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El concordato andaluz

El Fiscal | 27 de octubre de 2013 a las 5:00

asenjo y díaz
Ni dos semanas hace del largo encuentro en ese domicilio privado. La presidenta de la Junta, la trianera y capillita Susana Díaz, ha querido con buen tino que en su ronda inicial de contactos se cuide especialmente a la Iglesia, quizás para potenciar una relación que ha podido estar algo descuidada en una etapa anterior. Lo ha hecho con otros interlocutores sociales y empresariales andaluces, ¿por qué no con el arzobispo de la capital de Andalucía? El primer encuentro se celebró en el domicilio particular de un tercero que hizo de anfitrión para romper el hielo. La presidenta estuvo la mar de a gusto, hasta el punto que el mediodía era un vago recuerdo cuando acabó la reunión. Monseñor Asenjo tiene mucho tacto en el trato con políticos socialistas. Hace años compartió mesa y mantel con el mismísimo José Luis Rodríguez Zapatero. Y en Andalucía no hay más que preguntarle al ex vicesecretario general del PSOE andaluz, el cordobés Rafael Velasco, por lo bien que se llevan, una relación de afecto que ha cristalizado en ceremonias familiares que ha presidido don Juan José en alguna ocasión. O preguntarle al ex alcalde de Palma del Río, el histórico del socialismo cordobés Salvador Blanco, con el que compartió afición por la caza menor. Y con el propio Griñán siempre se ha llevado bien. Con él pactó el ascenso de Gómez Sierra como presidente de Cajasur.

Tras el primer encuentro privado, la presidenta quiso que el contacto con monseñor Asenjo pasara de su agenda particular a la institucional. Por eso recibió al arzobispo en el Palacio de San Telmo, el edificio que un día fue seminario metropolitano y que en algunos tramos parece un hotel minimalista y oscuro. El actual arzobispo de Sevilla no es todavía cardenal, pero es una pieza clave en el organigrama del episcopado andaluz. Una relación fluida entre la Junta y la Iglesia ha dado siempre importantes frutos para la diócesis, no digamos si está basada en relaciones personales de cordialidad contrastada, como ocurrió con el buen entendimiento entre Manuel Chaves y monseñor Amigo, cuando la Administración autonómica restauró una gran cantidad de templos (San Isidoro, San Julián, San Vicente, San Román, etcétera). Aquellos años funcionó incluso una comisión mixta entre la Junta y el Arzobispado de Sevilla de la que mucho sabe don José Luis Peinado, el que para muchos sigue siendo el párroco de San Isidoro pese a su jubilación. Con Peinado ocurre como con Soledad Becerril, a la que catorce años después le siguen diciendo alcaldesa.

Para entender la fluidez de relaciones con la Iglesia por la que apuesta la presidenta, nunca hay que olvidar que Susana Díaz jura sus cargos, al contrario que la gran mayoría de sus compañeros de partido, que prefieren la fórmula de la simple promesa; es cofrade y no ha renegado nunca de su apego a la religiosidad popular. Tan es así que el coro de pelotas del partido que antes se las daba de moderno despotricando de las cofradías y del clero, repiten ahora como vuvuzelas que las hermandades son un “valor añadido”. ¡Todo sea por estar a bien con la presi! Ocurre algo similar con esos curas que lucían el niki y ahora van de clergyman para no contrariar a don Juan José. Humanos son los unos y humanos son los otros. Ya lo dijo Juvenal: Omnia Romae, cum pretio.

Materias hay de interés común para la Junta y la Iglesia, desde la conservación del patrimonio histórico (en el que la Junta tiene la obligación subsidiaria de conservación) a la situación de fundaciones ahogadas por las subvenciones impagadas como es el caso de la de Forja XXI, dedicada a la promoción laboral de jóvenes. Don Juan José está muy preocupado por esta fundación y ya ha pedido ayuda en instancias oficiales, inquieto por la sede de esta fundación en Palmete, en desuso por la carencia de talleres para jóvenes. También le preocupa con razón su obispo auxiliar, el simpático Santiago Gómez Sierra, a quien la Audiencia Nacional confirmó este año la multa de 180.000 euros impuesta por el Banco de España por sus irregularidades en la gestión de CajaSur cuando era presidente de la entidad.

Tender puentes y no perder la interlocución siempre es recomendable. Cuando al cardenal Amigo le reprochaban lo bien que se llevaba con el poder socialista de la Junta, don Carlos se defendía: “Es que no gobierna otro partido”. Hay que hablar con el que está. Siempre.

Déficit de legitimidad

El Fiscal | 14 de enero de 2013 a las 14:10

CUALQUIER costalero sabe que es más importante gozar de la consideración y del respeto del compañero de palo que del propio capataz. La ley nunca escrita que rige las relaciones entre la gente del costal sirve muchas veces para resolver problemas que nunca toman el camino ascendente que conduce al capataz. Mucho menos que lleva a la junta de gobierno. Entre la gente de abajo se sabe quién se alivia al coger kilos, quién falla en la levantá y pone en peligro las cervicales del compañero y quién se comporta como verdadero hermano en todos los momentos. Por eso es mucho más vital contar con la bendición del compañero de palo que con la del capataz, quien al fin y al cabo no está ni debajo del paso ni detrás del faldón, sino fuera, en el exterior.
Podrá Carlos Bourrelier argüir que goza de la legitimidad de la autoridad eclesiástica para perpetuarse en un cargo que sólo debería asumir de forma interina, habida cuenta de que no fue elegido directamente para el puesto. Hace mal en colocarse a la defensiva cuando un hermano mayor le pregunta donde hay que preguntárselo (una asamblea) si tiene pensado convocar elecciones. “¿Tiene usted algo contra mí?”, respondió Bourrelier. No se trata de tener algo contra nadie. Se trata de que los hermanos mayores eligieron a Adolfo Arenas como los andaluces eligieron un día a Manuel Chaves. Los primeros se encontraron a los cinco meses con Bourrelier y los segundos tan sólo un año después con Griñán.
–Oiga, Fiscal, ese ejemplo es de política pura y dura. Y aquí estamos hablando de la presidencia de un organismo supeditado a la jerarquía eclesiástica.
–¿Sí? Pues cuando a usted le quitan un palco o una silla no se dirige al Arzobispado, sino a la Justicia ordinaria. ¿O no?
Lo más sensato sería permanecer en el cargo el tiempo justo para salir airosos del tinglado del vía crucis y, por supuesto, de la Semana Santa. Cumplidos estos dos objetivos, sería bueno buscar la legitimidad directa que sólo se obtiene por el voto de los hermanos mayores. Ni el actual presidente ha sido elegido para presidente, ni el actual vicepresidente para vicepresidente, ni el secretario para secretario. Sólo un cargo general, el tesorero, fue votado como tal.
Podrá el costalero presumir de contar con el favor del capataz. Pero corrido el faldón, llegada la hora de estar puestos y de atender el martillo, todos se conocen en el mundo de abajo. Convoque elecciones tras Semana Santa, preséntese si lo desea y gánese en las urnas la legitimidad que ahora sólo le concede la autoridad eclesiástica. Seguro que así se llevan mejor los kilos.