Archivos para el tag ‘Luis Rodríguez-Caso’

Episodios extraños en la diócesis

El Fiscal | 8 de diciembre de 2013 a las 5:00

En esta diócesis están pasando cosas muy raras, nunca vistas. Gente que sólo eran conocidas en su casa a la hora de comer alcanzan las parroquias más señeras. Echa usted una mirada a la asamblea de canónigos y le ocurre como a la plantilla de consejeros: que con suerte conoce a dos o tres. De los demás, ni pajolera idea. Y hay que hacer esa pregunta tan sevillana: “¿Y éste quién es?” Oen su modalidad menos caritativa y más directa: “¿Y dónde ha empatado este hombre o qué regalo ha hecho para estar donde está ahora?” Corren ya con fuerza los rumores sobre la rapidez de algunas carreras eclesiáticas, como corren sobre el futuro del Consejo de Cofradías. Yse oyen y leen declaraciones periodísticas nunca antes oídas ni leídas. Hay una suerte de paralelismo entre el cabildo eclesiástico y el cofradiero. Ironías del destino.

Aquellos presidentes
Nunca oímos a don José Sánchez Dube tildar de traidores a sus consejeros por no prosperar ninguno de sus candidatos a pregonero. ¡Ninguno sacó adelante! Campos Camacho sigue siendo hoy para muchos cofrades una referencia de mesura y buen criterio. Luis Rodríguez-Caso se fue cuando tuvo que irse tras una brillante gestión de los fastos del 92, con su marcha al término del mandato tuvo la generosidad de salvaguardar la interlocución de la institución con el poder eclesiástico. Antonio Ríos lo pasó muy mal con la crisis del IVA, felizmente resuelta con el tiempo. Nadie le oyó llamar pistoleros a sus compañeros de junta. A Manuel Román le tocó vivir nada menos que el veto a un candidato a pregonero con dossier encima de la mesa y la posterior dimisión de su número dos. Jamás acusó a nadie de perjuro. Por supuesto, ninguno de los citados amenazó con grabaciones, ni empleó palabras gruesas en las juntas superiores. Tuvieron luces, sí. Y también sombras, ¡cómo no! Pero a ninguno se le ocurrió emplear términos tan destemplados ni usar un lenguaje tan de brocha gorda ante los medios de comunicación. (Continuará)

Entre La Campana y El Palillero

El Fiscal | 1 de diciembre de 2010 a las 21:44

josejoaquinNo había una edición mejor. Como buen capillita en el más puro sentido del término, que es el que le dio Luis Rodríguez-Caso en su inolvidable pregón de 1988, a José Joaquín León le han dado el XXV Premio Andalucía de Periodismo. No hay cosa que le guste más al selecto cofraderío que una fecha bien rematada. Y el jurado lo ha bordado. Entre otros méritos, este galardón reconoce la trayectoria profesional de un periodista que lo mismo le saca el jugo a Santiago Carrillo o Javier Arenas que analiza con precisión la evolución y el momento actual de esa Semana Santa a la que ama más y mejor que muchos de los que han nacido por estos lares. Esa es la verdadera visión global de la ciudad.

León tiene una esposa, Maripaz, y dos novias bonitas: Sevilla y Cádiz. Encarna a la perfección el periodista del sentido común y la mesura en un oficio marcado por las prisas y en no pocas ocasiones por los excesos. Esa trayectoria que ahora reconoce la oficilidad juntera es la de un periodismo de integración y jamás de exclusión, de consenso, de moderación y nunca, nunca, de imposición de su particular visión de la realidad. Una trayectoria en la que es innegable que las cofradías están muy presentes. La Junta que restaura templos y que se lleva la mar de bien con los curas es la misma que ahora galardona una carrera donde hay una brillante veta morada. Chaves daba primeros golpes de gubia y Griñán ensalza a uno de los exponentes más consolidados de lo que ahoran llaman la prensa morada, aunque lo de León haya ido siempre por carriles aún más anchos y rápidos que los de esa AP-4 que une sus dos amores.

No busquen nunca a este periodista en el sectarismo descarado ni en el prejuicio maquillado. León escribe y enseña al que quiera aprender con esa actitud que el Código Civil llama “la diligencia de un buen padre de familia”. Supo entender las cofradías de Sevilla y entrar en ellas mejor que mucho sevillano de cuna. Será tal vez por la mucha Sevilla que Cádiz lleva dentro. O viceversa. Habría que preguntárselo a su admirado Antonio Burgos, que fue aquel redactor jefe que lo tuvo como alumno en prácticas en la redacción de Cardenal Ilundáin.

No busquen nunca a León entre los codazos de las primeras filas de los actos, ni buscando padrinos para dar pregones. Lo encontrarán cualquier Madrugada escondido entre los nazarenos del Silencio, en la bulla de ruán del antiguo compás de San Antonio Abad, donde al oír su nombre para recoger la cera blanca responde como sólo saben los primitivos nazarenos de Sevilla: “¡Está!”. O con la elegante túnica de la Soledad de San Lorenzo, cuando ya la Semana Santa va cogiendo el tono sepia y tiene la música melancólica del cierre de las sillas. Y hasta en las sillas de la Plaza del Salvador para hacer a la sombra de las velas la crónica de un Corpus de cortejo cada año más variopinto. Con una sencillez que es marca de la casa ha hecho y hace sonar siempre La Campana, la columna de opinión de cofradías de indiscutible referencia, primero en Abc y después en Diario de Sevilla, sin perder la vinculación con sus orígenes por medio de su columna El Palillero en Diario de Cádiz, ciudad donde es profeta emergente y donde ha sido pregonero de la Semana Santa y ahora ejerce hasta de hermano mayor del Carmen. Cuando el presidente Griñán lo llame para entregarle el premio, seguro que acude con la misma elegancia personal y humildad con las que que recoge su cirio blanco para colocarse de inmediato en la fila como un nazareno más. Quienes lo conocen, lo saben.

La evolución del lenguaje

El Fiscal | 7 de febrero de 2008 a las 18:02

Resaltaba un veterano del mundillo en el primer día de esta cuaresma en la que el cuerpo no está aún metido en ambiente el triunfo absoluto de la denominación de cofrade por encima de la de aficionado a las cofradías o, simplemente, capillita.

Narraba cómo el término capillita, cuya figura reivindicó Luis Rodríguez-Caso sin complejos en el Pregón de 1991, ha terminado por ser usada con carga peyorativa la mayoría de las veces. Y la de aficionado ha parecido quedar en exclusividad para el seguidor de las corridas de toros.

Pura evolución del lenguaje. Claro que del Cecop no se hablaba antes. Y hoy algunos no paran de hablar de Cecop. Se les pone cara de eso, de Cecop