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Madrugada 04:37

El Fiscal | 13 de abril de 2015 a las 10:58

Gráfico: Detalle de los incidentes de la Madrugada de 2015

Gráfico: Detalle de los incidentes de la Madrugada de 2015. Pinche para ampliar.

 

 

TODO estalla a las 04:37 minutos. Ahí se quiebra verdaderamente la Madrugada. El golpe desaborla el cortejo de una cofradía de siete siglos, cuyos nazarenos se recomponen con gran celeridad por el sentido de la disciplina que todo hermano del Silencio lleva interiorizado, sello del patrimonio inmaterial de esta primitiva cofradía. La noche había transcurrido con normalidad con el único antecedente, aislado hasta entonces, del tumulto que afectó a los tramos del Señor de la Salud, de Los Gitanos, en la calle Butrón.

El caso es que a las 04:37 minutos del Viernes Santo se sufren los efectos de una gran estampida en lugares muy distintos como el sector de Orfila, Cuna, Lasso de la Vega y el sector de la Plaza del Duque. El Ayuntamiento atribuye todo a las carreras generadas por la intervención policial en una reyerta en la Plaza de la Encarnación. Pero la Encarnación y el Duque están separados en Semana Santa por las parcelas de sillas de la Campana, que actuarían como bloque de contención de la fuerza arrolladora procedente de Laraña. Y en la Campana a esa hora estaba entrando la Macarena con toda normalidad y sin el menor incidente. La primera hipótesis que se baraja, por lo tanto, es que no sólo fue la reyerta de la Encarnación la que sembró el pánico en la cofradía del Silencio. Hubo, al menos, una estampida más que afectó a la cabeza del cortejo, situada en el Duque. La otra hipótesis, la que defiende el Ayuntamiento y la Policía Nacional, es que las carreras provocadas por la reyerta en la Encarnación sí tuvieron fuerza como para expandirse en menos de un minuto hasta el Duque, pues habría habido gente de Orfila y Lasso de la Vega que desembocó en el Duque a través de la calle Tarifa.

Madrug‡ Peleas y gente corriendo en la calle Cuna y Encarnaci—n.

Así se vivió el tumulto

Son las 04:37. La Santa Cruz está en la Plaza del Duque, justo a la altura de la puerta de acceso al gourmet de El Corte Inglés. El fiscal reanuda la marcha con toda naturalidad, según lo previsto, cuando una avalancha procedente de la zona central de la plaza, justo desde el lugar donde se localiza el monumento a Velázquez, se dirige contra los primeros tramos de la cofradía. El fiscal de cruz protege con sus brazos a los dos pequeños pajes que lo flanquean y se los lleva a los soportales de los grandes almacenes, donde los mantiene a salvo junto a una columna durante los instantes que duran los tumultos. La madre de uno de los pajes contempla la escena y agradece la labor inmediata y rápida del fiscal de cruz. Pasan dos o tres minutos. No más. La cabeza del cortejo se recupera para reanudar la marcha. Un agente de Protección Civil solicita entonces al mismo fiscal de cruz que no tenga prisa en regresar a San Antonio Abad –“déjese ir un poquito”– porque el ambiente en las calles Alfonso XII y El Silencio no es el más apropiado para la entrada de la cofradía. Hay que dar tiempo a la Policía a garantizar la seguridad de la entrada. La Santa Cruz entra finalmente a las 4:46 en lugar de a las 4:42, un pequeño retraso obligado que terminaría siendo más que recuperado.

Todos los tramos de nazarenos sufren en mayor o en menor medida los efectos de la algarada. La representación de la Hermandad de Jesús Nazareno de Setenil de las Bodegas, situada justo delante del estandarte que abre el último tramo del Señor, sufre la avalancha en la calle Aponte. El hermano mayor de esta cofradía gaditana pierde la medalla. De esta representación forma parte una nazarena embarazada que es instada por el diputado canastilla a tomar asiento en un marmolillo de grandes dimensiones. El diputado acaba en el suelo cuando trata de asistir a esta señora. Los dueños del restaurante chino de la calle Aponte sacan botellas de agua que ofrecen al público y a los nazarenos. Se trata de calmar los nervios.

El paso de Jesús Nazareno se encuentra a las 04:37 avanzando por la confluencia de las calles Javier Lasso de la Vega, Amor de Dios y Tarifa, un punto especialmente conflictivo en 2000. El capataz ordena arriar el paso en cuanto comienza el tumulto. Uno de los pajes sale corriendo ante la fuerza arrolladora que viene por detrás del paso procedente de Orfila. Su padre, que va de contraguía, se lanza a por el pequeño y se lesiona la clavícula. Los demás pajes se refugian en el interior del paso. Uno de los agentes de la escolta de la Guardia Civil desaparece de la escena sin que nadie acierte a saber el motivo. En lugar destacado del público está el joven sacerdote Antonio Romero Padilla, párroco de Carrión de los Céspedes. Vestido de clériman, es de los escasos miembros del público que no sólo no se lanza a la carrera, sino que contribuye a calmar al público. Entre las personas a las que asiste se encuentra, presa de un ataque de nervios, una mujer ciega que aguardaba en primera fila a tocar el paso de la Virgen en recuerdo de su madre fallecida recientemente, de nombre Concepción. La labor de este cura resultó clave para reinstaurar la calma, al igual que la de un agente de la Policía Nacional que luce la medalla de la hermandad y que desde el primer momento recorre el cortejo de tramos del Señor moviendo los brazos en señal de tranquilidad. Todo ocurre en pocos minutos en un contexto de gritos, rostros de pánico y escenas de angustia. Los tramos se rehacen muy pronto. Hay nazarenos a los que les tiemblan las manos. En el público hay pequeños y mayores sumidos en la congoja. La capilla musical recibe instrucciones para no dejar de tocar las saetillas hasta la entrada.

Los tramos de cera blanca se despliegan por Lasso de la Vega y Orfila, donde un particular toma un vídeo que resulta clave para que la ciudad se haga una idea tanto de la agresión sufrida por la cofradía como del sentido de la disciplina de los nazarenos del Silencio. El tramo tercero, el de las cruces, está formado en la curva entre Orfila y Lasso de la Vega en el momento de los tumultos. Los penitentes ruedan, se parte una cruz, desaparecen dos cruces y aparece un antifaz por el suelo. La representación de los Panaderos se refugia en el interior de su capilla, que ofrece para atender a los nazarenos con ansiedad y al público en general. Un nazareno se protege de la turbamulta encaramado a un ventanal. Las vallas de la puerta de la capilla de Los Panaderos se caen y provocan un estruendo que aumenta aún más la alarma. Hay diputados que preguntan uno a uno a los nazarenos de su tramo por su estado de ánimo. Dos diputados exteriores, que van de paisano, hacen lo posible por calmar a los nazarenos y atienden a varias mujeres con ataques de ansiedad. San Antonio Abad está cerca. Un diputado va con el canasto roto. Alguien del público le ayuda a recuperar los papeles con el listado del tramo. Un agente de la Policía Nacional se dedica en exclusiva en el arranque de la calle Orfila a tranquilizar a una joven que muestra evidentes síntomas de estar sufriendo un cuadro de ansiedad. Toda la cofradía queda marcada por el miedo a una réplica de las avalanchas. Pero toda la cofradía retoma el paso en orden y compostura. Y la inmensa mayoría del público también.

El paso de la Virgen de la Concepción está a la altura del número 11 de la calle Cuna a las 04:37. Está arriado cuando se percibe el estruendo que antecede a la avalancha. Un testigo cualificado asegura que la estampida procedente de la Plaza de la Encarnación es similar a las carreras de los Sanfermines. Los ocho policías que hay en la confluencia de Laraña con Orfila no pueden detener a la masa. El fiscal del paso protege a todos los pajes. El público que corre aparece por los laterales del paso. Los manigueteros traseros salen despedidos. Uno de los pajes que realiza funciones de peón y que se sitúa detrás del paso decide refugiarse en un bar muy próximo. Después retorna a su lugar con toda naturalidad. El cortejo del preste, situado a la altura del número 13, se rompe al completo. Sus componentes, donde hay varios niños de diez años, se protegen pegándose a las fachadas de los edificios de ambas aceras. En medio de la fila sólo queda un agente de la Guardia Civil que se echa la mano al arma reglamentaria mientras escruta su alrededor. Uno de los acólitos veteranos que flanquean al preste también recupera muy pronto la posición en el centro de la calle y pide calma. El diputado canastilla del cortejo está con los brazos abiertos protegiendo contra la pared a cuatro o cinco acólitos, todos ellos menores. Una señora del público pide tranquilidad y ofrece al canastilla un auricular de la radio para que compuebe que la Macarena está entrando en la Campana con toda normalidad. “¡No pasa nada, no pasa nada, puedes escucharlo, os quieren hacer lo mismo que en 2000!” Aparecen rápidamente varias madres de acólitos. Se hace recuento de todos los niños y se comprueba que ninguno ha perdido los zapatos. El cortejo del preste no se recompone hasta que entra en Javier Lasso de la Vega, cuando se vuelven a encender los cirios, pero varios están rotos. Queda una hora para la entrada del paso de palio, una hora de tensión contenida. Cuando el paso entra a las 05:38, el agente de la Policía Nacional se dirige al diputado canastilla en el último tramo del recorrido: “Mete ya el tramo que por el Museo hay más guasa”. El cortejo del preste no espera a que el paso avance en el interior del temlo y deje espacio libre. Todos los niños acceden al templo pegados al manto o haciéndose hueco por los laterales. La puerta es cerrada. La fiera ruge en el exterior. La angustia, como la procesión, queda dentro.
cuna cortejo