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Aquel primer besamanos

El Fiscal | 14 de agosto de 2009 a las 16:45

Monseñor Amigo en su primer besamanos de la Virgen de los Reyes, acompañado por el padre Estudillo y un jovencísimo hermano Pablo. / Martín Tejedor

Monseñor Amigo en su primer besamanos de la Virgen de los Reyes, acompañado por el padre Estudillo y un jovencísimo hermano Pablo. / Martín Tejedor

La fotografía pide música de Romanza, de Salvador Bacarisse, y evoca una Puerta de los Palos oculta entre un enorme cartelón del Domund y un autobús de Tussam azul y blanco con franja roja divisoria. Ahora que se nos va, ahora que la cofradía de su pontificado se recoge y baja la rampa poco a poco, es cuando los nazarenos giran la vista atrás por primera vez en el recorrido. Llegó un verano de mundiales de Naranjito, el año en que se registró una invasión del turismo italiano sin precedentes tras el apogeo de la victoria azzurra en el Bernabéu. Sus primeras visitas a la Catedral fueron para encontrarse con la Patrona, de la que tanto supo por aquel cura sevillista de visita diaria a Trifón, hermano mayor de una hermandad de la sotana que está al borde de la extinción. Al poco tiempo llegó su secretario personal, hermano Pablo Noguera, que a juzgar por cómo está en la fotografía y su estado actual bien pudiera ser el icono publicitario de un laboratorio de antioxidantes. Por él no pasa el pontificado. Está para volver a empezar, para arrancar otro ciclo al lado de Su Eminencia, para organizar la agenda a Roma y hacer los recados domésticos, para recoger en coche a arzobispos y cardenales de fuera recién llegados a Santa Justa, para apagar el humo del teléfono, para estar al quite providencial en tantísimas ocasiones, para saludar a los fieles de una procesión con una levísima bajada de cabeza, para llegar a la Catedral minutos antes de un pontifical y sacar de la maleta la mitra plegable y el ropaje. El próximo sábado, monseñor se situará una vez más tras el paso de la Virgen sedente que le recibió aquel año de la gran victoria socialista de octubre. Tal vez, entre antífona y golpe de incienso, recuerde a tantas personas y anécdotas que ha dejado en el camino en uno de los pontificados más largos en la Iglesia de Sevilla. La venta de San Telmo, las nuevas parroquias, las grandes obras en la Catedral, las porfías con las cofradías, los veranos en Galicia, los viajes a América, las recepciones en el Palacio Arzobispal, las dos visitas del Papa, la entrada de Sor Ángela en la Catedral, las visitas pastorales por toda la provincia, las confirmaciones masivas en los templos de los barrios y en la Catedral, las oraciones en su oratorio privado ante la Inmaculada que le cedió la Sacramental del Sagrario, las declaraciones polémicas con eco nacional, los disparos de Alberto y Ascen, la boda de la Infanta, la restauración del Salvador, esa torrija en el casinillo del Gran Poder la tarde del Miércoles Santo, los almuerzos en casa de Diamantino, los repiques a gloria de la Giralda… El próximo sábado, Eminencia, el aire tendrá mucho de aquel primer agosto. Algo se muere en el alma cuando Amigo se va.