El Fiscal » ARZOBISPADO

Archivos para el tag ‘ARZOBISPADO’

Obsesiones

El Fiscal | 27 de marzo de 2014 a las 5:00

He visto a arzobispos publicar sus sueldos, he visto a arzobispos invertir mil millones de pesetas en un fondo de inversión de alta volatilidad y, cuando se lo han desayunado en la prensa, no sólo no lo han negado, sino que han respondido con la parábola de los talentos; he visto muy de cerca, con folios y bolígrafo por delante, a cardenales en Madrid, Roma, Toledo y Sevilla; he visto entrar en el Palacio Arzobispal a líderes comunistas que pedían un mensaje de apoyo preocupados por la elevada siniestralidad laboral, he visto arzobispos enfurecidos que a los diez minutos ya no tenían memoria y volvían a tender puentes de cordialidad y he visto, por supuesto, a colectivos de presos y a líderes de colectivos de gays y lesbianas en la planta alta de una sede episcopal. Y he visto a un Papa pedir que los curas sean alegres, receptivos, huelan a oveja y dejen ya ciertas obsesiones.

Títeres

El Fiscal | 25 de marzo de 2014 a las 10:09

No había que ser una mente preclara, ni un rastreador de archivos ocultos, ni un adalid de la investigación para saber que en el Consejo han trabajado y trabajan familiares de altos cargos de forma directa o indirecta. Eso era y es de dominio público. Como lo es que hace pocos meses mandaron a la calle a colaboradores muy respetados y respetables de toda la vida. El Arzobispado pide transparencia en la gestión al Consejo. Hace muy bien, le asiste toda la razón. Pero comience el Arzobispado por aplicarse su propio criterio. ¿O hay que referir la de sobrinos que hay colocados en ciertas instituciones de la Iglesia? ¿Empezamos la lista? Pegarle el tirón de orejas al cofraderío de San Gregorio es facilísimo. Estamos ante la junta superior más blandita de la historia. E interesa que así sea. Los titiriteros no quieren personajes. Quieren títeres. Como también los quieren en la prensa.

Pasados de rosca

El Fiscal | 3 de febrero de 2014 a las 13:10

Imagen costaleros
Suena el teléfono y una voz se presenta directamente como jefe de prensa de un candidato a hermano mayor. Cáspita. Se impone la larga cambiada con la mayor cortesía posible, pero el interlocutor se hace el sueco e insiste en que ofrece un encuentro, una entrevista o declaraciones del candidato. Cuantas más largas cambiadas recibe, más se hace el tío el sueco. Hasta que tira de manual y asegura que tiene que saber cuándo veremos al candidato para que no haya “problemas de agenda”.
–¿Pero usted llama de Vox, del Partido Popular, de Ciudadanos o de parte del candidato de la hermandad que dice llamar?
Al día siguiente nos desayunamos, merendamos y hasta cenamos con los detalles de una manifestación de costaleros contra el cambio de un capataz, pancarta en mano y concentrados delante de la casa. El hermano mayor ha prescindido del capataz que, por cierto, fue el hermano mayor anterior. Antes un candidato a hermano mayor no tenía jefes de prensa y un capataz ni siquiera concebía presentarse a hermano mayor. Todo lo de antes no es que sea bueno o ejemplar por ser pretérito, pero no deja de testimoniar un criterio. Hoy no hay criterio. Y no es que no haya medida, que ya estamos de la teoría de la pérdida de la medida tan hastiados como de la de la falta de nivel; lo que hoy no hay es directamente vergüenza. Y la falta de vergüenza es hija directísima de la carencia de educación. Formación, que dirían los místicos.
En una red social se difunden todo tipo de maldades sobre un nuevo capitán y un nuevo teniente. Se vomita directamente en el atrio del honor, convertido por momentos en el plató de Sálvame Deluxe. Se sacan del archivo declaraciones periodísticas que descartaban cambios en esos puestos, como cuando en los partidos políticos se tira de hemeroteca para desacreditar al rival y dejarlo en evidencia. Desde el sofá de su casa puede usted contribuir sin mayor esfuerzo –con un mero click en el teléfono– a ensuciar de forma impune la reputación personal de alguien que simplemente ha recibido un hermoso encargo en su hermandad. No hay límites. Ancha es Castilla y mucho más ancha la calle Feria…
Pasan los días y los costaleros han logrado ya objetivos. Los nuevos capataces rechazan el nombramiento. Desisten. Antié iba El Penitente a dar un paso atrás, o a un hermano mayor de los de entonces le iban a montar la que montan hoy muchos costaleros como grupos de presión. Tan sólo se recuerda, como la excepción que confirma la regla, el caso de la célebre huelga costaleril del Viernes Santo que, fíjense si fue un hito, que hasta ha sido llevada al cómic infantil con fines didácticos.
Estos días hemos asistido también al comunicado conjunto de dos candidatos a hermano mayor que querían dar un testimonio de armonía de cara a la contienda electoral. Dios Santo, cómo será la cosa que en una hermandad hacen falta comunicados para asegurar la convivencia pacífica. Los aspirantes a trincar una vara dorada y los toreros se han hecho muy aficionados a los comunicados.
Los polvos de la sofisticación siguen generando lodos. Los hermanos mayores han ganado en notoriedad todo lo que han perdido en autoridad, en peso específico. Enseguía iban a necesitar jefes de prensa y comunicados verdaderos personajes de la Semana Santa como Eduardo Ybarra, Juan Fernández, José Luis de Pablo-Romero, Luis Rodríguez-Caso o José María O´Kean, por citar solo algunos de los ya desaparecidos. Todo guarda conexión. El perfil de la propia jerarquía eclesiástica ha bajado de forma notable, con jubilaciones anticipadas (digámoslo sin acritud) y fallecimientos prematuros.
La realidad se impone. El Consejo no manda, baila al son de los hilos que marca la tecnocracia de hisopo y acetre. Los hermanos mayores son cuestionados por los costaleros. Los capataces dan el paso atrás. Pero el jefe de prensa sigue ofreciendo entrevistas. Este mundillo no está ya ni siquiera decadente. Está pasado de rosca. Cualquier día tenemos a Bourrellier en el plasma. Y sin admitir preguntas.

Episodios extraños en la diócesis

El Fiscal | 8 de diciembre de 2013 a las 5:00

En esta diócesis están pasando cosas muy raras, nunca vistas. Gente que sólo eran conocidas en su casa a la hora de comer alcanzan las parroquias más señeras. Echa usted una mirada a la asamblea de canónigos y le ocurre como a la plantilla de consejeros: que con suerte conoce a dos o tres. De los demás, ni pajolera idea. Y hay que hacer esa pregunta tan sevillana: “¿Y éste quién es?” Oen su modalidad menos caritativa y más directa: “¿Y dónde ha empatado este hombre o qué regalo ha hecho para estar donde está ahora?” Corren ya con fuerza los rumores sobre la rapidez de algunas carreras eclesiáticas, como corren sobre el futuro del Consejo de Cofradías. Yse oyen y leen declaraciones periodísticas nunca antes oídas ni leídas. Hay una suerte de paralelismo entre el cabildo eclesiástico y el cofradiero. Ironías del destino.

Aquellos presidentes
Nunca oímos a don José Sánchez Dube tildar de traidores a sus consejeros por no prosperar ninguno de sus candidatos a pregonero. ¡Ninguno sacó adelante! Campos Camacho sigue siendo hoy para muchos cofrades una referencia de mesura y buen criterio. Luis Rodríguez-Caso se fue cuando tuvo que irse tras una brillante gestión de los fastos del 92, con su marcha al término del mandato tuvo la generosidad de salvaguardar la interlocución de la institución con el poder eclesiástico. Antonio Ríos lo pasó muy mal con la crisis del IVA, felizmente resuelta con el tiempo. Nadie le oyó llamar pistoleros a sus compañeros de junta. A Manuel Román le tocó vivir nada menos que el veto a un candidato a pregonero con dossier encima de la mesa y la posterior dimisión de su número dos. Jamás acusó a nadie de perjuro. Por supuesto, ninguno de los citados amenazó con grabaciones, ni empleó palabras gruesas en las juntas superiores. Tuvieron luces, sí. Y también sombras, ¡cómo no! Pero a ninguno se le ocurrió emplear términos tan destemplados ni usar un lenguaje tan de brocha gorda ante los medios de comunicación. (Continuará)

El ejecutivo diocesano

El Fiscal | 10 de noviembre de 2013 a las 5:00

tabaco. fumaores en bares
Salió del rezo de los laudes a esa hora en la que la ciudad parece todavía adormilada. Esta vez tocaba tomar el café en el bar de la esquina, no en el que está justo enfrente de la salida principal. Entre varios habían llegado al acuerdo de turnar el establecimiento del desayuno para que ninguno de los hosteleros de toda la vida se sintiera descuidado. De nuevo salieron los temas que son la comidilla durante el cigarro en la puerta, antes y después del café. El Papa Francisco los tiene asombrados. Uno dice que un Papa que tiene contentos a los ateos es tan peligroso como una boda real que satisface a los republicanos. “Eso no nos puede traer nada bueno”, dice el de mediana edad. “Me recuerda a Juan XXIII, que era un gran padre que supo llevar a la familia”, apunta quien ya otea la jubilación y abusa del café negro. Y el más joven trata de abrir el debate en clave local. ¿Cómo afectarán determinados planteamientos a una diócesis histórica? Los viejos prefieren guardar silencio, pero sólo de entrada. El joven se explaya mientras permanece de pie sujetando el plato y la taza. ¿Hay lepra en la diócesis? ¿Hay situaciones que pudieran provocar reacciones escandalosas? ¿Olemos a oveja? Uno de los mayores suelta una cita bíblica, otro echa mano del bolsillo y hace el ademán de querer pagar los cuatro cafés. El de mediana edad echa la mirada abajo. Todos saben que él conoce a la perfección el statu quo de cuanto hablan. Todos son conscientes de que su nuevo destino ha sido interpretado como un premio por los servicios prestados. Hasta que los pudo prestar, claro. Porque hubo situaciones (¿La lepra vaticana en versión local?) por las que ya era difícil seguir pasando, máxime con un Papa lanzando mensajes claros, certeros y nítidos desde Roma. Ay, Roma, cuánto se acuerda de Roma…
El café se disolvió. Nuestro personaje se marchó a casa, se sentó en la mesa camilla, desvió el visillo y contempló esa escultura zoomórfica que escupe agua en días de lluvia. Encima del tapete había papeles desordenados. Entre ellos, la nómina de sacerdote diocesano. Poco menos de 650 euros brutos. Y una pírrica base de cotización a la Seguridad Social. Ni 40 euros mal contados. Pero la fuerza de la vocación lo puede todo. Jamás se metió a pastor por el dinero. Su vida es un ejemplo de fidelidad a la Iglesia, de servicio convencido a los más pobres. Baste un ejemplo, frívolo si se quiere, pero válido. Siempre le incomodó el clergyman, pero ahora se lo pone a diario desde que sabe que es el deseo de su superior. Y al superior no se le discute. Ni del superior se habla mal, ni se cuestionan sus decisiones en una charla de café con compañeros. Hace tiempo que aprendió que al palacio episcopal llega todo. Termina llegando todo. Distinto es que la versión que llegue sea más o menos manipulada por el camino. Pero a él, precisamente a él, no le iban a coger.
Claro que hay lepra, la conoce muy bien, la ha visto de cerca. Cuando mira su nómina y sabe la de otros, profesionales laicos de prestigio, no puede dejar de esbozar una sonrisa. Una diócesis no puede tener en plantilla (sí, en plantilla) a alguien con la máxima cotización que permite la Seguridad Social:3.425, 70 euros. Él sabe perfectamente que ese dato es demoledor, injustificable y muy nocivo para la imagen de una institución que está en pleno proceso de renovación. ¿Cuánto puede ganar un español que tenga esa base de cotización? De 41.000 euros para arriba. Yese arriba puede llegar a tener varios ceros…
Se queda mirando por la ventana. Recuerda las preguntas del joven compañero que dejó sin contestar en el café. No podía darle la razón. Tal vez lo llame en privado para decirle que tiene que frenar su ímpetu. Para explicarle que es bueno que la Iglesia fiche a profesionales, siguiendo el modelo de la Conferencia Episcopal; que es hora de que los curas suelten el timón en algunas parcelas de gestión. Sabe que es una materia difícil de justificar. ¡Si él mismo se escandaliza a solas con ese sueldazo! Pero debe enseñarle a su bisoño compañero de altar y coro que la Iglesia tiene sus defectos y que, al fin y al cabo, su misión es ejemplar, más necesaria que nunca y, sobre todo, los cuenta por siglos.
Vuelve a mirar su nómina. Menos de 650 euros… Menos mal que la canonjía ayuda algo y que por los cargos que ha tenido y su alta formación es invitado de vez en cuando a predicar cultos importantes, donde el estipendio siempre ayuda. Pero sabe que la inmensa mayoría de sus compañeros no tiene más que el sueldo pelado, uno de los más escuálidos de todas las diócesis españolas.
La combinación entre la fuerza de la vocación, la edad y la experiencia en los altos despachos es clave para digerir los aspectos más dudosos de la Iglesia, su Iglesia, la misma por la que cedió su paga extraordinaria de Navidad a los pobres de Cáritas el pasado año. Porque así se le pidió. Y por su Iglesia muere y morirá. Y por su superior se calla en las charlas de café y por su superior llamará hoy mismo a ese compañero inquieto, aún joven en algunas lides, con el que habrá de compartir muchos rezos de laudes, muchos cafés y muchos sapos que tragar juntos. Nunca entenderá que su Iglesia tenga ejecutivos de corbata y traje a diario con sueldos propios de la empresa privada en años boyantía. Pero la fuerza de la vocación todo lo puede. Vuelve a mirar a la gárgola y piensa:“Algún día se sabrá, saldrán los datos. Ya ver si la gente que cree en nosotros tiene también esa fuerza que hoy me protege y me ayuda a seguir adelante”. Y se puso a rezar a solas.

El particular concepto de absolución

El Fiscal | 13 de mayo de 2013 a las 5:00

La historia no se repite, la historia es la misma. Esta semana hemos asistido no sólo a una extraña y desangelada procesión de la Patrona, sino a otro caso en el que la jerarquía de la Iglesia (que sólo es una parte de la institución, sin valor de sinécdoque) provoca una situación a mitad de camino entre la hilaridad y lo irrisorio. El decreto que absuelve de excomunión al falso cura de Pío XII y dicta varias condenas parece sacado del rodaje de El nombre de la rosa. La Iglesia tiene todo el derecho del mundo a establecer sus tiempos y sus liturgias particulares tanto como a no dejarse imponer ciertos sellos de modernidad. Pero ha de saber que vive en una sociedad en la que no se puede ni conviene jugar al escondite con decretos que imponen órdenes de alejamiento para que el falso cura no retorne a los santos lugares donde simuló el ministerio pastoral. No digamos ya si condenan a realizar una peregrinación en actitud “piadosa” de Alcalá a Utrera. Mireusté, que diría FG, eso es dar alpiste a los canarios, por decirlo finamente. ¿Yno se autocondena el Arzobispado porque nadie, ni en el equipo del cardenal Amigo ni en el de monseñor Asenjo, advirtió la presencia de un intruso durante nada menos que siete años? Vengan bodas, vengan comuniones, vengan direcciones espirituales y vengan pastoreos. Nadie trincó al ecuatoriano. Cabría hablar, cuando menos, de una culpa in vigilando. ¿O no? Huy, huy, huy. Lean el canon 392.2 sobre las obligaciones del obispo: “Ha de vigilar para que no se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica, especialmente acerca del ministerio de la palabra, la celebración de los sacramentos y sacramentales, el culto de Dios y de los Santos y la administración de los bienes”. Qué raro, de esto no ha dicho nada el decreto.

Puestos a condenar al sujeto por la vía eclesiástica, el decreto que firma Asenjo parece que lo ha redactado su enemigo. Dice el Arzobispado que es un decreto de absolución porque no lo excomulga. ¡Qué alivio! Tan sólo lo inhabilita para ser cura, le prohíbe acercarse a determinadas iglesias (¡Atenta la Guardia Suiza!), le obliga a realizar una peregrinación cardiosaludable de 21 kilómetros y a devolver los estipendios cobrados. Nada más. ¡Si es un decreto de absolución! “Es que no te enteras, Fiscal, que eres un retorcido empeñado en ir a la contra”.

Por cierto, ¿cómo sabremos cuánto dinero ha de devolver el cura impostor? Pues otra vez, mireusté, le recordamos al redactor del decreto un canon que se le ha olvidado citar. El 958.1: “El párroco y el rector de una iglesia o de otro lugar piadoso, donde suelen recibirse ofrendas para la celebración de misas, han de tener un libro especial en el que tomarán diligentemente nota del número de misas que se han de celebrar, de la intención, de la ofrenda entregada y del cumplimiento del encargo”. Yfíjense en el apartado siguiente: “El Ordinario tiene obligación de revisar cada año esos libros, personalmente o por medio de otros”. Es decir, si el titular del Juzgado de Instrucción número 4 le manda un oficio al vicario general de acuerdo con este canon, seguro que don Teodoro León, que es muy, pero que muy legalista, le responde con todo lujo de detalles sobre esos estipendios y número exacto de las ceremonias.
Porque ésta es otra. Ahora viene la investigación judicial. Con lo fácil que era hacer como hizo ejemplarmente el Gran Poder cuando le arrancaron el brazo: no ejercer ni la acusación particular a la que tenía derecho. Con lo fácil que era seguir el espíritu de Juan Pablo II, que visitó a su asesino y lo perdonó. Con lo fácil que era releer a San Marcos: “En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros’. Pero Jesús dijo: No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros».
Pero no. Nos pusimos a sacar decretos de los tiempos de mazmorras. Pero tranquilos todos, que es un decreto de absolución. ¿Las condenas? Son pellizcos de monjas. Menos mal que en Sevilla no hay Guardia Suiza. Si no, yo sé de uno que junta letras cada domingo que no tendría dónde esconderse.

¡Piratas, piratas!

El Fiscal | 23 de octubre de 2012 a las 5:00

¿En el Caribe? No, no, no. En la diócesis. ¡Cómo está la diócesis! El vicario general se ha subido al mástil de la nave mayor y ha dado la voz de alarma. ¡Piratas, piratas a la vista! Cada vez hay más asociaciones cofradieras que sacan sus procesiones no ya por los barrios, sino por el mismísimo centro de Sevilla, blonda y mantilla. Llevan los pasos hasta por delante de las narices del conserje del Palacio Arzobispal. Con su Señor Cautivo, su pedazo de paso, su música, sus mecidas y todos sus avíos. Pasos y más pasos que no son de hermandades, sino de entidades civiles. La cosa “preocupa” a la autoridad eclesiástica, que esta semana ha remitido un comunicado urbi et orbi para advertir que estas asociaciones pueden presentar una “apariencia externa similar a las de las asociaciones públicas de fieles (hermandades y cofradías) constituidas legítimamente por la Autoridad Eclesiástica competente y bajo la jurisdicción de la Iglesia y sus pastores”. ¡Te he pillado, Teodoro! ¿Constituidas por la autoridad eclesiástica? Ay, Mateo que te veo, que estás metiendo un gato en la bulla a cuenta del piraterío morado. Algunos ya nos tragamos en su día lo de las cofradías como asociaciones públicas de la Iglesia en lugar de ser reconocidas como privadas, tal como defienden muchísimos juristas de prestigio, pero no presuma usted mucho de ello a la mínima porque lo de la autoridad erigiendo hermandades no es ballena que cuele como animal de compañía. Pero a lo que íbamos: el señor vicario dice que estas procesiones piratas tienen una “apariencia externa que llega a crear percepciones erróneas”. ¿Ah sí? Pues yo creo, humildemente, que la mismísima Semana Santa de Sevilla –la que empieza ¿el Domingo de Ramos? y nunca se sabe cuándo acaba– esta cargaíta de motivos que pueden también confundir a la grey. En la Semana Santa legal, mi dilecto señor vicario, hay imágenes para temblar, estéticas más propias del Circo del Arte, músicas para espantar a la palomas del Salvador, decoraciones florales de carrozas del Día del Orgullo Gay y horarios de entrada de algunos cortejos absolutamente idóneos para un cotillón de fin de año.  Los únicos comunicados que se han visto en los últimos años han sido para prohibir la entrada en la carrera oficial del Tío del Carro, que todavía nos preguntamos a qué tanto prohibir el acceso al Tío del Carro con lo sevillanísimo que es el Tío del Carro y no tanto pantuflo que anida en los palcos, o para hacer caja a costa del eufemístico Fondo Común Diocesano. Y los intentos por intervenir han sido para tratar de controlar la elección del pregonero. ¿Que ahora preocupan en la curia las procesiones ilegales, piratas, civiles o como se les quiera llamar? Preocupa lo que no se controla. Porque a las otras, a las legales, se las tiene bien controladitas, que ya están distraídas con las quinielas sobre el magno vía crucis con el que vamos a quedar divinamente ante Don Rouco. Ese día sí que vamos a proporcionar al resto del mundo una percepción ajustadíííííísima de la Sevilla cofradiera. Anda que no. ¡Piratas, piratas… en el horizonte!

Del déficit de eclesialidad al exceso cofradiero

El Fiscal | 16 de octubre de 2012 a las 5:00


El 12 de junio de 2010, sábado en el calendario, salió la Estrella en procesión extraordinaria por el 450 aniversario fundacional de la cofradía. Monseñor Asenjo no llegó a tiempo de presidir el pontifical porque, según explicó, una huelga encubierta de controladores aéreos retrasó el horario del vuelo que le traía a Sevilla desde la Ciudad Eterna, adonde fue a cumplir con sus obligaciones de obispo. Nada más llegar al arrabal trianero le preguntaron por el rechazo del cabildo de la Esperanza de Triana a ceder el Cristo de las Tres Caídas para el vía crucis madrileño de la JMJ, pues la jornada previa un 77% de los hermanos dio nones a la propuesta. “Ahora mismo no voy a decir nada. Acabo de llegar de Roma y estoy confuso”, acertó a decir el prelado ante una bulla que ansiaba la salida del paso de la Dolorosa trianera. Una vez concluido el período de confusión, monseñor se dolió en público de aquel rechazo. Dibujó un mundillo de cofradías con “déficit de eclesialidad” y “falto de formación”, que toma decisiones “faltas de brillantez” que lo sitúan “lejos de la Iglesia”. Aquel discurso supuso un aldabonazo, el primer encontronazo del prelado con las hermandades. Nada nuevo bajo el sol (del Plantinar o esquina con Matahacas, según se prefiera). El apurado Padre Soria buscó una solución de emergencia en su hermandad de Los Panaderos, donde el déficit era ya de otro tipo, vaya tipo… Pasaron los fastos de Rouco en Madrid y se instauró una calma chicha con algún sobresalto aislado como la desaprobación del vía crucis en Torreblanca, una de las cofradías que, por cierto, más colabora con el Fondo Común Diocesano. Pasaron los meses y monseñor fue conociendo un poco mejor a su grey, haciendo el esfuerzo de alterar sus vacaciones de Navidad para estar en el Gran Poder el Día de la Epifanía, o cambiando el descanso estival de agosto para estar con la Patrona. Ycon acierto fue delegando su presencia en Don Santiago, el simpático obispo auxiliar que lo mismo se lo encuentra uno de paseo que en el BBVA de la calle Granada… Monseñor Asenjo irrumpió el martes en la actualidad de la ciudad con una propuesta de vía crucis en la que Sevilla copia los principios fundamentales del celebrado en Madrid. No habían pasado dos horas del anuncio y monseñor Asenjo tenía a todos los hermanos mayores en actitud complaciente. Si alguna cofradía celebra ese día su función principal de instituto, no hay problema, pues habrá dispensa, que la dispensa es el instrumento por el que los curas pueden poner Digo, Diego o Don Diego (gran cafetería de Triana). Ahora todos son incentivos y dispensas. Donde había déficit, monseñor promueve el exceso. Donde había falta de brillantez, monseñor encontrará el brillo de unas cofradías que no le quepa duda de que lo harán a la perfección. Y donde había lejanía con la Iglesia, monseñor probará el calor de un acto multitudinario, con permiso de la lluvia. El vía crucis es extraordinario, naturalmente. En Torreblanca no hubo. No fue autorizado. Y en otros sitios, tampoco. Está claro que el carácter extraordinario lo decide la autoridad, eclesiástica por supuesto. Debe ser que en Palacio hay peritos que miden cuánto de extraordinario tiene un hito, fecha o conmemoración. Llega usted allí con su programa de actos como cuando se acerca a las oficinas de su seguro, mete el coche dentro para que un tío con bata le eche el vistazo a la avería y le diga si le cubre la póliza el destrozo. Pues en Palacio te miran de reojo y te dice el perito con alzacuellos: usted tiene cara de extraordinario, o no tiene cara de extraordinario. Y usted calla, no responda, ni se le ocurra hablar de lo que habría que hablar, que es de la cara que tiene alguno que no sale ni en el telediario de Mariavisión. No hace falta ser ecónomo para saber la corta distancia que puede haber entre el déficit y el exceso; entre no invitar a las cofradías a la recepción del nuevo arzobispo en una Catedral abarrotada de público a concentrar catorce imágenes de Cristo en la Avenida en plena cuaresma; entre llamarlas fuertemente al orden y basar en ellas el principal acto del Año de la Fe en Sevilla. El discurso ha pasado de un extremo a otro de tal forma que a algunos nos ha dejado como recién bajados del avión: confusos. Pero sin venir de Roma, sino del tranvía de Monteseirín y después de sortear bicicletas. La culpa ya se sabe: es de los controladores aéreos.

Manifestación morada por la Avenida

El Fiscal | 9 de octubre de 2012 a las 12:55


La Avenida tendrá su manifestación sacra en cuaresma, con corte de tranvía incluido y los bares recogiendo los beneficios que el alcalde malagueño nos recuerda cada vez que nos quejamos de los inconvenientes de ser capital. Ahora que se manifiestan hasta los chatarreros por Madrid, tendremos manifestación cofradiera por el Año de la Fe. En el mundo de las cofradías debe haber ya superavit de eclesialidad, porque hace un año que el mismísimo arzobispo denunció que había un déficit cuando una cofradía no cumplió su deseo. Se ve que el jefe de la Iglesia ya tiene otra percepción y se la juega a catorce o nada. Tampoco se trata de llevar un paso a Madrid. Es en Sevilla y se entiende que en andas. La cosa cambia. Lo que está claro es que el acto de mayor notoriedad del Año de la Fe en Sevilla se deja para las hermandades, que son una suerte de Santa Bárbara cuando hay que tirar del carro y dar esplendor. La salida de las catorce imágenes y la de la Virgen de los Reyes recuerda en cierta forma a aquel 1965 en que Bueno Monreal sacó a la calle en dos ocasiones a la Patrona y contó con la adhesión de más de 50 hermandades. Aquello sí que fue un superavit de eclesialidad. Será muy improbable que monseñor Asenjo no encuentre las catorce, pero si ocurriera… Tendría que pedir el rescate.

Coda: El Gran Poder y el Señor de la Sentencia son preferentes para la autoridad eclesiástica. ¿La Virgen de la Estrella para el cierre del ejercicio piadoso?

Rescoldos de Madrid

El Fiscal | 21 de septiembre de 2011 a las 17:14

Aún colea el enfado de algunos porque las expectativas, no nos engañemos, no se cumplieron. Acusamos recibo de un testigo directo de todo lo ocurrido en la capital de España, un indignado con el mensaje de éxito que se ha querido difundir días después, tanto en entrevistas como en cartas oficiales de enhorabuena a la cofradía portagonista: “Sé de buena tinta que al Consejo se le dijo que tenía seis asientos reservados en el vía crucis, pero menuda sorpresa se llevaron cuando llegaron fritos de calor y no tenían ninguno, porque la Corporacion municipal había invitado a sus familiares, parientes y afectos. Lo peor es que allí se presentaron el arzobispo y compañía, incluidos los amigos  de sus acompañantes. ¿Sabes que solución dio don Manuel Soria? ¡Que el Consejo se quedaba fuera de la parcela! Al hermano mayor y al comisario se le desencajaron las mandíbula, pues vieron con asombro que a una entidad como el Consejo, que les había ayudado en todo lo posible, se le ninguneaba de esa forma. Aquí hay un responsable claro que le ha vendido desde el minuto uno una trola a la hermandad y a todo el que ha podido en relación con lo de Madrid, pues en ningún momento el Papa se iba a bajar del papamóvil, ni iba a dar ninguna bendición especial delante del  paso de palio, ni nada por el estilo.  Es más, cuando el Papa pasó por delante del stand, ni siquiera miró al palio. ¡Pues claro que no! Él estaba para lo que tenía que estar y nada más. Como es lógico, por otra parte. Todo lo demás fue vender humo a quienes se lo quisieron comprar. A él le interesaba quedar bien a toda costa ante sus jefes y prometió más que un político en campaña. Y esto es todo. Ya no te hablo más del tema”.