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Honores para Pascual

El Fiscal | 26 de febrero de 2017 a las 5:00

INAUGURACIÓN DE LA CALLE DE PASCUAL GONZÁLEZ
A Pascual González le han dedicado una calle en el barrio de la Calzá. Eso está muy bien. Se la han dedicado tarde, lo cual no está tan bien. Es el estilo habitual de una ciudad que no aprecia a sus vecinos. Hace tiempo que Pascual debió tener una calle y hace años que debió haber pronunciado el Pregón de la Semana Santa. Ni la Filarmónica de Londres tuvo reparos en grabar con Cantores de Híspalis, ni don Eduardo Ybarra tuvo complejo alguno en presentarle el libro ‘Chicotá pá Sevilla’. Otros miraron por encima del hombro a quien revolucionó el género de las sevillanas, muchas de ellas con letras cofradieras que están en el imaginario colectivo. Hay sevillanas de Pascual que ya no son de Pascual, sino del pueblo. El mérito es mérito con independencia de quien sea su autor. Y Pascual logró vender 400.000 discos de sevillanas en sólo un año. Que levante la mano quien haya conseguido esa marca en los años ochenta. A ver, a ver, que no se ven dedos. Pascual, hermano del Silencio, era el nazareno alto que cada Madrugada disparaba las alarmas en el interior de San Antonio Abad, cuando las hermanas no podían hacer la estación de penitencia. La coleta de Pascual, antifaz al hombro, siempre generaba dudas en algún celoso canastilla. Cuando se le miraba de frente esperando una fémina, aquel rostro sorprendía por su característico bigote poblado:

–Ah, Pascual. Buenas noches, hermano.

A Pascual no lo ha esperado Sevilla, pero sí su puente de la Calzá. Pascual son los años ochenta, la capa almidonada, las cuatro de la tarde (la misma hora a la que se inauguró el rótulo de su calle), los nazarenos descubiertos en las Hermanitas de los Pobres antes de la salida, la cerveza del Jota, el misterio de la Sagrada Presentación haciendo el serrucho en las imágenes de Super8, el paso de palio entrando en el hospicio para recibir las oraciones sedentes de los rostros surcados por los años y las gafas gordas, los diputados de tramo agitando los palermos para meter los tramos en la sombra de la Puerta Carmona, la disparidad de morados en los antifaces, los ramos de flores a los pies de Madre Angelita, trompetería de Alma de Dios, tarde de sol, primavera…. Pascual es una cofradía de San Benito pujante como las sevillanas. El puente le ha esperado todo lo que no lo ha hecho la ciudad. Allí estaban la otra tarde el alcalde y un ramillete de amigos fieles: Ecos del Rocío, El Mani, Manuel Marvizón, Las Carlotas, Pepe de Los Romeros de la Puebla, Juanini de Los Marismeños, el doctor Kely…
Pascual le cantó al Silencio y a San Benito, sus amores de cuaresma. Ahí viene Jesús, siempre viene Jesús. Rezó a su estilo: cantando, declamando. Llevando su cruz. Metió a las sevillanas en los terrenos de la industria, introdujo guitarras eléctricas y percusiones originales, innovó, ganó dinero y lo hizo ganar. Y nunca, nunca, cambio de puente.

Imagen Ortego
La grata sorpresa de Ortego
Ocurrió en la noche del lunes en el Teatro Lope de Vega, donde se celebraban los pregones hasta el año 1992. Esther Ortego pronunció el denominado Elogio de la Radio del acto que abre la temporada de cuaresma de Canal Sur Radio. La ex consejera de Gloria y durante veinte años camarera de la Virgen de Regla sorprendió gratamente, con una dicción amable, dulce y gustándose como pregonera. Persona muy querida y valorada en los ámbitos cofradieros, todos recuerdan su labor con las corporaciones de Gloria, las más necesitadas de mimos. Ya lo escribimos hace tiempo: Esther Ortego, gloria de consejera.

El alcalde, en el Rinconcillo
Veo, veo. ¿Qué ves? Al alcalde más a gusto que un arbusto en ciertos actos cofradieros. El otro día estuvo en la presentación del cartel que edita la tertulia El Rinconcillo. ¿Zoido? No, Espadas. El alcalde socialista se está gustando, se está recreando. Se deja ver cada día más por esos círculos antes exclusivos para el líder del PP. No extraña que en privado diga que tiene ya dos concejales más asegurados que en las últimas elecciones. ¡Si se lleva de calle al público cofradiero! De rey mago a las tertulias cofradieras de rancio abolengo. Del refresco simplón a la pavía. Espadas ya no aburre. Se ríe. Yhasta hace bromas con su mijita de picante: “Hoy es lunes, seguro que el ministro del Interior está en algún acto de Sevilla”.

Buena nueva en Montserrat
A la hermandad de Montserrat le han tocado más de 20.000 euros en un sorteo ordinario de la Lotería Nacional. El dinero vendrá de dulce para las obras de la casa de hermandad. Algunos hermanos también han sido agraciados a título particular.

¡El ministro pregonero!
El jueves nos desayunamos con una lluvia de barro que tiñó de marrón el cielo de Sevilla y dejó unas estampas de belleza insólita. Ytambién nos tomamos el café (con sacarina) leyendo una noticia de impacto: el ministro del Interior, don Juan Ignacio Zoido, pronunciará el pregón de la Semana Santa de Talavera. La Junta de Hermandades y Cofradías de Talavera asegura en un comunicado que el ministro ha aceptado con “total entrega y predisposición, dada la vinculación que mantiene con la ciudad y con Castilla La Mancha, región de la que fue delegado del Gobierno de 2000 a 2002”.

El pertiguero
Primer golpe. Oído en el Consejo: “No te puedes hacer una idea de lo que manda ese delegado en particular, es el que lleva las riendas del día a día. Es leal al presidente, le consulta todo, pero es que el presidente le dice a todo que sí”. Segundo golpe. El viernes 10 de marzo hay cita importante en Escacena del Campo (Huelva), de las que atraen público sevillano. La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno presidirá el vía crucis anual que organizan las hermandades del Condado que tienen un Nazareno entre sus titulares. Tercer golpe. El Nazareno de Escacena ha sido escogido por cumplirse este año el 75 aniversario de su hechura. El domingo 12 habrá pregón extraordinario a cargo de Antonio Vázquez Miranda. Yciriales arriba. Oiga, ¿y el azahar para cuándo?.

Capirotes y barretinas

El Fiscal | 10 de agosto de 2014 a las 5:00

7-10-2002 JOSE LUIS MONTERO PUYOL EN LA HDAD.
Diez años después de la Exposición Universal y a muy pocos de entrar en el boom inmobiliario, en esos años donde aparecieron emprendedores de debajo de las piedras y todo aquel que hacía un dinerito se permitía el lujo de invertir en el ladrillo. Monteseirín gobernaba la ciudad con el apoyo del Partido Andalucista, el mismo que nunca volverá a ser lo que fue, un matrimonio político que acabó por la intromisión de un tercero: el urbanismo bajo sospecha. Y la patronal andaluza vivía ya sus grandes años de esplendor, de captación de visitantes ilustres, de exhibición de poderes en los enganches de la Feria, parques móviles de alta cilindrada y viajes a Iberoamérica con un tramo de periodistas incluido para la promoción de la última ocurrencia propia de los que tienen dinero y no saben cómo gastarlo. Todo era tan real como los pies de barro que lo sustentaba. El ladrillo era el gran tótem. Y las cofradías, que nunca son ajenas a la sociedad del momento, sucumbieron a los cantos de sirena de aquellos años. Hubo un tesorero que subió el precio de los palcos y sillas de la carrera oficial un 10%, el mayor aumento de las tarifas que nunca se ha registrado. Nadie se quejó. Ni pío. Se nadaba en la abundancia. Ni siquiera el gobierno local discutió la subida.Tampoco la oposición cuando hubo de aprobarse el cuadro tarifario en el Pleno.

Promotores inmobiliarios de ascensos sociales meteóricos pagaron mantos bordados, trabajados en talleres donde cada vez que se hacía un reportaje gráfico para la prensa había que tener la cautela de no sacar en las fotos a los que no estaban dados de alta en la Seguridad Social, que eran la gran mayoría. Y hasta llegaron a hermanos mayores algunos que conocen ahora lo que es vivir a la sombra de lunes a domingo, después de haber dejado sin ahorros a unos desgraciados que creyeron que existen esos reyes magos que ofrecen duros a cambio de cuatro pesetas. Incautos y desgraciados.

El prestigio estaba claramente orillado por el dinero, el currículum de papel por el peso del ladrillo, el vaso duralex por la copa de cava y el tinto por cualquier carbónico de moda con muchas bilabiales en la pronunciación. En esta espiral se cargaban de trabajo los talleres de artesanos, subidos en la ola del último cateto que quería entrar en la Sevilla cofradiera a golpe de talonario, esos mismos talleres que ahora no se atreven a denunciar –más allá de charlas de café– que la austeridad impuesta por la autoridad eclesiástica los tiene literalmente ahogados. Se hacen todos juntos una foto por la mañana para poner altavoz a sus penurias y se rajan uno a uno por la tarde, temerosos de perder la última migaja. Los artesanos son a la Semana Santa lo que los reservados de los restaurantes a la política: los primeros en caer con el encorsetamiento económico de escaparate.
7-10-2002 JOSE LUIS MONTERO PUYOL EN LA HDAD.
En este cuerno de la abundancia en el que el pueblo tragaba alegremente con encarecimientos del 10% y a un cuarto de hora de que las cofradías comenzaran a recibir el maná de las subvenciones del urbanismo morado inventado por PSOE e IU (¿Derogamos el Concordato, chicos?), había tiempo y entusiasmo sobrado para agasajar a todo tipo de personajes. Si el alcalde Monteseirín se hizo presentar en una conferencia en Antares por Luis Portillo como emprendedor total, símbolo del éxito y ejemplo de hombre hecho a sí mismo, las cofradías desenrollaron la alfombra roja para agasajar a Jordi Pujol y a su esposa en San Julián (la Hiniesta apareció en Cataluña) y en Montserrat (hermandad fundada por comerciantes catalanes residentes en Sevilla), una visita en la que hubo codazos para estar cerca del Honorable. El político catalán estaba henchido de gloria (“Estoy de un mariano subido”), se descorchó cava en su honor y Marta Ferrusola se quedó con la flor hecha de seda que recibió de obsequio: “He sido un poco avariciosa, porque podía haberle ofrecido la flor a la Virgen, pero está muy bien hecha”. La avaricia, distinguida señora, es otra cosa que ya por aquel entonces residía en Andorra, en un chalé llamado Villa Codicia.

Todo el cofraderío dirigente quería una foto con Pujol y gestionó el acceso a los lugares de la visita por medio de ese amigo que por aquel entonces todo el mundo tenía en la estructura de la CEA, que manejaba los hilos de las visitas de los grandes políticos como la Real Maestranza se hace cargo de las visitas reales a Sevilla, una patronal convertida muchas veces en una cofradía laica, sin sagrados titulares, pero con múltiples conexiones con el santoral oficial cofradiero.

Las sillas de la carrera oficial siguen ahora igual de caras. A sus tarifas se repercuten aún los excesos del pasado y los micromangazos de quienes han llegado a los cargos cuando sólo quedaban los mendrugos mohosos del gran bollo y se salpican las migas en el Dustin para aparentar que han almorzado. Hoy nadie recuerda aquella tarde de codazos, flashes y cava regado, como nadie evoca que un verdadero bluf como Luis Portillo presentó en sociedad a todo un alcalde de Sevilla. Portillo pasó de la lista Forbes a abandonar su casoplón para refugiarse en un piso de Nervión tras la debacle bursátil que lo dejó como el gallo de Morón. Y Pujol no ha hecho más que empezar su particular vía crucis, despojado de honores, sin cirineo y sufriendo el silencio de quienes no se acuerdan que doblaron el espinazo para rendirse ante el hombre que subía las escaleras de la Moncloa con los bolsillos vacíos y salía con las alforjas repletas. La historia se repite en todos los órdenes. Los falsos dioses siempre caen, luzcan capirote o barretina. Quedan las fotos, los mantos bordados y, por supuesto, las sillas de la carrera oficial. Nadie conoce hoy a Pujol, ni tiene un amigo en la CEA, ni le pidió trabajo a Portillo, ni unos miles de euros a ese constructor de éxito para pagar la obra de la casa de hermandad a cambio de una bocina junto al paso de la Virgen. Aquí sólo cabe clamar lo que repetía aquel sabio escéptico de pueblo tanto ante una buena nueva como a una mala: “Ná es ná y tó es mentira”.
7-10-2002 JOSE LUIS MONTERO PUYOL EN LA HDAD.

El pertiguero

El Fiscal | 25 de octubre de 2010 a las 18:49

Primer golpe. Tam-tam electoral en la Magdalena. En Montserrat habrá dos candidaturas. Una encabezada por el actual hermano mayor, Juan Coto, que lleva en su equipo a Carlos López Bravo. Y otra liderada por el ex hermano mayor Francisco Yoldi, con quien va el también ex hermano mayor Feliciano Fernández.
Segundo golpe. Oído en el Consejo: “Aclara que el jamón no nos lo hemos comido en ningún momento. Se encuentra a la espera de destino”.
Tercer golpe. Buena iniciativa. Se ha constituido en Facebook un grupo para solicitar una calle dedicada al compositor Pedro Morales.
Y ciriales arriba. ¿Y para cuándo una placa en la calle San José para recordar el nacimiento del polifacético maese Farfán? Seguro que los estudiosos de su vida y obra, Carlos Noguero Hernández-Farfán y Juan Antonio Bertoméu , lo avalan.

El convenio Millán

El Fiscal | 24 de octubre de 2009 a las 13:56

En una ciudad aficionada a las colas desde el 92, este joven de la política quiere acabar con la que crece peligrosamente a la sombra de las caracolas de Urbanismo. Tal es la lista de espera de hermandades queriendo trincar del urbanismo morado que el gerente Miguel Ángel Millán redacta ya el texto del convenio que a partir de 2010 regulará la concesión de las subvenciones. Una comisión mixta, formada por mandamases del Ayuntamiento y el Consejo, decidirá el orden y cuantía de las ayudas en función de los proyectos. Se terminó el rollito del hermano mayor influyente que se coge el C2 y se planta en la caseta de control de la Cartuja: “No tengo cita con el señor Millán, pero me dijo ayer en el besamanos que viniera cuando quisiera. Es que tenemos que reedificar la casa de hermandad, sabe usted”.

Este Millán tiene la sabiduría de los nacidos en el Cerro del Águila. Si presumiera de sus orígenes una cuarta parte de lo que lo hace el edil Fran Fernández –el que habló de los tontos de capirote en un Pleno– no habría quien lo aguantara. Pero es de la cofradía del silencio (en minúscula) de la política local. Y eso se premia. Entre sus amistades principales se encuentra el portavoz adjunto del PP municipal, Beltrán Pérez, como la mejor herencia de sus años de pasilleo por la Facultad de Derecho, donde hicieron sus primeras campañas electorales a representantes del claustro. En el PSOE hay quien le pregunta por lo bajini por esta relación, pero Millán mantiene vivo el espíritu de aquellas corporaciones municipales que se arreaban en el Pleno todo lo que tenían que arrearse pero limaban después las asperezas en El Portón.

A Millán se lo encuentra uno entre la bulla de la manifestación contra Lopera, jurando las reglas del Baratillo, almorzando en el Aero o disfrutando de la Fiesta Nacional en la fila tres de una barrera de la Real Maestranza. Este Millán encajaría quizás más en cierto sector del PSOE de Felipe que en el de ZP, pero le ha tocado vivir su momento y el hombre está en ello. Maneja directamente un presupuesto de 500.000 euros con el epígrafe de Hermandades. Por eso tiene a un ramillete de hermanos mayores que le persiguen como ratoncillos tras el flautista de Hamelín. No infravaloren ustedes el urbanismo morado, porque es tan potente que puede provocar efectos secundarios reveladores, como que un hermano mayor mantenga un discurso ambiguo en temas del aborto porque tres días después le sueltan la pastora (divina) en el Ayuntamiento del puño, la rosa, la hoz y el martillo. El convenio Millán promete, porque su paladín ha conseguido una sinergia perfecta con el presidente Adolfo Arenas, viejo zorro del mundo de las cofradías que está ganando peso interno en su institución gracias a la habilidad con la que se desenvuelve en los asuntos externos.

El joven Millán y el veterano Arenas serán las apócrifas Santas Justa y Rufina del nuevo urbanismo morado de la era Celis. En los meses que quedán dará tiempo a liquidar los compromisos previos: 200.000 euros del ala a la Hiniesta, 30.000 a Montserrat y un piquito al Cerro. Después comenzará a regir el nuevo orden y más de uno tendrá que tomarse el almax antes de llamar al presidente: “Adolfo, ¿qué hay de lo mío?”