladas en más de 30 años de oficio. Yel ánimo que recibió de José Ignacio del Rey Tirado la noche entrañable de la entrega del premio Homo Cofrade también resultó determinante. La tarde de la designación recibió llamadas muy especiales. La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz; el cardenal Amigo, muy cariñoso con ella; los anteriores pregoneros José Luis Garrido Bustamante (“¡Qué bien se llevan los pasos andando sobre los pies!), Joaquín Caro Romero (“La vida es una semana”) y José Ignacio del Rey Tirado (“De qué color son los ojos del Cristo de la Buena Muerte”). El alcalde, Juan Espadas, telefoneó a la pregonera desde Roma, donde estaba de visita guiado, precisamente, por Carlos López Bravo. La pregonera se vio subida desde ese momento a una montaña rusa de emociones, de recuerdos, de peticiones de entrevistas para toda España. El presidente Piñero, ya con más calma, le insistió esta semana en lo que muchos piensan. Sólo se espera que Charo sea la de la radio, la de los reportajes, la de las retransmisiones. Nada más. Como los anteriores pregoneros, la Padilla tiene ya su ayudante: su compañera Esther Menacho. Hay quienes se han referido hasta 2018 a la figura del asistente personal como mozo de espadas, apoderado o manager. A la Menacho habrá que buscarle denominación. El sábado no paró de sonar el teléfono. El domingo, tampoco. Y esta semana la requieren ya de hermandades y colegios. La Padilla quiere ser cuanto antes la reportera de siempre, pero durante unos meses deberá prestar atención a aquella reflexión que le hicieron al cardenal Amigo cuando llegó por primera vez a Sevilla vestido de purpurado y se sintió abrumado: “Eminencia, la gente tiene derecho a verle feliz”. Tiempo habrá para enclaustrarse y acumular vivencias. Ahora toca recoger afectos. Lo decía Carlos Herrera en las vísperas de su Pregón: “Hay que vivir y quiero vivir cada uno de los ritos”. Que suene la música, de Marvizón, y que no se acaben las croquetas. La emoción se irá ahormando y se convertirá poco a poco en Pregón.

 

  • Miguel

    Será un muy buen Pregón. Se dan todas las condiciones para ello.


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