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El pregón del caracol

El Fiscal | 10 de junio de 2018 a las 5:00

La Mina  Pregón del Caracol a cargo de Luis Miguel Martín Rubio

CUANDO el mundial de fútbol en Corea y Japón se comprobó en España la cantidad de gente que no tiene nada que hacer por las mañanas, o que tiene una gran flexibilidad para quitarse del currelo y dejar de darle a los pedales de la productividad. Los bares de Sevilla, como los de Madrid y como los de muchas ciudades de España, se llenaban de clientela rojiblanca a las diez o a las once de la mañana para ver correr a los de Camacho hasta que cayeron en cuartos de final, como de costumbre hasta 2010. España es una nación (por ahora) donde la gente está muy ocupada hasta que, sencillamente, deja de estarlo. En Sevilla se apreció con nitidez el pasado lunes, con ocasión de la II edición del Pregón de Caracol.

–¿Pero eso existe?
–Ahora se lo cuento.

El acto no era a las ocho y media de la tarde, cuando se convocan la mayoría de las citas sociales en los salones de Cajasol o la Caja Rural. No, no, no. El pregón era a las dos de la tarde en el bar La Mina. El que no ha estado nunca en La Mina no sabe lo que es una taberna en Sevilla. Y la Mina estaba hasta la corcha de un público que se hartó de reír con las ocurrencias y la gracia de Luis Miguel Martín Rubio. Pero no crean que estaba aquello repleto de parados deseosos de trincar una espumosa sin pasar por taquilla. Repetimos: no, no, no. Allí había tanto personajes de la ciudad como grandes aficionados al género, pasando por empresarios y seguidores incondicionales de Luismi. Y era lunes a mediodía, oiga. El maestro Olivencia recordaba habitualmente la cita del si quieres que algo se haga en plazo debes encargárselo a una persona ocupada. Es la forma de asegurarse el éxito. En Sevilla, si quieres llenar de verdad un acto, debe ser restringido y en horario laboral. La II edición del pregón del caracol fue un exitazo, sobre todo cuando Luismi rimó cabrilla con Sevilla… ¡Eso es un pregón digno de un molusco tan preciado! Cómo no, expuso la dualidad entre el caracol y la cabrilla, que no sólo rimó con Sevilla, sino también con orilla, del Guadalquivir naturalmente. Luismi es el poseedor de la gracia. Cae bien porque siempre tiene un minuto para usted, aunque vaya con prisas. Luismi se quedó sin carrera política municipal cuando fue enviado al frente cordobés de Cajasur. De Agesa a la caja de ahorros del Cabildo Catedral que ya estaba al borde del golletazo. De la Cartuja, con opciones casi diarias de proyección en Sevilla, a la lanzadera cotidiana hacia Córdoba a las siete de la mañana. Qué astuto fue el que mandó a Luismi a echarle una mano a los curas en Córdoba. ¿Quién sería?

Por fortuna llegó para Luismi uno de los momentos más anhelados de su trayectoria pública. No todo en la vida son baches como el premio envenenado de Córdoba. ¡Por fin ha dado el pregón del caracol! Subido en lo alto de una caja de botellines, ligando rimas imposibles y cantándole a algo tan serio como es el manjar predilecto de las primaveras altas.

Luismi suena para el pregón de los apartamentos turísticos, para el pregón de la SE-30, para el pregón de las despedidas de soltero, para el pregón de las bicicletas, para el pregón de las peatonalizaciones, para el pregón del AVE Sevilla-Huelva y hasta se perfiló para el pregón del congreso provincial del PP donde todos éramos de Juan Bueno hasta que fuimos siempre, siempre, de Virginia y Beltrán Pérez, dualidad particular de Sevilla que rima con cabrilla tomada bajo la sombrilla. O encima de una esterilla.

Sevilla es un continuo pregón, un eterno receso de los problemas del día a día, un motivo perpetuo para hacer algo tan serio como reírse. Sí, se apreció con claridad el pasado lunes. Como se vio en toda España aquel 2002. “¿Pero no tenéis que trabajar, criaturas mías?” Siempre lo preguntan los envidiosos. “Todo el día dando pregones”. Siempre lo proclaman los resentidos. “No hay día sin fiestorro”. Siempre sueltan el dardo los que tienen gatos en la barriga. En el fondo es porque todos quieren ser Luismi, todos querrían poder escaparse del trabajo o de casa nada menos que un lunes.

Sevilla es un atril con cola de espera donde o das un pregón o te lo dan. Ni un español sin pan, ni un sevillano sin pregón. Arrepentido, el lunes por la mañana estabas arrepentido, porque Luismi dio el pregón del caracol… Y tú no habías ido. Pringao, estabas trabajando.

Pregonero
Dicen que al Consejo han llegado fuertes presiones desde los días de Feria para imponer a un pregonero en particular para 2019. Recuerden que se elige en septiembre. Incluso se refieren todopoderosos padrinos de la operación. Nanai. Los supuestos avalistas o mentores ya han dejado claro que ellos no tienen absolutamente nada que ver con la iniciativa por legítima que sea.

Hace 25 años
El martes se cumplen exactamente los 25 años de la llegada del Papa Juan Pablo II. Lo que mejor recuerdan los sevillanos es la imagen del pontífice de rodillas ante la Pura y Limpia en altar de la Statio Orbis. La fotografía se exhibe enmarcada en la capillita del Postigo. Pasar por allí estos días puede ser la mejor forma para recordar aquella visita de la que hay que hablarle a las nuevas generaciones.

El pertiguero
Primer golpe. Los Estudiantes. Se buscan donantes para costear el nuevo paso del Cristo de la Buena Muerte. Segundo golpe. Oído en San Gregorio: “Te dije que la clave era no decir tan pronto que no al intento de reforma de la carrera oficial, sino dejar que los de siempre mareen la perdiz. Y cuando tengamos en la mesa los mantecados, entonces decimos que no con rotundidad. Y en ese momento ya no da tiempo a seguir elucubrando de cara a 2019 y no hay más remedio que dejar el debate para 2020”.  Tercer golpe. Días de felicidad en el taller de los Hermanos Delgado. El encargo de la corona para la Virgen del Rocío, patrona de Almonte, sigue teniendo un gran eco. Y ciriales arriba. Verídico. Sí, me escribió Irene Gallardo cuando estaba en Jerez. Yle dije que estaba casualmente en un sitio llamado… Canela y clavo.

El lagarto de la Catedral:

“Querido Fiscal, te aseguro que a nadie le ha sorprendido la última lista de nuevos cardenales. En Sevilla se tiene muy claro que los tiempos son ahora muy distintos, que la diócesis no puede aspirar a nuevas púrpuras. Por eso no ha sido ninguna sorpresa”