El Fiscal » Buena Muerte

Archivos para el tag ‘Buena Muerte’

La palma que pide Buena Muerte

El Fiscal | 24 de marzo de 2018 a las 5:00

FullSizeRender.jpg

HAY calles estrechas que piden pasos de palio para que sus muros besen la orfebrería de los varales, balcones que son atalayas de la emoción para lanzar saetas, plazas que se alían con la noche para acoger a una cofradía en la intimidad de su trama urbana. Hay lugares que lo tienen todo: el espacio justo, las casas, los balcones, los naranjos… Sitios hechos para cofradías preciosas. Y hasta hay palmas rizadas que piden acariciar la Buena Muerte, que parecen anunciar la llegada del Señor de los lirios morados. Hay una palma con reflejos dorados para iluminar esa tarde que se irá tornando azul, un azul Contratación. La plaza tiene la horma de la cofradía de la Universidad. Por ella pasa siempre la cofradía poblada de penitentes. Y hay una palma con fondo de colgadura de damasco rojo en una casa que es el San Onofre particular del Dios de la Universidad. Todo el año hay en ella oraciones para el Cristo de los Estudiantes.

Capirotes orillados

El Fiscal | 29 de octubre de 2017 a las 5:00

fiscal29

CINCO capirotes junto a la basura como tres banderilleros sobre el redondel. Cartones, se recogen cartones. No hay sinécdoque más cofradiera que la de llamar cartón al capirote, nunca cucurucho, que eso es de Madrid. Cinco capirotes ondulados por la base, lo que revela tardes de calor, horas de sienes sudadas. Cinco capirotes son muchos capirotes para ser desechados de una vez, una muestra de hartazgo, del hasta aquí hemos llegado en el continuo Año Santo en el que se ha convertido esta Semana Santa que nos ha tocado… en suerte. A la basura con ellos, que ya no sirven, que ya no hay quien se los ponga, que ya ni siquiera evocan los días de gloria. Capirotes de usar y tirar en una Semana Santa más consumida que vivida, más retransmitida que recordada. Capirotes tal vez desechados para ser sustituidos por los modernos de rejilla, obra de ingeniería cuaresmal para alivio de cervicales. Capirotes al contenedor de Lipasam con la delicadeza de ni siquiera ser deformados. Están intactos, apilados como veladores, dejados para la foto, pidiendo la instantánea, están posando como residuos de cuaresmas ya vividas. En otoño mudan las hojas de los árboles, en otoño se tiran los capirotes como trastos viejos, como parientes pobres. A la calle, a la basura, al contenedor del olvido, que no quiero verlos. Quién sabe qué hay detrás de esos cinco capirotes. El más alto con la punta reforzada, lo que demuestra varios usos. Altos capirotes, viejos capirotes. En Sevilla la basura habla, ofrece mucha información útil, nos cuenta hasta la confesión religiosa de quien arroja los restos. El capirote siempre es un estorbo a la hora de ser guardado durante el año, no hay altillo para los capirotes, ni armarios especiales como sí hay fundas para los trajes, cajas esféricas para los sombreros de ala ancha o rectangulares para las mantillas. Pero los capirotes no tienen quien les haya diseñado un envoltorio. Los hay que se guardan detrás de una puerta, en el fondo del armario soportando la presión del chaqué que nunca se usa, o hasta en la residencia de verano. Ninguna empresa ofrece la guarda y custodia del capirote como sí las hay para los abrigos de pieles o las alfombras. Los capirotes tienen quien les escriba, pero no quien se acuerde de ellos en cuanto acaba la Semana Santa. Sufren una marginación secular, peor aún que la del hockey sobre hierba, el waterpolo o el badminton, a los que sólo se atiende de cuatro en cuatro años en los Juegos Olímpicos. Un capirote fuera de temporada pinta menos que un polvorón de limón en Navidad. No se concibe una Semana Santa sin las figuras estilizadas de los nazarenos, pero nadie se acuerda de los cartones durante el invierno. Nadie. Los cartones quedan para el bingo de las señoras de los Remedios con las mañanas libres. Ylos de Semana Santa ahí los tienen, que parecen a la espera de la defensa que un tonto que les escriba, porque hay que ser tonto para escribirle a los capirotes de la basura. ¿O no? Al menos resulta más barato que ir al bingo.

 

Buena Muerte

Bronce para la Buena Muerte

El paso del Cristo de la Buena Muerte, obra de 1926, será embellecido con bronce. La junta de gobierno que preside Jesús Resa como hermano mayor tiene ya un proyecto del que informó al cabildo general el pasado miércoles. Los evangelistas y los hachones serán de bronce. Y el faldón delantero tendrá un fino bordado en hojilla inspirado en la greca del estandarte. Será un proyecto a largo plazo que cubre una necesidad manifestada durante años por muchos hermanos:darle más fuste a un paso. Por fortuna, nadie duda de que las flores seguirán siendo lirios.

 

Bourrellier
El ex presidente del Consejo vuelve a la actualidad. Don Carlos recibirá un homenaje en toda regla al igual que los anteriores mandatarios de San Gregorio. La cita está fijada para el 17 de noviembre a razón de 45 euros per capita. ¡Rásquense el bolsillo! En la cantidad va incluido el obsequio de turno, esos regalos que después resulta imposible colocar en el salón de casa. Y el que no se lo crea que pregunte a los anteriores agraciados… Los interesados deben acudir a la sede del Consejo a por sus invitaciones y si desean formar una mesa deben retirar los tarjetones “a la misma vez”, que diría Lopera. Yo no sé si voy a ir, lo que tengo claro es que si voy me pido la mesa de don Antonio Franco, conocido como “el cuñadísimo” durante la presidencia de Bourrellier. Esa es la mesa buena de esa noche. No lo olviden.

Un libro que promete
El que se titula La Semana Santa de la Transición (Sevilla, 1973-1982), con la firma de Manuel Jesús Roldán. La obra (editorial El Paseo) se anuncia como “el relato histórico de una época convulsa que, contra todo pronóstico, acabó catapultando la fiesta ritual sevillana”. Lo tiene todo para ser interesante. Aquellos años fueron de especial conflictividad para las hermandades y su relación tanto con el poder político como otros sectores de la sociedad, todo lo cual sin perder de vista la gestión de Bueno Monreal, el Tarancón sevillano. Conocer la historia de la mano de profesionales serios es la mejor vía para interpretar el presente. Nada de la sociedad de cada momento es ajeno a las cofradías. Ylas cofradías no son ajenas nunca a ninguna coyuntura.

‘Atrioscopia’
¡Albricias! Cada vez queda menos para las elecciones de la Macarena. Lo peor no son los candidatos (¡Ni mucho menos!), ni siquiera los equipos (donde el frito es variado), sino los llamados ministros sin cartera que son un verdadero pelmazo. Lo de la Macarena es como Cataluña, no se sabe cómo acabará, pero sí dejará todo fracturado. Habrá que coser… como en el PSOE.

El lagarto de la Catedral

“Inquieto Fiscal, te recuerdo que a Teodoro León lo han nombrado secretario general de los obispos del sur de España en sustitución de Hiraldo, que llevaba en el puesto desde 1983. La carrera de don Teodoro es imparable desde hace años. ¡Qué tremendo!”

 

 

 

Aquellos crucifijos de Derecho

El Fiscal | 30 de octubre de 2016 a las 19:29

Estudiantes
QUÉ feliz está Antonio Piñero con el regalo que ha recibido de la Hermandad de los Estudiantes en homenaje a sus ocho años como hermano mayor. Está pletórico por dos motivos. Primero, porque no se trata de una foto tamaño XXL con un marco dorado recargado con volutas y otros espantos. Ysegundo, porque se trata nada menos que de una preciosa réplica de los crucifijos que en tiempos presidían las aulas de la Facultad de Derecho. La tabla es obra de Ricardo Suárez, el artista que tiene perfectamente cogida la medida al Cristo de la Buena Muerte, tanto en pintura como en escultura de bajorrelieve.
El actual hermano mayor, Jesús Resa, no dudó a la hora de elegir al autor de un encargo tan particular. Quién mejor que Ricardo. Piñero siempre ha echado de menos que la Hermandad de Los Estudiantes no conserve ninguna de aquellas preciosas tablas, retiradas en 1998 siendo decano el desaparecido Manuel Ramón Alarcón, que camufló su objetivo con la orden de pintar las aulas y la apostilla expresa de no dejar puestas las alcayatas. Las tablas, que habían sido colocadas en 1956, fueron depositadas en un almacén y, con el paso del tiempo, acabaron en los despachos o domicilios particulares de algunos catedráticos y profesores.

La Universidad de Sevilla venía por aquel entonces de estrenar un servicio de asistencia religiosa que fue pionero en España, copiado después por otras universidades, y que fue posible gracias a las facilidades dadas por un rector que no era precisamente conservador: Javier Pérez Royo. Aun así, las tablas fueron retiradas no sin cierta polémica. Esta obra de Suárez muestra a muchos cofrades jóvenes una estética del Cristo de la Buena Muerte desconocida para ellos.

Quizás lo sustancial sea que, al menos, la hermandad sigue en su casa:la Capilla de la Universidad. Que también hubo intentos, ya superados, para efectuar un desahucio.

Flores para la Buena Muerte

El Fiscal | 26 de junio de 2012 a las 20:45

Retablo donde se recogen las oraciones a deshoras, resiste los humos y asiste en silencio a los horrores que desde hace poco le acompañan. Esta Buena Muerte de la Encarnación es el último recuerdo de aquellas Semanas Santas de nazarenos de ruán en sepia por la calle Laraña. Los buenos hermanos del Valle tuvieron el otro día el detalle de colocarle flores con ocasión de la fiesta de exaltación de la cruz. Claveles rojos de mayo para el Señor de los lirios de cuaresma,  para ese Cristo que un día presidió la Anunciación, el mismo que se fue cuando de allí se marchó la Universidad, porque siempre debe ir donde ella vaya. Y se quedó el retablo al que muchos hermanos de Los Estudiantes han rezado mientras esperaban el autobús, ante el que aún se persignan los viandantes y que es el mejor trozo de una plaza que ha cambiado tanto que poco queda ella, salvo la fuente y este viejo retablo, de su antigua estética. Un político de hoy diría que la devoción a la Buena Muerte es transversal, pues es profesada por cofrades de otras hermandades que se apuntaron a la hermandad en su paso por las aulas. De aquellos años estas flores para el Cristo de los Estudiantes.

Carta a Fernando, nieto del Tardón

El Fiscal | 11 de noviembre de 2010 a las 17:50

tardon

Un día contemplarás la fotografía decolorida en la que tu abuelo te presentó ante el mejor cahíz de tierra del Tardón, acariciarás la manigueta trasera derecha del paso de palio que él lleva con orgullo, recordarás tus juegos infantiles con el sol bañando los adoquines en San Jacinto la tarde de Lunes Santo, esa calle que parece tan larga como Castelar pero al trianero modo, y te darás cuenta de la inmensa fortuna de haber sido legatario del amor a un barrio, de unas raíces a las que agarrarte en tiempos de pesadumbre y de una forma de entender la más auténtica fiesta de la ciudad. Si la Semana Santa se compendia a la perfección en el regreso de la Amargura por Cuna, se huele toda ella la noche del Lunes Santo en las últimas calles del Tardón, naranjos florecidos como premio a quienes saben que ese día acaba con las primeras claras del Martes. Tienes nombre de rey santo, como tu padre, que te forja la debida cuota de devoción que has de reservar al Señor que es Dios de tus abuelos y de los abuelos de tus abuelos. Tal vez nada de esto te importe el día de mañana. O tan sólo te quede el recuerdo de esta foto con tu abuelo, de esta carta periodística en un papel viejo y arrugado o de la faz amorosa de la Buena Muerte que tu tío clava con sublime perfección en los óleos. Pero, al menos, tendrás claro dónde y cuándo tienes cada Lunes Santo una cita con un trozo de tu memoria. Y eso ya es un privilegio. Pero ahora esto no importa. Sigue jugando con los adoquines, nieto del Tardón, que el Dios de San Lorenzo de tu padre te habrá de vestir de ruán andando las chicotás del tiempo.

Lirios de guardia

El Fiscal | 13 de agosto de 2009 a las 20:44

La calle tiene nombre de ripio de pregón trasnochado. Abogados de Sevilla. La barrera y los tricornios restringen el tráfico inexistente de agosto. La música la pone el tantantán de la campanita del tranvía. Treinta y cuatro grados en el caballo, que no es de Santa Catalina. Un detenido pasa de una acera a otra escoltado y con los brazos amarrados por detrás, cautivo en su particular Tiro de Línea. El estanquillo de la esquina está empotrado en el mismo edificio. La dependienta se afana en explicar las otras demandas de los letrados. “No tengo puros, pero si usted va a venir por aquí más a menudo se los traigo. Es que los abogados lo único que quieren es rubio o negro”. La máquina de entrada silba cuando alguien entra con cadencia de nazareno del Silencio. A cada pitido le sigue la exhibición de llaves, monederos, teléfonos móviles… Hay ventanas abiertas y montañitas de papeles, expedientes tal vez de causas perdidas. Hay caras de agosto renegado, ambiente de oficina en horas bajas, sudores de trabajadera por carencia de refrigeración. Hay gitanas en la puerta. Sus caras angustiadas a la espera de noticias son las que a cierto magistrado le evocaban el rostro de su Virgen de las Aguas. Las gitanas lloran, los gitanos discuten. Así matan la espera. Todo tiene el aspecto de una gaseosa disipada, ambiente de velocidad baja, de pulso aliviao. Todo, absolutamente todo, menos su figura que se alza entre la monotonía, que desafía las calores que aplatanan y que se convierte en la primera esperanza de los desgraciados que cruzan la puerta: Juzgado de Guardia. Se le ve entre los barrotes de la ventana, que hacen las veces de verja del Rectorado. Está entre los ordenadores, como el Dios de los pucheros. La cabeza caída, tronchada como una rosa del verso de Pemán. El perfil de Dios de agosto humanizado, esperando quizás que los pinceles de Ricardo Suárez le renueven la divinidad de Martes Santo. Y los lirios, ay, los lirios, siempre alfombrando su muerte. Dios está de guardia entre el aire quieto del verano, como está en San Onofre perpetuamente para el que quiera oírlo en silencio y hablarle a deshoras. Está de guardia sin monaguillos, sin guiones, sin cruces, sin la Lonja, sin el Postigo, sin incienso y sin la muralla del Alcázar. Tan sólo con sus lirios para consuelo de los cautivos de agosto.

Un detalle para Mazuelos

El Fiscal | 22 de julio de 2009 a las 12:36

La cofradía de Los Estudiantes no ha querido que José Mazuelos llegara a su nuevo destino en Jerez sin un recuerdo especial de su etapa sevillana. El obispo tenía ilusión hace tiempo por tener un cuadro del Cristo de la Buena Muerte de Ricardo Suárez, autor de los marfiles del manto de la Virgen de la Angustia. Antonio Piñero se lo encargó al pintorde la Puerta Real como obsequio oficial de la corporación para quien ha sido su director espiritual. Mazuelos ha prometido colocarlo en su nuevo despacho. Estamos seguros de que así no echará tanto de menos sus años sevillanos. Otra cosa serán los cigarritos en la Lonja entre misa y misa…