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El pleito de la escalera

El Fiscal | 15 de septiembre de 2015 a las 19:11

Foto escalera
LAS cofradías vertebran la ciudad, dicen de vez en cuando los analistas de plantilla. Y tanto. Las cofradías son redes, pulpos con tremendos tentáculos que alcanzan donde uno menos se imagina. Va usted a una gestión al mostrador de Hacienda y le atiende un tío de cofradías. Va usted a encargar un porte a Seur y le toma nota un capataz. Llama al cerrajero y acude a su casa un músico que toca tras los pasos de palio. Y va uno a los juzgados y asiste al hat-trick de las togas, como ocurre estos días en la Audiencia, donde está interpuesto un recurso (1735/15) contra la sentencia del pleito de la escalera. Qué de casualidades y coincidencias hay en el conocido como pleito de la escalera. Unas coincidencias que sólo se dan en Sevilla y que se entiende que no colisionan con el artículo 216 de la Ley Orgánica del Poder Judicial sobre las causas de abstención y recusación de un juez. Como diría Lopera, fijarze bien. En el estrado de primera instancia, el magistrado Francisco Berjano, que ha sido pregonero y hermano mayor de la Vera-Cruz. En la acusación, el abogado Fernando Rodríguez Galisteo, muy conocido de la Soledad de San Lorenzo. En la defensa, el consejero delegado del Domingo de Ramos, Francisco Vélez, hermano de la Vera-Cruz y de la junta superior que, por cierto, nombró a Berjano pregonero. La denunciada, la Hermandad de la Sed. Y el denunciante, Manuel Roldán, hermano de La Sed que hacía las funciones de prioste y que se cayó de la escalera cuando cargaba cruces para ser prestadas a la hermandad del Polígono de San Pablo. Con tanto conocido de las cofradías, el pleito huele a incienso que espanta.

–Oiga, ¿tiene a mano un caramelo para la tos?

El afectado solicitaba nada menos que 114.951 euros por las lesiones sufridas cuando se cayó en el almacén de la calle Valeriano Bécquer. Asegura que resbaló por efecto de la cera acumulada y porque la escalera carecía de cantoneras de goma en sus puntos de apoyo.

Vaya por delante que Su Señoría absolvió a la hermandad, de ahí que el denunciante haya recurrido ante la Audiencia, donde se barrunta que el fallo estará para Navidad. La sentencia de Don Berjano refiere que el afectado desempeñaba esos días funciones de prioste por la dimisión de los oficiales de junta. ¡Si es que a esta historia no le falta un perejil!

El magistrado dice literalmente que es “de cajón” que cuando uno coge una escalera se debe preocupar de que alguien la sostenga, “una medida prudente, fácil y habitual”. ¡Olé, don Francisco, eso es de cajón! Incluso refiere que el afectado “pudo negarse a hacer” la tarea de bajar las cruces, “pues nadie lo obligaba”. Incluso pone muy en duda que la supuesta cera acumulada causara un resbalón, pues “tan sólo cuando se encuentra en estado líquido o semilíquido es cuando puede provocar, por la grasa que contiene, el deslizamiento, como ocurre con la cera que se encuentra en la calzada, producto de la fundición de la misma por el calentamiento del asfalto”. ¡Olé otra vez, ese magistrado que se conoce bien el mundillo!

Berjano sentencia que la Hermandad de la Sed no ha actuado con negligencia. Ydeja claro que el afectado asumió las funciones de prioste “motu propio” (dicho sea con el debido respeto a Su Señoría, se escribe motu proprio). El pobre Roldán no sólo no gana, sino que le caen encima las costas: 10.000 euros del ala.

Ya saben, queridos cofrades. ¡Cuidado con las escaleras! Porque suban o bajen, siempre hay cofrades en todos los peldaños. Este pleito se podía haber resuelto en la barra del Rinconcillo, ¿verdad Enrique Henares? Qué cierto es eso de tengas pleitos y los ganes. ¿Lo mejor de todo? Los dos hermanos de San Pablo que fueron a recoger las cruces, que fueron citados como testigos y dijeron que no habían visto nada, que sólo oyeron el estruendo de la caída. Son como yo: que no veo nada. Porque el día que me da por mirar papeles… Ay, Señor, Señor. Que me da un pasmo, como le va a dar a la aseguradora de la hermandad si a la Audiencia le da por darle un vuelco al caso. Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir… al almacén.