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La noche de los 1.676 WhatsApp

El Fiscal | 25 de noviembre de 2018 a las 5:00

PACO VELEZ

EL éxito se mide en mensajes de telefonía móvil. El mensaje de WhastsApp es multiusos: lo mismo sirve para dar un pésame que para preguntar por el precio del alquiler de una plaza de garaje, lo mismo para felicitar un cumpleaños que para interesarnos por una oferta de trabajo. La posición se medía en otros tiempos por el número de cestas de Navidad recibidas en el despacho de turno, o por los ramos de flores llegados a la habitación de una parturienta. Ya lo dijo el político que tuvo dos hijos: uno en el gobierno y otro en la oposición. La estancia quedó convertida en un jardín botánico con el primero. Con el segundo llegaron sólo tres ramos de flores. A Paco Vélez le llegaron 1.676 mensajes de WhatsApp en la noche de las elecciones al Consejo de Cofradías, muchos mensajes más que a ciertos candidatos de la política pura y dura cuando acaban sus intervenciones en los debates televisados. Vélez tiene más mensajes de felicitación y adhesión que nazarenos muchas cofradías. Muchísimos más.

A Vélez le han cedido hasta el Alcázar para la copa posterior (35 euros per capita) a la misa en la que los señores de la junta superior juraron los cargos. Solo dos, por cierto, leyeron con fluidez el texto del juramento. Los demás debían estar embargados por la emocion, o por la jindama de soltar 70 euros al asistir con cónyuge a la cuchipanda. La gran novedad es que don Juan José no sólo presidió la misa, sino que asistió al ágape posterior, un hecho que no se recuerda en anteriores ocasiones. El arzobispo tuvo la oportunidad de departir un buen rato con la pregonera, Charo Padilla. Anteriores presidentes le comentaron a la periodista la oposición interna con la que se toparon al plantear la posibilidad de nombrar a una mujer como pregonera. Eran otros tiempos. Y no crean que tan lejanos en algún caso. Algún ejemplo era reciente.

También acudió a las dos celebraciones el alcalde, Juan Espadas. Vélez es un colaborador habitual del Ayuntamiento en materia de seguridad desde que se fundó el Cecop en el año 2000. La interlocución del nuevo presidente con el actual equipo de gobierno es muy fluida. Por lo demás, se vio a la pintora Nuria Barrera, gran amiga de Paco Vélez. Por supuesto, al incombustible hermano mayor de las Pastora, Andrés Martín, ministro sin cartera de la nueva junta superior. Antonio Piñero estuvo en la misa, como era debido por su condición de presidente saliente. Al término de la ceremonia religiosa se reunió con su equipo de allegados en la planta alta del restaurante Donald. En definitiva, muchas pieles, mucho traje oscuro, mucha mirada a las estancias del Alcázar (quizás alguno no entraba desde la excursión al colegio) y mucho mensaje de WhatsApp, pero nadie, nadie, recibió tantos como Vélez aquella noche.

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Una jura muy especial de nuevos baratilleros

El Baratillo tiene nuevos hermanos, que juraron las reglas la noche del pasado jueves. Se trata de un caballero maestrante, José María Pacheco Guardiola, presidente ejecutivo de Konecta y que es del Arenal de toda la vida; el matador de toros Miguel Báez Litri, el auditor José Pérez Benítez (Ernst&Young) y Ricky Trujillo, nieto del antiguo presidente de República Dominicana. Los nuevos baratilleros aparecen en la imagen con el abogado Joaquín Moeckel. Tras la ceremonia de jura se vivió un rato la mar de agradable en la casa de hermandad del Baratillo, donde el éxito estaba asegurado al estar pendiente de todo el gran Rogelio Gómez Trifón, que sigue haciendo honor a su condición de poseedor de la Medalla de Oro al Trabajo, sobre todo si se trata de su cofradía del alma. Alguno de los nuevos baratilleros pudo comprobar el ambiente de afecto que es capaz de generar una hermandad cualquier día del año. Toreros y maestrantes refuerzan la vinculación de la hermandad con la institución nobiliaria y con la plaza de toros. Recuérdese que los tramos de la cofradía se forman en el coso, que a la capilla de la Piedad acuden toreros a rezar como Morante de la Puebla antes de hacer el paseíllo y que hasta muchos recordamos cuando los dos pasos se quedaban montados durante el ciclo continuado de festejos.

Del Domingo del Pregón

El Fiscal | 26 de marzo de 2012 a las 17:53

Retorno a la radio

Como decimos casi siempre en días como hoy: un pregón más y un Domingo de Pasión menos. Tras dieciséis años de asistencia ininterrumpida al Teatro de la Maestranza, por fin volvimos a vivir el Pregón desde casa, junto a la radio y con la televisión conectada. Mucho más interesante –dónde va usted a parar– que soportar el ambiente de la oficialidad del teatro y tener que aguantar la compañía de butaca que le impone a uno el protocolo de San Gregorio.

20 minutos

Ese era el tiempo de espera para comprar calentitos en la calle Cano y Cueto en la mañana del Pregón. Todo indicaba, desde el principio, que la cosa iba a ir de esperas largas, de muuuuucha espera. Ayer, nada duró lo que tenía que haber durado. Osí, que diría Rajoy. Quién sabe. Ni siquiera duró lo que tenía que durar la interpretación de la Marcha Real, que Francisco Javier Gutiérrez, el director de la Banda Municipal, mandó tocar en su versión minimalista, cuando el personal buscaba los urinarios y el teléfono móvil para no perder la reserva de mesa en el restaurante. Qué sabio es este músico, que supo entender la importancia de aliñar y acabar con la cosa cuanto antes en determinadas ocasiones.

Oído en las ondas

Reveló el señor arzobispo minutos antes del acto que conocía el texto del Pregón y que había realizado una “lectura horizontal”. Digo yo que quiso decir en diagonal. O acaso una lectura rápida. El caso es que lo leyó lo suficiente para anunciar que sería un Pregón “doctrinalmente bien orientado”. ¡Qué alivio! Menos mal, ya era hora tras años de tanto mítin y tanto herejillo metido a meditador. ¿Verdad? El Pregón lo tienen que dar quienes lo tienen que dar. Claro que sí, por fin íbamos a disfrutar con un pregón como Dios manda, que eso sí que lo diría Rajoy. Por cierto que tras distintas retransmisiones, parece que no queda clara la diferencia entre la interrupción y la mera ovación de cortesía. Interrumpir, lo que se dice interrumpir, ocurre muy poquitas veces en un Pregón de Semana Santa. Aplaudir, tela. Medir o evaluar un Pregón por el número de aplausos es como medir el valor o la ejecución de una faena por el número de pases. Por eso se habla de pega-pases en el mundo del toro y de pestiños en los pregones, ¿no? No sé, porque yo de pregones y de toros ando pez. Ni me ponía delante de un toro, ni mucho menos delante de un atril.

Lo mejor

Para este Fiscal, estuvo en una frase con la que se pueden identificar muchísimos sevillanos. La pronunció el pregonero tras anunciar con todo tino la felicidad que sentirá la Sevilla cofradiera a partir de la semana que viene: “Y el Lunes de Pascua regresaremos al mundo real”. ¿A cuántos de ustedes no les pasa eso tras una semana de desconexión absoluta no ya de la rutina, sino de casi todos los órdenes de la vida? Nada importa cuando es Semana Santa. Y a todo se vuelve con brusquedad cuando termina la Semana Santa.

Detalles

Los que admiramos el paso de palio de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, agradecemos los versos dedicada a esta Dolorosa. Yqué decir de los dedicados a la Virgen de la Concepción y la defensa del Dogma Concepcionista. Para muchos, los mejores fueron los iniciales al Silencio Blanco.

Lo peor

Sin duda, la duración. Al Pregón de 2012 le sobraron muchos minutos. Muchísimos. El acto, en total, acarició las tres horas. Y eso es inasumible para cualquier público. En unSemana Santa castigada por los excesos, este Pregón pareció incorporar uno más. Una pena, porque el orador empezó leyendo muy bien al principio y tuvo que terminar pisando el acelerador. Curiosamente, se echó en falta alguna vivencia más en un pregón tan largo y pronunciando por alguien tan de la casa.

¿Y a usted no le gustó?

¿Pues qué quiere que le diga? Ignacio Pérez Franco pronunció su Pregón, el que sabe hacer, el que se esperaba que hiciera. No hubo sorpresas, ni peros, salvo la duración. Fue sincero, no impostado. Rigurosamente ortodoxo, bíblico y encíclico, si cabe. Sin riesgo alguno. Las reclamaciones, de haberlas, a la ventanilla del Consejo. A este hombre le gustan mucho las cofradías, sabe de ellas, entiende, le duelen y son su pasión. ¿Que no estaba capacitado para dar un Pregón? Pues se nos caerían de las manos los pronunciados en los últimos 25 años, salvos dos o tres. No más. ¿Qué quiere que le diga? Ayer disfrutó, sin duda, de uno de los días más felices de su vida. Y hasta comió perdices, las que sirvió Juliá en el Alcázar. Si quieren otro Pregón, no lo hay. Es muy difícil que lo haya. Y tal vez no tenga ni que haberlo. Si usted vibró con el Pregón, enhorabuena. Yo no vibré. Pero es que he vibrado con muy pocos.

El Pertiguero

Primer golpe. Detalles de torpeza en el almuerzo posterior. La amistad es un sentimiento noble, nada hay que objetar; pero proclamada justo antes de un elogio, devalúa lo dicho. Segundo golpe. Monseñor Gómez Sierra se fue a votar a Córdoba. Y monseñor Asenjo, por correo. Tercer golpe. Gregorio Serrano utilizó un portafolios rojo de gran tamaño. Se trataba de las antiguas carpetas que se utilizan en el Ayuntamiento para los actos solemnes. Y ciriales arriba. ¿Impacto económico perdido o cien gramos de guasa?Los bares del entorno del teatro perdieron caja. No hubo tiempo para la cervecita previa al almuerzo. El pregonero se comió el aperitivo.

El lagarto de la catedral

El Fiscal | 9 de diciembre de 2009 a las 13:46

<<Este mes retornará el cardenal por unas horas a Sevilla. Presentará en el Alcázar un libro sobre Sevilla de la Fundación Sánchez-Ramade que ha preparado Paco Robles. Llegará y se irá el mismo día, a pesar de que se le ha ofrecido pasar la noche en la ciudad>>

Lirios de guardia

El Fiscal | 13 de agosto de 2009 a las 20:44

La calle tiene nombre de ripio de pregón trasnochado. Abogados de Sevilla. La barrera y los tricornios restringen el tráfico inexistente de agosto. La música la pone el tantantán de la campanita del tranvía. Treinta y cuatro grados en el caballo, que no es de Santa Catalina. Un detenido pasa de una acera a otra escoltado y con los brazos amarrados por detrás, cautivo en su particular Tiro de Línea. El estanquillo de la esquina está empotrado en el mismo edificio. La dependienta se afana en explicar las otras demandas de los letrados. “No tengo puros, pero si usted va a venir por aquí más a menudo se los traigo. Es que los abogados lo único que quieren es rubio o negro”. La máquina de entrada silba cuando alguien entra con cadencia de nazareno del Silencio. A cada pitido le sigue la exhibición de llaves, monederos, teléfonos móviles… Hay ventanas abiertas y montañitas de papeles, expedientes tal vez de causas perdidas. Hay caras de agosto renegado, ambiente de oficina en horas bajas, sudores de trabajadera por carencia de refrigeración. Hay gitanas en la puerta. Sus caras angustiadas a la espera de noticias son las que a cierto magistrado le evocaban el rostro de su Virgen de las Aguas. Las gitanas lloran, los gitanos discuten. Así matan la espera. Todo tiene el aspecto de una gaseosa disipada, ambiente de velocidad baja, de pulso aliviao. Todo, absolutamente todo, menos su figura que se alza entre la monotonía, que desafía las calores que aplatanan y que se convierte en la primera esperanza de los desgraciados que cruzan la puerta: Juzgado de Guardia. Se le ve entre los barrotes de la ventana, que hacen las veces de verja del Rectorado. Está entre los ordenadores, como el Dios de los pucheros. La cabeza caída, tronchada como una rosa del verso de Pemán. El perfil de Dios de agosto humanizado, esperando quizás que los pinceles de Ricardo Suárez le renueven la divinidad de Martes Santo. Y los lirios, ay, los lirios, siempre alfombrando su muerte. Dios está de guardia entre el aire quieto del verano, como está en San Onofre perpetuamente para el que quiera oírlo en silencio y hablarle a deshoras. Está de guardia sin monaguillos, sin guiones, sin cruces, sin la Lonja, sin el Postigo, sin incienso y sin la muralla del Alcázar. Tan sólo con sus lirios para consuelo de los cautivos de agosto.