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Todo por la caseta

El Fiscal | 28 de abril de 2016 a las 5:00

UNO no se sorprende ya de casi nada en cuestiones de cofradías. Es difícil quedarse ojiplático en una Semana Santa en la que hemos salido corriendo hasta tres veces en la Madrugada, en la que se admite la incorporación de cortejos esperpénticos, irrisorios y carentes de trapío; y en la que el nivel de los hermanos mayores, salvo excepciones, está como el de la política española, cultivos idóneos para abogados de medio pelo a los que no se conoce un solo pleito de enjundia o, sencillamente, profesionales con las tardes libres y con pocas ganas de estar en casa. Vivíamos una etapa plúmbea, marcada por las elecciones con pluralidad de candidaturas en todo tipo de cofradías. Todo el mundo quería tener un chalé en el Aljarafe y ser hermano mayor de donde fuera. Ytodo el mundo prometía eso tan original del “culto, formación y caridad”, más allá de algunos lemas de pretendida originalidad. Todo discurría así durante años, como el pregón ininterrumpido de una imparable decadencia, de una notoria sensación de estar pasados de rosca, de una peligrosa endogamia empobrecedora. Siempre lo mismo, siempre igual. Sin olvidar los candidatos revanchistas, ajustadores de cuentas personales, que revisten los intentos por borrar las huellas de anteriores hermanos mayores de promesas para retornar a supuestos estilos originales. Así estábamos, así estamos hasta que, oh sorpresa, un candidato a hermano mayor, don Manuel Vallejo, se descuelga con una carta, comunicado de prensa, anuncio público o como quieran ustedes llamarlo, en el que promete que el Buen Fin tendrá caseta en la Feria. ¡Chófer, pare el coche que esto sí que es bueno! Hasta ahora habíamos visto anuncios de coronaciones canónicas, promesas de convocatorias de cabildos para rescatar imágenes secundarias, el estudio del traslado a otra sede canónica o, por supuesto, de la viabilidad de petición de un préstamo hipotecario para levantar una nueva casa de hermandad. Pero, cáspita, lo de la caseta nos ha sacado del letargo, máxime si el lema de la candidatura es Experiencia, familia, tradición, sentimiento, que no sé a ustedes pero a mí me recuerda a aquello tan viejo de Familia, municipio, sindicato. Conste en acta que no conocemos de nada a don Manuel Vallejo, ni a su oponente en las urnas, don José Luis Foronda. Suerte y salud a los dos.

Sí sabemos con toda certeza que se trata de dos apellidos de fuerte arraigo en la hermandad franciscana. Agradecemos que haya proclamas que nos libren del aburrimiento:“Es deseo de esta candidatura llevar a nuestra hermandad al real de la Feria”. Porque así, se dice, se reactiva la vida de hermandad. ¡Fuera complejos! La caseta como elemento vertebrador. ¿No está en el origen de la Feria que el sevillano traslada su casa al real durante seis días? O siete u ocho, según lo que Espadas y su referéndum dispongan. Pues don Manuel quiere que la casa de hermandad se traslade al real. Y lo dice sin cortapisas. El problema es que uno siempre creyó que la caseta del Buen Fin, de facto, era la muy animada de La Parrilla de San Lorenzo, en Juan Belmonte, donde uno le dice al portero que va de parte de Joaquín Moeckel y te responden:“Pa dentro”. Después todos los socios buenfineros te recuerdan que el baratillero entró en la caseta como pariente de socio. “Pues eso es lo bueno, no tener caseta ni barco propios, sino familia o amigos con caseta y barco, que no os enteráis”. Y allí, en tan buenísima caseta, siempre hemos visto año tras año a los ilustres del Buen Fin en animada convivencia, Bourrellier y cuñadísimo Franco incluidos. La parrilla de San Lorenzo es al Buen Fin lo que El Cirio Apagao a la Quinta o la caseta particular de don José María Salmerón a la Lanzada. Pero en el no se vayan todavía que aún hay más, la Feria entra en las promesas electorales de los aspirantes a hermanos mayores. Vamos a más casetas cofradieras que advocaciones en el callejero. ¿Y los candidatos al Consejo no se animan? Ojú, las elecciones del Consejo. Echemos el toldo… de la caseta. Que ahí hay Feria para rato. Con su resaca. Al tiempo.

Dios en la caseta

El Fiscal | 7 de diciembre de 2015 a las 5:00

Estudiantes1965
LA celebración de la Misión General en 1965 derivó en una serie de estampas que han quedado grabadas en varias generaciones de sevillanos, pero que los más jóvenes desconocen. La ciudad de 1965 se convirtió durante un mes en un templo donde hasta muchas imágenes del centro eran trasladadas a los nuevos barrios, a lugares insólitos, para presidir actos pastorales y formativos. Por ejemplo:la Soledad de San Lorenzo fue a San Jerónimo y al cementerio, el Cristo Yacente del Santo Entierro a la Juncal, el Cristo de las Cinco Llagas a la plaza de Vista Florida, el Señor de la Sagrada Mortaja al Cerro, el Señor de las Tres Caídas a la huerta de San Gonzalo, el Nazareno de la O al Turruñuelo, la Esperanza Macarena al Polígono de San Pablo, el Gran Poder a Santa Teresa y al Sanatorio de la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios, la Estrella a Santa Cecilia, la Virgen de la Paz a la plaza de América, etcétera.

Un crucificado como el de la Buena Muerte, titular de la emergente cofradía de la Universidad, iba a recibir culto nada menos que en una caseta de la Feria de Abril. La Feria se celebraba entonces en el Prado de San Sebastián, aún quedaban algunos años para su traslado a Los Remedios. Yciertas entidades tenían casetas con estructura fija, útiles todo el año, como ocurre en Jerez o en muchos pueblos de la provincia. Se eligió la caseta del Real Círculo de Labradores para que fuera presidida por el Cristo de la Buena Muerte, al que correspondía la zona del Porvenir en la división de la ciudad que estableció la Diócesis para organizar los traslados. Esta ubicación le fue asignada por su proximidad a la Universidad, según el delegado del Instituto de Pastoral, el sacerdote José María Piñero Carrión, tío del actual hermano mayor de la cofradía, Antonio Piñero.

Cuanto ocurrió en aquellas fechas está recogido con toda precisión y rigor en el libro que ha realizado Antonio Gutiérrez de la Peña, brillante hermano mayor que fue de la cofradía de Los Estudiantes de 2000 a 2008, que ha dedicado estos últimos años a volcar todo su cariño y pasión por la hermandad en un libro que será presentado la próxima cuaresma.

El pasado domingo se celebró una misa en la Capilla de la Universidad y un acto de convivencia posterior en la sede del club en Los Remedios para rememorar aquella estancia del Cristo en la caseta ferial. Acudieron tanto Antonio Piñero como el presidente del Real Círculo de Labradores, José López de Sagredo Camacho, marqués de Castellón.

Gutiérrez de la Peña recuerda que el traslado de la imagen se efectuó el 28 de enero de 1965. Permaneció en la caseta hasta el día 15 de febrero. El traslado de ida se organizó desde la Iglesia de la Anunciación por el siguiente itinerario:Plaza de la Encarnación, Puente y Pellón, Plaza del Pan, Francos, Placentines, Plaza de la Virgen de los Reyes, San Gregorio, San Fernando, Lonja de la Universidad, salida por la Facultad de Derecho y Prado de San Sebastián. El cortejo fue recibido por el presidente del Círculo, Rafael Esquivias Salcedo, y varios miembros de la junta directiva, que realizaron al Cristo una ofrenda floral.

La hermandad montó un altar especial para la ocasión, caracterizado por un dosel, ocho candeleros, el estandarte de la corporación y los cuatro guiones de las facultades de entonces. Se sabe que había una pequeña imagen de la Virgen en un lateral del altar, pero no hay más datos ni fotografías.
Durante la celebración misional, el Cristo es trasladado el 2 de febrero a la Facultad de Ciencias, llevado a hombros de universitarios e introducido en el recinto por varios catedráticos. Es en esa facultad donde tiene lugar el acto más importante de la Misión en la Universidad, que se desarrolla durante toda la jornada, concluyendo sobre las siete de la tarde. El 15 de febrero se clausuran las Santas Misiones con una Eucaristía en la Puerta de Jerez que preside la Virgen de los Reyes. Por la tarde se inicia el traslado de regreso del Cristo a la iglesia de la Anunciación. Encabeza el cortejo una cruz alzada. Tras ella se sitúan los guiones de las facultades, hermanos con cirios y el estandarte corporativo. La presidencia estaba compuesta por el hermano mayor, Ramos Rubau, José Hernández Díaz y Carlos García Fernández. La comitiva retornó al templo a las nueve y media de la noche después de haber residido durante varios días muy cerca de lo que, justo al año siguiente, en 1966, iba a ser su nueva sede, la capilla universitaria de la antigua Fábrica de Tabacos.
Estudiantes

El selecto club de los que repiten cartel

El Fiscal | 9 de noviembre de 2015 a las 5:00

Sala Villasís.
NO hay casos de cofrades que hayan dado dos veces el pregón de la Semana Santa, aunque alguno hay dispuesto a descriogenizar el chaqué, calentar la banda y salir de nuevo al escenario del teatro a soltarnos la barrila con la que ya nos aletargaron en el Lope de Vega o en el Maestranza, según el caso. Al menos, no hay casos de repetición en el acto del pregón tal como nos ha llegado. El cartel de las Fiestas Mayores de la ciudad es muy distinto. Hay pintores, del grupo de los ilustres con calle en Sevilla, que lo han realizado dos y hasta tres veces. Hohenleiter, Gonzalo Bilbao, Jiménez de Aranda, Santiago Martínez, Maireles, Rico Cejudo, Juan Miguel Sánchez, Ramón Monsalve, García Ramos… Hubo un tiempo en que el cartel de Semana Santa se consideró agotado y el Consejo, con bastante acierto, apostó por la fotografía varios años. El Ayuntamiento no ha dejado de confiar la promoción de sus principales fiestas a pintores, incluso con partidas económicas importantes hasta no hace mucho.

Ricardo Suárez, autor del cartel de 2000, ha sido elegido para pintar el de 2016. Es de sobra conocido en la ciudad. Y conoce sobradamente la ciudad, con la que mantiene esa peculiar relación de amor basada en la crítica, en la exigencia, en el reproche continuo para denunciar la indolencia. Como buen artista, se rebela contra el orden y los convencionalismos establecidos, tiene la acidez necesaria para provocar, agitar y remover al público en óleos y opiniones sobre asuntos de actualidad; suele exhibir una gracia innata que no sólo no tiende nunca al cliché de gracioso, sino que adquiere con facilidad e ingenio una forma de punta de colmillo con la que se abre paso en la selva urbana de cada día. Ylo más importante: al tener tan escrutada la ciudad, no le tiene ningún miedo.

Romántico que vive de su pintura, paga la factura de su libertad, como cuando dio nones al Consejo con el cartel de la Semana Santa al no estar remunerado. Y eso que trabaja gratis para las cofradías y entidades sociales cuando le sale… de la paleta.

Su obra no dejará indiferente. Siempre ha tenido claro que un cartel es un grito, un aldabonazo, un golpe, la expresión de un estado de ánimo, una denuncia, una reivindicación, una ausencia. Una cosa es segura: no hará una postal, ni será cobardón. Pasados los cuarenta, uno ya no debe bajar algunos peldaños, ni anunciarse en ciertos festivales, sino cumplir la enseñanza recibida:en la vida, como ante el toro, en corto y por derecho.

El lío de la caseta

El Fiscal | 18 de enero de 2011 a las 9:39

“Está claro que hemos perdido la caseta de Feria. El error es imperdonable y el perjuicio es económico. Sí, sí… Económico. ¿Pero tú no sabes cómo ha funcionado la caseta? Mira Fiscal, la hermandad aparecía en los planos oficiales como titular, pero en realidad un grupo de hermanos muy conocidos en la cofradía la gestionaba a cambio de pagar una cantidad importante para obras sociales. Por eso, si no tenemos caseta, no tenemos ingresos. Hemos perdido la caseta y el dinero. Te aseguro que es así, que en los cabildos de cuentas siempre figuraba una partida referida a los ingresos por la caseta. Y también ocurría de vez en cuando que un hermano preguntaba por la caseta y se le daba un capotazo como se podía. En realidad, la entrada no era del todo libre para los hermanos, había unos criterios de uso, tan necesarios como discutibles. Así que hay algunos que han sonreído al enterarse de que se ha perdido la caseta. ¡Así es la vida! Hubo un hermano mayor que intentó abrir la caseta, hacer recepciones a colectivos de la hermandad, en definitiva que funcionara como una caseta mucho más abierta. Fracasó en el intento. Curiosamente, a las siguientes elecciones se quedó fuera porque le montaron una candidatura alternativa”.

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La caseta que perdimos

El Fiscal | 6 de enero de 2011 a las 19:55

Menudo disgusto se han llevado por San Andrés cuando al estilo de ¡Ahí va, los donuts! se han llevado la mano a la frente y han entonado un angustioso ¡Ahí va, la caseta! Santa Marta ha perdido su caseta en el 189 de Joselito El Gallo porque no han cumplimentado la solicitud en tiempo y forma. Por cierto que otra entidad relacionada con la Iglesia pero que no saca pasos, las Hermandades del Trabajo –que contaban con una de tres módulos– también la han perdido por el mismo motivo. Parece que las plegarias a Santa Rosamar bendita servirán de poco. No les libra ni una novena.

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Una gloria de consejera

El Fiscal | 6 de mayo de 2010 a las 10:56

esther-ortego

¿Ustedes saben que en la caseta municipal se ha avistado por primera vez el jamón en muchisísimos años? No, no es necesario llevar de urgencia en faetón a Iker Jiménez y al doctor Jiménez del Oso para investigar sucesos sobrenaturales bajo las altas lonas de la calle Pepe Luis Vázquez. ¿Jamón a punta de pala del que no se cae con el plato en vertical? Sí, sí, el mismo, el de las lonchas que se quedan más firmes que el negro de San Benito. Y jamón en cantidad para alimentar la cuadrilla de un paso de misterio con su plumerío de cohorte de romanos. Jamón de tal calidad que dice la leyenda que hasta el alcalde debió comentarle a su inseparable Marchena la noche del pescaíto: “Manolo, el jamón existe”. ¡Pero qué me dice! La consejera de gloria Esther Ortego, primera espada del catering Medinaceli, sigue marcando hitos en la particular historia de la ciudad. No sólo forma parte del primer Consejo con féminas, sino que esta Feria ha pegado el pelotazo con su equipo de profesionales y ha mandado a mejor vida esos bocaditos de anchoas minimalistas con su tomatito centinela que daban tanta penita que inspiraba un cante por saetas.

¡Ayayayayayayayay…! Medinaceli aspira incluso a colocar su pica en el Real Alcázar y servir el almuerzo del Pregón. En el diccionario de Carrero habría que incluir ya este catering de camareros de delantales rojigualdos que hicieron las delicias de la recepción de las cofradías. Si al final será verdad que el presidente Arenas había hecho grandes fichajes. Gloria de consejera esta consejera de gloria que ha resucitado el jamón. Y cuentan que había tanto jamón por bandeja que las lonchas iban más apretadas que los nazarenos del Gran Poder por Sierpes.

Las nuevas casetas

El Fiscal | 14 de abril de 2010 a las 18:38

La pasada Semana Santa se ha acentuado preocupantemente la moda de convertir los bajos comerciales y los balcones en auténticas casetas de Feria con la artillería de viandas y frigoríficos preparados a ojos del público. Esta tendencia se aprecia tanto en la carrera oficial como en calles próximas. Y en algunos casos es mucho peor que lo de las sillitas plegables, que este año parece que se ha contenido bastante. En esta versión morada de las casetas existe la modalidad catetil, con fritanga variada a media tarde al estilo dominical playero, y la modalidad del neoseñorito, con la copa borgoña de tinto o el trago largo asomando por encima de los barrotes. Ni se respeta ya ni siquiera la llegada de los pasos. Eso sí, los tíos perfecta y ortodoxamente trajeados.

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