Todo por la caseta

El Fiscal | 28 de abril de 2016 a las 5:00

UNO no se sorprende ya de casi nada en cuestiones de cofradías. Es difícil quedarse ojiplático en una Semana Santa en la que hemos salido corriendo hasta tres veces en la Madrugada, en la que se admite la incorporación de cortejos esperpénticos, irrisorios y carentes de trapío; y en la que el nivel de los hermanos mayores, salvo excepciones, está como el de la política española, cultivos idóneos para abogados de medio pelo a los que no se conoce un solo pleito de enjundia o, sencillamente, profesionales con las tardes libres y con pocas ganas de estar en casa. Vivíamos una etapa plúmbea, marcada por las elecciones con pluralidad de candidaturas en todo tipo de cofradías. Todo el mundo quería tener un chalé en el Aljarafe y ser hermano mayor de donde fuera. Ytodo el mundo prometía eso tan original del “culto, formación y caridad”, más allá de algunos lemas de pretendida originalidad. Todo discurría así durante años, como el pregón ininterrumpido de una imparable decadencia, de una notoria sensación de estar pasados de rosca, de una peligrosa endogamia empobrecedora. Siempre lo mismo, siempre igual. Sin olvidar los candidatos revanchistas, ajustadores de cuentas personales, que revisten los intentos por borrar las huellas de anteriores hermanos mayores de promesas para retornar a supuestos estilos originales. Así estábamos, así estamos hasta que, oh sorpresa, un candidato a hermano mayor, don Manuel Vallejo, se descuelga con una carta, comunicado de prensa, anuncio público o como quieran ustedes llamarlo, en el que promete que el Buen Fin tendrá caseta en la Feria. ¡Chófer, pare el coche que esto sí que es bueno! Hasta ahora habíamos visto anuncios de coronaciones canónicas, promesas de convocatorias de cabildos para rescatar imágenes secundarias, el estudio del traslado a otra sede canónica o, por supuesto, de la viabilidad de petición de un préstamo hipotecario para levantar una nueva casa de hermandad. Pero, cáspita, lo de la caseta nos ha sacado del letargo, máxime si el lema de la candidatura es Experiencia, familia, tradición, sentimiento, que no sé a ustedes pero a mí me recuerda a aquello tan viejo de Familia, municipio, sindicato. Conste en acta que no conocemos de nada a don Manuel Vallejo, ni a su oponente en las urnas, don José Luis Foronda. Suerte y salud a los dos.

Sí sabemos con toda certeza que se trata de dos apellidos de fuerte arraigo en la hermandad franciscana. Agradecemos que haya proclamas que nos libren del aburrimiento:“Es deseo de esta candidatura llevar a nuestra hermandad al real de la Feria”. Porque así, se dice, se reactiva la vida de hermandad. ¡Fuera complejos! La caseta como elemento vertebrador. ¿No está en el origen de la Feria que el sevillano traslada su casa al real durante seis días? O siete u ocho, según lo que Espadas y su referéndum dispongan. Pues don Manuel quiere que la casa de hermandad se traslade al real. Y lo dice sin cortapisas. El problema es que uno siempre creyó que la caseta del Buen Fin, de facto, era la muy animada de La Parrilla de San Lorenzo, en Juan Belmonte, donde uno le dice al portero que va de parte de Joaquín Moeckel y te responden:“Pa dentro”. Después todos los socios buenfineros te recuerdan que el baratillero entró en la caseta como pariente de socio. “Pues eso es lo bueno, no tener caseta ni barco propios, sino familia o amigos con caseta y barco, que no os enteráis”. Y allí, en tan buenísima caseta, siempre hemos visto año tras año a los ilustres del Buen Fin en animada convivencia, Bourrellier y cuñadísimo Franco incluidos. La parrilla de San Lorenzo es al Buen Fin lo que El Cirio Apagao a la Quinta o la caseta particular de don José María Salmerón a la Lanzada. Pero en el no se vayan todavía que aún hay más, la Feria entra en las promesas electorales de los aspirantes a hermanos mayores. Vamos a más casetas cofradieras que advocaciones en el callejero. ¿Y los candidatos al Consejo no se animan? Ojú, las elecciones del Consejo. Echemos el toldo… de la caseta. Que ahí hay Feria para rato. Con su resaca. Al tiempo.

Cita con la mejor orfebrería en el Mercantil

El Fiscal | 27 de abril de 2016 a las 21:00

Foto expo ramon leon
¿Se creían ustedes que las exposiciones cofradieras se habían acabado hasta el año que viene? Nanai. El viernes se inaugura una muy interesante en el Círculo Mercantil de la calle Sierpes, donde parece que es Semana Santa todo el año. Se titula Orfebrería, pervivencia de un oficio. El comisario es Antonio María Lebrero, lo que supone siempre una garantía. La muestra, en la práctica, supone todo un homenaje al orfebre Ramón León, algunos de cuyos enseres ya pudimos ver expuestos en 2001 en San Hermenegildo, ese templo abandonado para sonrojo de la ciudad. La exposición sobre Ramón León, que estará abierta hasta el 8 de mayo, pretende ser un revulsivo para un oficio sumido en una decadencia notoria. Son malos tiempos para los artistas que trabajan para la Semana Santa, de los que siempre decimos que son, al fin, la manos que hacen posible la fiesta más hermosa de la ciudad. En esta muestra podrá usted admirar muy de cerca varios enseres de la Semana Santa de la capital:las potencias del Señor de las Penas, de la Estrella; el puñal de la Virgen del Buen Fin y del Cristo de la Lanzada; la corona, el puñal de la Virgen del Rosario y los varales de su paso de palio, de Montesión; los candeleros del paso de palio de la Virgen del Refugio, de San Bernardo; los candeleros del paso de palio de la Virgen de las Angustias, de Los Gitanos, y los candeleros del paso de palio de la Virgen de los Ángeles, de Los Negritos, entre otros. De la provincia se podrán contemplar las potencias del Jesús Nazareno de Morón de la Frontera y del Jesús Nazareno de Arahal; los faroles del paso del Gran Poder de Dos Hermanas, el frente del respiradero de palio de la Virgen de los Dolores de Arahal; el frente del paso de palio de la Virgen de los Remedios de la Vera-Cruz de Los Palacios, los varales del paso de palio de la Virgen de los Dolores de la Hermandad de Jesús nazareno de Arahal, entre otro enseres, incluso de otras ciudades andaluzas. Y para rematar la muestra, habrá piezas únicas que son propiedad del taller, incluido un belén que estamos deseando contemplar.

Los 80 años del Padre Polo, la última sotana de Sevilla

El Fiscal | 6 de abril de 2016 a las 5:00

28.07.00 IGLESIA DEL SALVADOR NECESITA RESTAURACIÓN FOTO JAIME MARTINEZ
Qué bonito detalle tuvo la Hermandad de Pasión esta semana al felicitar públicamente en las redes sociales al padre Polo por su cumpleaños. Don José Polo es la última sotana de Sevilla, una afirmación que le provoca alguna risa. Sacerdote entrañable y muy querido en la feligresía del Salvador, es de los curas que manda rezar el Padrenuestro por segunda vez si aprecia que se ha orado con desgana. Está acostumbrado a que le hagan fotos por la calle, pues las nuevas generaciones se sorprenden de una estética muy habitual en Roma y muy en desuso en Sevilla.

La hora y media de Piñero con el cardenal Amigo

El Fiscal | 5 de abril de 2016 a las 5:00

fotofiscal
Ocurrió el jueves. La congregación de los Padres Blancos invitó al cardenal Amigo a presidir el acto de bendición de las nuevas obras del colegio del barrio de Los Remedios. Tras la misa y los saludos de rigor, el cardenal se quedó un buen rato de tertulia con muy escogidos personajes, entre ellos el hermano mayor de Los Estudiantes, Antonio Piñero, antiguo alumno de los Padres Blancos y cuyo hermano, Francisco de Paula Piñero, es el primer discípulo del centro que ha sido ordenado como sacerdote. En el encuentro, de cerca de hora y media, el cardenal se mostró con gran vitalidad y se le vio tan hiperactivo como siempre, con una agenda de viajes y compromisos que nos pondría a temblar a más de uno. Hubo ocasión de repasar muchos asuntos de la actualidad y, sobre todo, de recordar el cónclave del que salió elegido Papa el cardenal Bergoglio. Don Carlos recordó la cena que compartió con el cardenal argentino en las vísperas del “extra omnes” en la Capilla Sixtina. En aquella cena de sólo tres cardenales, se dedicaron a analizar los retos que debería afrontar el nuevo Pontífice. Cuando Bergoglio, ya revestido con la sotana blanca, saludó por primera vez al cardenal Amigo, le dijo:“Fíjate Carlos, ayer tú y yo estábamos diciendo lo que debía hacer el nuevo Papa”.

La Semana Santa se adapta

El Fiscal | 4 de abril de 2016 a las 5:00

nazarenofiscal
Cambiar los hábitos del personal es una tarea muy compleja y que suele llevar mucho tiempo. Por salirnos de la Semana Santa, ¿cómo se podrían recuperar las mañanas de Feria? ¿Hay alguna fórmula para que el público adelante varias horas la llegada al real de los Remedios? Otro ejemplo:la gente prefiere hace unos años vivir ya en las en las casetas el fin de semana previo a la fiesta, lo que obliga al Ayuntamiento a tener activados los servicios municipales tres días antes del alumbrao. El Ayuntamiento lleva varios años adaptándose a los gustos de la mayoría hasta tal punto que se anuncia una consulta popular para inaugurar la Feria directamente en la noche del viernes al sábado. Tendríamos una Feria de una duración similar a la de Málaga. Si la modificación de los usos y costumbres cuesta un mundo, la reeducación de ciertos sectores de la población es sencillamente imposible. Se demuestra –con cierta perspectiva ya– en el caso de la Semana Santa tras los serios avisos de 2000, 2008 y 2015. La principal conclusión de los tres primeros lustros del siglo XXI es que la Semana Santa de Sevilla está herida. Necesitada de tratamiento. En el actual gobierno de la ciudad hay quien prefiere decir que la Semana Santa ha estado “cogida con alfileres”. Las vallas en una veintena de puntos de la ciudad han sido parte de ese tratamiento, de esas medidas correctoras, para organizar a un público que mayoritariamente ha perdido el don del saber estar, esa capacidad para organizar dos corrientes en una bulla de tal forma que se podía elegir entre quedarse en la bulla o avanzar en una u otra dirección. Sí, también ha habido muchos más agentes de los cuerpos policiales. Lo vivido este año ha parecido más un plan de choque que un plan de seguridad. A la Semana Santa, a efectos de logística, le han aplicado el desfibrilador. Yestá viva. Una Semana Santa segura es posible, aun a costa de las vallas que han incomodado a muchos particulares, pero que han recibido el plácet de todos los estamentos oficiales. La Semana Santa se ha adaptado a los tiempos actuales. Como siempre ha hecho. El concejal socialista Juan Carlos Cabrera, por cierto, ha dicho una gran verdad: “La seguridad contribuye a enaltecer el sentido religioso de la Semana Santa”. Un socialista ha tenido que ser el que, desprovisto de complejos, ha proclamado una de las grandes claves, sino la más importante. Sin seguridad no hay nada. Sin seguridad no hay celebración. Y el sentido original y fundamental de la Semana Santa es el que es por mucho que tenga también impactos y beneficios desde el punto de vista económico y desde otros puntos de vista. No ha faltado quien ha denunciado que ha habido cofradías sin público por algunas calles. El plan deberá ir flexibilizando algunas medidas de cara a 2017, deberá mirar caso por caso para no alejar en exceso a las personas de los cortejos, ni permitir calles directamente desérticas. Los críticos en algunos casos, también hay que anotarlo, se han dejado llevar por las siglas políticas. Se entiende, pues el PP fracasó en la Semana Santa de 2015. Yeso dolió. Yel primer gran triunfo del gobierno socialista ha sido en la Semana Santa de 2016. Las cofradías no son ajenas a nada de lo que ocurra en su tiempo. Yeso incluye la coyuntura política. El resultado ha sido un éxito rotundo que deja un sabor agridulce por cuanto la conclusión es que los sevillanos necesitan las vallas en Semana Santa y muchos policías en las calles para saber hacer sin incidentes lo que siempre hacían. Aforadas algunas calles y reducidas las sillitas plegables, quedaría enseñarle al sevillano cómo debe moverse por las calles, pues eso de permanecer estático (y rumiando pipas) lo hace divinamente. Pero como decíamos al principio, la reeducación es imposible por mucho que seamos una ciudad de Esperanza, que lo somos. Mientras tanto, vallas.

La cruz hace al penitente

El Fiscal | 24 de marzo de 2016 a las 5:00

Salida de la hermandad de la Quinta Angustia. Foto: Victoria Hidalgo
Viene de la Campiña y sale en la Quinta Angustia. Yo sé por qué carga el árbol de la cruz. No hay penitentes más sufridos que los de la Magdalena en la tarde de velos morados, oficios de puertas abiertas entre revuelo de cortos capirotes y cruce barroco de miradas entre Marías y Santos Varones. No los hay más sufridos porque ninguno va siquiera viendo el cimbreo del Señor, ni oyendo los cánticos, sinfonía de la plenitud de Jueves Santo; ni intuyendo el rostro seco de lágrimas de la Virgen. Este penitente carga con la cruz, soporta la caricia maliciosa de los brotes de la madera sin tallar y se esconde en la intimidad del tramo. Viene de la Campiña, criado en el ejemplo de esfuerzo y sacrificio de sus padres, en la humildad de la gente sencilla y generosa. Un día de hace muchos años se sintió atrapado por este Señor que apenas se sostiene. Ocurrió cuando la cofradía volvía envuelta en la intimidad de Castelar, Molviedro y Zaragoza. Quienes allí la aguardan son gente especial, tripulantes escogidos a la espera de un barco de madera y oro que avanza en el mar plato de la noche del Jueves Santo a la búsqueda de atracar en el puerto quieto de la Magdalena. Se quedó prendido para siempre de aquel Cristo muerto, débil y enfriado. El brazo izquierdo aún señala el madero. El derecho, fíjate penitente, se arquea marcando la hermosa diagonal barroca de tus días. El penitente camina en la soledad de sus oraciones, con el único cirineo de sus reflexiones, en el reducido espacio de su mundo interior. El hábito hace al nazareno y la cruz al penitente. Sabrá Dios lo que va pensando cada nazareno… ¿Quién lo sabe? El que hoy, Jueves Santo, toma el árbol de la cruz se siente pagado con sólo verlo llegar al final de la noche, antifaz al hombro y rostro entumecido, bocamangas al aire y túnica con hechuras de ropón antiguo, cuando se reencuentran en la penumbra de incienso alto y cera azul recortada, y los santos varones entran pidiendo jarrillos:”¡Aguaó!”. Allí se ven el penitente y su Dios. Allí se miran cada año. El Dios que se cae el Jueves Santo sostiene a este penitente cada día de su existencia, sublime contradicción que se renueva en las horas en que el dragón de plata está deseando pegar el rugido de su primer martillazo para levantar al cielo a la Esperanza. Viene de la Campiña, ungido por la nobleza personal de los hombres buenos y tocado con esa generosidad propia de quien consagra su vida a enseñar al que no sabe. Viene de la Campiña a buscar al Dios de la Magdalena, el que desciende con lentitud de vuelo sereno de paloma. Yo sé por qué sale este penitente. Benditos los buenos penitentes, benditas su plegarias siempre atendidas, bendita la buena gente de los pueblos que vienen a cargar la cruz en Sevilla.

Nacido para pregonar

El Fiscal | 14 de marzo de 2016 a las 5:00

Teatro de la Maestranza. Pregón de Semana Santa de Rafael González-Serna. Después es la comida en el Alcázar. También fotos para la crónica de Diego
Hay gente que hace del Pregón el objetivo de su vida. Hay gente ungida con la gracia de hacer vibrar a los demás. Hay gente que se vuelve loca en un atril, tocando la guitarra, oyendo flamenco, viendo torear, poniéndose delante de un toro o haciendo llorar al respetable al recitar un poema. Este Rafael González Serna vivió ayer el día más ilusionante de su vida. Con una métrica habilidosa, efectista y que no soportaría los controles de calidad de los más expertos literatos, consiguió lo que otros no han logrado –y siempre habían soñado– pese a ser mejores escritores y hasta mejores declamadores. Rafael González Serna triunfó. Y otros mejores que él no triunfaron.
–Eso es así, oiga.
–Lo sé.
¿Por qué es así? Porque este pregonero ofreció a los pájaros el alpiste que los pájaros quieren. Pío, pío. Salieron citadas todas las cofradías y hasta muy bien paradas las vísperas. Salieron las vivencias personales, las luchas contra las adversidades, la memoria del padre fallecido, la fe fortalecida. Salieron contentos los curas y salieron alegres los cofrades. A mi, al menos, no se me ocurrirá leer el Pregón, porque nunca me he leído uno por la sencilla razón de que el Pregón, en todo caso, es para oírlo (algunos, tal vez muchos, son para sufrirlos) y no para leerlo. Pregón que hay leer es como artículo de prensa cuyo sentido hay que explicar en las redes sociales: malo. Algo se ha hecho mal.
¿Y qué me dicen del concejal Cabrera? Ni en los mejores tiempos de Fernández Floranes, aquel concejal socialista que hacía unas pedazos de presentaciones de pregoneros, se había vivo algo parecido en un político de izquierdas. Menudo grado de compromiso. Cabrera estuvo sembraíto. Habló de la Esperanza, de la fe, de los cristianos, de la caridad… Sin complejos, como el PSOE grande de los años de Felipe. El público lo premió con un larguísimo aplauso. Se ha ganado a la Sevilla Eterna. Y eso es una garantía para un alcalde apuntalado por una izquierda que es más pueril que radical. Ahora falta que se curre lo de la Madrugada, que no salgamos corriendo otro año más.
–¿Y a usted le gustó el Pregón, Fiscal? No lo dice.
–A mi me gusta la melva, como a Juan Ignacio.

Se trata de vibrar

Debate de altura: ¿cuándo un pregón es bueno y cuándo es malo? Esto es como enfrentar viejas posturas. ¿Melva o caballa? ¿Velador o taburete alto? ¿Arenas o Juan Ignacio? Según los últimos estudios de universidades norteamericanas con impacto en revistas científicas de alto nivel y de títulos impronunciables, el pregón bueno es el que hace vibrar al público. Así, sin más. El que pone en pie al personal y hace aflorar los pañuelos para secar las lágrimas o para pedir un trofeo como en la plaza de los toros. Y el malo es aquel que provoca una ratio de 93 movimientos de culo en el asiento por cada cuarto de hora. El público se lo pasó en grande, con vítores espontáneos y olés. A los amantes del género pregoneril, lo de ayer le supo a torrija y los alejó de los pestiños acostumbrados. Buzón sigue pesando en el fondo y en las formas seis décadas después. Eso es innegable. Y los norteamericanos también lo analizan en sus sesudos estudios. Don Antonio vive en la inmesa mayoría de los pregoneros. ¿Por qué triunfó Serna? Porque hizo vibrar al público, lo mantuvo en vilo hasta el final, generó momentos de humor, como Javierre en 1993; y supo tratar sus particulares cuestiones de salud con la sutileza y habilidad necesarias para decir lo que quería decir sin querer sacar partido extra. Si a usted le gustan los pregones, ayer tuvo un buen día. Vibraría. Que es de lo que se trata.

Lo mejor
¡Qué alivio! Se acabó la paliza de aguantar a los que te iban desvelando los secretos del Pregón, aquellos que se sabían un trocito y te daban la brasa, que presumían de ser mozos de espadas del pregonero… ¡Este hombre ha tenido más asesores que la Junta si nos fiamos de todos los que han sacado pecho vendiendo su cercanía con el orador! Por fin nos quedaremos tranquilos.

Lo menos bueno
La música, bien. La mano de Marvizón garantiza calidad, chispa, compás y armonía. Pero la Marcha Real al inicio del Pregón nos sobró. Eso de las autoridades levantándose de forma repentina… También nos sobraron algunos pasajes leídos en voz demasiado alta. Nos gustó más el González Serna de tono bajo. La buena melva se defiende sola (sin mayonesa) y los buenos pregones no requieren de chillíos. Pero, oiga, era su pregón, su día de felicidad y no seremos nosotros los que dejemos de insistir en su incontestable triunfo.

Lo sobrante
La legión de agradaores…. Que desaparecerán como las tumbonas de playa en octubre.

Lo llamativo
¡El pregonero le ha dicho a la gente que hay que ir más a misa! Don Juan José, feliz.

¡Qué guapa!
Al lío que ya está la Canina en su paso. Y eso es importante. ¿Saben de dónde vienen las yedras y cardos que adornan su paso? Tachín, tachín. Del cortijo de Ceniz, propiedad de la familia Domínguez, en el término municipal de Chucena. Pues pronto la veremos con todos sus avíos.

Macarena, 01:26

El Fiscal | 13 de marzo de 2016 a las 20:44

LA MACARENA YA ESTA EN SU PASO
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. Era ya sábado en la basílica de ajetreos de cuaresma, hermosas intimidades y majestad aún sin corona. La oración sonaba con intensidad cuando la Virgen de la Esperanza, justo a la 01:26, se alzaba en su paso de plata y bordados en oro. Arriba con Ella. Qué madrugada más única. La mejor víspera, la mejor Semana Santa, la estampa más hermosa quedaba reflejada en un solo instante, guantes blancos del prioste para recibirla por el talle, concentración de los auxiliares, lágrimas de emoción de Manuel García, saeta de Lombo, serena quietud entre los muros, que hasta los angelotes de las pinturas dejaron de jugar para respetar un silencio de monasterio. A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía, hasta morir sin tu amor. Ya está la Macarena en su paso, sin candelería, como le gusta a Carlos Colón.Que hasta Pilatos está viendo por el rabillo del ojo cómo ha quedado la Señora a los pies de la peana, lista para que los priostes (extra omnes) terminen de ajustar las esmeraldas, ceñir el cínculo, colocar la corona y recrearse en esos detalles que hacen que cada año sea único. Era viernes cuando todo empezó. Es sábado cuando todo ha quedado consumado. La Esperanza luce en esta ocasión la medalla de oro del Cristo de la Buena Muerte, el de la faz amorosa, tronchada como una rosa sobre el blanco cuerpo inerte que en el madero reposa. Manolo García, sede de la sabiduría del atrio, se marcha a casa con el deber cumplido. El padre Mellet recuerda cuantísimo se ha rezado en el septenario por la salud del hermano mayor. Yallí estaba, al frente de unos los ritos de mayor hondura de toda la Semana Santa.

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Yruela

El Fiscal | 9 de marzo de 2016 a las 5:00

SE nos fue hace tres años, cuando la ciudad bullía a la espera de una nueva Semana Santa. Manuel Yruela Rojas, alma del Lunes Santo, nos dejó una herencia de afabilidad y sabiduría muy necesaria para un mundo de las cofradías que se crispa más veces de la cuenta. Este jueves a las 20 horas hay una misa por el eterno descanso de este gran cofrade en la Parroquia de Santa Cruz, ante el Cristo de las Misericordias en el Año de la Misericordia. Sus familiares y un grupo de buenos amigos se han acordado de honrar su memoria. Porque sí. Porque no se puede perder el recuerdo de quien vivía por las cofradías, sabía de cofradías y le dolían las cofradías. Oficiará el párroco, Eduardo Martín Clemens, cachorrista antes que canónigo. Y seguro que no faltan hermanos de la Redención, donde fue un brillante hermano mayor.

El nazareno y su padre

El Fiscal | 6 de marzo de 2016 a las 5:00

04/04/07//hermandad San Bernardo//foto jaime martinez
QUÉ vida más corta para una cofradía tan larga. San Bernardo es la cofradía de los niños y de los acompañantes de los niños. Es un cinturón morado y negro que siembra el centro de elegante y popular algarabía. Salud, caireles, guantes de piel, orfebrería dorada, cera gorda, pies desnudos sobre los adoquines, el sol que castiga en el Puente, el indulto de la sombra de San José, el quiebro que desemboca en la estrechez de Muñoz y Pabón, los altos candelabros de codales que acarician los brazos del Señor, la marcialidad de los escoltas de Artillería, el embrujo del regreso nocturno, casas nuevas y otras con la piel descascarillada. La de San Bernardo está poblada de niños, de niños grandes con nombre de Rey Santo.

Está de luto el barrio, pero el barrio no quiere saberlo, prefiere perder la vista en el tendido de la vida. Martín Cartaya remonta con discreción la cofradía para buscar al padre, elegante señor de paisano, y al hijo, cubierto por el antifaz. ¡Ahí está el retrato, Jesús! La máquina dispara. La escena es una fabulosa estampa de cofradía de barrio viejo. No lo toquen, que así es el arrabal. Que venga Grosso, abra el caballete y se ponga a pintar. El hijo nazareno y su señor padre. Un nazareno bebe agua, otro da caramelos, un bebé duerme el Miércoles Santo en su capazo con una vara terciada en el carrito, proclama de la defensa de la vida. Hay un nazareno sólo, sin acompañante, que descansa la espera en el azulejo azul y plata de la Candelaria, un diputado hace sonar el palermo, otro reza el rosario dejando ver las cuentas engarzadas en unas manos que revelan la cincuentena, uno se agita el antifaz para dejar entrar algo de brisa, otro moldea la corona del cirio con el pulgar. Una madre coloca alfileres en el antifaz de un nazarenito para que lleve la cara al aire, Mateo Alemán del Miércoles Santo.

La cofradía se estira dejando repartidos los óleos de su elegancia en el hermoso serpenteo que busca la Alfalfa. El barrio está de luto, pero no quiere vestirse de negro. Se niega a hacerlo como el toro bravo se niega a doblar, boca cerrada, firmes los cuartos traseros y cabeza alta. No le hables de muerte al niño grande y de voz tronante. No le hables de muerte al niño alto que cruza los brazos, abre el compás de las piernas y se entrega con intensidad a la tertulia. La vida es un puente donde las farolas de forja, hermosos mástiles de luz, son las parejas ordenadas de la cofradía cotidiana.

Qué sevillano es acompañar en silencio al Cristo de la Salud desde la alta mar del puente hasta la playa serena de Santa María la Blanca. Allí viene el nazareno con su señor padre a la vera, cirineo de paisano en las horas de penitencia. No hablan, pero van dialogando. El nazareno es alto, recio y de ojos claros. El padre, traje cruzado, gafas de sol y pico de pañuelo blanco a la vista. Estos nazarenos de San Bernardo recitan en su caminar una letanía de alegría y silencio, una letanía morada y azul, una letanía de plata y oro, una letanía de barrio y centro, una letanía de salud y fe.

El barrio está de luto y no quiere verlo, no quiere verlo. Los niños no se mueren, no pueden morirse, son caireles que tintinean siempre a la vera del Refugio, angelitos juguetones de canastillas, soldaditos artilleros siempre de guardia, flores rojas a los pies del Señor. Yo veo hoy a Fernando Carrasco echar la vista atrás, licencia sólo permitida a los nazarenos de barrio, para mirar al Cristo de la Salud clavado en la Puerta de la Carne, recién bajado el puente y con los claveles pidiendo agua, con la silueta recortada de monseñor Álvarez Allende, vara, sotana, manteo y bonete con borla morada al ser párroco por oposición. “Qué pedazo de paso, Fernando. Está soberbio hasta con el tío de los globos de fondo”. Y Fernando musita bajo el antifaz la certera sentencia con la que siempre remata los temas importantes: “Eso digo yo”. Y se va el nazareno adulto con el niño grande que siempre ha llevado dentro. Su padre va muy cerca, con discreción, con el tacto de no molestar al público ni estorbar a los otros nazarenos. Qué vida tan corta para una cofradía que siempre esperamos larga.