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En defensa de un estilo

El Fiscal | 5 de marzo de 2017 a las 5:00

1979

Ya no hay ordenanzas de librea con guantes blancos en el escenario del Pregón. Ni casi se ven esas pobladas barbas. Ya no hay esa batería de micrófonos. Ni el Pregón es en el Lope de Vega. Siguen estando los chaqués, la policía local de gala, los tapices, las autoridades y, por supuesto, el querido Martín Cartaya. Con el fallecimiento de Manuel Toro se ha pasado página a una época, un estilo, unas formas y una concepción de las cofradías que comenzó a decir adiós con el repentino fallecimiento de Luis Rodríguez-Caso. Se ha ido en poco más de una década un repertorio de cofrades de primera fila como José Sánchez Dubé, Juan Fernández Rodríguez García del Busto, Juan Foronda, Juan Castro, Rafael Duque del Castillo, José María O´Kean, Adolfo Cuéllar, Diego Lencina, Francisco Yoldi Delgado, Ramón Ybarra, Ramón Pineda, Eduardo Ybarra, etcétera. Incluso hay que citar sacerdotes muy, pero que muy cofrades, como don Eugenio Hernández Bastos, en la Redención; don Antonio González Abato, en el Tiro de Línea, o don Manuel del Trigo, el cura del Salvador. Con sus matices, distintos en algunos aspectos, ¡cómo no!, pero unidos por el compromiso con las hermandades, por considerar las cofradías idóneas para vivir la fe cristiana. Clásicos, serios en el mejor sentido, comprometidos. Toro era el Museo. Era verlo con su traje impecable, pico de pañuelo blanco asomando por el bolsillo superior de la chaqueta, y pensar de inmediato en su cofradía. Esa identificación plena de la persona con una hermandad se logra en pocas ocasiones. ¿Cuánta gente no da por hecho que Toro fue hermano mayor del Museo? En realidad nunca lo fue. ¿Cuántos no siguen creyendo que don Juan Moya García o don José Sánchez Dubé lo fueron de Los Estudiantes y La Estrella, respectivamente? Pues nunca lo fueron. Ni falta que les hizo a ninguno. Con tal intensidad se dedicaron a sus hermandades, imprimieron tal pasión, que lograron sin pretenderlo ser plenamente asociados con ellas. El imaginario colectivo los recuerda con la vara dorada. Aprovechen las nuevas generaciones interesadas en las cofradías para conocer los testimonios de los cofrades mayores que hoy, por fortuna, siguen entre nosotros. Oigan el relato de los recuerdos impagables de las familias (algunas tan injustamente denostadas hoy) que fueron fundamentales para mantener viva la llama de muchas hermandades en los peores años. Atiendan a la descripción de una Semana Santa probablemente más pobre, pero quizás más auténtica por menos sofisticada y, por lo tanto, con más emoción interior y menos afición impostada. Una Semana Santa que generó amor puro en quienes vinieron de fuera a conocerla y en ella se integraron, o la valoraron mejor que muchos sevillanos, como el salmantino Alfredo Flores, el peruano Jorge Bernales o el canario Francisco Morales Padrón. Con la muerte de Manuel Toro se pierde un estilo. “Que se me quiera y sepa oír”, tituló la primera parte de su pregón de 1979. Hoy recuerdo la grabación del glorioso arranque dedicado a la Virgen de la Esperanza, cuando recreó cómo la lluvia truncó los planes de la coronación de 1964 y unos versos escritos en la pared osaron reñir a la Macarena a su regreso por la calle Parras: “Te fuiste por cuatro días/ y tardas siete en volver/Madre mía Macarena/¡no nos lo vuelvas a hacer!”. Ahí tuvo que aplaudir hasta el ordenanza de librea después de tirar los guantes. Claro que se le supo oír. Claro que se le quiso oír.

50 años de fidelidad baratillera

Moeckel

Qué lejos queda aquel recuerdo que a modo de fogonazo deslumbra la memoria. Aquel Miércoles Santo de 1971, con sólo cinco añitos. Era un nazarenito, hijo de un hermano mayor de los que mandaba. Mandaba tela. Aquel niño era estudiante del Colegio San Isidoro, tardes de juegos en los derribos del barrio de Santa Cruz. Un niño tan listo y espabilado como algo enclenque. Años de huchas amarillas con  tapas verdes que así eran las huchas del Domund. Años de limpiar plata en silencio y aprender de las tertulias de los mayores. “Hoy hay junta de gobierno”, se oía. Yera una suerte de Extra omnes  vaticano. Todos los jóvenes debían abandonar las dependencias. Años de trabajar en la hermandad hasta los domingos por la tarde si la autoridad paterna lo dictaba. Todos entregados a una causa llamada Baratillo. Después vendrían los oropeles del cargo de hermano mayor, el reconocimiento del Papa Benedicto y otros pleitos y alegrías. Pero hoy es día para rendir tributo a la memoria junto a amigos como Ángel Gallardo. Hoy es día de reabrir el antiguo Bar Atillo, recordar el concepto familiar de hermandad, aquellos primeros callejeos de Semana Santa con Jesús Eguino y las noches de Lunes Santo ordenando los cirios por números, marcando con cinta aislante los de los últimos tramos: azul para los blancos y roja para los azules. Joaquín Moeckel celebra hoy sus 50 años de hermano del Baratillo. En la capilla de la Piedad aprendió a ayudar a misa. En ella se hizo persona. 50 años de fidelidad. Y orgullo.

Oído en una tertulia
“¿Tú sabes qué consejero de la anterior junta superior fue sorprendido revendiendo unas sillas y sacando una generosa plusvalía de la operación? Al comprador se le ofreció la posibilidad de denunciar el caso formalmente, por lo que al consejero se le habrían quitado sus derechos como titular, pero la cosa no fue a mayores porque se prefirió una solución sin traumas… ¡Ahora nos hemos enterado de aquel bacalao!”.
Macareno en Madrid
Carlos López Bravo, el activísimo secretario del Consejo de Cofradías, pronuncia hoy el pregón de la Hermandad del Gran Poder y la Macarena de Madrid. ¿Estará allí Santiago Álvarez, favorito de López Bravo como futuro hermano mayor de la Macarena?
El ejemplo del Kichi
¿Han visto durante el concurso de agrupaciones en el Falla los anuncios del Ayuntamiento de Cádiz proclamando que “el carnaval no es el botellón”? Hay quien dice que Juan Espadas podría encargar para Sevilla unos anuncios similares. “La Semana Santa no es permanecer en una sillita de chino comiendo pipas”. Ya se sabe. La defensa de lo obvio conduce a la frustración.
El pertiguero
Primer golpe. Vayamos a lo sustancial. ¿Tendremos o no tendremos a la Virgen del Dulce Nombre con la saya rosa el próximo Martes Santo? Segundo golpe. ¿Qué alto cargo del Consejo y qué conocido político han logrado su particular pellizco del número de la lotería premiado en la Hermandad de Montserrat? Tercer golpe. Una cuidada edición. Precioso el especial sobre el Señor de la Oración en el Huerto que ha editado Páginas del Sur bajo la coordinación del experto José Fernando Gabardón de la Banda. Y ciriales arriba. Oído en otra tertulia:“¿Qué dices que se está preparando por los cuatrocientos años de ambas imágenes? Anda, anda. Eso está todavía muy verde. Sí, si eso fuera así, hay que empezar ya. Pero aún tiene que llover mucho”.

El Lagarto de la Catedral:  “Don Carlos sigue incombustible, querido y siempre inquieto Fiscal. El viernes estuvo en el Gran Poder, donde presidió el culto a la Virgen, y hoy está en Torreblanca, el barrio donde tanto se le quiere. Siempre pone a la hermandad de Torreblanca como ejemplo en todos los sentidos”

Madrugada: fracasa el pacto del Aero

El Fiscal | 30 de octubre de 2015 a las 5:00

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AYER era el día D. Todo estaba previsto para cerrar a mediodía el acuerdo entre las seis hermandades de la Madrugada y acabar con una polémica que va más allá de lo estrictamente cofradiero, pues se trata de un asunto que interesa directamente a la seguridad de la ciudad en la noche principal del año. La Madrugada tiene que dejar de ser a ciertas horas una nochevieja con pasos para volver a ser lo que siempre fue. Como el plan montado por el Consejo por medio de una consultora privada no gustaba nada al Gran Poder, las hermandades optaron por trabajar una alternativa entre ellas, una solución consensuada sin mediadores. Con ese objetivo se afanaron los seis diputados mayores de gobierno. La verdad es que cogieron algunas ideas del polémico plan, como son las variaciones de algunos recorridos, y descartaron la principal: el orden de paso por la carrera oficial no se modifica. Hecho casi todo el trabajo previo, tocaba que los seis hermanos mayores se vieran las caras, peinaran algunos flecos y sellaran el pacto. Y eso debía ocurrir ayer. ¿El lugar? El muy discreto salón de los espejos del selecto Aero, la estancia también conocida como la pecera, desde donde se ven los peatones (y bicicletas) de la Avenida sin ser visto. Cuentan que en el Aero eran elegidos los alcaldes de Sevilla en otros tiempos, cuando no se precisaba de pactos para gobernar, precisamente, sino tan sólo del visto bueno procedente del Pardo.

En la pecera se coloca una mesa para seis. Sin representantes del Consejo ni diputados mayores de gobierno. Todo iba sobre ruedas. Todos aceptan no alterar el orden de paso. El Gran Poder no da muestras de desacuerdo alguno, pues se queda en segundo lugar y hace el camino de regreso por donde siempre. El Calvario adelanta su salida unos diez minutos. La Esperanza de Triana tiene que hacer la ida por Canalejas y Bailén, con un esfuerzo especial para dejar libre el paso al Gran Poder por Gravina, por lo que se pospone la posibilidad de cruce entre ambas cofradías. El Silencio alarga su retorno por San Miguel para evitar el cruce con la Macarena y Los Gitanos acepta también una suerte de rodeo a la ida. La clave de este acuerdo es que todas las cofradías se comprometen a un esfuerzo especial, a un juego de compresiones, rodeos y leves modificaciones de recorrido para no sacrificar más a la gran sacrificada: el Gran Poder, cuyo cortejo es el que más se aleja de su propio templo en el recorrido de regreso.

Pero todo se vino abajo cuando el hermano mayor de la Esperanza de Triana confirmó las reticencias de su diputado mayor de gobierno. No tiene nada claro que su cofradía pueda comprimirse tanto ni que los pasos quepan por la estrechez de Bailén, un tramo donde ya ha habido casos de autobuses taponados. Se harán las mediciones oportunas, pero con un recelo inicial que no aventura buenos resultados. La Esperanza de Triana ya ha sufrido en los últimos años para dejar libre el cruce de San Pablo y Zaragoza a la cruz de guía del Gran Poder, metiendo el paso de palio entre los nazarenos de los últimos tramos.
Con la Madrugada nuevamente enquistada, esta vez por el rechazo procedente de Triana, hay quien augura que esto huele a decreto antes de Navidad. El Aero ha dejado de ser el talismán para las grandes decisiones de la ciudad.

La crisis de autoridad

El Fiscal | 26 de octubre de 2015 a las 10:56

MADRUGÁ  EL GRAN PODER
EL lío de Madrugada está descubriendo incapacidades y prepotencias, inutilidades y caracteres pusilánimes, chulerías y ánimos serenos. Algunos han exhibido su verdadera talla, a otros se les ha visto la piel de lobo (¡Auuuu!) bajo el disfraz de aparente cordero y, en general, se ha confirmado casi todo lo que ya se intuía sobre los perfiles de cada uno de los protagonistas de esta trama.

–¡Vaya trama!
–No lo sabe usted bien.

Recuerdo una tarde de llamadas telefónicas a varios hermanos mayores para actualizar la información del programa de mano de Semana Santa. Cuando se preguntaban los datos de las flores, la saya de la Virgen, el número de nazarenos aproximado y otras observaciones, la mayoría de las respuestas eran reveladoras. “Las flores y la saya son decisiones del prioste”. “Tengo que consutarlo con el prioste, no quiero condicionar su decisión”. “El número de nazarenos hay que esperar a lo que diga el mayordomo”. “La túnica del Señor se decide en la junta de gobierno”. “No le puedo decir ningún dato en firme, llame al mayordomo”. Era raro, diríamos que un caso insólito, el hermano mayor que demostraba un conocimiento exhaustivo de su cofradía o que gozaba de autoridad para obtener con un golpe de teléfono los datos precisos.

La crisis de autoridad que padece la sociedad actual, donde se confunde autoridad con autoritarismo, no es ajena a las cofradías. La autoridad y la negociación son conceptos sustituidos por tabúes como el diálogo y la búsqueda del consenso, marcas blancas que la mayoría de las veces son escondrijos para tapar los perfiles débiles, incapaces o acomplejados. ¿Qué es eso de que unos hermanos mayores provocan que el Consejo haga el ridículo y no atienda a los medios de comunicación después de haberlos convocado? ¿Qué clase de desconocimiento del mundo actual revelan quienes imponen el apagón informativo sobre una reunión y sobre un dossier cuyos folios acabaron publicados en estas páginas en menos de 24 horas? ¿Qué es eso de recurrir a la “necesaria y obligada” consulta a la junta de gobierno para aplazar cualquier pronunciamiento? ¿Qué clase de dirigentes aceptan con resignación hacer el ridículo de comparecer ante los medios para decir que no pueden decir nada? El Consejo, sin saberlo, inventó ese día la rueda de prensa sobre la nada con el aval de la autoridad eclesiástica. Habíamos visto el ridículo del plasma de Rajoy o las convocatorias de los grandes partidos políticos que leen un comunicado y no admiten preguntas. Pero nunca la citación a la prensa para el esperpento nunca visto, la vuelta de tuerca al género absurdo, el no se vayan todavía que aún hay más, el ejemplo más nítido de que lo mejor está por llegar:

–Buenas noches. Les hemos convocado para decirles que no podemos decirles nada.

Aquí nadie dice nada. Nadie decide nada. Todo el mundo tiene que consultar, delegar, consensuar y mover el tio-vivo para que los caballitos queden en la misma posición. La perdiz mareada. Las cofradías sufren una crisis de autoridad. El nuevo poder son los priostes, los capataces, los sacristanes, los costaleros. Y en esta tesitura, el más bravuconcete de la clase se lleva el gato al agua. Aunque tenga que consultar con la junta de gobierno, por supuesto. Menuda liturgia boba. Qué tropa.

Y Moeckel no daba el perfil…

El Fiscal | 18 de febrero de 2015 a las 5:00

sevilla 23 noviembre 07. entrevista a joaquin moeckel. foto> carlos marquez.
Cuentan las lenguas antiguas (¡Ole!) que hubo un tiempo en que varios hermanos mayores de la Madrugada decidieron proponer de delegado de la jornada a un peso pesado de las cofradías, de los que dicen las verdades al arzobispo a puerta cerrada y a micrófono abierto, y además resultan mucho más leales que los meapilas del misticimo de tres al cuarto y la espiritualidad de la ojana. Esas mismas lenguas recuerdan que hubo alguien que puso sobre la mesa el nombre del abogado Joaquín Moeckel, el mismo que se enfrentó al cardenal Amigo y que después, cuando fue condecorado por Su Eminencia por su labor clave en la restauración del Salvador, le dejó claro en el discurso de agradecimiento que seguiría discrepando de la autoridad eclesiástica cada vez que fuera necesario. Vamos, que no se fuera a pensar Don Carlos (que seguro que nunca lo pensó porque es inteligente) que con una medalla compraba el silencio del letrado del Arenal. Y las mismas lenguas evocan que alguien vetó a Moeckel diciendo que no daba al perfil, que no tendría capacidad para poner orden en la jornada, pese a que la tiene y la tuvo para tantas empresas. Viendo el espectáculo de las dos últimas semanas y las alusiones a los puñetazos, uno recuerda de nuevo (sí, otra vez, ¿pasa algo?) aquella teoría del perfil, que no era más que la concha en la que se camuflaba la mediocridad de personajillos que ya vivieron su cuarto de hora de gloria. Sin vara dorada no son nadie. Y a Moeckel lo llaman para opinar de televisiones de toda España. Y no le preguntan por la Madrugada. ¡Toma del frasco!

¿Quién manda en las cofradías?

El Fiscal | 28 de enero de 2013 a las 18:17

Tal vez se lo hayan preguntado alguna vez en alguna tertulia a esas peligrosas horas en que aparecen los aspavientos y dejan de hablar las lenguas para hacerlo los brazos. ¿Quién manda en la Semana Santa? ¿Quién manda en las cofradías? ¿Quién maneja los hilos? En su tiempo había hermanos mayores a los que no era fácil toserles. Pero la nómina fue perdiendo fuerza y prestigio, al igual que le ha ocurrido a la política. Han llegado a hermanos mayores gente que no debiera haber pasado de secretario segundo. Así de duro. Y, claro, a esta gente la sueltan a negociar en el Palacio Arzobispal, en el Ayuntamiento o en el Cecop, y se los meriendan con queso.
Ejemplos actuales
Esta semana hemos vivido un episodio más de la falta de autoridad de las cofradías. Ha bastado un movimiento de la Subdelegación del Gobierno para tumbar todo el planteamiento de recorridos del vía crucis del día 17. Llegó el Cecop, como el comandante, y mandó callar. Y todo ha ocurrido después de haberse hechos públicos horarios e itinerarios. El Cecop manda ya en la Semana Santa más que los gobernadores civiles de Franco. A los hermanos mayores los convocaron por la vía de urgencia en el Consejo, cuyo presidente niega que haya imposiciones, sino recomendaciones. ¡Marchando media ración de buenismo! Las cosas son los que son y no lo que las partes dicen que son. En la noche del viernes hubo atragantamiento de sapos en la sede del Consejo. Tan es así que en la puerta estaba la pizarra con el plato del día: El cheff recomienda hoy sapo a la plancha. Pero era solo una recomendación, ¿eh?
Vera-Cruz
El próximo viernes, a las 20:30 horas, la Hermandad de la Vera-Cruz presenta en su capilla el nuevo trabajo discográfico Músicas de la Vera Cruz, a cargo de las formaciones que han participado en este disco: el cuarteto de voces graves Punctum mora vocis, de Sevilla, y el trío de capilla Gólgota, de Huelva. La corporación compendia así en un disco su patrimonio inmaterial, esos sonidos que muchos asociamos al sello inconfundible de una cofradía y al recogimiento de la noche del Lunes Santo.
El pertiguero
Primer golpe. Elogiable. La Carretería baja el precio de las papeletas de sitio nada menos que un 25%. Ylas cuotas de hermano se abaratan hasta en un 16%. Segundo golpe. Oído en el Tardón. “Te aseguro que hay costaleros de la Virgen que no quieren participar en la salida del día 17 en desacuerdo por el tramo de recorrido que se les ofrece”. Tercer golpe. Pasarela blazer. A Eusebio León se atribuye la sugerencia en las redes sociales de crear un nuevo Simof, pero en versión Salón de la Moda Cofradiera. Y ciriales arriba. Quienes esperan con más ilusión el domingo 17 de febrero son los empresarios de la hostelería. Enero y febrero son tradicionalmente los peores meses del calendario. En ese día tienen puestas la esperanzas de hacer una caja que remonte los balances.