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Cuarto y mitad de Trento en Emasesa

El Fiscal | 8 de octubre de 2009 a las 16:37

Que Sevilla es la reserva espiritual del Reino de ZP no ofrece ya ninguna duda. Aquí no han llegado nunca los ecos de las broncas entre la Moncloa y la Nunciatura. Sevilla sí que tiene un estatuto aparte en materia eclesiástica que ríanse ustedes del catalán. El PSOE de Felipe se llevaba estupendamente con la Iglesia gracias a los viajes que hacía a Madrid, ora en Talgo ora en AVE pero siempre con alta velocidad, el canónigo Manuel Benigno García Vázquez, al que cariñosa o maliciosamente le llamaban el capellán del partido. De hecho, García Vázquez casó a muchos de los hijos de los ya históricos dirigentes del puño y la rosa. ¿Cuántas veces no cruzó este cura sabio la verja de la Moncloa para asesorar a Felipe? Si hasta ejerció de API con clergyman para venderle San Telmo a la Junta y que la Presidencia tuviera una residencia propia de un parador de turismo de cinco estrellas. Felipe se fue, García Vázquez se murió, cierto dirigente socialista sevillano con más vidas políticas que un gato dijo en una cena privada aquello de que “al PSOE ya no lo conoce ni la madre que lo parió”, y llegó el nuevo orden con su kilo y medio bien despachado de reforma de la financiación y de leyes que provocaron y provocan grescas entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal por muchos calditos que el presidente se tome con el nuncio de antes y con el recién llegado.

Pero aquí, definitivamente, llevamos otra velocidad. Lo nuestro sí que es distinto, sí que tiene un color especial, ole la gracia. Este septiembre cantó su primera misa en San Román el jovencísimo sacerdote Francisco Moreno, que no es precisamente de los que dan la plática con el micrófono de pinza en la estola, conectan el cd de Lenon en la comunión o permiten la lectura del textos de El Principito en las bodas. De eso nada. El Cura Curro parece sacado del catálogo que dicen que trae Asenjo debajo del brazo para su exhibición en plan vendedor ambulante al sector progre del clero local: “Así es como hay que vestirse. A ver si os enteráis, que los curas tienen que ir de curas”. Cuando Asenjo desenfunda el muestrario, aparece la foto del Cura Curro, que viste como eso, como un clérigo romano de toda la vida, con su sotana abotonada de arriba abajo y su cuello duro marcado con tiralíneas como Dios manda, listo para pasearse por el pequeño Vaticano que parece la ciudad de cuando en vez. Anoten los ingredientes de la jornada de marras: dos horas y media de ceremonia, cánticos y plegarias en latín, una veintena de presbíteros, liturgia antigua de paños de hojilla, casullas y albas de encajes costeados, alfombras suntuosas… Y tachín, tachín, en esto que el párroco Hiraldo anuncia por megafonía que al término de la ceremonia se ofrecerá una “suculenta recepción” en el patio porticado de Emasesa, la joya de la corona de las empresas municipales, la que controla férreamente el PSOE. Una sede con calificación de conjunto monumental formado por el antiguo Palacio de los Ponce de León y el convento de los Terceros, que hasta acogió hace unas décadas el colegio de los Escolapios, donde el padre del actual alcalde ejerció de profesor, como le gusta recordar a Monteseirín. Este baile de sotanas celebrado, como dirían los cursis, en sede municipal sí que es una lección de entendimiento y convivencia entre el poder laico y el religioso.

Emasesa da de beber al nazareno sediento de los barrios en Semana Santa, Emasesa engalana de flores el paso de su patrona, la Virgen de las Aguas, y Emasesa cede sus dependencias nobilísimas para el ad calorem de un misacantano que vuelve loco de alegría a los nostálgicos del antiguo rito, el del cura vuelto de espaldas y los latines entonados que ponen las emociones a la altura de la humareda del incienso por las bóvedas. Cuarto y mitad de Trento en adobo en Emasesa, aires de Roma andaluza en Escuelas Pías. ¡Quién lo diría! No faltó un peregil en el canapé posterior a la primera misa del Cura Curro: la nobleza apergaminada de La Algaba, pueblo donde ha ejercido de diácono el año previo a su pomposa ordenación; un rosario de cofrades de la Carretería y Los Servitas, que son las devociones del nuevo clérigo; el cáterin de una firma hostelera de Gerena, con bandejas de microalbóndigas incluidas y un surtido de helados de postre, decenas de regalos dispuestos en los peldaños de la artística escalera. Emasesa bien vale una misa. Anda que no. Aquí el PSOE no arregla sus cuitas con el alto clero con sosos calditos (que vaya aburrimiento el de aquella reunión entre ZP y aquel nuncio portugés, auténtico maestro en el arte de no decir nada que en cada comparecencia condenaba a sus oyentes a los brazos de Morfeo, zzzzzz…) sino con sus particulares papelones de pescao frito en forma de medallas de la ciudad en los pecherines de las vírgenes, reparto de subvenciones dentro del urbanismo morado, concejales presidiendo pasos o portando las imágenes en los traslados, restauraciones de templos y cesiones de casas palaciegas para misacantanos tridentinos. En Sevilla sí que pervive aquel espíritu de entendimiento de Felipe y García Vázquez. Ahora se entiende que al PP le dejaran fuera del consejo de administración de Emasesa. Los toricantanos, a la Maestranza. Los misacantanos, a la Emasesa de Manuel Marchena. ¿Es o no es Sevilla la reserva espiritual del Reino?