El encanto perdido

El Fiscal | 21 de octubre de 2018 a las 6:00

NAZARENO AMARGURA

LA Semana Santa es una. Y hay que educar a saber esperarla. En la Semana Santa actual se ha sustituido el gozo de las vísperas, vivida en las charlas improvisadas de tertulias en los comercios o en los preparativos domésticos, por la angustia anticipativa, síndrome que se trata en los despachos de los psiquiatras. La excepcionalidad, lo extraordinario, eso que se daba en llamar histórico, no existe ya. No tiene lugar hoy. Está muerto.

De tanto sacar pasos nos toman a risa, nos tratan con una frivolidad no pocas veces justificada. De tanto repetir los mismos esquemas parecemos fotocopiadoras estropeadas a las que el tóner de la imaginación se les va gastando y escupen folios de tinta desparramada. Estamos confeccionando una Semana Santa para las redes sociales, consumista de vivencias, pasto de cultivo del neo-frikismo o del frikismo en versión 3.0, heredero de los años en que los costaleros tenían la supremacía exclusiva. Muchos no se identifican ya con tantas salidas extraordinarias, aunque sean de los pasos de palio más bellos con las Dolorosas de mejor hechura. Prefieren seguir esperando la Semana Santa que se celebra… en Semana Santa.

La Semana Santa auténtica se vive cuando la Amargura retorna por una calle Cuna vacía y un celador susurra algo al oído de un sufrido penitente. Tal vez un mensaje de ánimo, quizás una muestra de interés por el estado de salud, o cualquier confidencia que siempre quedará en el misterio de esos instantes en que la cornetería del Señor Despreciado se evade ya por los cielos de la Plaza de la Encarnación.

Muchos están hartos de pregones, salutaciones, carteles y otras gaitas que estarán concebidas con la mejor voluntad, con el mayor cariño, pero que echan otra paletada de tierra en la sepultura de la excepcionalidad.

Tal vez haya una mayoría silenciosa en el mundo de las cofradías que por puro respeto no se expresa en estos términos. Urge que miembros de esa mayoría vayan accediendo a cargos de responsabilidad para que se ponga freno a tanto exceso. Los dos retos que tiene la Semana Santa actual son volver a durar una semana y el blindaje de su seguridad. No podemos estar todo el día con las trompetas y el tambor por la calle. El testimonio público de fe no puede quedar devaluado, las coronaciones no se pueden multiplicar como hongos porque se corre el riesgo de ser vistas como la coartada para el enésimo tachiro.

El menú de la actual Semana Santa incluye el postre especial diario, cuando sólo debía ser para los domingos. Por eso sufrimos un sobrepeso preocupante, por eso estamos al borde de una Semana Santa mórbida que tiene perdida la capacidad de sorprender, de hacer algo extraordinario. Esta Semana Santa está sobrada de grasa. Seamos francos (y sigamos por Placentines). Sólo el traslado de Santa Ángela a la Catedral, el besamanos de la Macarena en la Parroquia del Sagrario y los traslados del Gran Poder por el Año de la Misericordia han sido acontecimientos que han generado un verdadero movimiento de masas en los últimos quince años.

Urge una gran reflexión, porque más pronto que tarde nos vamos a topar con un muro. Y aquí parece que nadie tiene la generosidad de adoptar una perspectiva global de la cuestión, más allá de lograr sus particulares días de gloria efímera.

Prefiero pensar que la Semana Santa dura una semana. Que las torrijas se comen en cuaresma. Que pregón sólo hay uno. Y que la belleza y la autenticidad están en esos ritos particulares que componen el mejor cartel anunciador. El encanto perdido de la espera.

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Foto: Daniel Salvador

La importancia de las redes

Decía el cardenal Amigo que las cofradías inventaron las redes sociales hace muchos años, con sus tertulias, sus conciliábulos y sus dimes y diretes. Es cierto. Las hermandades fueron vanguardia en esta materia, como fueron democráticas y mantuvieron las urnas en los períodos de la historia en que, precisamente, no se utilizaban. Ahora quiere usted saber por dónde va una procesión extraordinaria, o por qué calle discurre una advocación de gloria, y lo consulta en las redes sociales. Y en ellas, cofrades como José María Carmona (en la imagen, captando a su Virgen de la Victoria), le informan de todo con puntualidad. Son los denominados community manager. Tienen su papeleta de sitio. Y hacen su estación o prestan su colaboración de esta fructífera manera.

Una simple curiosidad
El Cabildo Catedral repartió determinadas credenciales para la asistencia a la ceremonia de coronación canónico de la Virgen de la Victoria. Hasta ahí todo normal. Ocurrió que alguien, al escribir el nombre de la hermandad, anotó La Cigarrera. Pruebas hay de ello. Si el nombre en plural nos resulta hermoso (Las Cigarreras), en singular lo es mucho más. Si fue un error o descuido, ¡bendito error!

Oído
“No hay que fiarse de ningún hermano mayor cuando hablan sobre el sentido de su voto en las elecciones del Consejo. Los hay que prometen su voto a todos los candidatos. La ojana mayor es la que del dice que votará lo que le diga su cabildo de oficiales. En esos casos me entra la risa. Pero el mejor fue el que me dijo a mi, sí a mi, que en su día votó a Adolfo Arenas porque le había llevado dos veces a cenar a Becerrita. ¡Y el tío se me encogía de hombros para justificarse y decuirme que había que entenderlo! ¡Se quedaba tan pancho!”.
Calentadores
No es que haya entrado todavía un frío excesivo. Pero los calentadores ya funcionan. Son esos personajillos que le calientan el oído al candidato sobre hermanos mayores dudosos o periodistas supuestamente adversos. Los hay en todas las listas. Aquí nos conocemos todos. Les va la vida en la causa. Sus respectivas se quedarían sin ocasiones para lucir el astracán.

El Lagarto de la Catedral: <<Mi querido y siempre inquieto Fiscal, estaría feo que hubiera que llamarle la atención a un ministro de la Iglesia por hace campaña en favor de una candidatura, ¿verdad? Esas cosas son para cofrades, no para curas, por muy buenos capillitas que sean algunos curas. Esperemos que no pase>

 

 

  • Javier

    Sí. Sobre todo estoy harto de tanta coronación canónica. Que paren ya de una vez y además para imponerle la misma corona que ya tenían y que ni siquiera es de Oro. Al final, si siguen así, lo que va a ser un timbre de gloria es tener en una hermandad una virgen no coronada.

  • marisa

    En absoluto. No es obligatorio ir a todas. Cada uno es libre de ir a la q quieta e incluso a ninguna. Como el futbol, hay un partido todos los domingos cafa uno va o no. Somos libres y hay donde elegir, eso es lo importante.

  • Andres

    Sí y mucho, harto de esta Semana Santa perpetua que se ha implantado en esta nuestra ciudad de un tiempo a estar parte sin saber porque motivos. No hay fin de semana sin que haya alguna por la calle, ya sea por lo que sea, no hay sevillano que pueda ir por sus calles tranquilo o planificar nada, porque a las primeras de cambio te encuentras con calles cortadas, fieles y pasos que no te permiten disfrutar de tu ciudad como debería. La Semana Santa debería ser única y exclusivamente en su fecha. Si hay alguna causa EXCEPCIONAL entiendo que pudiera haber una distinción especial, pero no un continuo. Dejen que los sevillanos disfruten de su ciudad POR FAVOR.

  • Rafael

    La libertad de cada ciudadano, al parecer, empieza a expirar allí donde se instala el exceso. Ya no es posible circular por el centro de Sevilla cualquier fin de semana sin sufrir el “acoso” de la procesión de turno que pocos saben a qué cuento viene. Pero nada más indignante que ver la disponibilidad de la policía “de todos” garantizando su discurso, cortando calles, redirigiendo el tráfico e incomodando la vida a los vecinos, como si de un evento de importancia se tratara. Ojalá el Ayuntamiento fuera tan diligente garantizando servicios mucho más básicos al ciudadano.

  • Sevilla

    Somos libres de ir, pero los habitantes del centro no son libres de poder circular un día sí y otro también. La ciudad es de todos y no sólo de los que deciden sacar un paso a la calle en septiembre, más aún en un país aconfesional.

  • Mirto

    Marisa el problema es que cuando hay una procesión se hace uso en exclusiva de la calle, se bloquea toda la zona y, a la larga y con los excesos se cansa, aburre y enfada. Las procesiones extraordinarias en su exceso banalizan la Semana Santa, se convierte en un producto de consumo…

  • Esperanza

    El artículo parece no estar dirigido a los que no somos católicos. Y habría que tenernos tambièn en cuenta. Es abusivo.

  • yo

    Pues no, Sra Marisa. No es lo mismo. Lo sería si las hermandades se construyesen un desfilódromo fuera del casco antiguo.En la Olavide, p. ej. y dejaran vivir en paz a los que vivimos en el centro, hartos ya de ruidos, tambores, bullas, cortes de tráfico, etc. No es lo mismo. No hay donde elegir. O te fastidias o te vas a Continente.

  • Juan

    Si. Estoy muy harto. Es molesto para los vecinos, para los viandantes, para el tráfico y para algunos trabajadores. Es muy molesto

  • manuel

    Los que hemos sido viejos alumnos de Portaceli tuvimos la gran suerte de poder escuchar a D. Antonio Pantión tocar el órgano en las misas y cuando llegaba la Cuaresma interprestaba las pocas marchas que habían ( Amargura, Valle, Jesús de las Penas…) Era el preludio de la Semana Santa junto con los programas radiofónicos donde se escuchaban las primeras notas cofrades después de una “sequía” de un año. Era el aviso de que la Semana Santa estaba a la vuelta de la esquina. Hoy en pleno mes de agosto se escuchan marchas en bares cofrades, en los coches etc y la verdad es que produce un cierto hastío con todos mis respetos

  • paco

    Vígenes coronadas debería haber 3: Reyes, Macarena y Esp. de Triana. Todas las demás no cumplen los requisitos que impone la autoridad eclesiástica, y que esa misma autoridad se salta a la torera…y hay 16 ya coronadas, y subiendo.

  • Carmen

    Muchos somos los que sufrimos esta abundancia de pasos y algaradas. Es el día de la marmota.
    Lo extraordinario se está haciendo ordinario, y el espacio público es de todos. El silencio, un derecho

  • Cofrade90

    Hay que reducir en tiempo y número esto de salir a procesionar cada dos por tres. Se está desvirtuando lo que es de verdad la semana santa, además, de ser un incordio para las personas que simplemente no simpaticen que este tipo de exaltación; cabe recordar también el “coñazo” que es que corten calles para el disfrute de unos pocos.


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