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Adiós a Eduardo Recio y Manuel Lozano, dos cofrades auténticos

El Fiscal | 3 de junio de 2018 a las 5:00

Recio

HEMOS tenido el inmenso privilegio de conocer el Silencio de Eduardo Recio, trato exquisito, saludo formal de los de antes, cuerpo enjuto, túnica añeja, formas únicas de vestir al Nazareno, señor que se ve venir de lejos y se paladea de cerca, hondo sentido del humor, y el Valle de Manuel Lozano, poeta, con tacto para todas las tareas creativas, fiel a la Anunciación, siempre con la ilusión de una mañana de Jueves Santo, un entrevistado de largas parrafadas propias de quien tenía mucho que contar. Esta semana se nos han ido dos cofrades auténticos en una Semana Santa sofisticada, dos cofrades que las nuevas generaciones deberían conocer, dos cofrades con señorío natural, lejos de imposturas, dos cofrades que hicieron de sus devociones el eje de sus vidas. Fueron católicos al sevillano modo, entendieron la sede de su hermandad como el acudidero de sus días, como el refugio cierto, como la prolongación de su casa. Yo veo hoy a Eduardo Recio levantar el esterón para entrar en San Antonio Abad, escrutar cuántas personas hay en el templo con ese gesto inicial de cierta desconfianza y sentarse, ya relajadamente, en esos bancos antiguos maravillosamente incómodos, recta la espalda y la vista al frente, a charlar en silencio con el Jesús Nazareno que siempre lo aguarda en su hornacina de oro. Lo veo llegar a San Antonio Abad en una Madrugada metida en cielos panza de burra, con el final del Jueves Santo desarbolado por el agua, y tener claro en una tertulia del patio, búcaros, cigarros y antifaces al hombro, que la cofradía del Silencio no puede permitirse hacer “ninguna tontería”. Y no se hizo. Claro que no.

Veo a Manuel Lozano escribir en la sacristía de la Anunciación, que Palomino le ha abierto a deshoras la puerta de la calle Compañía porque estaba limpiando candeleros. Lozano escribe entre cuadros de Hohenleiter, bulas papales enmarcadas, elegantes fotos de Fernand. Por allí están Lucas Maireles, Javier Mejía con la cámara de fotos, Rafael Molina fijando la fecha de la fundición de la cera, Miguel Ángel Osorno con un manojo de llaves que tintinea… Cuántas horas de hermandad y de devoción han acumulado estos dos cofrades, que nada sabrían de redes sociales, sino de vivir con coherencia su hermandad y sus devociones con la fidelidad aprendida desde niño.

Lozano se extasia mirando al Cristo de la Coronación en su último altar de cultos, cera tiniebla, clámide, faroles de plata. Va de maniguetero de la Virgen del Valle hasta el final, ayudado con un bastón. Eduardo Recio está poniéndole las potencias al Nazareno de ojos grandes, cuello erguido y mirada mansamente altiva.

Ha pasado la Semana Santa. Recio llega al cielo como un señor: trajeado y con un ramillete de azahar que asoma con gracia por el bolsillo alto de la chaqueta, símbolo de la Resurrección en la que creen los primitivos nazarenos de Sevilla, con una fe a prueba de avalanchas. Nunca tiraron a este Eduardo de figura espigada. Como el Nazareno de sus devociones. Siempre con la vista al frente.

 

Lozano

El alférez Moeckel

EN Sevilla nos hartamos de aplaudir al Ejército en la procesión del Corpus. Es una suerte de ad calorem muy necesario para la tropa en estos días que corren. Emocionante si cabe. Seguro que los soldados lo agradecen en esta nación donde tanta falta hace el fomento de la cultura de defensa. También hay otra forma de apoyar al Ejército de hoy, que es haciéndose reservista voluntario, lo que ha logrado Joaquín Moeckel, ex hermano mayor del Baratillo. Fíjense si hay vida después de ser hermano mayor, que Moeckel no ha parado desde entonces de emprender iniciativas en beneficio de la sociedad. ¿Recuerdan la restauración del Salvador, las gestiones para que los afectados de la explosión de las Letanías recuperaran su casa, o el debate sobre la normativa jurídica de las hermandades? Algunos se han sorprendido al verle de uniforme, señal de que ha superado su primer período de instrucción militar, del que saldrá con el empleo de oficial en la categoría de alférez del Ejército de Tierra, adscrito a los servicios del Cuartel General de la Fuerza Terrestre que gobierna el querido don Juan Gómez de Salazar.
Se llama compromiso. Se llama ausencia de complejos. Y se llama la fuerza del carácter, ¿verdad Félix Machuca? En tiempos de zozobra hace falta dar testimonio, ora en las hermandades, ora en el Ejército. Moeckel se aplica a sí mismo el lema de las manifestaciones: No nos mires y únete. Y se ha unido al Ejército por el que siempre ha sentido una honda emoción.
Cuando algunos se recluyen tras ser hermano mayor, otros siguen canalizando esa fuerza en la que unos ven la muestra de una sociedad civil pujante y otros la coherencia con una forma de ser. ¡Y decían que no daba el perfil para otras tareas! Menos mal, don Joaquín, porque si llega usted a darlo para otros menesteres, a lo mejor nos privamos de verle sirviendo como alférez. Y está claro que el Ejército ha salido ganando. Y la cultura de defensa.

Foto MOECKEL2

 

Impresentable
Así resulta no el número de los asistentes, sino la actitud de muchos de los que acuden a la procesión. Gafas alzadas como policías de pueblo que ponen multas, tíos de chaqué con las manos en los bolsillos, cofrades con el teléfono móvil, charletas interminables en señores ya talluditos… Oiga, que se trata de acompañar al Santísimo Sacramento. Convendría enseñar al que no sabe y corregir al desahogado.

De las novedades
Las novedades en la procesión resultaron raras. Esas lecturas con megafonía en algunos puntos del recorrido provocaron cortes en el cortejo. Y chirriaron un poco. Lo de los cánticos estuvo bien. Eso sí. Genera un ambiente propicio para una procesión eucarística.

El pertiguero
Primer golpe. Oído en la Plaza Nueva. “Lo de la calle del cardenal Amigo se ha retomado, esperemos que haya una solución satisfactoria antes del final de mandato”. Segundo golpe. Oído en el Consejo: “Qué mala cara llevaba el subdelegado del Gobierno en la procesión del Corpus. Sabría ya que la moción de censura prosperaría, ¿no? No puede haber otra explicación. Se nos va don Ricardo y perdemos el apoyo a ciertas reformas de la Semana Santa para reducir el número de nazarenos”. Él estaba muy implicado en esta iniciativa. Tercer golpe. Oído en la collación de Santa Catalina. “¿Y si nos toca el premio y tenemos un hermano ministro del Gobierno de España o delegado del Gobierno en Andalucía? Celis siguen siendo muy querido en la hermandad”. Y ciriales arriba. Oído en la Plaza del Cristo de San Agustín. “¿Sabes que uno de los hermanos más antiguos de la nómina de San Roque es ahora mismo el ex alcalde Alejandro Rojas-Marcos?”.

El lagarto de la Catedral:

“Mi querido Fiscal, ¿te fijaste  en lo nutridas que eran las representaciones de seminaristas y sacerdotes en la procesión del Corpus? Mucho hablar de los cofrades, que asisten en número insoportable, pero habría que empezar por dar ejemplo, ¿no crees?”