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Morón y la Esperanza

El Fiscal | 30 de noviembre de 2014 a las 18:14

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EN esto de los relevos en las parroquias ocurre como en la vida política. Llega un alcalde y cambia la ordenanza de ruidos, el sentido de la circulación de una calle y el pavimento de una plaza. Cuando llega otro de un partido distinto vuelve a dejar las cosas como cuatro años antes. Ylos vecinos se vuelven locos. En las parroquias, tres cuartos de lo mismo bien despachados. La misa de las once se atrasa a las doce, las tres misas del domingo se quedan en dos y la jefa de los catequistas la cambio porque era muy del anterior párroco y seguro que ejerce de Radio Macuto. Yo por eso le tengo puesta una cláusula de rescisión bien alta al Lagarto de la Catedral que reside aquí arriba, vamos que lo tengo blindado al bicho por si un día me mandan a la Guardia Suiza, me quitan y que, por lo menos, al pobre reptil me lo unten bien en caso de que lo bajen.
En Morón de la Frontera, adonde el tren no llega, hubo cambio de párroco en su momento, dictado por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto. Se fue un macareno de pro: don Amador. Yllegó otro cura estupendo:don Pedro. Decimos que es estupendo porque es de los que responde las llamadas, las devuelve si es necesario y habla con normalidad, no como los que se esconden o manda cartas vergonzosas, sonrojantes y reveladoras amenazando con querellitas de Ikea basadas en preceptos de la Constitución…
–Oiga, Moeckel, ¿usted nos haría una rebaja si los querellados somos dos: el Lagarto y un servidor?
Volvemos a Morón, que nos hemos salido de la A-92 por donde no debíamos. El caso es que don Pedro ha quitado la preciosísima foto de la Virgen de la Esperanza que la Hermandad de la Macarena (dos pasos)regaló al templo en 2011 para que presidiera un altar de esa catedral de la Sierra Sur (óle) que es la parroquia de San Miguel según Hernández Díaz. Allá que se fue hace casi cuatro años don Manuel García a la bendición de la foto, que es de Haretón y que, todo sea dicho, costó un pico gordo. La clave es que la Virgen ostenta el título de Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera tras el acuerdo plenario aprobado el 21 de junio de 1964, en el que se acordó “por unanimidad absoluta nombrar a María Santísima de la Esperanza Macarena, Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera y de todos los moronenses, de nosotros y de nuestros hijos, y de los que hayan de venir de nuestros hijos, de los presentes y de los ausentes, y para siempre jamás, declarándonos como devotísimos hijos suyos bajo su tutela y divina protección que hoy invocamos”. Parece claro que en aquel Pleno en sepia no había ningún edil de Izquierda Unida ni de la corriente Izquierda Progresista con los que hubiera que alcanzar acuerdos.
Pues don Pedro ha restituido el lienzo del crucificado del XVIII que antes presidía el altar. Que sí, que el lienzo es precioso, pero que algunos nos hemos quedado como esos emoticonos tristes. La foto de la Virgen de la Esperanza ya no está en la iglesia, sino en la denominada Aula Magna de la Parroquia de San Miguel. A don Pedro hay que pedirle que, por lo menos, el aula pase a llamarse Aula de la Esperanza. Porque lo de magno suena a lío gordo de Santo Entierro.
Y cuando a la Virgen de la Esperanza no se le da su sitio, ya se sabe lo que pasa… Que hubo uno que llegó, no cogió la estampita y aún se duele… Ya no digo más que después la culpa siempre es mía.

El Nacimiento napolitano del Plantinar

El Fiscal | 1 de enero de 2014 a las 17:00

Parroquia de San Diego de Alcalá. Barrio del Plantinar. belén napolitano.
Ha llamado especialmente la atención que en la parroquia de San Diego del Alcalá, la del barrio del Plantinar, se exhiba un precioso Nacimiento napolitano con figuras de entre los siglos XVIII y XIX, cedidas por un particular para la ocasión. Las tallas lucen ropas hechas a mano con telas de la época. Comienza a notarse la mano del párroco, José Miguel Verdugo, que es de esperar que poco a poco vaya mejorando la estética del templo. El Nacimiento se puede visitar de 11:00 a 13:00 y de 18:30 a 20:00. Se trata sin duda de unos de los grandes belenes de este año junto con los de la exposición de la Caridad.

Bergoglio en el Plantinar

El Fiscal | 17 de septiembre de 2013 a las 17:58

verdugo campanas
Aquel muchacho fue el pertiguero de la coronación de la Virgen de las Angustias junto con un acólito llamado Enrique Casellas. Después fue el presidente del grupo joven de la Sed y el diputado de cultos de la cofradía del Nervión histórico donde se crió tras haber echado los dientes en Pelay Correa. Un día fue a pedirle al sacerdote Francisco Ortiz que predicara los cultos de la hermandad. Ahí se encarrilló una vocación que se había ido forjando en la parroquia de la Concepción, a los pies del Cristo sediento y la Virgen de los ojos claros, con la cruz de madera en el pecho y en el seno de una corporación pujante con un hermano mayor como Manuel Rojas, cofrades de referencia como Juan Antonio Cuevas y grandes sacerdotes de la diócesis como los hermanos Isorna y don Ángel Gómez Guillén, su director espiritual. La de José Miguel Verdugo (Sevilla, 1970) es una vocación nacida en el seno de una cofradía, la misma que pagó íntegramente sus estudios como seminarista, primero en el viejo San Telmo, cargado de humedades, de letrinas cuarteleras y despachos desvencijados, y después en ese edificio de la calle Tarfia que parece más un NH que un lugar docente para futuros sacerdotes. Cofrade antes que cura. Nazareno de la Sed en el blanco y negro de 1979 cuando la primera y animosa estación de penitencia a la Catedral. Ysin complejos por venir de una cofradía y seguir estando en las cofradías. Hoy es un domingo muy especial en su vida. Toma posesión como párroco del Plantinar, en el templo de San Diego de Alcalá, tras ejercer de diácono en Santa Ana y de titular en las localidades de Alcolea, Villanueva del Río y Minas, Guadajoz y Valencina de la Concepción. Dicen que el padre Verdugo ha ejercido la pastoral de la rehabilitación, porque en sus primeros años de cura le ha tocado restaurar templos, renovar campanarios y sellar grietas en los pueblos tras ir pegando los correspondientes sablazos. Aunque lo suyo, de verdad, es la rehabilitación de las almas, la pastoral de la calle, lejos de la comodidad de la sacristía, en la línea de un Bergoglio que clama por la presencia de los sacerdotes donde están realmente las necesidades. Quizás por eso hay quien dice que el periodismo es, al fin, una forma de sacerdocio: la calle es su escenario. Quizás de Leonardo del Castillo haya aprendido la sonrisa continua, pero con monturas de gafas policromadas, y la acción constante por alejar a jóvenes de malos hábitos; de Ángel Gómez Guillén sus enseñanzas espirituales, la moderación, la mesura y la lealtad al obispo; de Manuel del Trigo su carácter de puertas abiertas; de José Luis Peinado el sentido de la diplomacia eclesiástica y el rigor como criterio, y de Fernando Isorna la decisión del emprendedor. Ycomo estudiante lleva el sello de profesores como el inolvidable José María Estudillo, Miguel Oliver, Gonzalo Flor y José María Garrido Luceño. El Plantinar se convierte en el primer destino como párroco en la capital de un cura muy de pueblo, muy rociero y muy amante del arte como vía que ayuda para llegar a Dios. Al cura Verdugo se le ve todos los años haciendo el camino como un peregrino más, explicando las sagradas escrituras en lo alto de una carreta en un camino de girasoles a media tarde, o en los talleres de Navarro Arteaga, Dubé de Luque o José Leal encargando obras o restauraciones con las que no dejar altares huérfanos de oraciones. Pide Niños Jesús a los escultores, saetas a El Sacri, Pili del Castillo o Álex Ortiz, y pide ayuda para los templos a alcaldes del PSOE o del PP. Llega al Plantinar el hijo de un trabajador que jamás ha ejercido de padre del cura en las feligresías donde su hijo ha servido a la Iglesia. Ni su madre ha respondido nunca al prototipo de madre del cura. Todo se lo debe a ellos. Y ellos salvaguardan su libertad de acción como sacerdote. Llega a la capital un cura tremendamente capillita que nunca ha tenido reparos ni en presentarse como tal ni en lucir la sotana y el fajín en la presidencia de los pasos, como seguro que hará a partir de ahora con la cofradía del Sol cada Sábado Santo. Verdugo lleva dentro un cura de pueblo que, aunque jamás lo reconozca, corta cualquier compromiso de golpe si hay que darle la bendición a un recién fallecido, socorrer al hijo adolescente descarriado de un matrimonio que pide auxilio o pedir para las necesidades básicas de una familia. Habitual de la cartelería de predicadores de cada cuaresma, está convencido del potencial de las cofradías, desde la hermandad de mayor solera hasta la asociación de mujeres de doña Concha Yoldi. Hay quienes no encuentran a Dios en las hermandades y hay quienes deben su vocación de sacerdote a una cofradía. El cura Verdugo ya ejerce en la capital, muy cerca de su añorado Nervión. Bergoglio en el Plantinar, donde sale el sol.