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¿Cuándo será transparente el Consejo de Cofradías?

El Fiscal | 16 de septiembre de 2018 a las 5:00

 

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FUE el cardenal quien decidió publicar las cuentas de la Archidiócesis, incluidos todos los movimientos del Cabildo Catedral y su asignación personal como prelado. Don Carlos consideró que era un ejemplo de transparencia muy necesario, sobre todo porque convenía explicar el destino de la recaudación por el IRPF y el de los fondos obtenidos por el cobro de la visita turística al templo metropolitano. La Catedral cada día ingresaba más dinero y era necesario explicar que no se trata de una caja registradora, que en la curia no se padecía ninguna voracidad recaudatoria. Se imprimieron folletos para los turistas donde se detallaba el porcentaje del precio de la entrada destinado a obras de conservación de la propia Catedral, a la restauración de templos, a la construcción de nuevas iglesias en los barrios y a obras asistencias de la diócesis.

El Arzobispado sigue hoy publicando las cuentas y, además, ofrece su propia valoración de los números. La Iglesia de Sevilla no ha hecho más que evolucionar favorablemente en materia de transparencia económica en las últimas dos décadas. Sigue el modelo de las Administraciones Públicas. Hasta las Casas Reales ofrecen información de sus ingresos y gastos. Llegados a este punto, ¿por qué no es el Consejo de Cofradías transparente? La opacidad contable de esta institución parece ya una tradición de la casa que han seguido todos los presidentes. Hay que recordar que el Consejo explota la vía pública en Semana Santa para organizar la carrera oficial, su principal fuente de ingresos, conocido como el negocio perfecto. Se cobra tres meses antes de la actividad (sillas y palcos) y no se devuelve el importe en caso de lluvia. La gente, además, repite al año siguiente aunque haya habido lluvia y avalanchas. Y si no renuevan los títulos, hay público a la espera como para duplicar el aforo. ¿Qué empresario sueña con un negocio así? Todos.

Nunca se han difundido las cuentas del Consejo de Cofradías, pese a que ya lo hacen el Arzobispado, el Cabildo Catedral, Cáritas, el Seminario Metropolitano, etcétera. A base de apretar hemos sabido algún año cuánto dinero mueve la institución, cómo es el reparto de las subvenciones… Pero no hay parrillas con el desglose de ingresos y gastos. ¿Cuál ha sido el temor de los sucesivos presidentes para no ofrecer estos datos? ¿El gasto en pescao frito? ¿Los billetes de aviones a Roma con tragos largos incluidos? ¿El gasto en taxis? ¿Quizás en teléfono? No se entiende que un organismo de este peso en la ciudad siga sumido casi en la clandestinidad en estos asuntos. Hay hermandades que publican sus cuentas en los boletines, clubes privados que las exhiben en el tablón de anuncios de la sede principal… Pero el Consejo sigue en las tinieblas.

Ahora que estamos en plena campaña electoral con dos candidatos de solvencia contrastada, sería muy bueno que se pronunciaran al respecto. Mis queridos Vélez y Piñero, Piñero y Vélez, ¿estarían ustedes dispuestos a publicar sus números? ¿Por qué consideran que no se ha hecho hasta ahora? ¿Acaso no vería con buenos ojos la autoridad eclesiástica este recomendable ejercicio de transparencia? ¿No debe ser el Consejo una asociación de la Iglesia que brille por su ejemplaridad en los asuntos del pecunio?

Ambiente en la calle del Consejo sobre la nueva pragmática del Arzobispado sobre cofradías y pregones.

Ni siquiera los hermanos mayores reciben por correo electrónico las cuentas antes de las asambleas y plenos para trabajar sobre ellas y acudir a las reuniones en disposición de realizar un trabajo fructífero y con conocimiento de causa. Esto no ocurre ni en las comunidades de vecinos de los pisos de la playa. Hasta la Casa Real británica difunde el gasto en botellas de ginebra. Y no pasa nada. Se acaba con el morbo en media hora, en lugar de estar bajo sospecha de forma perenne.

Recuerdo un alto cargo del Consejo que declaró en su día que se habían encontrado con una institución oxidada. Y era cierto. En las dos últimas décadas se han hecho muchas cosas positivas, como la modernización en la organización y gestión de la carrera oficial, que antes se delegaba en los silleros, se controlaba con papel y bolígrafo, y era pasto de chanchullos, tratos bajo cuerda y, lo que es peor, motivo de todo tipo de especulaciones sobre supuestas dádivas.

Con eso se acabó en varias fases, pero siguieron otros problemas que esperemos nunca se repitan, como las acusaciones sobre la confusión de intereses entre el empleo de altos cargos y los de sus descendientes, o entre la profesión de altos cargos y los de la propia institución. Mucho cuidado con estas materias porque la sociedad de hoy no es la que le tocó vivir a presidentes que casi se fotografiaban en blanco y negro. Avisados quedan todos. Lo dice el sabio: la falta de transparencia es la antesala de la corrupción. Y en asuntos de cofradía conviene no dar pie a los rumores. Porque ya escribimos un día acerca del cohecho morado a cuenta de los jamones y de la microcorrupción de la croqueta. Esto de ahora es más serio y se puede evitar con diligencia. Y buena fe.

Está pasando
Lo avisamos este verano. Las hermandades están recibiendo cartas de las entidades bancarias en las que se rechaza la supresión de las cláusulas suelo. Ocurre, como ya informamos, que hay varias cofradías que ya han logrado el objetivo, mediante negociaciones personalizadas. ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Unas sí y otras no? No se entendería. Está pasando.

El Baratillo
El cabildo general del jueves aprobó por unanimidad el hermanamiento nada menos que con la Esperanza de Triana. Es la cuarta carta de hermandad que suscribe la cofradía del Arenal, que estaba hermanada con la Real Maestranza, la Carretería y una corporación de Salamanca. ¿Veremos esta Semana Santa las respectivas representaciones de cortesía en uno y otro cortejo?

Trabas
No crean que es fácil para una cofradía tramitar una carta de hermandad con otra. La autoridad eclesiástica mira con lupa los procesos para reducir el chorreo de peticiones, sobre todo las que están poco justificadas.

Casualidades
Presentaba el candidato Piñero su candidatura en un hotel del centro con vistas a la Giralda, cuando el candidato Vélez estaba parado en la Campana en animada y prolongada tertulia con varios miembros de su equipo.

¿Y don Marcelino?
El cura Marcelino no tiene pared suficiente para colgar todos los cuadros que le han regalado en su despedida como párroco de San Vicente. Se le van a agotar los espiches y no le que va a quedar hueco debajo de una escalera para apilar los que se queden sin colgar. Pero don Marcelino tiene ahora otra preocupación en mente: el proceso electoral en San Gregorio. Sabe que su papel es el de moderar, procurar la paz, evitar cualquier gesto de favor hacia una u otra candidatura, y velar por unos comicios limpios u que no dejen heridas. Don Marcelino sabe que se le mira con lupa, entramos en días de fuertes suspicacias porque algunos parecen jugarse un sueldo vitalicio si son delegados de día (o de noche). Tal vez lo mejor sea que, en caso de conflicto, lo cojan poniendo espiches… Cuidado con el trompo en todo caso.

El lagarto de la Catedral: “Mi querido Fiscal, no te puedes hacer una idea de cómo está el cardenal. Don Carlos tiene más fuerza física que muchos con 30 años menos. El viernes presidió los cultos al Cristo de La Laguna, tomó el avión a Madrid, y de Madrid voló a Sevilla para estar con la Hermandad del Amor”

¡Fuera las cláusulas!

El Fiscal | 19 de agosto de 2018 a las 5:00

Hermandad de la Esperanza de Triana

Estábamos distraídos con los tejemanejes del Consejo de Cofradías cuando se nos ha pasado una de las grandes noticias del año, uno de esos acontecimientos que pueden desatar un efecto llamada. Pero aquí se nos va la atención con el cambio de capataz decidido en pleno junio (¡Qué calor!), la nueva banda de música anunciada a principios de agosto (Oiga, ¿no tiene aire acondicionado?) y las quinielas del pregonero que se elige en septiembre (¿Pero es una mujer o no?). Pues se nos pasan las mejores. ¿Cuáles son las mejores? Las que tienen que ver con la pastora (divina). Sí, las relacionadas con el parné, la guita (llena ahí el catavino), el flujo de caja, el cash, el metálico, las perras gordas. Como prefieran llamarlo en función de su nivel de cursilería. Los grandes asuntos siempre tienen vinculación con el dinero. Y siempre se prefiere que no se comenten. Pero aquí estamos para ir a contracorriente, al revés de la masa, como cuando el mamarracho del Martes Santo que amenazan con repetir gane quien gane en San Gregorio.

–¿Qué me dice?
–Lo que oye. Los del Martes son como Cataluña, dispuestos a poner condiciones.
A lo que íbamos, que hace mucho calor. ¿Sabían ustedes que hay dos hermandades que han logrado la supresión de las cláusulas suelo de sus préstamos hipotecarios y han obtenido con esta maniobra un ahorro de los que dejan a los mayordomos con una sonrisa esculpida hasta el Viernes de Dolores? Y no se vayan todavía que aún hay más. Estas dos cofradías, además, han logrado una rebaja en el diferencial de esos mismos préstamos.

Se trata del Baratillo y de la Esperanza de Triana. Ambas han logrado sus objetivos sin tener que ir a juicio, después de unas negociaciones en las que han estado representadas por el abogado Joaquín Moeckel.

El Baratillo tenía un préstamo hipotecario de 350.000 euros para obras en la capilla, concedido en el año 2010 con una cláusula suelo del 3,25%. La hermandad recibió nones de la entidad financiera a su primera petición de retirada de la cláusula. Posteriormente recurrió a Moeckel, ex hermano mayor de la corporación, que ha gestionado la supresión de la cláusula y, además, la rebaja del diferencial, por lo que la corporación obtiene un ahorro total de alrededor de cien mil euros.

–¿Cuánto pescao se podría comprar con ese dinero?
–Para llenar varios camiones de mudanza de dos pisos comunicados de la Plaza de Cuba.

La Esperanza de Triana, por su parte, tenía dos préstamos para obras con sus respectivas cláusulas suelo:uno por valor de 3,6 millones (2004) y otro de 1,1 millones (2010). Tras la negociación de Moeckel, la cofradía del arrabal se ahorra un total de 1,1 millones de euros, lo que supone más de 6.000 euros al mes de alivio para la mayordomía. En Triana, además, han logrado una rebaja del diferencial y la supresión de las comisiones por cancelación, por lo que, llegado el caso, podrían cambiar de banco sin costes añadidos.

A cambio de la supresión de las cláusulas suelo y de la rebaja de los diferenciales, las hermandades renuncian a la devolución de los intereses cobrados con anterioridad a la renegociación. Se aseguran así un gran ahorro y evitan el riesgo de ir a un juicio que, en caso de pérdida, les supondría el pago de las costas. Estas cláusulas, por cierto, fueron insertadas por entidades hoy disueltas y absorbidas por otras que se las tuvieron que tragar.

Es sabido que las cláusulas suelo se denuncian por primera vez en Andalucía, en el programa radiofónico dirigido entonces por Jesús Vigorra. Es sabido también que la aplicación de esta cláusula es una práctica bancaria que impide que la cuota a pagar nunca baje por debajo del suelo fijado por mucho que sí lo haga el tipo de interés. Y es sabido que en Sevilla asistimos a una guerra entre el Tribunal Supremo y la Sección Quinta de la Audiencia Provincial a cuenta de este asunto, una disputa que al final pagan los ciudadanos. Todo aconseja evitar los juicios y negociar. Por eso las hermandades han estado, de nuevo, a la vanguardia. Dicen que ahora vendrán La Hiniesta, Montesión, el Silencio de Écija y una larga letanía. ¿Por qué no asume el Consejo la labor de negociar en nombre de todas las cofradías en vez de asistir con los brazos caídos al chorreo de hermandades renegociando una a una sus préstamos? El Consejo se reivindicaría así como entidad realmente útil para las hermandades.

–Por cierto, ¿Moeckel ha cobrado por el trabajo que ha realizado?
–Ni un euro.

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El descanso de los orfebres

Marchan los tres hermanos Delgado camino de la basílica al terminar la semana laboral, acuden al encuentro del Señor para ofrecerle su trabajo y oraciones, qué cartel más bonito componen sin saberlo: el descanso de los orfebres. Esta estampa reciente simboliza para muchos el inicio de las vacaciones, de los días en que hay horas que Sevilla parece una cofradía de ruan donde los pocos viandantes se miran de reojo como nazarenos asustados. Hora de descansar, de cambiar de aires y compañías, de darle al f5 para refrescar las ideas y pensar nuevas filigranas en la plata que cada cuál en su oficio tendrá que labrar cada día. Algunos en el nuevo curso se conformarán con un simple candelero de metal plateado, otros seguirán intentando imposibles candelabros de cola de plata cotizada. Los orfebres que rezan unidos sueñan filigranas imposibles. Escribir en los periódicos es buscar cada día la plata de la actualidad y conformarse no pocas veces con metales renegridos. Los orfebres descansan. Este Fiscal también. Manda parar el paso y llama al aguaor.

Así nació la Corona

El Fiscal | 11 de febrero de 2018 a las 5:00

Corona

AHORA que está a punto de arrancar la cuaresma que nos conducirá a una Semana Santa marcada por la seguridad. Ahora que estamos a punto de estrenar esas tardes en que nos fijaremos en el precio de la torrija, en la pancarta que anuncia capirotes en San Esteban y en la agenda de actos y cultos. Ahora que la sofisticación ahoga la naturalidad y la pantalla del teléfono inteligente sustituye la tertulia. Ahora, justo ahora, es cuando quizás conviene recordar cómo nació una hermandad en aquellos años noventa en que ni había internet ni correo electrónico. En la Parroquia del Sagrario se afanaban un cura comoDios manda, el recientemente fallecido José Gutiérrez Mora, y un grupo de jóvenes animosos. El fax era de papel térmico y la máquina de escribir era la única muestra de máxima tecnología que Juan, el oficinista de la parroquia, utilizaba para la expedición de certificados de matrimonio y volantes de bautismo. Don José estaba en su plenitud vital y pastoral como número tres (pro-vicario general) del arzobispo Amigo. Todavía quedaban muchos años para que fuera cardenal.  Gutiérrez Mora quería que el Sagrario fuera de verdad una parroquia y no un templo anexo o auxiliar de la Catedral, del que salieron bancos para la boda de la Infanta Elena. El bar  Gonzalo era el santuario  de los desayunos antes de ser tomado por los turistas. El Patio de los Naranjos no tenía  máquinas de agua mineral que ocultaran muros del templo catedralicio. En la cripta había huesos de cardenales antiguos. Y don Juan Castro Nocera  deambulaba feliz por su Archicofradía Sacramental en permanente organización y perfeccionamiento del Corpus. Paco Navarro organizaba la Catedral. Fernando Ysorna pastoreaba las hermandades. Antonio Ríos presidía el Consejo. Alberto Jiménez Becerril era el concejal de Hacienda… Y un grupo de jóvenes de Arenal frecuentaban la parroquia para recibir la catequesis de confirmación. Para afianzar su presencia, el párroco les ofreció dar culto a la imagen de un Cristo olvidado en una de las Capillas laterales. Estaba en mal estado pero tenía un halo de nobleza quizás venida menos… Desde su presencia en la Magna Hispalensis de 1992 había despertado interés. Los  jóvenes empezaron a reunirse tras las misa  de doce de los domingos. Llamaron a sus amigos. Fueron sumando apoyos. Como suele pasar en la cadencia de la vida, hubo hasta primeros amores.  Se consiguieron unas andas y surgió el diamante en bruto de un vía crucis por el Patio de los Naranjos en plena Cuaresma. La  fotografía que ilustra este artículo  corresponde al término de un culto dominical. Poco a poco parecía que los niños de  la Corona se hacían un hueco en el mundillo cofradiero en aquella mitad de los años noventa , sin pretensiones y generando cierta simpatía.… Don José les dejaba hacer y el arzobispo, ya se sabe, tenía las puertas abiertas a nuevas iniciativas. Fueron haciendo camino al andar. Juan Garrido Mesa ayudó a redactar las primeras reglas. Así nació la Corona. Sirvan estas líneas de homenaje al párroco que animó a aquellos jóvenes. Bien haría la cofradía en honrar la memoria de Gutiérrez Mora con algún memorial anual, una beca en el seminario o una iniciativa similar.

Otto

Casi 300 años de fidelidad baratillera

La Semana Santa es la familia. Las hermandades son apellidos, sagas, personas en el sentido más romántico y hermoso. El Baratillo es don Otto Moeckel, que el otro día cumplió 89 años. Número 3 de la cofradía de su vida, en la que fue inscrito a los ocho años. En la imagen aparece con sus hijos Enrique, Emilio, Otto y Joaquín, todos ellos con 50 o más años de antigüedad en la hermandad. Enrique, por cierto, celebrará sus bodas de oro baratilleras el próximo domingo. Sumen los años de fidelidad a una corporación que hay en la fotografía: casi 300.

Capilla del Baratillo Meditación de Alberto García Reyes ante el Cristo  Va del día en el Fiscal

La ofrenda de la palabra

La Capilla de la Piedad tiene las dimensiones perfectas para la meditación, para ese ambiente de recogimiento que se remata con ese olor a Baratillo que asciende hasta la cúpula y embriaga el gozo. Anoche olió a Baratillo, a perfume caro,  en estos días previos a la liturgia de la ceniza. Alberto García Reyes dejó a los pies del Cristo de la Misericordia la ofrenda de su sentimiento, la belleza de su oratoria. Cera azul, Virgen niña, la noche de febrero marceaba ya en el corazón del Arenal mientras el periodista rezaba en público con las oraciones cultivadas en la huerta de su palabra.

 

En defensa de un estilo

El Fiscal | 5 de marzo de 2017 a las 5:00

1979

Ya no hay ordenanzas de librea con guantes blancos en el escenario del Pregón. Ni casi se ven esas pobladas barbas. Ya no hay esa batería de micrófonos. Ni el Pregón es en el Lope de Vega. Siguen estando los chaqués, la policía local de gala, los tapices, las autoridades y, por supuesto, el querido Martín Cartaya. Con el fallecimiento de Manuel Toro se ha pasado página a una época, un estilo, unas formas y una concepción de las cofradías que comenzó a decir adiós con el repentino fallecimiento de Luis Rodríguez-Caso. Se ha ido en poco más de una década un repertorio de cofrades de primera fila como José Sánchez Dubé, Juan Fernández Rodríguez García del Busto, Juan Foronda, Juan Castro, Rafael Duque del Castillo, José María O´Kean, Adolfo Cuéllar, Diego Lencina, Francisco Yoldi Delgado, Ramón Ybarra, Ramón Pineda, Eduardo Ybarra, etcétera. Incluso hay que citar sacerdotes muy, pero que muy cofrades, como don Eugenio Hernández Bastos, en la Redención; don Antonio González Abato, en el Tiro de Línea, o don Manuel del Trigo, el cura del Salvador. Con sus matices, distintos en algunos aspectos, ¡cómo no!, pero unidos por el compromiso con las hermandades, por considerar las cofradías idóneas para vivir la fe cristiana. Clásicos, serios en el mejor sentido, comprometidos. Toro era el Museo. Era verlo con su traje impecable, pico de pañuelo blanco asomando por el bolsillo superior de la chaqueta, y pensar de inmediato en su cofradía. Esa identificación plena de la persona con una hermandad se logra en pocas ocasiones. ¿Cuánta gente no da por hecho que Toro fue hermano mayor del Museo? En realidad nunca lo fue. ¿Cuántos no siguen creyendo que don Juan Moya García o don José Sánchez Dubé lo fueron de Los Estudiantes y La Estrella, respectivamente? Pues nunca lo fueron. Ni falta que les hizo a ninguno. Con tal intensidad se dedicaron a sus hermandades, imprimieron tal pasión, que lograron sin pretenderlo ser plenamente asociados con ellas. El imaginario colectivo los recuerda con la vara dorada. Aprovechen las nuevas generaciones interesadas en las cofradías para conocer los testimonios de los cofrades mayores que hoy, por fortuna, siguen entre nosotros. Oigan el relato de los recuerdos impagables de las familias (algunas tan injustamente denostadas hoy) que fueron fundamentales para mantener viva la llama de muchas hermandades en los peores años. Atiendan a la descripción de una Semana Santa probablemente más pobre, pero quizás más auténtica por menos sofisticada y, por lo tanto, con más emoción interior y menos afición impostada. Una Semana Santa que generó amor puro en quienes vinieron de fuera a conocerla y en ella se integraron, o la valoraron mejor que muchos sevillanos, como el salmantino Alfredo Flores, el peruano Jorge Bernales o el canario Francisco Morales Padrón. Con la muerte de Manuel Toro se pierde un estilo. “Que se me quiera y sepa oír”, tituló la primera parte de su pregón de 1979. Hoy recuerdo la grabación del glorioso arranque dedicado a la Virgen de la Esperanza, cuando recreó cómo la lluvia truncó los planes de la coronación de 1964 y unos versos escritos en la pared osaron reñir a la Macarena a su regreso por la calle Parras: “Te fuiste por cuatro días/ y tardas siete en volver/Madre mía Macarena/¡no nos lo vuelvas a hacer!”. Ahí tuvo que aplaudir hasta el ordenanza de librea después de tirar los guantes. Claro que se le supo oír. Claro que se le quiso oír.

50 años de fidelidad baratillera

Moeckel

Qué lejos queda aquel recuerdo que a modo de fogonazo deslumbra la memoria. Aquel Miércoles Santo de 1971, con sólo cinco añitos. Era un nazarenito, hijo de un hermano mayor de los que mandaba. Mandaba tela. Aquel niño era estudiante del Colegio San Isidoro, tardes de juegos en los derribos del barrio de Santa Cruz. Un niño tan listo y espabilado como algo enclenque. Años de huchas amarillas con  tapas verdes que así eran las huchas del Domund. Años de limpiar plata en silencio y aprender de las tertulias de los mayores. “Hoy hay junta de gobierno”, se oía. Yera una suerte de Extra omnes  vaticano. Todos los jóvenes debían abandonar las dependencias. Años de trabajar en la hermandad hasta los domingos por la tarde si la autoridad paterna lo dictaba. Todos entregados a una causa llamada Baratillo. Después vendrían los oropeles del cargo de hermano mayor, el reconocimiento del Papa Benedicto y otros pleitos y alegrías. Pero hoy es día para rendir tributo a la memoria junto a amigos como Ángel Gallardo. Hoy es día de reabrir el antiguo Bar Atillo, recordar el concepto familiar de hermandad, aquellos primeros callejeos de Semana Santa con Jesús Eguino y las noches de Lunes Santo ordenando los cirios por números, marcando con cinta aislante los de los últimos tramos: azul para los blancos y roja para los azules. Joaquín Moeckel celebra hoy sus 50 años de hermano del Baratillo. En la capilla de la Piedad aprendió a ayudar a misa. En ella se hizo persona. 50 años de fidelidad. Y orgullo.

Oído en una tertulia
“¿Tú sabes qué consejero de la anterior junta superior fue sorprendido revendiendo unas sillas y sacando una generosa plusvalía de la operación? Al comprador se le ofreció la posibilidad de denunciar el caso formalmente, por lo que al consejero se le habrían quitado sus derechos como titular, pero la cosa no fue a mayores porque se prefirió una solución sin traumas… ¡Ahora nos hemos enterado de aquel bacalao!”.
Macareno en Madrid
Carlos López Bravo, el activísimo secretario del Consejo de Cofradías, pronuncia hoy el pregón de la Hermandad del Gran Poder y la Macarena de Madrid. ¿Estará allí Santiago Álvarez, favorito de López Bravo como futuro hermano mayor de la Macarena?
El ejemplo del Kichi
¿Han visto durante el concurso de agrupaciones en el Falla los anuncios del Ayuntamiento de Cádiz proclamando que “el carnaval no es el botellón”? Hay quien dice que Juan Espadas podría encargar para Sevilla unos anuncios similares. “La Semana Santa no es permanecer en una sillita de chino comiendo pipas”. Ya se sabe. La defensa de lo obvio conduce a la frustración.
El pertiguero
Primer golpe. Vayamos a lo sustancial. ¿Tendremos o no tendremos a la Virgen del Dulce Nombre con la saya rosa el próximo Martes Santo? Segundo golpe. ¿Qué alto cargo del Consejo y qué conocido político han logrado su particular pellizco del número de la lotería premiado en la Hermandad de Montserrat? Tercer golpe. Una cuidada edición. Precioso el especial sobre el Señor de la Oración en el Huerto que ha editado Páginas del Sur bajo la coordinación del experto José Fernando Gabardón de la Banda. Y ciriales arriba. Oído en otra tertulia:“¿Qué dices que se está preparando por los cuatrocientos años de ambas imágenes? Anda, anda. Eso está todavía muy verde. Sí, si eso fuera así, hay que empezar ya. Pero aún tiene que llover mucho”.

El Lagarto de la Catedral:  “Don Carlos sigue incombustible, querido y siempre inquieto Fiscal. El viernes estuvo en el Gran Poder, donde presidió el culto a la Virgen, y hoy está en Torreblanca, el barrio donde tanto se le quiere. Siempre pone a la hermandad de Torreblanca como ejemplo en todos los sentidos”

Tiempo de afectos

El Fiscal | 11 de diciembre de 2016 a las 5:00

Foto FISCAL
arte sacro
cardenal trifón
Estaba Rogelio Gómez Trifón en el Aula Pablo VI del Vaticano, ese colosal espacio cuyo graderío sin guardias suizos parece el de una cancha de squash más que el de un auditorio al que el Papa se dirige los miércoles. Estaba allí el ilustre tabernero la tarde en que los nuevos cardenales recibían esas muestras de felicitación y cariño tras su nombramiento, un rito conocido como el ad calorem. El baratillero, mitad cántabro, mitad sevillano, quiso acompañar en un día tan especial a Carlos Osoro, arzobispo de Madrid y nuevo príncipe de la Iglesia como todo el mundo sabe. Estaba allí Rogelio arropando al cántabro Osoro cuando oyó:“¡Rogelio, Rogelio! ¿Qué haces en Roma? Ah, claro, has venido por Osoro. ¡Cómo sois los cántabros!”. Sí, era don Carlos Amigo, que participó en el Consistorio de creación de nuevos cardenales. El arzobispo emérito de Sevilla se fundió en un abrazo con el tabernero. Lloraron de la emoción. Muy cerca andaba el ministro de Justicia en representación del Gobierno de España y el inconfundible Antonio Pelayo. El cardenal y el tabernero recordaron Sevilla. Cuando don Carlos se encuentra con un sevillano fuera de Sevilla, evoca 28 años de pontificado. Se dice pronto. Y cuando acude a un Consistorio en Roma se acuerda de aquel octubre de 2003, cuando fue él quien recibió aquellas muestras de afecto y apoyo por su nueva condición de cardenal. Y Pelayo ayudó entonces a un periodista de Sevilla en la azotea del Vaticano a traducir los discursos de Juan Pablo II.

Días después de los fastos romanos, Martín Cartaya recibía el merecido homenaje de la tertulia Cruz de carey, que para el gran Jesús fue como jugar en casa, como estar en familia, como ser uno más de entre todos. El cofrade la O se ha venido arriba. Ha cerrado el Foto Supra de la calle Sierpes y ya ha encontrado otro comercio que le saque las fotos en papel, que hasta que no están en papel, las fotos, fotos no son. Ycuando están en papel nadie se acuerda de quién son, salvo que las haya tirado Martín Cartaya, que les pone el hierro de su firma a bolígrafo apretado.

¿Y qué me dicen del encuentro prenavideño de los componentes de la web artesacro.org? Después de casi dos décadas ha sido la primera vez que han logrado reunirse absolutamente todos los miembros de un portal que es timbre de gloria del internet cofradiero, desde la antigua La Pasión digital hasta la web actual. Testigos directos de la evolución de una Semana Santa que no ha dejado de evolucionar a gran velocidad, quizás a demasiada en muchos momentos.

Roma, Triana, Sevilla… Otoño de emociones. Lágrimas, reencuentros. Sonrisas, recuerdos. Tiempo de afectos que conducirán al tiempo auténtico de la cuaresma.

Luto en San Pablo
Murió Miguel Ángel Campos. Es todo un mazazo para la Hermandad del Polígono de San Pablo. En el recuerdo quedan las peticiones de la Hermandad de la Sed cuando trasladó a a su Virgen a la Parroquia del Plantinar una mañana de domingo. Todos los rezos fueron por él. Se ha muerto el hermano mayor de una cofradía especialmente querida. Y especialmente valorada por la Sevilla cofradiera pese a su corta existencia.

Cita en el Baratillo
Será la tarde del próximo viernes. Joaquín Moeckel pronunciará el pregón de la Navidad de su cofradía. No será un pregón al uso. ¿Se imaginan que el espíritu de la Navidad conversara con un niño del Baratillo acerca de las Pascuas? Pues eso: habrá dos voces. La de Moeckel y la de un periodista, Francisco José López de Paz, que encarnará ese espíritu navideño y que será el encargado de hacer las preguntas más hermosas para que el pregonero vaya descubriendo un pregón que no estará escrito. El interés está asegurado. Habrá que ir pronto a coger una de esas sillas de enea tan características de la capilla de la Piedad.

El pertiguero
Primer golpe. Hay que preguntarle a Julio Domínguez Arjona qué le ha parecido la nueva imagen de la Hermandad de las Cigarreras. Segundo golpe. Otra tarea. Preguntarle a Antonio Casado por el altar de besamanos de la Virgen de la Encarnación. Algunos recordamos cuando ese besamanos era en el mes de marzo. Pero esos recuerdos son de hace más de veinte años. Casi treinta. Tercer golpe. ¿Quién le ha confirmado a Ricardo Suárez que estará en Madrid para la presentación de su cartel del Cautivo de Medinaceli? Yciriales arriba. A ver cuántas misas del gallo hay este año a las doce de la noche… Huuuum.

La fe baratillera mueve montañas

El Fiscal | 2 de mayo de 2016 a las 17:35

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LLEVA más de quince años de hermano del Baratillo. Sí, más de tres lustros. Se apuntó en 2000 y desde entonces paga religiosamente sus cuotas, que hay mucho famoso en las listas de las hermandades que se cree canónigo y no apoquina. José Antonio Morante, Morante de la Puebla, es también hermano del Gran Poder, donde ha salido varios años de nazareno. Pero esta Semana Santa cambió el ruan por la sarga. Al Baratillo llegó de la mano de Joaquín Moeckel, cuando el abogado era hermano mayor y marcaba la actualidad jurídica del mundo de las cofradías con unos enriquecedores pleitos con la curia de don Carlos Amigo. Morante regresó este 2016 a los carteles de la Feria de Sevilla tras un período de divorcio con la empresa. Por lo tanto, este año era especial. Ytocaba hacer cosas especiales, como salir en la cofradía azul y acudir a la Capilla de la Piedad a rezar antes de la corrida, como hacían los toreros en otros tiempos, pues el templo cuenta con conexión directa con el coso por medio de unas dependencias que desembocan directamente en la calle Gracia Fernández Palacios. Tan medido hizo todo Morante a la hora de recuperar el rito que se propuso hacerlo a pie. Del hotel de la calle Castelar a la capilla como un aficionado más. Y de la capilla a la plaza, pisando simbólicamente el callejón de Iris, que nunca puede faltar. En la capilla se quedaron cada tarde las oraciones del diestro al San José del XVIII que donó el matador Pepe Hillo.

Fue sonado que el balance de la primera tarde de Feria fue terrible, con tres avisos que devolvieron el toro a los corrales. ¡Nada menos que un Domingo de Resurrección! La segunda y la tercera tarde, malas de solemnidad. Todo andaba tan mal que un representante de la guasa sevillana –la que no pocas veces se presenta trufada con cierta envidia– le dijo al abogado baratillero: “Moeckel, sería conveniente cambiar de santos, ¿no?” El dedo del sevillanito de a pie ya había encontrado culpable de los fracasos en un mundo –el taurino– tan dado a las supercherías y a los miedos repentinos. Y la guasa fue respondida a pie de barrera: “Los santos y las vírgenes están para proteger de los percances, para evitar las desgracias, no para proporcionar éxitos”.

La cuarta y última tarde, Morante siguió al paso todos los ritos. No cambió nada. Ypor fin llegó el triunfo de las dos orejas, lo que le valió los premios oficiales al mejor toreo de capa y a la mejor faena de la Feria.

Y no concluyeron las pruebas de fe baratillera del matador. Esta semana ha estado en Aguascalientes (México), acompañado por su cicerone baratillero igualmente. El propietario de la plaza, el empresario Alberto Bailleres (segunda fortuna de México tras Carlos Slim según la revista Forbes), recibió al abogado sevillano en el tendido:“Traerán ustedes el buen bajío de Sevilla, ¿no?”.

Los dos toros que le tocaron en suerte al de la Puebla del Río resultaron infumables. Todo estaba perdido, pero el torero, vestido de negro y oro, no se resignó. Levantó el índice de la mano derecha y pidió al presidente un toro con cargo a su cuenta. Saltó el séptimo al ruedo, de nombre Rechi, un apellido que evoca al de los antiguos capataces de la cofradía. Moeckel echó mano de dos estampas de la Virgen de la Piedad, de las de pequeño formato que regalan los nazarenos. Se quedó con una y le dio la otra a una conocida ganadera:“Apriétela fuerte”. Rechi no fue un toro precisamente boyante, pero el diestro echó raza y logró una faena que los críticos podrán discutir, pero que fue largamente ovacionada por el público. Cortó una oreja que pudieron ser dos a no ser por un pinchazo. El Juli, de paisano, contempló el éxito desde el callejón.

La fe baratillera volvió a mover montañas. El torero se montó en el coche-cuadrilla camino del Hotel Alameda. Sonó su pasodoble por el camino y después una sevillana del Pali. Cuando se oía el segundo palo, llegó el coche al hotel, pero el torero pidió que no se abrieran las puertas del vehículo. Todos dentro. Quiso oír completa la letra. ¿De quién es esa cuadrilla que pasea El Baratillo? Es del viejo de los Ariza, sus hijos y sus nietecillos… Y así se han ido sumando en menos de un mes una serie de intensas vivencias baratilleras en la vida de este torero sevillano.

Morante no cambió los santos, no se dejó guiar por los runruneos de los mediocres. En Aguascalientes había dado un “sainete” en años anteriores. Pero esta vez llevaba a la Piedad del Baratillo, ante la que se postró las cuatro tardes de su reencuentro con la afición de Sevilla. Tanto va el torero a la capilla que al final acaba triunfando. El buen bajío, don Alberto. De Sevilla traía el buen bajío.

El Rey y las cofradías

El Fiscal | 11 de junio de 2014 a las 5:00

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La cofradía del Rey de España es Pasión. En su cripta están enterrados sus abuelos maternos. Yal Señor de Pasión acudió periódicamente Doña María de las Mercedes como lo hizo la Infanta Elena recién casada en 1995. Si hay una cofradía ligada a la realeza es Pasión. Después, las Cigarreras, cuyo paso de palio presidió Alfonso XIII. El Santo Entierro, que lo tiene como hermano mayor. Y el Baratillo, que logró en 2002 que Don Juan Carlos aceptara el título de hermano mayor honorario, unas gestiones iniciadas nada menos que en 1969. No se olvide que los entonces Príncipes de España contemplaron la entrada de la cofradía desde un balcón de la calle Adriano en la Semana Santa de 1963. O la Quinta Angustia, que también lo tiene con altos honores. Ytantas y tantas más…
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La última visita de los Reyes en Semana Santa fue en 1984 con intensas vivencias en la Madrugada, saeta incluida del Peregil en el despacho del hermano mayor de la Macarena. En 1992 no se consiguió el sueño de que el Rey presidiera el Santo Entierro, pero sí que visitara el Salvador con motivo de la exposición Los esplendores de Sevilla. Como fue a la Magna Hispalensis de la Catedral, en la que estuvieron expuestos los pasos del Cristo de las Misericordias (Santa Cruz)y de la Virgen de la Candelaria. Quien acompañó a los Reyes en muchas de esas visitas fue Luis Manuel Halcón de la Lastra, conde de Peñaflor, hermano de la Quinta Angustia y teniente de hermano mayor de la Real Maestranza en el mítico 1992. Halcón trata con Don Juan Carlos desde que ambos eran muy jovencitos, tan es así que cuando alguna vez no ha cumplimentado al monarca por no interferir en alguna conversación, el propio Rey le ha requerido cariñosamente con una palmada en la espalda: “¿Hoy no me vas a saludar?” Juntos han asistido a momentos tan restringidos como el encajonamiento nocturno de los toros en los chiqueros de la Maestranza en las vísperas de un festejo. Otro día se tuvo que levantar repentinamente de un almuerzo en el pabellón de Castilla-León de la Expo al ser avisado de que el Rey asistiría a los toros en la Real Maestranza.
Javier Criado ha acompañado varias veces al Rey en el Salvador y aún más veces a la condesa de Barcelona, con posterior aperitivo en la genuina Alicantina. Joaquín Moeckel le explicó al rey en el mismo ruedo de la plaza de toros de la Real Maestranza, tras un acto de entrega de premios taurinos y universitarios, las claves de la restauración del Salvador, con el teniente soleano Alfonso Guajardo-Fajardo de testigo de la escena.
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Desde 1984 no han venido los Reyes a Sevilla en Semana Santa. El lluvioso Jueves Santo de 2003 vino la Infanta Elena con su marido. Sólo pudieron ver la Quinta Angustia y el Valle. Pasión se quedó en el Salvador. En el atrio macareno, Marichalar se quitó una medalla de oro con su nombre, el de la Infanta y el de sus hijos y se la regaló a la Virgen de la Esperanza.
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Los felices años del psiquiatra Rojas-Marcos en el Baratillo

El Fiscal | 25 de febrero de 2014 a las 5:00

martín rubio
En la gran noche de la entrega del Premio Manuel Clavero que organiza Diario de Sevilla y que este año ha alcanzado su tercera edición, algunos no quisieron dejar de interesarse por el perfil cofradiero del homenajeado: el psiquiatra Luis Rojas-Marcos. Esa veta entronca directamente con la infancia, con los años felices y genera por eso los sentimientos más hondos y puros. Hace una década que Rojas-Marcos confesó lo siguiente en las páginas de este periódico: “Me hice del Baratillo siendo un niño; allí me aceptaban, nadie me recriminaba por sacar malas notas, hice amigos que todavía están ahí. Luego, años más tarde, dejé de creer en Dios y empecé a creer en las personas. Pero, de niño, recuerdo haberle pedido a Dios que me ayudase a sacar buenas notas.Todo eso forma parte de mí, sería aberrante extirparlo”. Luis Miguel Martín Rubio le preguntó en la intimidad si saldría otra vez de nazareno: “Me gustaría, lo hice de niño”.

Las cinco horas clave en el Aero

El Fiscal | 15 de octubre de 2009 a las 14:12

FINALES DE AGOSTO.
Bajo de Guía. En un velador toman café el delegado de Urbanismo, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el ex delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, Demetrio Pérez. En un momento concreto se incorpora a la reunión el abogado Joaquín Moeckel. Sabido es que nadie se puede mover por Sanlúcar de Barrameda ni por el barrio del Arenal sin que el intrépido letrado se entere, pues son las dos áreas geográficas que componen sus dominios. Los tres departen hasta la caída de la tarde, cuando Gómez de Celis decide regresar a Sevilla para seguir con sus ruedas de prensa agosteñas para mantener firme el pulso político del gobierno. De aquella charla salió un compromiso para abordar en firme el asunto tan complejo y delicado de la seguridad en la carrera oficial, sobre todo tras el dictamen demoledor del secretario municipal, Luis Enrique Flores, que advierte de las irregularidades y riesgos del recorrido. El informe ata de manos a Gómez de Celis, que ya no podrá otorgar la licencia de ocupación de la vía pública para la Semana Santa de 2010 si no se le presentan los planos visados y un rosario de medidas para potenciar la seguridad de unas parcelas que acogen a casi 30.000 almas durante una semana.

FINALES DE SEPTIEMBRE.
Avenida de la Constitución. Salón de la pecera del Aeroclub, la entidad donde dicen que se elegían los alcaldes de la Sevilla en blanco y negro. Algunos minutos antes de las 14:30. Joaquín Moeckel y el presidente del Consejo, Adolfo Arenas, acceden a las selectas dependencias. Hay una mesa reservada para cuatro comensales. Uno de los camareros advierte a Arenas de la necesidad de lucir corbata. Le exhibe un muestrario y el veterano abogado elige una. A los pocos minutos comparecen Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y el gerente de Urbanismo, Miguel Ángel Millán, que presume de su condición de nuevo hermano del Baratillo, cofradía en la que ha ingresado con la firma del propio Moeckel como aval.

COMIENZA LA COMIDA.
Capotes al viento en la charla de inicio antes de que salga el morlaco de la carrera oficial. Los contertulios rompen el hielo abordando el recurrente tema de si los políticos tienen que asumir el cien por cien la posición de sus partidos sobre los temas de actualidad. Arenas se muestra como un hombre viajado, un liberal próximo a los postulados de la democracia cristiana y un buen conocedor de la cultura británica por sus cinco años de residencia en Londres. Por los ventanales opacos de la Avenida entra la luz. Los comensales pueden ver a los viandantes sin ser vistos. He ahí el gran atractivo de la pecera del Aero. Ni son vistos por el público, ni lo son por los propios socios del club. Moeckel escucha atentamente los primeros lances. Difícilmente aceptaría él la disciplina férrea de partido. Celis se revela como un animal político, sacando más información de la que aporta. Y Millán hace de perfecto gerente que cuenta ya con la suficiente confianza tanto con Moeckel como con Arenas. El camarero toma la comanda: gazpacho de primero para todos, con taquitos de jamón y pan frito optativos. De segundo, huevos fritos con patatas y jamón para Celis y Moeckel. Arenas y Millán prefieren tortilla. Rioja Viña Ardanza para regar la comida. Y agua mineral, pero sin gas, que suficientes burbujas pone ya Torrijos…

CELIS ROMPE.
“Esto hay que arreglarlo”. En diciembre se ultima el proceso de renovación de abonos de palcos y asientos y el Ayuntamiento quiere tener ya semejante patata caliente sacada del horno. El delegado de Urbanismo se presenta en todo momento como el miembro del gobierno que tiene encomendada la gestión de un asunto muy feo y del que los socios de IU han hecho bandera política de forma tan legítima como oportunista. Arenas da cuenta de la tortilla mientras deja clara la “barbaridad” que supone aplicar el Reglamento de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades de 1982 a la carrera oficial de Semana Santa, la normativa autonómica en la que se basa el informe del secretario municipal. “Entiendo que ese reglamento no nos afecta, Alfonso. Aplicarlo a la carrera oficial es algo que en el Consejo repugna”. Gómez de Celis hace una lectura general, trata de limar las aristas del asunto, reduce la gravedad del tema y explica que si el gobierno municipal fuera cómodo o pusilánime apostaría por posiciones estáticas para evitar polémicas. Exige que el Consejo de Cofradías entregue los planos de la carrera oficial debidamente visados y que se ofrezcan soluciones para cumplir con las directrices de seguridad. Moeckel y Arenas desarrollan la teoría de los cuatro tramos, la que se presume como la solución final al problema. Consiste en no tratar de forma unitaria la carrera oficial (los 1.250 metros que hay entre la Campana y la Plaza de la Virgen de los Reyes) sino dividida en cuatro tramos (Campana, Sierpes, Avenida y Plaza) a afectos de la planificación de la seguridad. La cifra de espectadores cambia así sustancialmente. No es lo mismo abordar la tramitación de una licencia de ocupación de la vía pública para 28.000 espectadores que para 7.000. Los comensales abordan detalles como la necesidad de no romper núcleos familiares en un posible plan de reubicación de abonados. El Consejo no quiere perder ni un asiento. Celis solicita que la teoría de los cuatro tramos se plasme en un informe oficial. Dirige la mirada a Moeckel. Arenas comenta que el catedrático de Derecho Administrativo, Alfonso Pérez Moreno, ya prepara un dictamen al respecto. La normativa aplicable a la carrera oficial sería otra muy distinta por “analogía” con otros acontecimientos públicos. Curiosamente, Pérez Moreno es el maestro de Luis Enrique Flores, el secretario municipal que ha puesto contra las cuerdas el modelo de carrera oficial. Pérez Moreno es también el abogado que ha logrado la victoria judicial de la Macarena frente a la decisión del Gobierno de ZP de retirar la millonaria subvención para las obras de ampliación del museo concedida por el entonces vicepresidente del Gobierno, Javier Arenas. Ninguna de las partes quiere mentar la palabra pleito. A ninguno le interesa. Pero cada parte ha asomado la punta de los cañones.

DE POSTRE, HELADO.
Celis y Millán se relajan. Los comensales ven la luz al final del túnel tras un agosto duro de declaraciones, amenazas y dimes y diretes. Arenas se compromete a que el Consejo de Cofradías visará los planos en el Colegio de Arquitectos. También adjuntará a la petición de licencia de ocupación de la vía pública para 2010 un informe propio sobre la seguridad de la carrera oficial. Se trata de un documento que está elaborando un estudio de ingenieros especializado en riesgos en grandes acontecimientos. El Consejo quiere que las inquietudes de seguridad no se limiten a la carrera oficial, sino también a los alrededores. El presidente recuerda que desde 1874 no se ha producido ningún altercado grave en la carrera oficial, y que lo realmente importante es que los pasillos de evacuación “cumplan su finalidad” y no estén ocupados por carritos, sillas mal colocadas o público de pie. Los comensales quedan en hacer los deberes, una vez que la hoja de ruta ha quedado marcada.

LARGA SOBREMESA.
La reunión se prolonga hasta pasadas las ocho de la tarde con el tañido del tranvía de fondo cada pocos minutos. Millán cuenta que las subvenciones del urbanismo morado se gestionarán a partir de ahora entre la Gerencia de Urbanismo y el Consejo de Cofradías de forma directa y en virtud de un convenio de próxima firma. Las hermandades tendrán que llamar necesariamente a las puertas del Consejo para sacar tajada de las arcas de la Isla de la Cartuja, lo que refuerza la posición del presidente Arenas. Tras cinco horas en el Aero, las partes abandonan el salón de la pecera con la convicción de que la solución a la carrera oficial de 2010 no será drástica. Sobre la mesa queda la jarra de agua y varios vasos. No hubo copas de balón. También queda la sensación de que la mediación de Moeckel, recogiendo el espíritu de Bajo de Guía, ha sido clave. El hombre que fue vetado para delegado de la Madrugada se ha mostrado mucho más decisivo como ministro sin cartera. Y eso que hubo quien lo cuestionó por carecer del perfil necesario. Dios le conserve a alguno, por lo menos, el oído.

DETALLE DE CABALLERO.
Arenas se marcha aliviado y satisfecho. Devuelve la corbata al amable camarero. Cae en la cuenta de lo difícil que es sorprenderle a él un día laborable sin media etiqueta, pero el fuerte calor de San Miguel y la repentina convocatoria
le pillaron con el cuello aliviado. Echa mano del teléfono mientras retorna a su despacho en la Campana e informa de los acuerdos oficiosos a la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro. Al entrar en su despacho y saludar a la secretaria se topa con una inscripción latina en el muro: Verba volant scriptamanent…

El compadreo emergente

El Fiscal | 7 de octubre de 2009 a las 16:35

Lo peor de dos hermanos mayores que se convierten en amiguetes es cuando se proponen llevar su relación personal al terreno institucional como demostración de poder, forzando las relaciones institucionales entre dos corporaciones que poco tienen que ver. Cuando se empeñan, se ponen erre que erre a organizar cumbres y convivencias y se ponen más pesados que esas mayordomos consortes cuando le riñen al marido por estar haciendo de cobradores cuando los demás andan ya a la caza del canapé. Una demostración del compadreo emergente ocurrió el otro día en el Baratillo con motivo del descubrimiento de una placa conmemorativa del enfoscado de las dependencias que dan a la calle Gracia Fernández Palacios, la de los adoquines junto a la plaza de toros, que para que ustedes me entiendan era el sitio donde se ponía el portal de belén. Por allí desembarcaron de pronto varios oficiales de junta del Gran Poder, ante lo cual un egregio baratillero formuló ante testigos de la escena el siguiente rosario de preguntas y respuestas: “Esto no lo entiendo. ¿Somos de la misma parroquia? No. ¿Somos del mismo día? No. ¿Pasamos en Semana Santa por delante de la puerta de ellos, o ellos por delante de la nuestra? No. ¿Entonces que hacen estos tíos aquí otra vez?”.